Después de aquel fallido intento en el lago, Kagome estaba de un humor de lo más delicado. Sí, cantó victoria antes de hora y entonces le tocaba sopesar su derrota, aun así, estaba decidida a llevar a cabo su cometido.

Por la tarde, fue al hogar de Kaede, obviamente, con la ayuda de InuYasha. Esa dichosa pierna le estaba trayendo más quebraderos de cabeza de lo que desearía, pareciendo que ya no era solo una herida superficial, sino también una lesión que la invalidaba.

En casa de la anciana, se encontraban todos sus amigos. Bien podría ser que estuvieran en una guardería, pues en un rincón, las hijas de Sango y Miroku reían y jugaban, mientras su hermano menor lloriqueaba de vez en cuando a brazos de su madre.

—Entonces… ¿Rin aún no ha regresado? —Se interesó Kagome con una mueca extrañada—. Ya lleva más de una semana fuera…

—Sesshōmaru dijo que estaría de vuelta en unos días… —Explicó la sacerdotisa de cabellos canosos—. No creo que tarde…

Higurashi asintió pensativa, echando un rápido vistazo a su pareja, antes de cruzarse de brazos en una pose vanidosa.

—Qué afortunada es ella. —Murmuró con una sonrisa escéptica—. Sesshōmaru sí que sabe lo que quiere y no se acobarda a la hora de demostrar su amor a la mujer que ama…

Aquel comentario filoso no pasó desapercibido, ni para InuYasha, ni para el resto de sus amigos. Eso sí, ninguno se atrevió a comentar al respecto. Bueno, ninguno, excepto el principal afectado.

—Dudo que pueda demostrarle mucho, aún es una niña… —Sonrió escéptico, metiendo las manos en sus mangas—. Pero, si lo dices por lo de regalarle kimonos, eso no es algo digno de admirar…

—Serás…

—Y-y dime, Kagome… —Intervino su amiga Sango, tratando mediar y relajar el ambiente—. ¿Cómo te sientes? Tengo entendido que no puedes andar…

—Esto… Me duele un poco la pierna, pero tampoco es para tanto. —Contestó la joven sacerdotisa en un tono despreocupado.

—Entonces… ¿Sólo eso? —Insistió con discreción la castaña—. ¿No hay nada más?

—¿Nada más? —Titubeó Higurashi—. ¿Cómo qué? Sólo fue una caída, ¿Qué más debería sentir?

—Está más irritable de lo normal. —Opinó entonces el medio demonio—. No puedes llevarle la contraria sin que después te haga mala cara…

—InuYasha. —Nombró su pareja y un mal presentimiento inundó al peliplateado—. Abajo.

El sortilegio surtió efecto de inmediato y el híbrido quedó abatido contra el suelo, ganándose la mirada de todos los presentes.

—Nunca aprenderá… —Murmuró el pequeño zorro.

—¡Kagome! —Exclamaron Gyokuto y Kin'u al unísono, acercándose a la muchacha con efusividad.

Kagome las observó con sorpresa, mientras las gemelas sonreían risueñas.

—¿Qu-qué sucede...?

—¿Es cierto que tendrás un cachorro? —Preguntó una de ellas.

—¿Ca-chorro? —Inquirió irresoluta la bella sacerdotisa—. ¿Qué cachorro?

—Mami y papi dicen que, un día de estos, tú y el chico perro tendréis un cachorro…

Las mejillas de la azabache se sonrojaron más no poder, intercambiando una rápida mirada con su pareja, quien igual lucía cohibido tras recomponerse.

—¡Ni-niñas! —El monje se apresuró en tomar en brazos a sus dos hijas, sonriendo con nerviosismo—. ¿Qué dijimos sobre hablar de las conversaciones privadas de papá y mamá?

—¡Yo quiero un cachorrito! —Pidió Gyokuto, ignorando el aviso de su padre.

—¡Sí! —Añadió su gemela—. Y jugar con sus orejitas…

Hisui se puso a llorar a brazos de su madre, interrumpiendo aquella conversación comprometedora, que consigo trajo una tensa atmósfera.

—Se está haciendo tarde… —InuYasha se enderezó, luego acercándose a su mujer y agachándose de espaldas a ella con las manos extendidas—. Vamos, Kagome.

La azabache no contestó, incorporándose con cuidado para colocarse tras él y permitir que la cargara, entretanto el resto de sus amigos los miraba con atención.

