Habían pasado un par de horas, siendo aún plena madrugada. Lo único que se escuchaba era el sonido de la brisa del exterior, y la única luz que entraba en aquel humilde hogar, era la de la Luna.
Kagome entreabrió los párpados en medio de la penumbra, contemplando la silueta de InuYasha yaciendo a su lado. Fijándose en cómo sus cabellos plateados, parecían brillar con aquella tenue iluminación que se filtraba a través de una de las ventanas.
Desde que hubo regresado de su accidentada caída en el bosque, que se sentía distinta. No sabría describirlo, pero algo en su interior había cambiado; como si las inquietudes e inseguridades que solía tener, hubieran sido aplacadas. Liberándola de aquella sensación habitual de incertidumbre.
Aun así, no lo comprendía. ¿Cómo podía ser posible? ¿Por qué de repente se sentía de esa manera? Tal vez, no era más que una percepción suya.
Su mirada permanecía intacta en su hombre. Permitiendo que sus pensamientos fluyeran, sin tratar eludirlos.
Anhelaba acercarse y percibir el calor de su cuerpo. Que sus dedos se enredaran entre sus mechones, para juguetear con ellos e inhalar su dulce aroma.
«Quizá podría...»
No se lo pensó dos veces. Poco a poco, se fue arrimando a la espalda del muchacho, poniéndose cómoda y aferrándose sutilmente a la tela de su kosode.
Aquello no pasó desapercibido por InuYasha, quien al notar la ligera tirantez de sus ropas, abrió los ojos con sorpresa y confusión.
—¿Kagome…? —Se asomó sobre su propio hombro con curiosidad—. ¿Ocurre algo?
Ella no contestó de inmediato. Levantando la mirada, por tal de encontrarse con aquel dúo de ojos dorados, que entonces la contemplaban vacilantes.
—InuYasha… —Se mordió el labio inferior, con ese aire inocente que la caracterizaba. Encogiéndose sobre sí misma—. Yo… Tengo frío…
InuYasha se volteó cara a ella, fijándose en cómo se hacía un ovillo y lucía de lo más vulnerable. Guiando una caricia por uno de sus brazos descubiertos, que con su simple contacto la hicieron estremecerse.
—Será mejor que vaya a por otra sábana más grue…
—N-no… —Se aproximó sin pedirle permiso, y se abrazó a su torso de una manera que él quedó paralizado—. Yo… Prefiero que me abraces…
Aquella voz indefensa desarmó al jovenzuelo. El acercamiento de Kagome lo tomó desprevenido, pero no le disgustó. La calidez de su cuerpo, avivaba su fuego interior, sintiéndose arder en ascuas al acompañar los brazos alrededor de su bella chica.
Eran increíbles las sensaciones que ella le transmitía. Unas sensaciones que, por más que lo tentaban, a veces lo asustaban. Aun así, moría por descubrir todas y cada una de las facetas de la sacerdotisa; pese a que a veces solían perderle sus confusas acciones.
Así pues… ¿Qué podía esperar de ese momento? ¿Debía ilusionarse? ¿O mejor era aguardar con precaución?
—¿Segura de que así estás bien…? —Susurró cerca de su oído—. No es molestia para mí ir a…
Sus palabras quedaron suspendidas en el aire, al notar cómo ella arrimaba su cintura a la de él. Restregando una de sus mejillas contra su pecho, antes de dirigirse con discreción al hueco de su cuello.
—Así estoy… Perfectamente… —Su voz sonaba como a un ronroneo, y su respiración acariciaba la piel expuesta de su pareja—. Me gusta sentirte… InuYasha...
Esa forma que utilizaba al hablar, al igual que su cercanía, estaban produciendo estragos en el canino. Y es que, ¿Cómo podía resistirse a Kagome?
Se consideraba alguien paciente y que podía mantener sus instintos bajo control. No obstante, existían momentos en que su lado más fiero anhelaba tomar las riendas de la situación.
Sus manos fueron bajando por su espalda hasta la orilla de su camiseta, deteniéndose antes de ser más atrevido, e imaginando lo increíble que sería poder quitarle esa dichosa prenda y disfrutar de su silueta de diosa. Sólo ese pensamiento bastó para hacerlo suspirar.
—Inu… Yasha… —De nuevo esa vocecita ponía a prueba la resistencia del muchacho. Más cuando ella se separó lo justo, para que sus rostros se alinearan, de tal manera, que escasos centímetros delimitaron los labios de ambos—. Sigo… Teniendo frío… —Sus dedos se filtraron por la abertura de su kosode, sintiendo el cálido tacto de su piel bajo sus yemas.
Si InuYasha estaba sorprendido, ella tampoco se quedaba atrás. Aún no comprendía cómo podía estar haciendo aquello, sin sus constantes dudas y remordimientos refrenándola. Pero eso, entonces, carecía de importancia.
—Y… —La dejó recorrer su torso y apartar un poco la tela que lo cubría. Luego sosteniendo su cintura con firmeza, mientras sus miradas se mantenían expectantes—. ¿Cómo podría hacerte entrar… En calor…?
