Quiero pedirles una disculpa por no haber actualizado, peor mis examenes finales me ocuparon bastante, mis agenda estaba tan llena como la de Adrien... y eso me dificultó poder actualizar.

Espero este capítulo les guste mucho (sobre todo el final, aunque es un poco agridulce)...
Soleil tendrá un papel importante aquí, pronto lo veremos...

Sin más que decir más que Yami96, sí, era necesario... empezamos

[Obvio MLB no me pertenece, solo hago esto porque me divierte pensar en teorías locas]


PROEMIO DE UNA HISTORIA

CAPITULO 6: Compras

POV Marinette

—Lorelay creí que habíamos acordado que la hora de llegada era a las 3 A.M.

Esas fueron las palabras que la recibieron en la casa de campo de los Bare.

—Lo siento Kay, pero tu mismo sugeriste que cerrara mis ciclos acá y necesitaba hablar con Chat Noir.
—¿Entonces arreglaron lo que sea que pasara el otro día entre ustedes? —inquirió interesado.
—Ladybug no habló con Chat, Marinette si lo hizo —aclaró y el la miró derrotado.
—Supongo que no puedo empujar más por el momento, es bueno que hablaron. Tuvieron su noche de cine supongo...
—Sí, y charlamos de muchas cosas.

—Ese gato acaba de ganarse mi aprobación para salir con mi hermanita —dijo sonriente, y ella lo miró son comprender.
—¿De que hablas?
—De la sonrisa tonta que tienes justo ahora en tu rostro Lory. Habías estado mal, así que concluyo que fue Ladybug la que se equivocó el otro día y no Chat Noir... Si ese gato logra hacerte sonreír así, está haciendo algo bien contigo Marinette.

—No eres imparcial Kay, no te llevas con Adrien Agreste.
—Lo que digas Lory, espero esté todo listo para hoy en la noche y tu novio no te distraiga mucho —rio burlón y Marinette se sonrojó hasta las orejas.
—Está casi listo, ¿Ya tienes nuestros nombres?
—Está hecho, seremos Ruby y Randolf Roth Residimos en Ámsterdam.

—Bastante conveniente —declaró Marinette poco feliz con el hecho.
—Los trajes pueden ser en honor al apellido Lory, relájate, mientras interpretemos bien el papel nadie va a sospechar nada.
—Eso espero —dijo ella antes de dirigirse hacia su habitación—. Ahora debo terminar unos antifaces venecianos para esta noche.

Cuando entró encontró a Tikki sonriente.

—¿Y ahora a tí que te pasa?
—Nada, solo que te veo feliz y eso es bueno.
—¡Ay no! ¿Tú también?
—Sé que aún tienes esa confusión mental con Adrien y Chat, pero yo espero que este distanciamiento de ambos te ayude a focalizar las cosas Marinette.
—De verdad, tú y Kay son iguales.
—Te queremos y nos preocupamos por tí.
—Bueno, preocúpense por mi, no por mi vida amorosa.

Tikki simplemente rió divertida antes de dejar a Marinette trabajar en los antifaces venecianos. Los cuales terminó satisfactoriamente. Fue todo un reto vestirse, pero Kay había insistido en que debían verse impecables.

Marinette comenzaba a arrepentirse de haber puesto corsette al vestido, pero ya no había vuelta atrás. Cuando se miró al espejo le costó reconocerse a ella misma.

—Me he acostumbrado a verte en tus ojos azules, es extraño verte con los ojos verdes —aportó Tikki cuando Marinette pudo por fin terminar de colocarse las lentes de contacto—. No será la magia Muraculous, pero Kay tuvo una buena idea en cambiarte toda, no te vez mal de rubia.
—Gracias Tikki, pero prefiero mi cabello azabache —sonrió Marinette.
—Faltan los labios Marinette, no puedes olvidar ese detalle tan importante.
—Cierto —dijo ella antes de acercarse al espejo para pintárselos.