—No tenéis por qué iros… —Alegó Sango, meciendo a su pequeño—. Lo que han dicho las gemelas, no es…

—E-está bien, Sango. —La joven sacerdotisa quiso quitarle hierro al asunto, pese a que era un tema que en el fondo la preocupaba—. De todas maneras, ya es de noche y lo mejor será que nos retiremos…

Ninguno objetó, respetando la decisión de la pareja de abandonar aquel encuentro, para así regresar a su hogar. Nada más salir, el despejado y estrellado cielo fue lo primero que vio Kagome.

Una de las ventajas de vivir en aquella época, eran esas vistas de ensueño. Y es que contemplar esas relucientes estrellas, ahuyentaba, aunque fuera por unos instantes, sus preocupaciones y demás dudas.

El trayecto de regreso fue silencioso. Kagome no sabía qué decir después de la reunión con sus amigos y, por lo que se refería a InuYasha, igual daba esa impresión. No tardaron en llegar a su casa pero, de ella fue la sorpresa, cuando el canino pasó de largo y continuó avanzando por los rincones de la aldea.

—InuYasha, ¿Adónde vamos? —Él no respondió, dirigiéndose hacia las afueras del pueblo, mientras la joven no concebía lo que podía pretender.

«Tal vez… ¿Está molesto? Puede ser… O no. Aunque, si lo estuviera, ¿Por qué no podemos estar en casa?»

Ni entendía por qué le daba tanta importancia. Si alguien debía estar enojada, era ella por el rechazo de aquella misma mañana. Sí, exacto. Ella era la víctima y tenía que tomar cartas en el asunto. No obstante, después de la curiosidad demostrada por las hijas de Sango y Miroku, sus ánimos decayeron y no tenía demasiadas ganas de hacer nada por ese entonces.

«Debería dejarlo para mañana...»

—Listo.

Kagome reaccionó con la voz del joven híbrido, quien la dejó cuidadosamente sobre el pasto. Fue en ese momento que ella se dio cuenta de que se encontraban en un solitario prado, cuyo ofrecía una majestuosa panorámica del pueblo.

—¿Qué hacemos aquí…? —Titubeó con sus ojos escudriñando el paisaje.

—¿No es evidente? —Se tumbó a su lado, luego señalando directamente hacia arriba—. Hoy pueden verse las estrellas…

Ella alzó la mirada con el asombro dibujándose en sus delicadas facciones. Realmente, aquel escenario era algo digno de admirar. Perdiéndose en esas pequeñas luces que llenaban su corazón de una cálida sensación.

Durante un corto lapso, permaneció distraída y sin pensar. Sin embargo, la incertidumbre no se hizo esperar al regresar el foco de sus luceros al rostro de su yaciente acompañante.

—Pero… No lo entiendo… ¿Cómo es que hemos venido hasta aquí? Tampoco teníamos por qué…

—Tonta… —Él desvió la mirada a un lado—. A ti siempre te gustó ver las estrellas, porque, si no recuerdo mal, en tu época no podías… —El simple hecho de recordar aquel detalle, produjo que las gemas de la sacerdotisa se empañaran—. Así que, en vez de regresar enseguida a casa, pensé que te gustaría estar un rato al aire libre y…

—Gracias. —Musitó de forma sentida, captando la atención del canino al usar esa voz temblorosa. Sonriendo con una pocas lágrimas rodando por sus mejillas.

—¿Po-por qué lloras? —Se sentó rápidamente, extendiendo una mano hacia el rostro de su chica para limpiar las perlas derramadas—. Hey, Kagome…

Sin frenar su voluntad, Kagome se arrojó a abrazar el torso de su amado. Estrechándose con fuerza, por tal de percibir el calor que emanaba de su cuerpo y que era su refugio más preciado.

—Estoy feliz… —Murmuró contra su pecho, sonriendo débilmente—. Gracias por traerme a aquí, InuYasha…

Él inspiró profundo y la expresión de su cara adquirió un matiz más dulce. Envolviendo entre sus brazos a esa bella mujer de alma cándida, que tantas alegrías traía a su vida.

Podían discutir y tener sus diferencias, pero no era algo atípico en una pareja. Lo importante, era la confianza que habían forjado el uno con el otro, y ese amor que, a falto de palabras, con pequeños gestos siempre lograban transmitir.

