Por la mañana, Kagome no se sorprendió de no ver a InuYasha. Él ya la había avisado de que regresaría, pero después de lo ocurrido la pasada noche, debido a sus propios nervios, no le extrañaría que siguiera enojado y se diera un tiempo para calmarse.
Y es que, ¿Por qué le costaba tanto ser ella misma? ¿Tanto drama solo por conseguir un poco más de intimidad?
Si su madre la viera, bien le diría que a ese paso iba para vestir santos. Y razón no le faltaría.
En el transcurso del día, la sacerdotisa se mantuvo ocupada con distintos quehaceres. Eso sí, sus inquietudes en relación al medio demonio no iban a menos. Sobre todo, al no verlo por ninguno de los rincones de la aldea.
¿La estaría evitando? No sería de extrañar. Después de todo, lo había dejado, literalmente, por los suelos.
—¿Ese perro te tiene abandonada?
Kagome estaba recogiendo varias plantas medicinales en un prado de las afueras del pueblo. No estaba muy por la labor, pero al reconocer esa inconfundible voz proveniente de sus espaldas, se volteó por acto reflejo, con la sorpresa asomando.
—Kōga... —Nombró en un murmullo, y después simuló una sonrisa dispersa—. ¿Qué haces aquí? Hacía días que no sabía de ti...
—Lo sé, y me disculpo por ello. —Expresó el muchacho con un semblante abatido—. Ayame ha estado algo irritable con el bebé, y me ha tocado socorrerla por las noches...
—Lo dices como si fuera algo terrible...
Él soltó un bufido, sentándose al lado de la joven sobre el pasto.
—Adoro a mi pequeña, pero... Echo de menos poder dormir. —Estudió a la azabache de refilón—. Si me aceptas un consejo: no tengas hijos.
Aquello, más que reconfortar a Kagome, o sonsacarle una carcajada, la hizo sentirse apenada. Pues, para ser sincera consigo misma, anhelaba formar una familia junto a InuYasha.
Sabía que ese deseo aún quedaba lejos, sobre todo, porque uno y otro ni siquiera podían yacer juntos en el mismo lecho, sin que los nervios y las dudas los avasallaran.
Sus facciones decayeron, denotando tristeza. Esmerándose en sonreír y desviar la mirada, por tal de no afrontar a su amigo.
—No pienso que por ahora vaya a tenerlos... —Lamentó en un tono más decadente de lo que pretendía sonar.
Kōga no era ciego. Por más que Kagome intentara hacerse la valiente, él la conocía lo suficiente para saber que algo la preocupaba; y esa mirada suya, reflejaba a la perfección el motivo de su desaliento.
—¿Qué te ha hecho ya ese chucho? —Espetó, sin andarse con rodeos—. Dímelo, y voy a partirle la cara...
—¿Cómo? ¡No! —Exclamó pavorosa—. Él no ha hecho nada, él...
—No lo defiendas, Kagome. —Tomó sus manos con delicadeza, mirándola directamente a los ojos, como solía hacer de antaño—. Ese perro no se lo merece...
—¿Qué andas diciendo, lobo sarnoso?
La pareja de amigos se giró para ver al malcarado joven de cabellos plateados, quien en una pose inquisitiva, analizaba la escena que se presentaba ante sus ojos. Fijándose, concretamente, en las manos de su bella chica, siendo apresadas por las de aquel presuntuoso.
—InuYasha... —Kagome lo contempló con alivio, pero sus miradas no conectaron.
—¿Interrumpo algo?
Su voz, seca y tenaz, alarmó a la sacerdotisa. Poniendo su atención donde las gemas doradas del medio demonio miraban con enfado.
«Maldición...»
Como si pudiera leer sus pensamientos, ella se zafó rápidamente del agarre de Kōga. Volviendo a tomar las plantas que, con esmero, había estado recolectando.
