Hola a todos, aquí vamos con otra hermosa historia adaptada que espero que sea de su gusto. Como siempre se hace claridad que los personajes le pertenecen exclusivamente a S. Meyer y la historia es una adaptación del cual daré a conocer el nombre del autor al final de esta.
CAPÍTULO 02
Edward permaneció inmóvil con un pie apoyado en el último escalón del porche de los Swan. Escrutó los arbustos con la mirada para tratar de ver a la joven una vez más. El espeso follaje frustró esta tentativa. De repente, llegó a sus oídos un débil jadeo, y los arbustos empezaron a balancearse. Echando el peso de su cuerpo hacia atrás, vio una mancha blanca. Al instante ella salió de sopetón de los arbustos. Su cuerpo delgado parecía flotar sobre una nube de céfiro.
—No te haré daño, Bella. No tengas miedo. —Antes de que sus palabras se apagaran por completo, ella ya había desaparecido en el espeso soto que bordeaba el jardín—. ¡Maldición!
Convencido de que corría peligro al andar sola de noche por el bosque, Edward estuvo a punto de ir tras ella. Luego recapacitó y cambió de idea. Era evidente que creía que él era Anthony, y el terror que él le producía la haría correr con todas sus fuerzas. Aunque lograse atraparla, dudaba de que pudiese entender que no tenía la intención de hacer daño alguno. Pobre criatura. Ya había tenido que cargar una cruz demasiado pesada en su vida antes de que Anthony le añadiese nuevas congojas. Edward no quería agravar sus problemas dándole un susto de muerte. Era muy posible que no pudiese entender lo que le había pasado aquel día, ni tampoco que era poco probable que aquello volviera a ocurrir.
Movió la cabeza con pesadumbre y siguió subiendo las escaleras. Dios santo. La sola idea de que aquella pobre criaturilla creyese que él era el violador hacía que Edward quisiera regresar corriendo a casa para darle a Anthony la paliza de su vida. Su indómita ira le hizo llamar a la puerta de los Swan con más fuerza de la que habría empleado normalmente. La sangre siempre tiraba, y por esta razón Edward no quería ver a su hermano balanceándose en el extremo de una soga. Pero, además, si atrapaban a Anthony, iba a tener muchísimos problemas.
Renée Swan, la esposa del juez, le abrió la puerta. Le sorprendió ligeramente que no había sido una criada quien le hubiera hecho pasar, pero enseguida comprendió que aquella noche era excepcional en la vida de aquella familia, que eran tiempos en los que se imponían la discreción y los murmullos. Sin duda alguna, el hecho de tener una hija retrasada mental ya era lo suficientemente difícil. Si se propagaba la noticia de que violado a la joven, los cotilleos nunca dejarían que los Swan olvidaran lo sucedido. Sin duda, dado estado el día libre a los empleados para cerciorarse de que esto no ocurriese
Edward pensó que era una pena que los Swan tuvieran que ocuparse de este tipo de asuntos en un momento semejante. Pero suponía que esto era bastante normal. A pesar de que la mayoría de la gente era bastante comprensiva cuando deficiencias se trataba, no faltaban los individuos de mentalidad cerrada. Si bien sus padres nunca llevaban a Bella al pueblo, ni tampoco dejaban que la vieran las visitas, Edward había oído decir que algunas damas habían desairado a Renee en más de una ocasión por causa de su hija. También se rumoreaba que las otras tres hijas de los Swan rara vez iban a casa de sus padres, y que esto no se debía a la distancia, como esta familia sostenía, sino a que sus esposos no se sentían a gusto en presencia de Bella.
Aunque impecablemente arreglada, con su vestido de alpaca verde y su pelo canoso recogido en un perfecto moño en lo alto de la cabeza, Renee parecía agotada. Sus ojos azules estaban hinchados de tanto llorar. El rostro delicadamente esculpido mostraba su lividez, la piel tirante sobre los pómulos salientes, la boca finamente dibujada, fruncida y rodeada por dos grietas profundas. Se sobresaltó al verlo allí, pero logró disimular bastante bien. El único signo delator era el movimiento nervioso con el que sus dedos tiraban de la falda.
