Ya no hubo más sorpresas en lo que transcurrió de noche. Por la mañana, Kagome amaneció con una expresión de engorro que no pasó desapercibida por InuYasha. ¿En verdad podía estar enfadada con él por no querer propasarse? Eso parecía.

Al despertar y darle los buenos días, no consiguió más que le apartara la mirada. Lamentaba que las cosas estuvieran tensas entre ellos, pero si algo él no pensaba hacer, era aprovecharse de ella. Al menos, no antes de que su pierna se hubiera recuperado.

Durante el desayuno, la muchacha se limitó a comer las frutas que él le había traído. Sin agradecer siquiera el detalle, que prácticamente ignoraba la presencia del canino.

—¿Vas a estar todo el rato así? —La observó sentado y de brazos cruzados, fijándose en la actitud huraña de la joven.

Ella respiró profundo, dejando el plato en el suelo con una parsimonia, que no hizo más que enervar a su pareja.

—Así… ¿Cómo?

«¿Ahora va a hacerse la desentendida?»

—Sabes perfectamente a qué me refiero. —Gruñó con las manos en las rodillas—. Te has despertado de mal humor, y estoy seguro de que es por lo que ocurrió esta noche…

Mm… —Miró en dirección contraria—. No sé de qué me hablas…

—Kagome…

—Iré a darme un baño… —Se incorporó despacio, notando una molestia en el gemelo lastimado, que la hizo detenerse.

InuYasha la contempló con el ceño fruncido. Sorprendiéndose de lo terca que Kagome podía llegar a ser, cuando así lo quería. Probablemente él terminaría ganándose un abajo si se hacía persistente, pero igual no podía abandonarla en aquel estado.

Se puso de pie y se acercó a ella, agachándose de espaldas y con las manos extendidas.

—Anda, sube… —La animó en un tono monocorde—. No sea que vayas a hacerte más daño…

La azabache lo examinó en silencio, tardando unos instantes antes de aceptar su ofrecimiento y permitir que la cargara. Sí, era orgullosa y el desplante de anoche no le cayó en gracia. No obstante, sus planes iban más allá que hacer mala cara y estar de mal humor.

Nada más salir de su hogar, se dirigieron hacia un pequeño lago que se ubicaba a las afueras del pueblo, no obstante, se pararon al encontrarse a Kaede y Shippō a medio camino.

—¡Kagome! —Exclamó el zorro al verla—. ¡Has despertado!

—¿Ya te sientes bien? —Se interesó la anciana.

—Buenos días. —Saludó la joven con una sonrisa simpática—. Sí, estoy bien…

—No puede ni andar… —Añadió InuYasha en un tono casi inaudible, notando como su chica le apretaba el hombro a modo de advertencia—. En fin, nosotros seguimos con lo nuestro, y ya nos veremos más tarde…

—¿Qué? —Lamentó el pequeño, esbozando un puchero—. ¿Tan pronto?

—Luego intentaré acercarme a veros. —Prometió la muchacha, mientras su chico reanudaba la marcha y se despedía de sus amigos.

El trayecto fue silencioso. Ni discusiones ni una trivial conversación. Nada de nada. Aquel día iba a hacerse eterno si Kagome continuaba con aquel humor de perros, y lo peor, era que él no tenía una idea clara de cómo lidiar con ello.

«Las mujeres cuando se enfadan, son peor que los demonios...»

—Llegamos. —El sonido de su voz hizo que InuYasha cayera en la cuenta de que ya estaban en la zona del lago. Dejando a la joven sobre una de las rocas, cerca de la orilla—. Puedes esperar detrás de aquellos árboles…

Él fijó su mirada donde ella le había señalado, luego regresando su atención al semblante inescrutable de la sacerdotisa.

—Prefiero quedarme aquí. —Se sentó en el suelo, cerrando los ojos y escondiendo las manos en las mangas de su hitoe—. Así me aseguro de que no te ocurra nada malo...

Kagome sonrió para sus adentros, levantándose con delicadeza, a la vez que se colocaba de espaldas a él.