Estaban tan cerca el uno del otro, que era imposible que sus respiraciones no chocaran. Sus latidos habían subido de intensidad, y ese frío que se decía sentir, no era más que una burda excusa que servía como a detonante de las chispeantes emociones que nacían en su interior.
—No lo… Sé… —Se humedeció los labios, colocando una de sus piernas sobre la de él—. ¿Qué crees que podría ayudar...?
Era imposible pensar coherentemente en una situación como aquella. Nadie en su sano juicio podría centrarse con semejante panorama. Y, por ende, lo mismo aplicaba en InuYasha.
La sangre humana que corría por sus venas, lo convertía en un ser endeble frente a los encantos de la sacerdotisa. Siendo una prueba de fuego, el tener que resistirse, cuando hasta la última partícula de su organismo, clamaba ser libre de hacer con ella lo que se le antojara.
—Podría… Quitarme la ropa… —Susurró con voz ronca, deslizando las garras por la piel de su muslo desnudo, a la vez que reducía un poco más la distancia entre sus rostros—. Y… Darte mi calor… —Ella liberó un jadeo al percibir esas sutiles caricias. Impulsando la pelvis contra la suya, sin ningún tipo de reparo.
—Tu calor… —Tragó saliva en cuanto notó cómo la boca se le hacía agua. Respirando en profundidad, antes de esbozar una sonrisa ladina—. Y… ¿Has pensado en cómo me lo darás?
¿Pensar? Él ya no pensaba. Sólo sentía como si su cuerpo hubiera sido arrojado a un mar de lava, que poco a poco lo iba consumiendo desde el fondo de sus entrañas.
Las facciones del híbrido se corrompieron por un sentimiento abrumador y desbocado. Reafirmando el agarre en el muslo de su chica para atraerla en un movimiento brusco, y propiciar así el encuentro de sus caderas.
—Tal vez… Sería mejor demostrártelo…
Kagome lo contempló con una expresión inquisitiva, que se esfumó tan pronto como él la besó en los labios. Dejando la delicadeza y los modales a un lado, por tal de disfrutar plenamente de la pasión y el fuego que ese beso le ofrecía.
Grato fue comprobar que él no era el único que parecía regocijarse de aquel arrebato. Sobre todo, cuando en cuestión de segundos, ella rodeó su cuello, dándole pie a continuar con aquello que sus cuerpos y labios dispusieran.
—Inu… Yasha… —Fue apartando la tela de su kosode, hasta descubrir parte de sus pectorales y abdomen. No llegando más allá, que él actuó con rapidez al hundir el rostro en su cuello, y trazar una senda de besos en dirección hasta su oreja.
—Hueles tan bien… —Ahogó un gruñido, sintiendo que se volvía loco al inhalar el aroma de su mujer. Tomando la iniciativa de hacerla rodar de espaldas contra el futón, y así gozar de una mejor perspectiva de la joven.
Lucía preciosa. Tenía las mejillas sonrojadas y sus labios se le hacían de lo más apetitosos, al soltar cortas exhalaciones que robaban la cordura del canino. Su pecho subía y bajaba agitado, dejando entrever sus senos, en el sugerente escote de esa camiseta que deseaba hacer trizas.
No puedo, se decía él. No podía seguir conteniéndose, no cuando todas las señales apuntaban a que ella compartía su mismo punto de vista. Su mismo propósito.
Acercó una mano a su rostro, acariciándolo con suavidad y delicadeza, hasta que Kagome lo detuvo, sin apartar en ningún instante su mirada de la de él. Acto seguido, se aproximó sus dedos a los labios, y depositó cortos besos en sus yemas.
—Eres tan… Cálido… —Lo miró como a una criatura indefensa, conduciendo su mano hacia sus pechos. Dejándola reposar sobre uno de ellos—. ¿Y yo…? ¿Crees que sea cálida… InuYasha?
Él exhaló con pesadez. Prácticamente mandando su juicio al cuerno, cuando en vez de responder, se arrojó de nuevo a esos voluptuosos labios que ella poseía, para besarlos con frenesí. No esperaría más indirectas. No esperaría una negativa. La deseaba. Deseaba su cuerpo del pecado, así como deseaba descubrir los placeres que toda ella pudiera ofrecerle.
Se deshizo de su propio kosode, y su torso quedó completamente al descubierto. No andándose con finezas, al arremangar la camiseta de su chica, para surcar su piel con el contacto directo de sus dedos.
La adoraba. Adoraba su faceta tierna, así como aquella de más descocada, que hasta la fecha no tuvo el gusto de conocer. Y, lo mejor de todo, era que solo él merecía de ella. Al igual, que solo Kagome, provocaba y podía ver esa cara más salvaje de él.
—Kagome… —Ascendió por su cintura, logrando al fin atrapar sus senos y comenzando a amasarlos. Ahogando un gruñido en su garganta—. Tú eres… Fuego para mí… —Se acomodó entre sus piernas, presionándose contra su bragadura con una sutil fricción, que a los dos hizo jadear.
Escuchar aquello era pura melodía a oídos de la azabache. Le costaba creer que aquello estuviera sucediendo, siendo como una de esas tantas fantasías que no concebía fuera de su cabeza. Pero así era.