—Señor Cullen. —Inclinó la cabeza al dirigirse a él. Su actitud era acartonada y formal—. ¿A qué debemos este ... honor?
Pareció como si pronunciara esta última palabra le hubiera producido náuseas. Pero esto era natural. Los Cullen no debían de estar en el primer lugar de sus preferencias en ese momento. Imaginaba que su más vehemente deseo sería arrancarle los ojos con las uñas. Si Bella fuera su hija, así es como se sentiría él. Furioso. Encolerizado. Sediento de venganza.
—He venido a hablar con su esposo. —Edward casi no podía hablar—. Espero que esté en casa.
Ella asintió con la cabeza y abrió la puerta un poco más, haciéndole señas para que pasara al recibidor, aunque con evidente renuencia. Sintiéndose como un gorgojo en un saco de harina, Edward hizo girar el sombrero en sus manos; deseaba con todas sus fuerzas no encontrarse allí en aquellos momentos. ¿Qué podía decirles a los padres de la chica a la que su hermano había violado? ¿He venido a reparar el daño? Como si esto fuera posible ... Una disculpa no sería suficiente para enmendar el daño causado. Había sentido vergüenza unas cuantas veces a lo largo de su vida, pero esta ocasión se llevaba el premio.
Normalmente seguro de sí mismo y por completo ajeno a lo que los demás pensaran, Edward aplica el refinado estilo del vestido de Renee Swan y deseó ha tomado el tiempo necesario para vestirse de una manera un poco más formal. Ya era suficiente con ser el hermano de un violador, para parecer además un hombre de mal gusto.
Pero, bueno, ya era demasiado tarde. Si bien tenía la suerte de gozar de una enorme fortuna y de una casa tan grande que todo su dinero cabría en la planta baja, Edward pasaba la mayoría de su tiempo con los jornaleros, trabajando con los caballos o en el campo. Cuando hacía vida social, lo cual era bastante raro, prefería la compañía de la gente común y corriente que se ganaba la vida labrando la tierra. A menos que planeara ir al pueblo, normalmente vestía con vaqueros azules y una camisa cómoda y práctica, con el cuello abierto y remangada hasta los codos. Antes de ir a aquella casa, se había lavado y afeitado, y se había puesto pantalones de montar de media caña y una chaqueta, considerando que de esta manera estaría presentable. Con todas las preocupaciones que tenía, había olvidado que Swan era un hombre que le daba gran importancia a las apariencias. Después de haber sido juez por más de treinta años, ni siquiera tenía animales domésticos en su propiedad, y mucho menos se rebajaría a ensuciarse las manos.
—El juez está en su estudio. —La actitud de la señora Swan era perfectamente cortés, pero glacial.
Muy consciente de que ella no se había ofrecido a guardarle el sombrero, Edward la siguió hasta un pasillo largo lleno de puertas. Al llegar a mitad del corredor, ella se detuvo y dio un golpecito suave sobre una puerta de roble reluciente.
—¿Juez? Alguien ha venido a verte.
Se oyó un gruñido indiscernible en el interior de aquella habitación. La señora Swan abrió la puerta y se apartó para que Edward pudiera entrar. Al hacerlo, se tranquilizó un poco. Era un estudio muy parecido al suyo, con sillas amplias y cómodas estratégicamente distribuidas alrededor de alfombras tejidas en colores muy vivos. Una habitación en la que un hombre podía relajarse y sentirse en casa. Libros encuadernados en piel llenaban las baldas de roble reluciente que cubrían tres paredes. La cuarta ostentaba una chimenea hecha con piedras de río. La luz del fuego parpadeaba alegremente en su interior. La única iluminación adicional provenía de las llamas de dos mecheros de gas que se encontraban sobre la repisa de la chimenea.
