Después de darse un baño, InuYasha regresó a su hogar para compartir una tranquila cena con su chica. La atmósfera entre ambos era algo tensa, tratando disiparla con una de tantas charlas triviales sobre los sucesos del día.

Kagome seguía buscando la oportunidad de acercarse a él, sin que los nervios y la indecisión le jugaran una mala pasada. No obstante, era inútil.

Tenía tantas dudas y miedos en su cabeza, que no podía realizar una sola acción sin pensar que eso podría volverse en su contra.

«Tengo que ser valiente. No puedo seguir así de insegura...»

Eso se decía mientras preparaba el futón para dormir. Fijándose en cómo su pareja se deshacía de su Hitoe, y dejaba a la vista la prenda que lucía debajo.

A Kagome se le hacía imposible no suspirar. Anhelando ser la atrevida que lo despojara de todas sus ropas, y así yacer entre sus brazos y cumplir sus más fervorosas fantasías.

«Aunque, a este paso, dudo mucho que logre avanzar solo mirándolo...»

En cuanto sus miradas se cruzaron, ella sintió sus mejillas arder, y se obligó a desviar la atención hacia otro lado.

—Creo que ya está listo... —Murmuró él en un tono suave, sorprendiendo con ello a la joven—. Me refiero al futón. Ya está preparado.

—¿Huh? Oh-oh, sí. —Se frotó la nuca con una risita nerviosa—. Ni me di cuenta...

Él la contempló con una expresión enternecida, y algo pícara. Escudriñando su tímido semblante.

—Entonces... ¿Quieres que nos acostemos? —Ella se puso roja hasta las orejas, y el medio demonio se apresuró en rectificar—. Y-ya sabes, para dormir...

La azabache sacudió la cabeza, removiéndose.

—Cl-claro, esto... Yo me pongo cómoda, y... Dormimos.

InuYasha fue el primero en recostarse, dándole la espalda a su chica, para que ella pudiera desvestirse sin sentirse cohibida o violenta.

Si bien aquello debía reconfortar a la sacerdotisa, producía el efecto contrario. Pues en su afán de hallar algo que la animara a desinhibirse, solo conseguía topar con obstáculos de por medio.

Fue quitándose las prendas despacio. Tomando finalmente una camiseta de tirantes, que consiguió hacerse tras su regreso, con la vestimenta que trajo puesta consigo.

Acto seguido, se metió bajo las sábanas. Observando la silueta del medio demonio, con una mezcla de pesar y curiosidad.

—¿Ya te cambiaste...? —Preguntó él desde su posición.

Ella respondió con un discreto sí. Logrando de esta manera, que InuYasha se diera la vuelta y la afrontara directamente con una sonrisa dispersa.

—¿Va todo bien? —Se interesó al ver lo rara que lucía—. Hoy has estado actuando distinto...

Kagome agrandó los ojos, mordiéndose el labio inferior en desasosiego.

—N-no es cierto, yo... Estoy como siempre...

—¿En serio...? —Acercó una caricia a su rostro, apartando así los mechones que le caían por la frente—. Así pues... ¿Me lo he imaginado?

Al verlo tan de cerca, la sacerdotisa quedó hipnotizada por el fulgor de sus gemas doradas. Era imposible no caer en el embrujo que aquel rebelde lanzaba sobre ella, más al encontrarse a tan poca separación el uno del otro.

—Yo... Puede que haya estado pensando un poco.

—¿De veras? —Susurró con parsimonia—. ¿Puedo saber en qué?

La azabache se fijó en los labios de su pareja y el mundo pareció desvanecerse a su alrededor. Haciendo un esfuerzo, por tal de regresar el foco de sus luceros donde los de él la admiraban.

—Sobre... Nosotros. —Confesó en un tono casi inaudible—. Y nuestro futuro...

Él la miró con el ceño fruncido y la duda reflejándose en su semblante.

—Es que... ¿Tienes dudas?

—¿Qu-qué? ¡No, por supuesto que no! —Aclaró enseguida, bajando la mirada—. A mí... Me encanta estar contigo... —Sonrió débilmente—. Estar a tu lado es todo cuanto quiero, InuYasha...

Esas palabras hicieron vibrar el corazón del muchacho, quien sin esperar por ella, atrapó su barbilla para así verse de nuevo en esos ojos avellana que tanto adoraba.