—Vine a visitar a Kagome. —Enunció el ojizarco, incorporándose y plantando cara a su antiguo rival en el amor—. Y, como de costumbre, me la encuentro penando por ti...
«¿Qu-qué dice...?»
—K-Kōga, eso no es...
—¿Cuándo actuarás como a un hombre y te harás cargo de tu responsabilidad? —Persistió el lobuno, haciendo oídos sordos a los argumentos de la muchacha—. A ver, InuYasha, responde... ¿Cuándo dejarás de lastimar a tu mujer?
Aquello dejó a la joven pareja totalmente petrificada. Quedándose con un semblante a cuadros, frente las acusaciones de Kōga. Ese asunto no era algo para tratar libremente, por no mencionar, de que no era cierto.
¿InuYasha la lastimaba? Por supuesto que no. De hecho, en aquel momento, la culpa era única y exclusivamente de ella. Por no atreverse a mostrar los anhelos de su cohibido corazón.
No obstante, InuYasha no estaba enterado de ello, y por eso, las palabras del demonio lobo, lo afectaron y calaron fondo en su interior. Girándose en redondo, mientras adoptaba una actitud huraña y distante.
—No pienso discutir... —Murmuró en un tono frío, comenzando a andar hacia el bosque—. Ya nos veremos...
Al verlo alejarse de aquella manera, Kagome sintió una opresión en el pecho. Enderezándose rápidamente, por tal de seguir los pasos de su hombre. Aun así, antes de ir tras él, Kōga la detuvo al sujetar firmemente su muñeca.
—Espera, ¿De verdad vas a...?
—Kōga. —Su tono era mordaz, leyéndose entre líneas un matiz amenazante—. Por favor, suéltame...
Él la liberó despacio. Entendiendo por su lastimosa expresión que, más por pena que por gloria, él había metido la pata al ser partícipe en aquella situación ajena.
Acto seguido, y ya sin nada que la retuviera, Kagome corrió en dirección al bosque, recorriendo la senda en la que InuYasha se había adentrado, por tal de encontrarlo en medio de aquel paisaje frondoso.
Tenía que hablar con él. Tenía que aclararle que nada de lo que había dicho Kōga era cierto. Pero... ¿En dónde se había metido?
Le había perdido la pista tan pronto como se hubo inmiscuido en el bosque. Sólo viendo los altos árboles y la maleza rodeándola.
—¡InuYasha! —Lo llamó a la desesperada, avanzando sin rumbo, mientras miraba en todas direcciones—. ¡InuYasha, por favor! ¡Tengo que hablar contigo! —Inspiró profundo, sintiendo como se formaba un nudo en su garganta—. ¡Lo que dijo Kōga, no es cierto! T-tú... —Se paró en seco. Bajando la cabeza—. Tú no me lastimas...
«En cambio, yo a ti sí...»
Una lágrima la traicionó al rodar por su mejilla. Ahora que podían estar juntos, sin obstáculos que valieran, ella misma era la que malmetía en su propia relación. Qué irónico.
Sus pies comenzaron a deambular sin rumbo, apenas fijándose en el camino que tomaba, ni en el suelo que pisaba. Moviéndose como alma en pena, mientras se dejaba llevar por sus desesperanzadores pensamientos.
Bien mirado, se lo tenía merecido. Por indecisa. Así, tal vez, tomaría cartas en el asunto y dejaría de marear la perdiz. Ojalá así fuera.
Estuvo andando distraída durante varios minutos, sin ser consciente de donde ponía los pies, que terminó por caer en un foso recubierto de raíces y vegetación. Alegrándose de no hacerse daño al aterrizar. Al menos, no mucho.
En cuanto fue capaz de reaccionar, intentó incorporarse con cuidado de no realizar ningún movimiento brusco. Notando una molestia en la pierna derecha, donde un hilo de sangre manchaba sus prendas y la obligaba a sentarse por el dolor.
—Maldita sea... —Farfulló a regañadientes. Arremangando su hakama, hasta descubrir un corte superficial en la zona del gemelo—. El día no puede ponerse peor...
