Prompt de este capítulo: estrella fugaz.

Palabras: 490.

Aclaraciones: Aegon es un año mayor que Vorian.


VII

Despedida

El luto que se llevaba por dentro, de alguna manera, también daba calor. Se sentía sofocado y vacío a la vez, una sensación que no podía explicar con palabras; pero comenzaba a entender cómo se había sentido su madre cuando su tío Arthur falleció.

Todo sucedió como ella había anunciado: la boda se pospuso para que Allyria pudiese gobernar en nombre de Edric, quien pese a tener solo ocho años, ya era un señor. Lord Beric no le pidió que regresara de inmediato, pero él tampoco tenía ganas de volver.

Lo único que le animaba era que, tras el entierro, habían permitido que Aegon se quedase en Campoestrella. Era el único amigo que tenía y ya se veían con menos frecuencia de lo que solían.

Encaramados en el alféizar, el uno frente al otro, observaban el cielo estrellado.

―Venga, déjamelo ver otra vez.

Vorian se quitó el broche plateado y se lo dio.

―¿Cuándo te vas a marchar? ―le preguntó, devolviéndoselo―. Si pudiese, me iría contigo.

―Puedes hacer lo que quieras. Eres el príncipe de Rocadragón.

―Eso no ―dijo, chasqueando la lengua―. Mi padre enviaría a toda la Guardia antes de que pudiese alcanzar el Tridente.

―Al menos sería digno de ver ―bromeó―. ¿Estás seguro de que no quieres probar?

El príncipe Aegon negó con la cabeza.

―¿Sabes? Nunca he oído a nadie hablar mal de Ned Stark, ni siquiera a mis padres.

―Creo que ella quería que lo conociese ―asintió Vorian―, o no habría malgastado fuerzas hablándome de él.

―¿Y qué vas a decirle cuando le veas? ¿"Lord Stark, le agradezco que me haya calentado el sitio todos estos años, ya que soy el verdadero señor de Invernalia"?

―Qué idiota ―Vorian sonrió―. No me preocupa ser un bastardo. Ya sé que no tendré nada mío, a no ser que lo gane con mucho esfuerzo.

―Te guardaré un puesto en mi Guardia, pero ya sabes que tendrás que hacer votos de un montón de cosas.

―¿Y estar día y noche a tus espaldas, incluso cuando vayas al retrete? ―Vorian hizo un gesto con las manos―. No cuentes conmigo para eso.

Aegon le dio un golpecito con el pie, y después los dos se quedaron en silencio. Vieron cómo una estrella fugaz rasgaba el firmamento y ambos articularon sus mudos deseos. Por alguna razón, les pareció que podía ser un buen augurio.

―¿Podrías hacer algo por mí? ―preguntó Aegon. Vorian le dijo que sí con la cabeza―. Cuando llegues a Invernalia, ¿me escribirás? Ya sabes, para decirme cómo es.

Vorian tardó unos segundos en comprender que no se refería a Ned Stark.

―Si tiene escamas y cola, te lo diré de inmediato ―prometió con solemnidad.

―Si las tiene, me arriesgaré e iré al Norte con un ejército persiguiéndome, si hace falta ―se rio―. Siempre quise tener un hermano. Todo este tiempo he tenido que conformarme contigo ―dijo, fingiendo decepción.

―Has sido un dolor en el culo constante, príncipe de pacotilla ―contraatacó.