—¿Estás lista hermanita? —inquirió Kay en la puerta de su habitación.
—Tan lista como se puede estar —dijo ella sonriéndole.
—Bien, hagamos negocios entonces.

Kay le ofreció su brazo y ambos salieron de la casa de verano con Tikki escondida en una bolsita del vestido de Marinette. La Limusina los llevó al hotel Shangri (Afortunadamente el hotel del Alcalde no era el lugar de la venta) había pensado Marinette. Todos los miraban extrañados y ese sentido extra en Marinette se activó cuando comenzaron a recibir murmullos.

—Mi hermana y yo estamos interesados en la venta de palomitas —dijo Kay siguiendo el consejo de Varik de llamar así a las chicas—. Nos hemos aburrido de las ventas en Ámsterdam, esperamos Francia tenga mejores mercancías.
—Bienvenido caballero... —se acercó un hombre mayor.
—Randolf. Randolf Roth.
—Señor Roth, Señora...
—Señorita, soy su hermana, no su esposa —aclaró Marinette.

—Perdóneme usted Señorita Roth.
—Bien, ¿Cuánto tiempo tendremos que esperar para que empiece el evento principal? la paciencia no es una de nuestras virtudes —dijo Marinette tan valiente como el antifás la dejaba ser.
—Perdone a mi hermana, ella solo es un poco impaciente. Sin embargo, de gustarnos la mercancía regresaremos, tenga eso por seguro.

Kay había tenido razón en algo, Marinette no estaba lista para lidiar con los cocodrilos de la Élite. Así que la mayor parte del tiempo permaneció callada. Al menos hasta que el evento principal tuvo lugar, las mujeres solían quedarse en el salón a cotillear, pero Marinette no tenía planeado hacer eso. Todo lo contrario, se puso bastante insistente en entrar con Kay a la sala de ventas.

Le sorprendió que básicamente era una pasarela, una en la que las chicas a comprar eran las modelos y sus "dueños" eran como los diseñadores... la pura comparación le dio asco a Marinette. Le sorprendía lo bien que Kay se mantenía estoico ante todas las imágenes horribles, y no es porque las chcias fueran feas, sino por sus caritas tan tristes, sus miradas apagadas, muchas inclusive drogadas. Se le oprimió el pecho en dolor por todas ellas, muchas tenían su edad, otra eran mucho más chicas que ella. Ahí Marinette se dio cuenta que no solo HawkMoth había sido un gran enemigo, sí, había sido importante porque él tenía magia, pero tal como Kay le había dicho a ella...

Para todos aquellos que no conocían la magia como ella, el dinero era lo más mágico en el mundo, el dinero podía comprar la felicidad, podía comprar la libertad de todas esas chicas, eso le dio un nuevo propósito a Marinette, ella no necesitaba se Ladybug para salvar a esas chicas, bastaba con ser ella misma, bastaba con abrazar finalmente esa otra identidad que siempre había tenido y en realidad nunca le había mencionado a nadie...

Por años, ella había sido Lorelay. Esa chica que siempre cantó en las campañas de Bare's Jewerly Company & Co. La chica que nunca se dejaba ver en los videos porque era demasiado penosa. Ahora tenía un propósito para ser Lorelay Bare... si eso la hacía ganar dinero y con ese dinero podía ayudar a esas chicas, estaría más que feliz de ser Lorelay. Tal vez no para siempre, solo hasta que encontrar una forma de llevar a todos eso proxenetas tras las rejas... mientras tanto, ella podía ser Marinette, podía ser Lorelay y podía ser Ruby también.

