¿A quién no le encantan los fuegos artificiales? Aunque su sonido fuese algo perturbador y resultasen extremadamente peligrosos, lo cierto es que eran un espectáculo digno de ver, sus hermosos colores e incluso formas eran un show aterrador, fascinante e incluso romántico.

Pero había dos personas para las que los fuegos artificiales habían sido más que eso..

Athena había permitido que sus Caballeros griegos viajasen a la Capital para presenciar las fiestas buscando darles un descanso de sus agobiantes deberes a tan sólo una parte de los que la apoyaron y protegieron aún a costa de sus propias vidas. Ahora que la paz se había hecho presente entre la tierra y el Olimpo, ellos merecían divertirse.

Aioria, Milo y Kanon habían aceptado con emoción la recompensa de su diosa pues no recordaban la última vez que salieron del Santuario más que para una misión. Aioros y Saga también agradecieron profundamente a Saori, pero no tuvieron una reacción tan efusiva como los menores.

Justo en ese momento estaban todos reunidos en uno de los bellos y coloridos festivales que Aioros no había visto desde que sus padres murieron cuando él tenía 11 y Aioria tenía 4. Ahora la visión se le antojaba tan... Nostálgica.

Podía incluso recordar a su yo de 7 años, como un niño juguetón e hiperactivo controlado por las manos de su padre mientras su madre llevaba en brazos al recién nacido Aioria. Lo podía ver todo con nítida claridad si cerraba los ojos.

Milo y Aioria se separaron del grupo a curiosear como los niños que en el fondo siguen siendo, Kanon había arrastrado a Saga a ver una de las obras de teatro extranjeras de las tantas que se ofrecían. Por lo tanto él se había quedado solo.

Suspiró y simplemente comenzó a caminar, buscando algo que hacer.

¿Qué habría de encontrar?


Al rato de simplemente vagabundear sin rumbo hubo un stand en especial que le llamó la atención.

Este estaba adornado con cortinajes rosado fuerte y pálido, habían algunas lámparas decoradas con flores pintadas a mano que emitían una luz amarillenta, en sí mostraba un estilo bastante tradicional pero llamativo y notoriamente inspirado en la cultura china.

Al parecer era un teatro y varias personas ya se encontraban amontonadas esperando a que el espectáculo comience.

El arquero finalmente se acercó y como pudo se abrió paso entre las personas para acercarse tanto como fuera posible al escenario medianamente grande.

Que ironía que justo después la pequeña orquesta tradicional comenzó a tocar, empezando por los tambores, pocos segundos después varias jóvenes vestidas de blanco y enmascaradas comenzaron a danzar, formando figuras y moviéndose elegantemente por todo el escenario al compás de la música.

En algún momento la música se suavizó al grado de oírse hasta romántica, los movimientos de las bailarinas se hicieron más lentos y... Una voz femenina comenzó a cantar.

Una voz sumamente bella. Cargada de dulzura y a la vez cierta sensualidad, tan delicada y encantadora que te sentías transportarte a otra realidad.

Las muchachas se abrieron para dar a conocer a la dueña de la voz, quien estaba enfundada en un largo vestido de seda plateado y bordado de flores, sedas vaporosas en los brazos y las caderas y una flor brillante a un costado de su cabeza.

Gran parte de los hombres de emocionaron notablemente al ver a la cantante, pero Aioros quedó mudo y totalmente apartado de la realidad.

Lo primero que notó fue la piel palida pero no al grado de verse enfermiza, lisa y en apariencia tan suave y los rasgos femeninos, hermosos y ciertamente exóticos, luego fue la cabellera ensortijada de un color entre negro azabache y azul medianoche que caía más allá de la delicada cintura, la figura voluptuosa sin exagerar, esos hermosos labios cereza...

Cuando la miró a los ojos, supo que estaba perdido.

Unos bellos ojos felinos que destacaban por las espesas y rizadas pestañas y el maquillaje plateado que los rodeaba, parecían brillar reflejando las luces del escenario y ese hermoso azul oscuro era mortal.

