Hola a todos, aquí vamos con otra hermosa historia adaptada que espero que sea de su gusto. Como siempre se hace claridad que los personajes le pertenecen exclusivamente a S. Meyer y la historia es una adaptación del cual daré a conocer el nombre del autor al final de esta.
CAPÍTULO 26
Edward se encuentra frente a la puerta blanca de la cerca y miraba fijamente la enorme casa blanca. Situada lejos de la calle, tenía verdes praderas de césped en declive, arriates de flores bien cuidados y grandes árboles de sombra, uno de los cuales tenía un columpio colgado de una de sus gruesas ramas. En el porche, varios jóvenes estaban sentados en sillas de mimbre, bebiendo lo que parecía ser té helado y manteniendo una animada conversación. Al ver los rápidos movimientos de sus manos, Edward sonrió levemente. Era obvio que tenía que practicar mucho si quería manejar con tal facilidad la lengua de signos.
La puerta chirrió con fuerza cuando la abrió. Ninguna de las personas que se encontraban en el porche se volvió hacia él. Mientras Edward subía por el camino de entrada, escrutaba con la mirada las ventanas de la casa, esperando ver a Bella. Al llegar a la escalera, un apuesto joven advirtió su presencia y se puso en pie para recibirlo.
-Hola. ¿Puedo ayudarle en algo? Sobresaltado, Edward vaciló un momento tras apoyar el pie en el primer escalón. El hombre hablaba con voz monótona y curiosamente gangosa, pero pronunciaba cada palabra a la perfección y con toda claridad.
-A lo mejor. Soy Edward Cullen. Mi esposa, Bella, estudia aquí.
Los ojos azules del hombre se avivaron al oír el nombre de Bella. Sonrió, sin dejar de observar con evidente curiosidad a Edward.
—No es usted tan guapo como ella dice.
Este comentario desconcertó a Edward, y soltó una carcajada.
—Lamento decepcionarlo.
—No estoy decepcionado. Yo lo considero a usted como mi rival. —Un inconfundible brillo iluminó sus ojos. Tendió la mano derecha—. Me llamo Jacob Black.
Edward se quedó mirando la mano extendida. Después de vacilar un momento, se la estrechó.
—Me suena ese nombre. Mi ama de llaves, Esme, lo ha mencionado en varias cartas. Entiendo que ha estado usted cortejando activamente a mi esposa.
Jacob se rió.
—Lo he intentado.
—¿Ha tenido algo de suerte?
—Aún no.
Edward se rió a su pesar. Aunque no le gustaba reconocerlo, aquel hombre le resultaba simpático.
—Me tranquiliza saberlo.
—Bella es muy fiel. Somos buenos amigos, nada más.
Edward siguió subiendo las escaleras.
—Ella está aquí, ¿verdad?
—Está en clase en este momento. —Sacó un reloj del bolsillo de su chaleco—. En diez minutos habrá terminado.
Edward no quería esperar diez minutos, pero supuso que no le quedaba más remedio. Se apoyó contra la baranda del porche y cruzó los brazos.
—¿Cuánto hace que estudia usted aquí?
—Soy profesor.
—Ah.
Jacob sonrió abiertamente.
—Muchos de los profesores de esta escuela son sordos. Aunque no lo crea, eso facilita nuestra labor. Entendemos mejor la situación. También hay profesores que no son sordos. Los necesitamos para las clases de pronunciación. Como es obvio, yo no podría saber si un estudiante está pronunciando correctamente una palabra.
Edward asintió con la cabeza.
—¿Cómo le va a Bella?
A Jacob se le borró la sonrisa de la cara.
—Ella es muy inteligente, y tiene la ventaja de haber oído en algún momento de su vida. Pero no está aprendiendo tan rápido como podría.
—Ah. Me ha estado mandando cartas. Las palabras no están muy bien escritas, pero yo ... —Edward se encogió de hombros—. Naturalmente, supuse que debería de estar aprendiendo a pasos agigantados.