Para la suerte de Kay y Marinette, Soleil fue de las últimas en ser presentada, obviamente muchos eran parisinos, por lo que muchos conocían a la caprichosa hija del alcalde... y el hecho de que Soleil fuera idéntica en un 93% a Chloe... al parecer había despertado interés entre los hombres, aumentando las ofertas. Conforme éstas fueron aumentando, Marinette se preocupó de que Kay dispusiera de lo suficiente, lo miró nerviosa, peor él le regresó una mirada tranquila, no había ofertado nada y no lo hizo sino hasta el final, para los nervios de Marinette, pero afortunadamente nadie estaba dispuesto a pagar tanto, más aún porque todos tenían unas cuantas compras previas. Vieron el resto de las ventas, y Marinette quería comprarlas a todas, ayudarlas a todas, pero no podían, no podía pedirle eso a Kay. Era basatanto con lo que ya le había pedido.

—Espero la mercacía fuera de su agrado Sr. Roth —dijo el mismo hombre mayor cuando todos salieron del salón de ventas.
—Ya le diré después que tal nos pareció la compra —declaró Kay serio y diplomático. Marinette de nuevo se quedó callada.

Cuando les entregaron a la chica en el estacionamiento del hotel, ella traía la cabeza cubierta con una bolsa de tela, ¿Cuándo había pagado Kay? Marinette no lo sabía, pero una vez en el auto y habiendo arrancado, ella misma le retiró la bolsa a una chica rubia que casi la muerde.

—Wow tranquila, no vamos a hacerte daño —dijo Marinette.
—¿Esperas que te crea eso? —debatió Soleil.
—No, espero que lo compruebes por ti misma, solo intenta no morderme mientras te desato ¿De acuerdo? —dijo Marinette.

Ella pareció dudar, pero al final cedió y se dejó desatar.

No dijeron mucho después de eso, pero Marinette sentía que se ahogaba entre el corsette y la peluca, así que decidió sacarse la segunda, la chica ahogó un grito cuando la vió.

—No eres rubia.
—Y tú no eres una prostituta —devolvió Marinette.
—¿Quiénes son exactamente?
—Soy Lorelay Marinette Bare —explicó Marinette— al menos por ahora.
—¿Por ahora?

—No es mi verdadero nombre, me llamo Marinette Dupain-Cheng, pero quedé huérfana hace no mucho, Kay me doptó, al igual que hizo con Varick. Asumo que eres mayor de edad, ¿Me equivoco?
—No, tengo veintidós, así que soy mayor de edad —luego Soleil miró a Kay y de nuevo a Marinette—. ¿Quién es él?
—Kay Vincent Bare, el que básicamente pagó por tu libertad, sé que se ve gruñón, pero no es así una vez que lo conoces.

—Soy Soleil.
—Lo sabemos, Varick nos lo dijo, de hecho, esa es parte de la razón por la que estamos aquí. Él parece apreciarte bastante.
—Siempre lo echo de todos lados... ¿Cómo él puede tenerme algo de cariño?

—Mira, sé que esto sonará complicado, pero mañana tenemos un avión hacia Estados Unidos, ¿Tienes a alguien acá? ¿O te importa acompañarnos? —preguntó Marinette.
—No tengo a nadie que quiera avisarle que me voy... entre más lejos de este pozo de mierda esté...
—¡Vocabulario! —exclamó Kay.
—¿Qué?
—A Kay no le gusta que se digan malas palabras... cosas de cuando vivía su mamá —explicó Marinette.

—Bien, igual no quiero nada que ver con este lugar, entre más lejos este de aquí mejor.
—Eso está bien, porque como te dije el avión sale mañana.
—No tengo modo de viajar. No tengo pasaporte ni visa ni nada.

—Eso no es problema, iremos en el avión de la familia, no estoy pidiéndote ni pasaporte ni visa, descuida Soleil —dijo Kay tan tímido como Marinette no lo había visto jamás.
—¿Están diciéndome que vinieron aquí, para compararme únicamente? ¿Para luego huír del país?
—Más o menos, sí... —admitieron ambos.
—No sé que clase de cosa buena hice para merecer esto, pero no me estoy quejando —dijo la rubia.

—Excelente, porque al llegar a casa, hay alguien que seguro estará feliz de verte Soleil, y después... iremos a Estados Unidos.