—Yo me siento igual... —Se arrimó sutilmente a su silueta, percibiendo su cálida respiración chocar con la suya—. Cuando regresaste de tu época, fue... El mejor momento de mi vida... —Aquella confesión dejó anonadada a Kagome y sus pómulos se ruborizaron más—. El saber que podríamos tener un futuro juntos... —Suspiró—. Es algo que aún me resulta increíble...

—InuYasha... —Sus manos se atrevieron a viajar al rostro del híbrido. Acariciándolo con dulzura, mientras su cuerpo buscaba el calor que él pudiera transmitirle—. A mí también me cuesta creer que esto esté pasando, sobre todo, después de todo por lo que tuvimos que pasar en su momento... —Murmuró con un aire nostálgico—. Ya ves... Incluso después de derrotar a Naraku, dudé de que realmente quisieras estar conmigo...

—¿Pero qué estás diciendo, tonta? —Inquirió en un tono reprochador—. Yo siempre he querido estar contigo... —Ella no respondió, limitándose a escuchar—. Puede que hubiera un tiempo en que no supe demostrarlo, pero... —Atrapó su mano, atrayéndola a la zona donde se encontraba su corazón—. Mi corazón siempre te ha pertenecido, Kagome.

—Pe-pero...

—Es cierto que en el pasado... Pude sentir amor por Kikyo. —Decir aquel nombre le dolió los mil horrores a Higurashi, pero aguantó el tipo—. Pero, cuando te conocí, comprendí que ese amor, fue solo el preludio hasta llegar a ti. —Sus ojos conectaron de forma intensa—. Me enseñaste lo cálido y apasionado que el amor podía llegar a ser, me aceptaste tal y como era, y... Bueno... —Se sonrojó vergonzoso—. Kagome, tú... Tú eres mi hogar.

Después de aquella confesión conmovedora, la sacerdotisa pudo notar como sus gemas se empañaban de alegría. InuYasha era su mundo. Todo cuánto necesitaba para ser feliz, y saberse igual amada, era algo que llenaba de dicha su corazón.

—Y tú eres el mío... —Sus labios querían ser curiosos de robarle un beso al muchacho. Recortando los centímetros que había entre los dos, por tal de cumplir su propósito.

Al principio, sus bocas se rozaron en un contacto electrizante, casi llegando a saborear esa dulce ambrosía que abnegaba sus sentidos y tentaba su autocontrol.

Él la animó, al apretar la mano que seguía reposando sobre su pecho. Conteniendo la respiración cuando ya se creía merecedor de ese honor que era degustar uno de sus besos. Y así fue. Sus bocas se fundieron con delicadeza, acoplándose con cautela, y sin apresurar el momento.

Durante esos instantes, daba la impresión de que no existía nadie más sobre la faz de la Tierra. Sólo ellos dos.

—Kagome... —Guio la mano libre hacia la cintura de la azabache, arremangando un poco su camiseta, para acariciar directamente su piel de terciopelo.

Ella se estremeció por su osadía, pero lejos de disgustarle o asustarla, la incitó. Liberando un discreto jadeo, cuando sus labios se separaron en una breve tregua, en la que uno y otro se contemplaron con atención.

—Inu... Yasha... —Su corazón galopaba con tal intensidad, que parecía que fuera a darle un ataque. Zambulléndose en aquel par de orbes dorados, que desnudaban su ser—. Nosotros... —Se relamió ansiosa, con una cálida sensación invadiendo la zona de su sexo—. Crees que esto... ¿Crees que debamos...? E-es decir... Yo ya no soy una niña, y tú...

—¿Qué deseas...? —La interrumpió con voz ronca. Mirándola de una manera que la dejó sin palabras. Resiguiendo con un grato roce de sus garras, esa silueta del pecado que ella poseía—. Respóndeme, Kagome... —Sus dedos fueron descendiendo hasta el borde de su ropa interior, tanteando la tela con provocación, mientras su semblante permanecía inescrutable—. Tú... ¿Qué es lo que quieres...?

Aquello podría tratarse de una ensoñación o de un producto de su subconsciente. Eso fue lo que pensó Kagome. Sin embargo, y aunque así fuera, disfrutaba de ello; disfrutaba ver a InuYasha en esa faceta más desinhibida y salvaje. Disfrutaba en como sus ojos parecían brillar como los de un depredador al posarse sobre su presa.

La oportunidad estaba allí, al alcance de sus manos. Siendo ella la única que podía decidir y aprovecharla.

