Prompt de este capítulo: agonía.
Palabras: 459.
Aclaraciones: como no se menciona en las novelas el nombre del padre de Edric, le he dado uno (Amos).
VI
Promesas
A Vorian no le habría importado abrazarla, si pudiera. No le habría importado refugiarse en los brazos de su madre, aunque tuviese ya doce días del nombre. Pero no podía ser. El maestre decía que era peligroso.
El cuello se le había cubierto de llagas, como le había pasado a su tío Amos. La piel se había vuelto blanquecina y el cabello, quebradizo. Aquello que su madre padecía le había arrancado la belleza infinita de cuajo.
La culpa la había tenido aquel viaje a las Ciudades Libres. Vorian ni recordaba qué habían ido a hacer allí su madre y su tío. Cuando regresaron, la fiebre los tumbó a ambos y se llevó a Amos Dayne poco después. En cambio, su madre resistió, casi se había recuperado… y de repente, empeoró.
Lord Beric le había hecho volver a Campoestrella para decirle adiós. Estaban seguros de que sería tarde o temprano.
Vorian se sentaba junto a la puerta, a una distancia prudencial, y le hablaba durante horas de cosas sin la menor importancia. Ella le escuchaba en silencio, porque el cuello le dolía al hablar, y a veces la fiebre tampoco le dejaba escoger bien las palabras. Lady Ashara se sentía más fuerte cuando Vorian la acompañaba. Siempre había sido así, desde el día de su nacimiento; pero en esos momentos comprendía que pronto dejarían de tenerse.
―Ahora hay mucho de él en ti ―carraspeó su madre―. No se portó bien con nosotros, pero no era malvado…
Vorian se inclinó hacia ella para escucharla mejor.
―Cuando le vea, se lo diré. Le diré lo que se ha perdido.
―¿A quién, madre?
Ashara logró incorporarse sobre la cama. Buscó a tientas en los cajones de la mesita hasta dar con algo metálico y brillante. Lo alzó para que Vorian lo viese.
―Ned vino a verte cuando eras un bebé…
―Ned es más pequeño que yo ―dijo, confuso.
―Edric, no. Ned Stark ―aclaró―. Él me lo prometió… es un hombre que cumple sus promesas. Me dijo que siempre tendrías un hogar en Invernalia, si alguna vez…
―¿Por qué iba a ir a Invernalia? ―preguntó, resoplando―. Ellos no me quieren, nos dejaron atrás.
―Tu padre lo hizo ―gimió Ashara, con la voz pastosa―. Pero no todos los lobos son iguales.
El broche quedó sobre la mesa, apuntándolo directamente con sus fauces.
―Allyria cuidará de ti ―prosiguió―. Tendrá que quedarse para gobernar Campoestrella. Podrías acompañarla a Refugio Negro cuando se case, o podrías quedarte, o… podrías hacer lo que quisieras. Sé que te irá bien, eres mucho mejor que tus padres.
Ashara se enjugó las lágrimas y colocó las manos sobre el pecho. Parecía muy tranquila.
―En el sur o en el norte hallarás a tu familia ―le dijo―. Te quiero, hijo.
Después, se fue.
