Disclaimer: todo pertenece a J. K. Rowling.

Este fic participa en el amigo invisible del foro La noble y ancestral casa de los Black y es para Natalie Annick Malfoy Granger.

Espero que te guste. Nunca he escrito de esta pareja y además este Theo es diferente al que suelo escribir. Pedías algo pasteloso y, aunque este capítulo no tiene de eso todavía, en los siguientes sí que lo tendrás.

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Todos los colores del arcoíris

Primera parte

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Prólogo

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A Theo Nott le gustan mucho los colores oscuros. No es que esté triste, como piensan algunos, ni que sea un gran amante de lo tradicional, como piensan otros. Simplemente a él le gustan esas tonalidades y las usa con frecuencia.

Es curioso entonces que esté a punto de casarse con Luna Lovegood, una mujer a la que si alguien le pregunta cuál es su color favorito, responde sin dudar que todos los colores que forman el arcoíris.

Son una pareja muy curiosa, ciertamente. A Theo le gusta pensar que su relación es extraña y hermosa, como los propios arcoíris, como la propia Luna, que es su arcoíris particular.

Theo no es muy de decir ese tipo de cosas, pero si alguien le preguntara cuál es su color favorito, tal vez diría que es Luna Lovegood, que aparece siempre cuando las cosas van mal en su vida para iluminarla con todos los colores del arcoíris.

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Rojo

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La primera vez que habló con Luna Lovegood fue en el fatídico octavo año. Él estaba repitiendo curso. Ella se había presentado a los exámenes de sexto en verano, así que hacía séptimo por primera vez.

Los pusieron juntos en un trabajo de herbología. Coincidían en varias asignaturas, pero no habían hablado nunca. Estaban en situaciones diametralmente opuestas: ella era heroína de guerra y él el hijo de un mortífago encarcelado. Ella recibía miradas de admiración de los alumnos más pequeños mientras que a él la mayoría de la gente lo miraba con desprecio a pesar de que nunca se hubiera involucrado en la guerra. Su padre se había asegurado de mantenerlo alejado de Voldemort para que no le pasara lo mismo que a Draco y él, que nunca había tenido interés en unirse a la causa, apenas se había limitado a obedecer a los Carrow por miedo a ser él el torturado y no el torturador. El único asomo de rebelión que se había permitido era ejecutar las cruciatus con una potencia muy inferior a su capacidad mágica,. Había sido cobarde, no lo negaba, pero no había sido el villano que el resto de sus compañeros parecían ver en él.

No le agradó demasiado la perspectiva de trabajar con una heroína. Estaba convencido de que le esperaban unas tardes llenas de miraditas de superioridad y frases hirientes. No era que Luna Lovegood pareciera esa clase de persona, pero tampoco lo había parecido antes Neville Longbotom y ahora iba por ahí dándose aires.

No obstante, al final de la clase Luna Lovegood se acercó a él con una enorme sonrisa en los labios. Se presentó, como si pudiera haber alguien que no supiera quién era ella, y le estrechó la mano en un apretón firme y cálido antes de acordar en qué momento se reunirían. Después se alejó dando saltitos y antes de salir de la clase se despidió de theo con la mano como si fueran amigos de toda la vida.

Theo observó su mano, aún con el guante de jardinería de color rojo intenso que había utilizado en la clase, agitarse en el aire y correspondió el ssaludo. Una pequeña sonrisa se formó en su cara. Últimamente en su vida había pocas sonrisas.

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Naranja

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Se vieron esa misma tarde en los jardines. Theo había sugerido quedar en la biblioteca, pero Luna dijo que la ponía nerviosa estar allí. No le gustaba el silencio. Así que se sentaron bajo un árbol. Theo sacó un montón de libros de su mochila y Luna extendió un mantel de picnic naranja chillón para que no se mancharan de tierra. Theo lo consideró una buena idea a pesar de que el mantel le pareciera una horterada y empezaron a trabajar.

Pronto Theo comprobó que era verdad lo que Luna había dicho: el silencio no le gustaba en absoluto. La tarea era lo suficientemente sencilla como para que los dos pudieran trabajar por su cuenta y hablar lo justo, pero Luna no dejaba de parlotear. Le contaba sobre su vida como si se conocieran desde siempre y se interesaba por lo poco que Theo le contaba de la suya.

A consecuencia de eso el trabajo, que podía haber estado terminado en una sola tarde, quedó a medias. Sin embargo, a Theo no le importó. Lo había pasado bien y le alegraba tener una excusa para seguir hablando con Luna Lovegood.