Poco a poco, fue acercando sus caderas. Al mismo tiempo que sus labios buscaban el camino de regreso a esos besos, que alimentaban su codicia por aquel enigmático ser. Estaban cerca, demasiado cerca para escapar. Cuando desde el exterior de su hogar, un correteo se escuchó cada vez con más intensidad.

—¡Kagome!

La azabache identificó esa voz a la perfección. Deteniéndose en seco, y viendo los ojos de su pareja con una expresión estupefacta.

—Kagome, ¿Puedo dormir con vosotros...?

—¿Qué...? Espera, Ship... —Cuando la cortina de la puerta se movió, Kagome entró en pánico y se apartó apresuradamente del medio demonio—. ¡A-abajo!

Al pronunciar el sortilegio, InuYasha no tardó en quedar tendido bocabajo sobre el futón. Entretanto, un extrañado Shippō, se adentraba en el hogar de sus amigos.

—¿Qué ha pasado aquí? —Se extrañó el zorro—. ¿InuYasha volvió a hacer de las suyas?

Kagome echó un vistazo hacia el híbrido con un deje de pesar, luego enfocándose en su pequeño visitante.

—¿Qu-qué querías a estas horas, Shippō? —Preguntó ella con aparente naturalidad—. Te creía durmiendo en casa de Kaede...

—Ojalá. —Expresó alicaído—. Sango y Miroku le pidieron si podía quedarse con sus hijos en la casa, y no hay forma de dormir... —Corrió a abrazarse a la sacerdotisa, mirándola en forma de súplica—. ¿Puedo quedarme aquí con vosotros?

—¿Có-cómo? Este...

—Quédate en mi sitio. —Intervino InuYasha con voz cansada. Incorporándose y arreglando sus ropas, con un semblante contrariado—. Yo iré a dar una vuelta...

La azabache contempló al medio demonio con arrepentimiento, pues de seguro estaba molesto por su precipitada reacción.

«Ahora que parecía que avanzábamos un poco...»

—¡Gracias! —Celebró el pequeño, metiéndose bajo la sábana.

Kagome se sintió culpable. Sobre todo, al ver cómo su amado se dirigía hacia la salida, sin siquiera dirigirle la mirada.

—I-InuYasha, espe...

—Regresaré por la mañana.

Ella no pudo decir nada más, que el canino ya se hubo marchado. Sí, no debió dejarse llevar y pronunciar el sortilegio. Lastimosamente, y para su desgracia, ya era tarde para lamentarse.

...

Continuará!

Mientras vaya teniendo capítulos, iré actualizando jeje

Por el momento, al parecer, InuYasha es quien tiene menos suerte en la historia?

Bien parecía que fuera a pasar algo, pero... El destino no lo quiso así. A ver qué más vaya sucediendo!

Por el momento, agradecer a quiénes están leyendo y siguiendo la historia! Aún ando viendo cómo funciona la aplicación, así que si ven alguna incoherencia... Soy novata ಡ ͜ ʖ ಡ aún ando averiguando cómo contestar los comentarios directamente... Lo lograré (?

En cuanto a los comentarios recibidos:

Chechy14: Me alegra que te vaya gustando la historia, veremos si al final es ella quien tienta a Inu o viceversa... Todo puede ser jeje gracias por leer!

Aida Koizumi: Aww gracias por la bienvenida! Soy nueva por estos lares y escribiendo de InuYasha, pero antes ya escribía de otro fandom jeje Y sí... Kagome tiene que intentar ser más atrevida, pero que lo consiga... En fin, el tiempo lo dirá (? Muchas gracias por leer y recomendar la historia! Y encantada de tenerte por aquí 3

MundofanficsRyI: dar el primer paso siempre es complicado, más con estos dos, pero no imposible! Gracias por darle una oportunidad a la historia n_n

AileeMadness: en la situación de Kagome, todas nos pondríamos nerviosas? tendremos que esperar por ahora! Gracias por leerme n_n

Yerry Leon: intento ser buena, pero siempre me veo fallos(? jajaja gracias por darle una oportunidad a mi historia y darle tu apoyo! Aquí te guardaste tambien un sitio en mi kokoro *

Arisa Taisho: visto lo visto, costará que uno de los dos dé el paso de momento, pero no se ha de perder la esperanza (? Igual descubriremos qué camino decide tomar la historia n_n Gracias!

Y ahora sí, me despido por hoy! Un beso!!( ‿ )