El juez se mantuvo sentado en su escritorio, con su camisa blanca arrugada, el cuello abierto y la corbata carmesí suelta. Un hilo de humo, de olor bastante fuerte, salía de un cenicero situado cerca de su codo. Edward posó la mirada en el cigarro. Aun después de catorce años, pensaba en su padre cada vez que veía uno, y le invadía la tristeza.
—Edward oferta Swan con cansancio—. Supongo que ya has hablado con tu hermano.
No era necesario ser clarividente para darse cuenta de que el juez esperaba que él dijera todo un discurso para negar que Anthony estaba implicado en la agresión contra su hija. Edward habría querido que así fuera.
-Si.
Mirando detenidamente los libros que se encontraban a lo largo de una de las paredes, intentó leer sus títulos. Los dorados caracteres se desdibujaban y bailaban ante sus ojos, tan confusos como sus propios pensamientos. No sabía por dónde empezar, ni qué decir.
—Yo, esto ... —Tragó saliva y se restregó la boca con el dorso de la mano. Acto seguido, se golpeó la pierna con el sombrero—. Anthony lo hizo —soltó finalmente—. He venido a ofrecerte mis disculpas por el daño que él le ha hecho a tu hija e intentar repararlo en la medida de lo posible.
El juez no dijo nada en respuesta a estas palabras.
Edward prosiguió enseguida:
—Si piensas interponer una acción judicial, yo no te lo impediré. Pero más vale que te des prisa en comunicárselo al sheriff. He echado a mi hermano de casa, y es muy probable que en este momento esté a punto de marcharse hacia algún lugar que desconozco.
Con los dos codos apoyados sobre la carpeta que se encuentran sobre su escritorio, el juez se frotó las sienes.
—¿Interponer una acción judicial? —Soltó una carcajada amarga—. Desde luego, sería de esperar que lo hiciera. Parece ser el procedimiento más natural, ¿no es verdad? Pero en situaciones como ésta, la diferencia entre lo bueno y lo malo se vuelve borrosa. —Tras hacer esta afirmación, dejó escapar de nuevo una carcajada, pero no había alegría alguna en aquel sonido—. He sido juez durante más de la mitad de mi vida, y es la primera vez que recuerdo ver una gran zona gris entre el blanco y el negro.
El dolor que se reflejaba en la voz del juez hizo que Edward fijara su mirada en el suelo. Territorio seguro. No había ojos acusadores que lo miraran fijamente. No sabía qué decir, de manera que se refugió en el silencio.
Finalmente, el juez siguió hablando:
—Te agradezco el ofrecimiento de no impedirme interponer una acción judicial. Se trata de tu hermano, después de todo. Pero no estoy seguro de que sea necesario que te muestres tan comedido.
Obligándose a alzar la vista, Edward dijo:
—Me temo que no te entiendo.
Swan dejó caer las manos y miró a Edward a la cara.
—Sé que puede parecer cruel, pero hay muchas más cosas que tener en cuenta que el daño que se le ha hecho a Bella.
El juez empujó la silla hacia atrás y se puso de pie. Aunque era un hombre de baja estatura, tenía una presencia imponente: sus ojos eran de un penetrante color azul zafiro, y sus rasgos mostraban una asombrosa mezcla de carácter y fuerza. Edward siempre lo había admirado, y aplaudido la imparcialidad de sus decisiones en el tribunal. Era un hombre duro, pero justo; una persona en quien los demás confiaban instintivamente.
—El escándalo, Edward, la pesadilla de todo político. —Hablaba en voz baja—. Si se llega a saber lo que ocurrió hoy, la reacción podría ser violenta. —Parecía algo avergonzado. Metió las manos en lo más profundo de los bolsillos de sus pantalones y examinó las puntas de sus brillantisimos zapatos negros—. No sólo contra Bella, sino también contra mí y el resto de mi familia.