—Entonces… ¿Te estoy quemando?
Otra vez esa voz maquillada de inocencia. InuYasha iba a perder el orémus con esa mujer y la picardía que le estaba demostrando. Aunque bueno era que uno y otro estaban de acuerdo. La besó con desesperación y entrega, sujetando sus piernas con urgencia, al querer acomodar mejor su posición.
—¡A-ay! —Aquel quejido obligó al muchacho a detenerse. Estudiando el semblante afligido de la joven.
—Kagome, ¿Qué te pasa? ¿He hecho algo que…? —Se percató de la zona donde su mano se cernía, enseguida soltándola con apuro—. La herida…
Él se apartó a un lado con facciones tristes de arrepentimiento, desviando la mirada al suelo, mientras Kagome se sentaba con cautela.
—No ha sido nada… —Se examinó la zona donde se encontraba la venda, sonriendo despreocupada—. Sólo me ha dado un poco de molestia…
—Lo siento. —Lamentó sin poder eludir la culpa—. No debí propasarme…
—¿Qu-qué? ¿Pero qué dices? —Jaló de sus mechones, obligándolo a mirarla a los ojos—. Deja de decir tonterías, ¿Sí? Tú… No has hecho nada…
—Exacto. —Masculló entre dientes—. No hice nada, por eso mismo, tú te caíste en aquel agujero y te hiciste daño…
—InuYasha…
—Tienes que descansar. —La interrumpió en un tono seco, alcanzando su kosode y volviendo a ponérselo—. Ya mañana será otro día y…
—No quiero. —Él la miró con las cejas enarcadas, fijándose en cómo ella se cruzaba de brazos en una actitud caprichosa—. Quiero que sigamos con lo que estábamos haciendo.
Esa respuesta rompió los esquemas del joven híbrido, quien incrédulo fijó sus gemas doradas en las avellanas de la muchacha.
—¿Que sigamos? —Sus mejillas se ruborizaron al ver como a ella igual le ocurría, soltando una risotada—. ¿Pero qué cosas estás diciendo, tonta? Tienes que recuperarte y…
—Ya estoy recuperada. —Persistió cabezota—. Sólo es una herida sin importancia…
—¿En serio? —Presionó su gemelo y una mueca de dolor asomó en el rostro de la azabache—. Decidido, vas a descansar… —Se puso de pie, yendo a por más sábanas.
—Pe-pero…
—No hay nada que decir. —La cubrió para evitar que pudiera sentir frío, luego sentándose en el suelo con la espalda recargada contra la pared—. Y ahora, a dormir.
—InuYasha…
—Protesta lo que quieras, hasta que no estés del todo curada, no vas a convencerme.
Ella puso morros, tumbándose de espaldas a él.
—Seguro…
—Puedes patalear, retarme o tentarme. —Expuso serio y concienzudo—. Aun así, hagas lo que hagas, no te va a funcionar.
«Eso ya se verá...»
...
Continuará n_n
Y ... ¿Encendemos los motores?
Ahora faltará ver la resistencia de estos dos, o más bien, la de InuYasha... Porque nuestra Kagome parece que ya tiene algo en mente, y raramente se le va a quitar la idea de la cabeza (?
Antes de ir a por los comentarios, agradecer a las páginas de Facebook "A través del pozo" y "Mundo Fanfics RI" por recomendar mi historia, en serio, muchísimas gracias!!
Ahora sí:
Connievkz: ya sabes la ilusión que me hace que te guste esta historia T_T te adoro!!
Velius-laoculta: jajaja ya aquí se pueden ver los efectos? ahora a ver qué va pasando, gracias a ti por leer y comentar n_n
Giise Gaspar: aviso que a partir de ahora los capítulos sean más picantes (? aunque siempre hay lugar para la dulzura jeje
Aida Koizumi: la flor ya produce efectos, el problema ahora es la herida de Kagome(? jeje pero a ver qué suceda jeje y por lo demás, yo agradecida con el fandom! InuYasha tiene de lo mejor! cuídate mucho y como siempre agradecida de tenerte aquí n_n
Gaby: gracias por leerme! y en cuanto al momento especial... Llegará, pero irán pasando otras cosas de por medio jeje
MiaFox: Gracias, me alegra te guste la historia y mi forma de escribir, ya voy continuando y el lunes nueva actu!
Yenmy: Gracias! el lunes traigo más n_n
Mary Yuet: exacto jaja Kōga aún les hizo favor y el asunto aún fue tranquilo! muchas gracias por tu apoyo!
Nechan uwu: Gracias a ti por seguir la historia n_n
Ferchis-chan: mientras pueda seguiré escribiendo y trayendo capítulos, con vuestro apoyo es imposible no animarse, gracias! n_n
Kyo Taish: Muchísimas gracias! prometo no dejar de escribir mientras ideas y ganas no me falten jeje gracias por leer !
Annie Perez: Muchas gracias!n_n
Y el próximo capítulo para el lunes! Gracias por leer!
Un besooo!(。・ω・。)ノ