—Haz lo que quieras… —Deshizo el nudo de su hakama, luego dejando que la prenda cayera por su propio peso. Asomándose sobre su hombro, y comprobando como el híbrido seguía sin abrir los párpados.

«Nadie dijo que fuera fácil...»

Soltó un suspiro y prosiguió quitándose el resto de prendas, hasta quedar desnuda de pies a cabeza. Seguidamente, se agachó y remojó una de sus manos en el agua, sin llegar a meterse, que sonrió brevemente antes de volver a dirigirse a su escolta en un tono inocente.

—¿InuYasha…? —Pidió en un susurro, al que él contestó con un discreto sí. Apenas moviéndose y con los párpados cerrados—. Yo… Aún me duele la pierna, y me preguntaba si… ¿Me podrías ayudar?

Él echó un vistazo por el rabillo del ojo, enseguida apartando la mirada al presenciar la desnudez de aquella bella ninfa.

—Cr-creía que te valías por ti sola… —Argumentó con voz socarrona.

Kagome lo estudió con su mente ya maquinando el siguiente movimiento, agachándose a la orilla con una ligera molestia en su gemelo, que le ayudó a improvisar una actitud de pesar.

—Está bien, no hace falta que hagas na… ¡Ay!

InuYasha no pudo ignorar aquel quejido, que abrió los ojos alarmado y se acercó a socorrerla. Tratando de no mirarla directamente, y respetar así su intimidad. Aunque a esas alturas, ya poco quedaba a la imaginación.

—Pero mira que eres tonta… —Se sentó a su lado en la orilla, esforzándose en omitir la tentación de contemplar esas curvas de escándalo que ella poseía—. Te ayudaré… —Sentenció en un tono cortante, luego despojándose de sus prendas superiores, y vistiendo únicamente su hakama.

La sacerdotisa se regocijó por dentro. Pero aún no había hecho más que empezar, por lo que se cubrió con los brazos, mientras ponía una cara apesadumbrada.

—Tranquilo, no te molestes… —Susurró con voz suave—. No quisiera que te enfadaras más…

«¿Qué demonios…?»

Se giró a mirarla directamente, importándole poco que pudiera ponerse a la defensiva o ganarse una severa reprimenda.

—¿De dónde sacas esas tonterías? ¡Yo no estoy enfadado contigo! —Ella lo observó ingenua, provocando con su semblante inofensivo, que un discreto rubor tiñera los pómulos del canino—. So… Solo intento hacer las cosas bien y respetarte…

La sonrisa que se dibujó en los labios de Kagome, fue como media vida para el muchacho. Sintiéndose aliviado, aun y cuando una parte de él, permanecía en tensión.

—Gracias. —Se descubrió ante él con naturalidad—. Entonces… ¿También vas a meterte en el agua?

—Eh… Sí, era la idea. —No pudo estarse de escudriñar la bella figura de la azabache. Conteniendo sus pecaminosos pensamientos, por tal de no cometer una locura—. Te ayudo a entrar y… Vigilo que no te ahogues.

—Está bien… —Se mordió internamente la mejilla, prestando atención a su pareja—. ¿No vas a quitarte el resto de ropa?

—No es necesario. —Quizás fue demasiado brusco al responder, pero era eso, o perder la poca lucidez que le quedaba en esos momentos. Desviando otra vez el foco de sus luceros—. Bueno, ¿Entramos ya?

Ella contestó con un escueto sí, luego arrimándose más a la orilla, mientras InuYasha la ayudaba al acompañarla por detrás. Rodeando con precaución su cintura, en cuanto el agua comenzó a cubrirlos, por tal de que ella no realizara ningún movimiento precipitado.

Kagome sintió un escalofrío con el mero contacto de sus manos. Ya había conseguido gran parte de su propósito, pero aún quedaba lo más difícil. Se abandonó hacia él, apoyando sutilmente la espalda contra su torso desnudo.

—El agua está ideal, ¿No? —Nada, ni una sola contestación. Aunque eso no era suficiente para que tirara la toalla—. InuYasha… —Nombró con una tenue vocecita—. Tú… ¿Crees que sea guapa?