El de cabellos castaños sentía sus mejillas arder con fuerza ¿Tanta belleza era posible?

La fémina en el escenario cantaba con suavidad y al mismo tiempo con pasión mientras se movía con gracia por el escenario. Mientras comenzaba su acto su mirada se había encontrado con otra, unos esplendorosos ojos bosque con algunos matices dorados que la miraban con intensidad.

No supo bien por qué, pero sentir esos ojos sobre ella se había sentido... Extrañamente bien, pese a estar acostumbrada a tener las miradas encima, esta se había sentido diferente, pues había sentido una especie de cosquilleo en todo su cuerpo.

Y aún así, le había gustado bastante, su corazón se había sentido cálido como nunca lo había hecho.

Aioros inconscientemente había sonreído, había sonreído con calidez dejando completamente desarmada a la artista, que no pudo evitar sonrojarse notablemente.

Por su parte, Aioros se llevó una gran sorpresa cuando, al entonar una nota alta, la chica había dado un grácil giro junto a las bailarinas que la acompañaban y luego le sonrió dulcemente y guiñó el ojo. Ahora era su turno de sonrojarse mientras apartaba la mirada.

Más rápido de lo que hubieran esperado la canción terminó y la bella cantante desapareció escoltada por sus bailarinas.

Rápidamente el Santo de Sagitario se liberó del encantamiento y se dirigió velozmente hacia la parte trasera del escenario.. Acercándose lo más que pudo sin invadir la privacidad de los demás artistas.

Para su suerte, saliendo con pasos rápidos y ligeros y un gesto ido apareció la misma chica que lo había cautivado en el escenario.

Antes de que Aioros pudiese decir algo, la desconocida se acercó cada vez más a él al grado de que su pequeño cuerpo se estrelló contra su torso.

—Mis disculpas —Habló la muchacha sin mirarlo, su voz sonaba tan linda aún cuando hablaba.

—Descuida — Contestó el hombre, a lo que la chica alzó la mirada al ser más baja que él.

Ella iba distraída pues sólo pensaba en salir lo más rápido posible ahora que su actuación había terminado y para buscar al dueño de aquellos hermosos ojos.

Pero no se fijó por dónde iba y casi se le detuvo el corazón cuando se sintió chocar contra un pecho extremadamente bien formado y una atrayente voz masculina contestar a su vaga disculpa.

Al alzar la mirada se encontró a un joven extremadamente alto, con un cuerpo que parecía cincelado por dioses y...

¡Cielo santo! ¿Un hombre normal podía tener un rostro así? Al ver tales rasgos ella sintió que las mejillas se le ponían como dos fresas maduras y los nervios le hacían picar la piel. Aún así se emocionó al reconocer aquellos ojos.

—¡Es usted! —Comentó ella ligeramente ansiosa y apenada—. Justo lo estaba buscando.

El apuesto joven castaño sonrió, haciendo que el sonrojo de la chica no hiciese más que incrementarse, esa sonrisa era aún más atractiva de cerca.

—Yo también te estaba buscando— Comentó directo —. Me preguntaba si te gustaría acompañarme a algún lugar.

Normalmente ella no aceptaría una oferta así a menos que estuviese buscando alimento, sin embargo. Nuevamente aquellos brillantes ojos de un hermoso color esmeralda derrumbaron todas sus defensas.

—Me encantaría —Contestó antes de que su cerebro pudiese detener a su boca.

Los ojos de Aioros se iluminaron y se acercó un poco más a la joven, ya no llevaba maquillaje ni el adorno de la flor, ahora el pelo le enmarcaba el rostro y en natural su rostro se veía más luminoso, más bello.

Aioros aprovechó que un carrito de flores pasaba cerca de él, rápidamente cogió un lirio y lo posó sin pensar en el cabello de la fémina, quien nuevamente se sonrojó.

—Te queda lindo —Comentó el castaño sonriéndole con cariño, la chica con las mejillas muy coloradas tocó suavemente la flor con sus dedos.

—Muchas gracias.

—Por cierto — La chica se sobresaltó cuando Aioros sujetó su mano sin aviso —¿Cuál es tu nombre?