Marinette sabía que si bien las cosas no eran las ideales, tenía ese presentimiento de estar haciendo lo correcto, okey, ese sentimiento estaba mientras no pensara en Chat Noir... su mejor amigo, a quien acababa de abandonar.


POV ADRIEN

Adrien cumplió su promesa a Marinette, él no abrió la caja de regalo hasta el medio día con un minuto del domingo. Entonces entendió la petición de ella. Tenía razón, seguramente si él hubiera abierto su regalo antes, habría ido por ella al aeropuerto y habría tratado de impedir ese vuelo... casi podía oirla cuando leía la carta, tuvo que leerla tres veces antes de darse cuenta que ahora tenía un vacío extraño en su estómago, un vació que él sabía no se iría hasta que él volviera a verla.

Dobló la carta con cuidado y la metió en una caja, en la misma caja donde él guardaba el amuleto de la suerte que ella le había dado a Adrien, aún sentía honesto ese gesto, pero por alguna razón, a él mismo le gustaba más cómo era con ella cuando era Chat Noir, que cuanod estaba sujeto a las normas y reglas de educación y formalidad al ser Adrien.

Estaba odiándose a si mismo, a pesar de lo que ella pudiera decir en la carta... ella no lo sabía, pero había sido su culpa... si tan solo Ladybug no hubiera tenido que salvarle una de sus nueve vidas... Marinette aún tendría a sus padres con ella, y él aún la tendría ahí con él en París.

Ella era su mejor amiga, sin duda, es más, ella era de hecho, la única que era su amiga en cualquiera de sus facetas, porque a pesar de todo, estaba ahí cuando Adrien la necesitaba y jamás se negó a recibirlo como Chat Noir. Ella era, tal como lo había dicho una vez, su Ladybug de todos los días... o específicamente hablando de ellos dos, su Ladybug de todas las noches.

Primero había abierto la caja pequeña, la que tenía su golosina favorita de Maracuyá con la que ella solía mimarlo mucho y la dichosa carta. Observó la segunda caja de regalo, con miedo de abrirla, consideró no abrirla, pero la curiosidad se apoderó de él... era una gato al final del día.

Era una chaqueta negra con detalles verdes muy particulares, el diseño era peligroso y particular y Adrien estaba sorprendido de verlo, él sabía que jamás podría usarlo o ella sabría quien era, después de todo, era Adrien Agreste... pero al encontrar la nota se dió cuenta que el propósito no era que él la usara o no en público al menos, sonrió al leer la pulcra letra de Marinette. La nota era clara...

Conozco a Mon Chaton, y quiero que la use Mon Chaton en sus patrullas
mientras no esté en casa para recibirlo con un chocolate caliente los días de invierno.
No pretendo que la uses como civil, eso sería peligroso...
Pero usarla de noche... eso puedes hacerlo.
Y pecando un poco de vanidad... cuando me extrañes mucho, o extrañes nuestros
viernes de cine, o nuestras charlas... puedes rociarle un poco de mi perfume ;)

Definitivamente algo bueno era Marinette en su vida... y Adrien tenía la ligera impresión de que iba a terminarse esa botella de perfume muy rápido, la parte buena es que al menos podría comprar nuevamente el perfume cuando fuera necesario... aunque al perfume siempre le faltaría su olor natural a vainilla por la panadería... peor era no tener nada, sus amigos por ejemplo... ellos no tendrían nada mas que su carta...

Y a pesar de todo, se sintió afortunado, porque acababa de darse cuenta que Marinette no era simplemente su amiga, era su Mejor amiga, su Confidente más grande y su Cómplice... y como había comprobado el viernes, era también su dulce favorito... Y deseó que esos dos años, pasaran pronto, porque ella recién se había ido (probablemente ni siquiera había salido aún de Francia) y él ya la extrañaba y fue así como, mirando la chaqueta... la acercó a su rostro e inspiró lo más hondo que pudo el aroma de Marinette. Luego miró los dulces... no podría volver a comer maracuyá sin recordarla a ella, sin recordar los labios de ella en los de él.