—¿Cómo? —Se exaltó incrédulo—. ¿A qué viene esa pregunta?

La joven continuó adoptando aquel aire derrotista y desconsolado.

—Pues porque… Parece que evites mirarme, y… —Bajó el rostro, fingiendo tristeza—. Pienso que debe ser cosa mía, porque… ¿Me veo horrible?

—¡Tonta! —La hizo girar por la cintura, encontrándose con sus ojos avellana contemplándolo con súplica—. Tú… Eres preciosa… —Su pulso se azoró con un simple vistazo de los senos de su compañera. Maldiciendo entonces ser un esclavo de su propia imaginación.

—¿De verdad lo crees…? —Se abrazó a él, presionándose contra su pecho—. ¿Te gusto, InuYasha?

¿Qué clase de preguntas eran esas? ¿Que si ella le gustaba? Más que eso. Kagome poseía una belleza que a cualquier hombre podía hacer abdicar de su buen juicio, y para él, que tenía una mitad demoníaca, aún se le hacía más irresistible y deseable.

Delineó con los dedos la curvatura de su espalda, deteniéndose antes de llegar a sus glúteos, por el bien de su autocontrol. Aun así, se antojó de inhalar su esencia, al hundir el rostro en el hueco de su cuello y acariciar la piel con un fino roce de su nariz.

—No me gustas… —Suspiró, recorriendo su cuello—. Tú me encantas… Kagome…

Cuando sus miradas volvieron a cruzarse, las dudas y el pudor hubieron desaparecido. Discerniendo aquel arduo sentimiento que era el deseo. La azabache se sujetó de los hombros de su hombre, acercándose así un poco más a su rostro, mientras bajo el agua se mantenía a flote sin esfuerzo.

—Y tú me encantas a mí… —Depositó un casto beso en la comisura de su boca. Aletargando de más ese contacto—. Me encantas demasiado… InuYasha…

Él no pudo rechazar esa invitación implícita. Era imposible hacerlo. Y por ello, fue el primero en robar un beso de aquellos jugosos carmesíes que llevaba rato anhelando conquistar.

Intentó no ser brusco en su arrebato, pese a que las ganas de desinhibirse fueran en ascenso. Sobre todo, cuando ella jaló de sus cabellos para tornar ese beso en algo más salvaje y necesitado. Oh, Kagome, realmente aquella mujer era su perdición.

La hizo recular de espaldas contra una de las rocas, así consiguiendo que al desprenderse de sus labios, él pudiera admirarla con un peculiar brillo en sus luceros, mientras sus garras viajaban desde su cuello hasta la separación de sus senos. Fue con esa tentadora visión que InuYasha se sintió desfallecer.

Lo más sensato sería medirse y frenar sus impulsos. Aunque, por otro lado… La deseaba tanto. Su cabeza estaba hecha un enredo, aun así, si no era él, Kagome sería quien le ayudara a decidirse.

Sin un ápice de vacilación, hundió sus manos en el agua y las guio hacia la hakama del muchacho. Pasando una caricia por encima de la prenda, que despacio fue dirigiéndose a su entrepierna. Aquello sorprendió al híbrido y lo hizo jadear, inyectando sus orbes dorados en los achocolatados de su pareja.

—Ka… gome… —Notó una presión liviana en la zona y su miembro reaccionó. Colocando las manos contra la roca y cerrando los ojos, con una respiración pesada.

—InuYasha… —Se inclinó hacia adelante, imprimiendo besos húmedos en el torso del canino, al mismo tiempo que sus dedos se esmeraban en llevar a cabo sus ambiciones. Fue tanteando la zona de su sexo, recorriéndola de arriba a abajo y consiguiendo de esta manera que su hombría se endureciera sin demasiado trabajo. Sí, ahora sí podía saborear la victoria, y lo único que faltaba era recibir su recompensa—. ¿Me dejas… Ayudarte…?