Edward aún estaba un poco confundido, pero se abstuvo de decirlo. Dejando escapar un suspiro, el hombre mayor se acercó al chisporroteante fuego con la mirada fija en la chimenea de piedra y actitud de abatimiento.
—Anthony debería ir a la horca por lo que le hizo a mi hija hoy. No me cabe la menor duda. Pero ¿de qué serviría? Bella ha sido violada, y yo no puedo hacer nada para resarcir el daño. Por esa razón, estoy pensando en dejar las cosas así. Como estoy seguro de que ya lo sabes, me he retirado del tribunal para probar suerte en la política municipal y posiblemente pasar luego a prestar mis servicios en algún cargo del gobierno a nivel nacional. Un escándalo de cualquier tipo podría arruinar mis planes.
Edward pensaba que el escándalo mancillaría el buen nombre de los Cullen, no el de los Swan.
—Han violado a tu hija. No te pueden culpar por ello, ni tampoco imputarte responsabilidad alguna por lo sucedido. Por el contrario, el caso despertará la compasión de todos.
—Así sería en otras circunstancias. Pero nuestra Bella no es normal. No hay ninguna duda de que está tocada, mal que fue provocado por una fiebre alta en sus primeros años de infancia. Es bien sabido que, por desgracia, a la gente le gusta el cotilleo, y algunas personas han especulado sobre su tara, dando a entender que es posible que la haya heredado. —Clavó su franca e intensa mirada en Edward—. ¿Por cuántos políticos locos has votado en los últimos tiempos?
No había nada que Edward pudiera decir al respecto. Nadie podría poner en duda la cordura del juez, pero si corrían rumores de que la locura era cosa de familia, la confianza que en él tenía los votantes podría debilitarse. Todo lo que se necesita para arruinar sus oportunidades de ganar unas elecciones era sembrar el germen de la duda.
—Hemos intentado impedir que la gente vea a Bella para evitar las habladurías. Si la agresión de Anthony contra ella se hace pública, todos nuestros esfuerzos por mantenerla alejada de la atención general habrán sido en vano.
Edward asintió con la cabeza.
—Entonces, ¿quieres correr un velo sobre lo sucedido?
—Así es.
Si bien esto significaba la salvación de su hermano, Edward sintió que era una decisión equivocada, y le decepcionó que el juez la hubiera tomado. Si Anthony ya había agredido a una joven, nada podía garantizar que no hiciera lo mismo con otra. La única manera de asegurar de que esto no sucedió era haciendo recaer sobre él todo el peso de la ley.
Cuando Edward expuso este argumento, el juez le respondió:
—La amenaza que Anthony Cullen representa para la sociedad no es problema mío, ni tampoco mi responsabilidad. Tengo que pensar en mi familia y en mí, en nuestro futuro. El sueño de toda mi vida ha sido dedicarme a la política, y he trabajado a lo largo de toda mi carrera para lograr este propósito. ¿Por qué debo permitir que las acciones de tu hermano acaben con todo esto? Te reitero que no puedo dejar que estalle un escándalo; lo menos que se puede decir es que sería bastante desagradable. Aunque Bella era una chica normal, lo cual ya sabemos que no es, el rumor se propagaría como un fuego arrasador. En su caso, las habladurías podrían ser aún más maliciosas. No puedo correr ese riesgo. No lo haré. Ojos que no ven, corazón que no siente. This ha sido mi lema para la crianza de Bella, y seguirá siéndolo. Además del daño a mi reputación, también tengo que pensar en las consecuencias que esto traería para ella. Hasta el momento, los jóvenes de la región han dejado en paz. Pero una vez que empiecen a circular rumores acerca de lo sucedido, ¿quién puede saber lo que pasaría? Retoños bastardos, y todo lo demás.
Tal razonamiento le pareció espantoso a Edward. Y sus sentimientos seguramente se transparentaron, pues la mirada del juez se endureció.