La muchacha sonrió con dulzura, con encanto.

—Me llamo Mei Ling.

—Yo soy Aioros, es un placer conocerte, Mei — Aioros llevó la pequeña mano de Mei a sus labios y la besó cual príncipe de cuentos. Ocasionando que todo en el interior de Mei se removiese.

—El placer es mío, Aioros-San.


Ambos pasaron el resto de su tiempo recorriendo el festival y Aioros se las arregló para sacarle varias carcajadas y sonrojos a Mei, por más que ella intentara mantener la compostura.

Los dos llegaron a la larga plaza en la que la gente se aglomeraba para ver mejor el espectáculo de fuegos artificiales que ya estaba a minutos de comenzar. Decidieron sentarse en un sitio aislado, pues a la joven le incomodaban en extremo (Podría decirse que hasta la enfermaban) los lugares excesivamente concurridos.

Mei se sentía... Confundida, su cuerpo latía y se removía, atraído por la energía vital sorprendentemente fuerte y deliciosa que emanaba el hombre acompañándola.

Su cuerpo deseaba comer, deseaba comerlo a él.

Pero su mente consciente y su corazón era otra cosa, su instinto de preservación le exigía que se alejase de él si no quería acabar haciendo algo de lo que se arrepintiese o si no quería que Aioros acabase sabiendo demasiado. Pero por otro lado...

Su corazón también latía rápidamente y su mente se sentía ida, silenciada. Y es que estar con aquél hombre se sentía tan bien que por momentos él, con sus comentarios y bromas, la hacían olvidarse de cualquier idea de alejamiento.

La hacía sentir y pensar cosas que su progenitora y maestra le había prohibido terminantemente siquiera imaginar. Sentirse segura, sentirse una chica corriente que podía sentir cariño o amor, pensar que podía ser buena.

Sin embargo, su mentalidad, todas sus enseñanzas y el recuerdo de su madre regresaron... Eso no estaba bien, él estaba demasiado cerca.

Por más que quisiese no podía quedarse más tiempo.

Controlando lo nerviosa que estaba, se puso de pie y se sacudió su largo vestido y pasó los dedos por su cabello.

—Ha sido un placer hablar contigo, Aioros-kun —Hizo una educada reverencia, disponiéndose a marcharse aunque el alma se negara a dejar algo que la hacía sonreír.

— Espera ¿A dónde vas? —Aioros se movió rápidamente y sujetó a la muchacha por la muñeca para evitar que huyera,

—Necesito irme, no puedo quedarme mucho tiempo —No podía evitar deprimirse, pero tenía que olvidar ese encuentro, no podía permitir que floreciesen esa clase de sentimientos, no podía permitirse ablandarse.

No podía permitirse amar, ella no fue hecha para eso.

—Por favor —Él la jaló de la muñeca sin demasiada fuerza pero su gesto triste hizo que a Mei se le encogiese el corazón —. Quédate un poco más, sólo hasta que terminen los fuegos artificiales.

—Yo.. Yo —No supo por qué, pero no pudo rechazarlo sin que el pecho le doliese —. De acuerdo —Finalizó con un suspiro derrotado.

La sonrisa volvió al rostro del arquero y sus ojos se iluminaron ilusionados mientras tiraba de ella para que volviese a sentarse a su lado. A Mei le enterneció aquello, parecía un niño emocionado aún con esa apariencia madura que poseía.

Se sobresaltó cuando el primer estallido se manifestó en el cielo y este se iluminó en color verde, luego siguió otro estallido de color azul acompañado de los gritos de la gente...

El show de fuegos artificiales había comenzado y ambos no pudieron evitar quedarse maravillados...

Esa clase de espectáculos habían podido presenciarlos tan pocas veces por haber vivido en aislamiento que no podían evitar emocionarse como si fuese la primera vez.

Por un tiempo indefinido se quedaron así, uno junto al otro contemplando las hermosas luces coloridas en el cielo nocturno. Hasta que en un momento dado y por inercia los dos giraron al mismo tiempo para encontrarse con el rostro de su acompañante, quedándose estancados así y olvidándose por completo de los fuegos artificiales.