Jacob se sonrojó de vergüenza.
—Sí, bueno, yo la ayudaba un poco. —Sus labios se movieron nerviosamente—. Pero no corregía su ortografía. Si viera usted cuánto se esfuerza para trazar cada letra de una palabra, entendería por qué. No tenía valor para hacer escribirlo todo de nuevo, y pensé que usted preferiría tener una carta que ella misma hubiera escrito, con errores y todo, a una que yo hubiera corregido.
Edward no supo qué decir. En el bolsillo de la camisa tenía todas las cartas de Bella. Había recorrido cada palabra con las yemas de los dedos cientos de veces.
—Bella echa de menos su hogar. Aparte de entregarse a la escritura de cartas, no le ha puesto mucho entusiasmo a los estudios.
Edward miró a Jacob a los ojos.
—¿Por qué tengo la sensación de que está usted abogando por ella?
—Posiblemente porque es lo que ocurre. Todos nosotros podríamos aprender más, incluso usted. ¿Qué tal es su latín?
—Pésimo.
Jacob alzó las cejas.
—Entonces, quizás deba ir usted a una escuela durante unos cuantos años para aprender el idioma. Cuando su latín sea perfecto, puede volver a casa y vivir con su esposa.
El hombre estaba inmiscuyéndose en algo que no era asunto suyo, pero Edward no lograba enfadarse.
—De acuerdo. —Sonrió ligeramente—. Pero el sermón no era necesario. He venido a llevármela a casa. Después de mandarla a esta escuela, comprendí mi error.
Los ojos azules de Jacob se ensombrecieron. Edward pudo ver que la noticia de la partida de Bella lo afectaba mucho. Pero enseguida se repuso.
—Me alegro de que haya cambiado de opinión. Por Bella. —Alzó un hombro—. ¿Para qué aprender a hablar si la persona con la que uno quiere departir se encuentra muy lejos? El corazón de Bella no está aquí. Nunca lo estará. Déjela aprender todo lo necesario en casa, a un ritmo más pausado. Es allí donde debe estar.
Tras decir estas palabras, el joven empezó a alejarse. Edward alargó la mano para cogerle el brazo.
—Me gustaría darle una sorpresa. No le diga que estoy aquí, por favor.
Jacob sonrió.
—Iba a buscarla para despedirme. Cuando lo vea a usted, se alegrará tanto que ... —Alzó las manos—. Entonces, ¿le dirá usted que le mando un saludo?
-Con mucho gusto. —Edward exhibió una gran sonrisa, pero enseguida se puso serio—. Pasaremos la noche aquí en Albany y cogeremos el tren de la mañana. ¿Por qué no cena usted con nosotros? De esta manera podrá despedirse y pasar un poco de tiempo con ella antes de que se marche.
Jacob se alegró de que Edward le hiciera esta invitación. Lo miró detenidamente durante un minuto antes de volverse para entrar en la casa.
—Llega a resultar simpático con el tiempo disponible por encima del hombro.
Edward se rio y sacó el reloj para mirar la hora. La clase de Bella terminaría en tres minutos, los cuales se convirtieron en ciento ochenta segundos, y cada uno de ellos fue el más largo de su vida.
Cuando la puerta principal finalmente se abrió y los estudiantes empezaron a salir al porche, Edward se irguió. El corazón le saltaba cada vez que veía una cabeza de pelo negro. Salieron dos hombres jóvenes y luego tres mujeres. Pero no aparecía Bella. Edward cayó en la cuenta de que estaba temblando y tenía el estómago como si se hubiera tragado un puñado de ranas saltarinas.
