Disclaimer: Akatsuki no Yona es propiedad intelectual de Mizuho Kusanagi.
Dedicado a Jaz, con todo mi corazón (L).
Débil
por Onmyuji
«No es importante, puede esperar».
Jae-ha se repetía una y otra vez, viendo a sus hermanos dragones abatidos, incapaces de hacer algo por Yona o por Hak. La situación actual de inminente guerra que comenzó a cocerse contra el Reino de Kai del Sur los ha colocado en una posición bastante delicada, reflejándose como una gran roca cayendo sobre sus hombros, presionándolos para actuar como peones del Rey de Kōka.
Así que sacudió la sensación que estaba creciendo en su interior, esforzándose cada vez más en ignorarla hasta por conseguirlo. Pero una chispa ha quedado, inquieta. Y Jae-ha seguiría intentándolo el doble hasta fingir que ya no está ahí.
Tienen a Hak aprisionado, sin saber exactamente los motivos que llevaron al consejero Kye-Sook a tomarse el atrevimiento. Y por el otro lado, Yona está en la mira por las falsas acusaciones emitidas por el Reino de Kai y que más pronto que tarde llegaron a los oídos de todos en el Castillo Hiryū.
Y luego...
La aparición de Min-Soo en los aposentos que compartía con sus compañeros dragones estaba fuera de lugar. Tan inusual como esa sensación de su cuerpo vaciándose de pronto, que se manifestó apenas unos meses atrás, y cada día se expandía pese a sus intentos de fingirse ajeno. Con lentitud, como si fuera una advertencia con consecuencias fatales trepando por su pierna de dragón.
—¿Y tú...?
—El consejero Kye-Sook quiere verlos.
Era una solicitud tan extraña como toda su estadía en el Castillo que tanto aliviaba la angustia que crecía en su corazón, pero no del todo. Y contra todo el reproche y el berrinche de Kija, Zeno fue razonable y decidió por los cuatro que habrían de encaminarse a la audiencia que se les solicitaba.
Había algo en su semblante que parecía tan inquieto como lo que sentía él por dentro, pero el Dragón Amarillo no solía ser claro con lo que tramaba.
Él quiso protestar, pero al final no lo hizo, como el adulto razonable que era.
Cada paso que los acercaba al salón donde los esperaban, era como un paso lejos de la vida. Al menos así se sentía. De pronto la fuerza de su cuerpo iba reduciéndose, débil y despacio, fue ante las puertas del gran salón, que su pierna de dragón comenzó a temblar.
Algo no estaba bien.
El mundo se precipitó por sus ojos cuando las puertas se abrieron. Le pareció que todo había sido demasiado rápido y tan lento al mismo tiempo, y la debilidad en su pierna contagió a su pierna humana en un instante. Porque el consejero Kye-Sook ni siquiera pretendía intervenir en lo que parecía una reunión arreglada por él mismo para que vieran a Yona. Su adorada Princesa de cabellos de fuego, la misma que les habían negado durante los días más eternos de sus vidas.
El problema fue que no estaban solos.
Y los pequeños gemidos del bebé en brazos de la princesa, acabaron con la fuerza que lo sostenía en pie, y todos sus temores se manifestaron físicamente con ese súbito y pavoroso encuentro.
—Ryokuryū, ¿estás bien? —Era la voz de Zeno, que sonaba firme pero también más opaca, más grave de lo usual. Supo en ese momento que el Dragón Amarillo lo había percibido tan bien como él, y estaba al tanto de lo que pasaría ahora.
... Y se percató de la mirada angustiada de Yona, que frotaba con suavidad la barriga del bebé en sus brazos, cuya pierna dragonificada era prueba irrefutable de aquello que ya sentía, pero que se había negado a creer posible.
—Jae-ha...
Antes de que alguien pudiese detenerlo, el Dragón Verde se marchó mientras su siguiente encarnación estallaba en llanto; haciendo uso de su voluntad como motor para las piernas que ahora se negaban a responderle de la manera adecuada.
«¿Así se supone que debe sentirse la pérdida paulatina del poder con que uno nació?»
No. Jae-ha se negaba a creerlo.
De pronto cayó en la cuenta de que, en su escape, vagó tan lejos como le fue posible del Castillo, al menos para que no hicieran el esfuerzo en alcanzarlo pronto. Se encontró a sí mismo más cerca de los jardines y el gran muro que separa el majestuoso Palacio del resto de Kūto. Por fin detuvo sus pasos y dejó que algo de sensatez llegase a su cabeza.
Este solo era el principio, no el fin.
¿Cuántos años le tomaría a aquella pequeña criatura alcanzar la cúspide de su poder? A él le tomó 12 años absorber por completo el poder de Garō, por lo que todavía había tiempo. Sí, suficiente para prepararse, resolver los sinsabores que estaba pasando Hak con esta visita al Castillo Hiryū; para proteger a Yona del consejero Kye-Sook y defender su honor y su nombre en una guerra en la que de seguro los pondrían a él y a sus hermanos en las filas de los combatientes por el bienestar de Kōka, en nombre del Rey Soo-won.
Para afrontar lo que vendría cuando aquel pequeño bebé tuviera la edad para hacer preguntas, cuestionar el propósito de su vida y lo que eso implicaría.
Pero algo dentro de Jae-ha se rehusaba a aceptarlo.
¿Qué sucedería ahora con él? ¿Aquí sería donde terminaría la libertad que tanto luchó por conseguir? ¿Ahora quedaría relegado a ser el que cuida y educa al futuro Ryokuryū? ¿Una niñera sin más? Tantas preguntas y pocas respuestas que poco a poco le llenaron la cabeza de tanta angustia que pensó que en cualquier momento explotaría.
—Jae-ha... —Él conocía perfectamente esa voz y antes de que su propia ansiedad acabase por engullirlo, fue consciente de la pelirroja princesa Yona que lo envolvió en un abrazo. Suave, como una caricia llena de consuelo que apaciguó los temores que nacían de su corazón, pero no menguaba el horror desesperado que crecía en el fondo de su cuerpo ante la expectativa de lo que vendría ahora—. Está bien. Todo está bien.
A Jae-ha le pareció claro que nada volvería a estar bien; pero las palabras de Yona tocaron su alma con aquella idea tan implícita que le prometía paz.
Esa donde dejaría de enfocarse en los demás y solo pensaría en él, en aceptar lo que siente. Donde su tiempo finalmente tendría fecha límite y, por lo tanto, habría de valorarlo y vivirlo a tope (como si no lo hubiese hecho hasta ahora).
Pero lo había entendido, por fin. Pese al caos y todo lo que estaría por venir, este tiempo era de él.
Entonces Jae-ha se permitió ser débil y, devolviendo el abrazo tibio de Yona, se desmoronó.
Fin.
PS. Jaz, recuerdo que hace tiempo ya, habíamos platicado de esta posibilidad para el universo de Akatsuki no Yona. Ha sido un gusto tener el valor (y los ovarios) de escribirte esta historia, porque es así: desde que la idea fue sembrada en mi cabeza, siempre fue para ti. Te quiero mucho y me siento muy afortunada de que existas y seas parte de mi vida. Aunque seamos amigas cacti, mi corazón tiene reservado para ti un lugar especial para siempre y eso nadie lo puede cambiar. Te mando un abrazo gigante a la distancia (L).
A quienes hayan llegado por curiosos a leer, espero haya sido de su agrado esta particular idea, así como yo he disfrutado de escribirla.
Nos estamos leyendo.
Onmi.