Tan sólo pensaban en el rostro del otro iluminado por las luces y los brillantes ojos delante de sí, como si la mirada del otro fuese una especie de encantamiento del que sin ayuda no podrían salir.

Y esa ayuda no tardó en llegar.

—¡Vaya, vaya, vaya! —La voz pícara de Milo atrajo la atención del arquero, quien volteó tan bruscamente que le dolió el cuello —. Y yo pensando que tu hermano era un santurrón, Aioria.

—¡Ya cállate, Milo! —Se oyó el reclamo de Aioria, entre molesto y avergonzado, pero más molesto que otra cosa.

—¡Cállense los dos que los interrumpimos! —Esta vez fue la voz autoritaria de Saga, seguida de un coscorrón conjunto.

—¡No puedes golpearnos en público, Saga!

—¡Oh, sí que puedo!

Aioros suspiró pesadamente y tras dirigirle a la joven una sonrisa de disculpa se puso de pie y fue a detener aquella discusión que ya había estallado.

Porque serían guerreros excelentes, pero sus compañeros poseían el sigilo de un saco de piedras.

—¿Saben que los estoy escuchando desde aquí? —El castaño abrió abruptamente los arbustos mientras miraba con seriedad al pequeño grupo de espías (O intento de espías) quienes se sobresaltaron. Desde su lugar, Mei se estiró en el asiento para ver mejor, notando unas llamativas cabelleras moverse tras unos arbustos.

Desde los arbustos, los cuatro griegos se tensaron y finalmente uno por uno, comenzó a hacerse ver, todos con una cara de poker pero mirando a Sagitario como si fueran niños pillados haciendo una travesura.

Mei notó que al parecer Aioros los conocía a todos ellos, no pudo evitar fijarse en el llamativo color de pelo que poseían tres de los hombres y el parecido increíble de uno de ellos al hombre que la acompañaba.

—Hey, hey, hey —Un joven de cabello rizado y azul con grandes ojos azules miraba de pies a cabeza a la fémina, como si la estuviera analizando—, ¡Tienes buen gusto, Aioros! ¿Hasta dónde han..

—¡Milo! —El regaño conjunto (Con un avergonzado Aioros incluido) bastó para asustar y callar al escorpiano antes de que dijese algo inapropiado delante de una dama.

Mei se permitió ahogar una risita ante aquella cómica escena. Por lo que intuía el joven llamado Milo al parecer era de esa clase de personas que difícilmente se callaba lo que pensaba.

Pero alzó la mirada para encontrarse con el rostro apenado del castaño, quien se rascaba la nuca con timidez.

—Disculpa a mis amigos —Increpó avergonzado—, son algo... Imprudentes —Terminó para luego mirar con reproche al grupo de griegos, quienes sonrieron nerviosos.

Les esperaba un buen escarmiento cuando regresasen al Santuario.

Por su parte, Mei sonrió en parte divertida por la interacción y en parte enternecida por aquella faceta del hombre de ojos verdes.

—No es nada —Movió su mano restándole importancia—. Parecen agradables —Comentó dirigiendo la mirada a los "intrusos" que nuevamente había comenzado a discutir.

Nuevamente las miradas del Santo de Oro y la artista se encontraron y se sonrieron con cariño. Nuevamente todo pasó a segundo plano, incluida la graciosa pelea que se había formado tras el griego.

Mei no pudo evitar pensar que tal vez. Conocer un poco más a aquél encanto que era Aioros no sería tan malo.

Porque los fuegos artificiales fueron las luces que les permitieron conocerse, conocer a su alma gemela...

Koi no Yokan: Del japonés, es el sentimiento que se tiene cuando conoces a alguien y sabes que te vas a enamorar perdida e irremediablemente de esa persona.


¡Lo prometido es deuda! Esta es una manera alternativa de como se conoció nuestra parejita aparte del universo de "Tu canción de amor" ya que hasta ahora no había ahondado en eso.