Él volvió a mirarla con una expresión desencajada por la lujuria. ¿Cómo iba a ayudarlo? En cuyo caso, ella sería quien necesitaría de auxilio, si es que la situación continuaba por ese camino. Pues cada vez le costaba más, apagar esas llamas que se prendían peligrosamente en su interior.

—No pienso que… Eso sea lo indicado…

—¿Por qué no? —Inquirió en un susurro, acechando los labios del joven, a la par que sus caricias se hacían más atrevidas—. Yo… Deseo ayudarte, InuYasha…

—Kagome… —Aproximó sus caderas por inercia, implorando porque aquella tortura no tuviera fin. Pues aunque estuviera desquiciándose y debatiéndose indeciso, ansiaba que ella siguiera tocándolo—. Tú… Estás herida…

Aquel era su único refugio, el único pretexto que podía detenerlo; un pretexto que a medida que los segundos transcurrían, iba perdiendo más fuerza. No obstante, resistiría. Y, por contrapartida, ella no lo permitiría.

—Pero… Ahora no me duele… —Apretó su ya considerable erección, escuchándole después emitir un gruñido—. Y tú… Seguro necesitas aliviarte… —Besó fugazmente sus labios, sosteniendo el mismo tono susurrante al hablar—. Deja que sea yo… Quien lo haga… —Apoyó los pechos contra su torso, exhalando entrecortada tras percibir la calidez de su piel rozando la suya—. Déjame… Satisfacerte…

En su cabeza, InuYasha se decía no, pero en cuanto a su cuerpo, la respuesta no resultaba lo concisa que él requería. Tenía que hacer algo que pusiera fin a aquel martirio. Tenía que sacar fuerzas de dónde fuera y apagar ese fuego que lo iba consumiendo, o por todos los demonios que iba a perder el Norte.

Decidido a no dejarse vencer, se apartó de Kagome para luego cargarla en brazos hasta la orilla. Dejándola en el suelo, mientras ella aguardaba expectante por lo que él hubiera planeado. Sin embargo, su júbilo duró poco al verlo recoger sus ropas y luego entregándoselas a ella con apremio.

—Vístete. —Ordenó a la vez que se urgía en ataviarse con sus prendas—. Yo voy un momento detrás de los árboles, así que cuando estés, avísame…

—¿Cómo dices? —Él se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia el bosque—. ¡InuYasha! ¡Vuelve aquí! —No obtuvo contestación alguna, haciéndola hervir de rabia e impotencia al prácticamente perderlo de vista—. Maldita sea… —Contempló sus ropas con hastío—. Tendré que seguir insistiendo...

...

Continuará!

Y qué peligrosa es esa flor. Kagome deseando a InuYasha y él resistiéndose... ¿Hasta cuándo podrán resistir?

¿Podrá cumplir ella su cometido? ¿O él tendrá mayor resistencia?

Pronto lo descubriremos n_n

Por lo que hace a los comentarios:

Velius-laoculta: es una flor de cuidado? pero su efecto es fuerte y el pobre Inu tiene que sufrir las consecuencias al resistirse jejeje a ver si puede seguir así!

Aida Koizumi: gracias, bella! siempre disfruto tus comentarios jajaja créeme que yo también quiero hacerlos caer, pero... al final les hago esperar? pero, en fin, todos tenemos un límite? Nunca se ha de perder la esperanza de que pase algo jejeje

Giise Gaspar: jajaja no tenía que ser, pero más oportunidades se irán presentando... Kagome no se rendirá? en cuanto lo de la florecita, ya me gustaría saber dónde encontrarla tambien, pero está difícil jeje

Ayde99: Muchísimas gracias! me alegra te vaya gustando la trama y la historia, iré siguiendo mientras pueda n_n

Ferchis-chan: si olvido actualizar seguro es falta de tiempo, espero no pase jeje me alegra te esté gustando!

Y hasta aquí la actualización de hoy... Este fin de semana he tenido poco tiempo, por lo que no he avanzado tanto de la historia... No prometo nada por si acaso, pero trataré iros trayendo capítulos! Gracias a tod@s.

Un beso!