—¡Por todos los demonios! Piensa un poco, sólo un poco, Cullen. Mi hija es una idiota. Toda su vida ha sido el blanco de las agresiones de los demás. ¿Por qué crees que corre a esconderse en el bosque cuando ve gente? Los niños le tiran piedras. Cada vez que se presenta la oportunidad, le hacen bromas crueles. Lo que tu hermano hizo hoy fue simplemente llevar el maltrato un paso más allá. Si se llegase a saber lo sucedido, otro joven podría pensar que puede hacer lo mismo sin que pase nada. Para poder protegerla, deberíamos que mantenerla encerrada y, en ese caso, sería mejor internarla en un hospital psiquiátrico. Mi esposa quedaría completamente destrozada si esto llegara a pasar.
A Edward no se le ocurrió nada que decir. Absolutamente nada, excepto una penosa disculpa.
—Lo siento, juez. I'm so sorry.
El hombre mayor suspiró de nuevo, dejando entrever un increíble cansancio.
—Sí, sé que así es. Pero las disculpas no pueden enmendar lo sucedido hoy. —Como si se diera cuenta de repente de lo duras que eran estas palabras, agregó—: No lo tomes como algo personal, Edward. Es un hecho lamentable, pero real. Un hombre puede elegir a sus amigos, pero no a sus familiares.
-No.
Edward escrutó inútilmente aquella habitación con la mirada, buscando algo dentro de su cabeza, algo que pudiera hacer para arreglar las cosas. Pero no encontró nada. Ya había dicho todo lo que se había propuesto decir.
—Si hay algo que yo pueda hacer, cualquier cosa ...
El juez negó con la cabeza.
—Ojalá la hubiera, hijo. Tal como están las cosas, sólo podemos rezar para que su propia cortedad la libere pronto de sus recuerdos.
Recordando la manera en que Bella se abrió camino entre los arbustos para huir de él hacía unos pocos minutos, Edward tenía motivos para preguntarse si el terror no sería más un acto reflejo que cualquier otra cosa, un sentimiento instintivo propio tanto de los idiotas como de los genios. Deseaba sinceramente que ella podría olvidar pronto todo aquello, pero de alguna manera dudaba de que fuera así.
Sintió la garganta seca, muy seca. El leve olor a humo procedente de la chimenea se mezclaba con el olor acre del cigarro.
—Si surge alguna complicación, por favor, déjame ...
—¡Dios no lo quiera!
Edward entendía perfectamente que aquel hombre rechazara todo pensamiento relacionado con un potencial embarazo. Pero puesto que era una consecuencia natural de lo que Anthony había hecho, ninguno de ellos podía descartar esta posibilidad por completo.
—De todas maneras, por favor, ponte en contacto conmigo si surge algún problema de esa naturaleza. Estoy dispuesto a prestar ayuda en todo lo que pueda.
El juez asintió con la cabeza con una expresión de profunda tristeza en el rostro.
—Te agradezco que hayas venido. Se necesitan agallas.
Más de lo que él podría imaginarse. Edward sintió una ola de calor subiendo lentamente por su garganta. No era de las personas que bajaban la cabeza, pero quería hacerlo.
—Sabes cómo localizarme.
—Ten la seguridad de que me pondré en contacto contigo, de ser necesario.
No parecía haber nada más que decir. Edward salió de la casa con la cabeza dándole vueltas. Por increíble que pudiese parecer, Anthony había salido impune una vez más. Sabía que debería sentirse aliviado, pero no era así. No era justo que Bella era la única persona que tuviese que pagar por los errores que se cometido día.
No era justo en absoluto.
Qué les parece la actitud de charlie, aunque no dista mucho de la actualidad... Padres que les interesa más su vida pública que la familiar...
Agradezco a todos los lectores que se toman el tiempo de leer esta adaptación, y a los que dejan sus reviews...