Y al fin se hizo visible, como si fuere una aparición. Edward se quedó paralizado en su lugar, absorto, con los ojos clavados en ella. Su pelo azabache, su piel como el marfil, sus ojos tan claros y tan infinitamente profundos como un cielo de verano. Llevaba un montón de libros en un brazo y estaba tratando de cerrarse la capa. Otro estudiante salió detrás de ella y, sin querer, le dio un golpe en el hombro. Al apartarse del camino, ella quedó justo enfrente de Edward. Sin embargo, no alzó la vista.
—Bella ...
No hubo respuesta alguna. La joven estaba mirando fijamente sus zapatos. Alzó la vista lentamente. Cuando sus ojos descubrieron el rostro de Edward, se quedó completamente paralizada. No esbozó una sonrisa. No manifestó sorpresa alguna. Sólo se quedó mirándolo fijamente, con la boca ligeramente abierta y una mano suspendida en el aire, sobre el cierre de la capa. Durante un terrible momento,
Edward se preguntó si sus sentimientos hacia él habrían cambiado, si ella no se alegraría de verlo.
Un instante después, ella dejó caer los libros, que chocaron contra el suelo del porche con gran estrépito, pero sólo Edward pareció oír este sonido. Unos papeles se desparramaron en el suelo, y algunos de ellos fueron arrastrados por el viento escaleras abajo.
- ¡Alee!
Tras decir esto, ella se lanzó a sus brazos. Edward la estrechó contra su pecho. Mientras la abrazaba con fuerza, supo que allí era donde ella debía estar, donde siempre debió estar.
Sollozando y temblando terriblemente, Bella le echó los brazos al cuello.
- ¡Alee!
La forma en que ella pronunciaba su nombre era imperfecta, pero, para Edward, aquél era el sonido más hermoso que había oído jamás.
Bella ... Se balanceó con ella entre los brazos, tan feliz que sintió un profundo dolor. No le importó que las personas que estaban en el porche se quedaran mirándolos. Tampoco le importó sentir lágrimas corriendo por sus mejillas. Estaba estrechando su mundo entre los brazos. Había sido un tonto al apartarla de su lado. Nunca volvería a cometer ese enorme error.
Con un brazo rodeando su cuerpo con firmeza, la arrastró escaleras abajo. Cuando ella advirtió que el viento estaba desparramando sus papeles, Edward le impidió ir a recogerlos.
—Déjalos —le dijo.
Bella lo miró intensamente. Los ojos de ella estaban anegados en lágrimas.
Edward la acercó aún más a su cuerpo y le cogió la barbilla.
—Ya no los necesitarás. Nos vamos a casa.
- ¿Una casa?
—A casa —reafirmó él—. Tú, yo y el bebé. Una casa. No volverás a la escuela. Contrataré un profesor particular.
- ¿A casa, para siempre?
-Forever.
Edward abrió la puerta del jardín con la cadera. No quería soltarla ni por un instante. Alzó la vista para mirar la calle bordeada de árboles y luego volvió a dirigir la mirada hacia su dulce cara.
—A casa, para siempre.
Mientras decía estas palabras, lo invadió una paz que no había sentido en muchos meses. A casa, donde los esperaba un futuro juntos. A casa, donde las fantasías podría volverse realidad. Siguiendo un impulso, llevó a Bella a dar unos pasos de vals. El viento alzó la capa de la joven. Ella echó la cabeza hacia atrás con expresión de gran alegría en el rostro. Edward sabía que ella estaba imaginando que bailaban al compás de una melodía. Lo extraño fue que él también creyó oírla. Apenas perceptible, cadenciosa, escurridiza.
La canción de Bella, y ahora también la suya, mágicas notas que sólo ellos podían oír.
Hola a todos mis lectores, y hemos llegado al final de esta hermosa historia, como la consecuencia de algo tan horrible pudo desencadenar en la salvación de Bella y como Edward también fue salvado de su soledad y penitencia que cumplía por sentirse culpable de la muerte de sus padres.
Agradezco a todos que se tomaron su tiempo para leer esta historia y dejar sus reviews.
Nos vemos en el epílogo.