Soltó un bufido. Cubriendo de nuevo la herida, al mismo tiempo que fijaba la mirada en el cielo. Había sido una caída de unos tres metros de altura, y por ese entonces, no podía valerse por sí misma para salir de aquel agujero. De todas maneras, tampoco es que le importara permanecer allí.
Quedó claro que InuYasha estaba molesto con ella. Así pues, lo mejor era darle su espacio, y esperar que recuperara los ánimos para poder hablar con él.
Se acomodó mejor, abrazándose a sus rodillas con un semblante resignado. No sabía por cuánto tiempo estaría en aquel lugar, pero en parte, le tenía sin cuidado. Era la suerte que se había buscado.
Con ojos tristes, escudriñó la flora que la rodeaba. Identificando unas flores de color rojo, que la dejaron cautivada con su belleza refulgente.
—Son... ¿Sakurasou? —Tomó una de ellas, examinándola de cerca con una mueca irresoluta—. No... Sólo lo parece...
—¡Kagome!
Escuchó la voz de InuYasha llamándola desde lejos. Aferrándose firmemente a la flor que sostenía, al sentir como la esperanza regresaba a su ser. No obstante, las dudas seguían atormentándola. ¿Qué iba a hacer cuando lo viera? ¿Qué le iba a decir?
El miedo se adueñó de ella. Cerrando los ojos con fuerza.
«Si tan solo... Pudiera demostrarle lo que verdaderamente siento. Dejar de dudar y ser más decidida...»
Unas partículas de polen emanaron de la flor que la azabache atesoraba contra su pecho, provocando que al inhalar su aroma dulzón, una sensación de cansancio y somnolencia la abrumaran.
—Pero... ¿Qué es lo que me está...?
—¡Kagome!
La joven levantó la mirada. Encontrándose con la expresión preocupada del medio demonio, al éste acudir a su rescate, mientras ella no podía hacer nada para tenerse en pie e iba perdiendo campo de visión.
—Has venido... A por mí...
Su cuerpo se sentía pesado. Notando cómo paulatinamente caía tendida en el suelo, y todo se volvía oscuro. Apenas escuchando la voz de InuYasha, cuando su mente se sumergió en la inconsciencia.
...
Continuará!
Siento hacerme pesada actualizando, la historia me tiene inspirada. Pensaba en ir subiendo capítulos entre semana, y dejar sábado y domingo de descanso? Pero depende como vaya avanzando jeje
Por el momento, agradecer vuestros comentarios, en verdad animan a seguir escribiendo!( ‿ )
En cuanto al fic... Ahora empieza el juego? Falta ver si será para bien o para mal :3
Y ahora a por los comentarios:
Aida Koizumi: A la parejita siempre los tienen que interrumpir, si no es Shippō, es Sōta, y sino... Problemas(? Pero nunca se ha de perder la esperanza jaja y siempre es de agradecer el apoyo recibido, como dije antes, animan a seguir escribiendo •́ ‿ ,•̀
Chechy14: InuYasha lleva demasiados años esperando, el pobre acabará desquiciado... Pero veámos si termina teniendo un poco de desahogo... algún día (?
AndyLF: No hay forma de que los dejen tranquilos, deberían irse a una isla desierta y ahí aún no los interrumpiría nadie?u me alegra te guste!
Velius-laoculta: Muchas gracias! Intento expresar lo mejor que puedo las emociones de ellos, así que si lo consigo... Me doy por satisfecha ʕ• ᴥ•̥ʔ
Annie Perez: De momento parece que sus problemas se multiplican? Pero puede ocurrir de todo... Gracias por leer!
Giise Gaspar: Pobre Shippō? jajaja aunque en este capítulo, creo que Kōga se merece más las patadas (。ŏ﹏ŏ)
Y hasta aquí el capítulo de hoy!(。・ω・。)ノ
Un beso!