Eso sí, había temas que aún no lograron tratar, y uno de ellos, era el que surgió en el hogar de Kaede. Un tema que iba de la mano con la situación que ambos lidiaban en las últimas horas. Pues claro estaba que, si escalaban su relación de nivel, existía una serie de aspectos a considerar.

—Kagome… —Susurró en un tono tranquilo, que denotaba mismamente seriedad—. Respecto a lo que ha ocurrido antes, con… Las gemelas… —Ella sintió un escalofrío recorrer su espina dorsal, a la par que su cuerpo entraba en tensión—. Tú… ¿Qué es lo que piensas?

Kagome no se movió. Intentando no dejarse llevar por el desaliento.

—¿A-a qué te refieres…?

Un rubor cubrió los pómulos del medio demonio, deslizando suaves caricias por la cabellera de la muchacha.

—Pues si has pensado en... ¿Formar una familia?

Aquellas palabras eran algo que ella no esperaba escuchar a labios de InuYasha, y aun así, ahí estaban. Tratando el asunto sin más dilación ni filtros de por medio. Kagome se separó despacio, con el pulso acelerado y un nudo de nervios en la boca del estómago.

Cuando sus gemas color avellana se cruzaron con las doradas del híbrido, sintió que se le atoraba la respiración. Armándose de valor, por tal de no recular, y plantar cara, sin ya andarse por las ramas.

—¿Y tú…? —Le estaba costando los mil demonios hablar sin que le delatara su tono vacilante. Mirándolo con denuedo—. ¿Has pensado en ello?

Él sonrió levemente, frotándose la nuca.

—A decir verdad… Sí, lo pensé. —La joven lo contempló anonadada, haciéndolo sentir ansioso—. Sé que nunca hemos hablado de ello, y que entre nosotros aún no ha ocurrido nada que pueda provocar que tú… Bueno… Ya sabes… —Ella se ruborizó y bajó la cabeza—. Pero es un tema que, en más de una ocasión, me ha hecho… Plantearme varias posibilidades.

Kagome analizó cuánto le había dicho, manteniéndose alerta, como si se tratara de una confesión capciosa.

—Y… ¿Llegaste a alguna conclusión?

Por más que quisiera disimular, saltaba a la vista que los nervios tenían dominada a la muchacha. No. Más que nervios, era miedo.

—A mí… Me gustaría formar una familia a tu lado, Kagome. —La cara de la joven era un poema, y ese miedo que él vio en su semblante, entonces también era un reflejo del propio—. Pe-pero entiendo que tú no te sientas preparada, y en ese caso…

—E-estoy preparada. —Lo interrumpió enseguida, sin comprender de dónde sacaba la valentía para sincerarse—. Yo también quiero formar una familia contigo…

—Es… ¿Es en serio? —Ella asintió con una media sonrisa que lo encandiló—. Vaya, eso es… ¡Estupendo! Es decir, tú… Yo… Y un cachorro…

La ocurrencia arrebató una carcajada a Higurashi, quien sin medir su entusiasmo, jaló los mechones del peliplata y lo besó apasionadamente en los labios. Haciéndole notar con aquella iniciativa impulsiva, el ansia y afecto que él despertaba en su interior.

Nada más separarse, los dos continuaron mirándose. Estudiando hasta el mínimo detalle de sus rostros; como si fuera la primera vez que se encontraban bajo aquel cielo repleto de estrellas, que invitaba a los amantes caer en su enigmático encanto.

Sin embargo, aquella noche iba a ser otro desperdicio, pues cuando Kagome se dispuso a recortar nuevamente la distancia entre ambos, InuYasha la detuvo al tomarla por los hombros con una mueca divertida.

—Formaremos una familia. —Prometió solemnemente, sosteniendo su sonrisa—. Pero antes tienes que recuperarte…

—¿Qu-qué? —Pestañeó fuera de sí y sus facciones se desencajaron—. No puedes estar hablando en serio…

—Mi prioridad es tu bienestar, así que… Sí, estoy hablando muy en serio. —Ella abrió la boca con intención de protestar, pero el joven híbrido fue más audaz al proseguir—. Y de nada servirán tus jueguecitos, como el de esta mañana, o el de hace un rato, cuando has puesto a mi hermano como a ejemplo…

«¡Demonios! Se ha dado cuenta...»

—No voy a rendirme. —Aseguró con los brazos cruzados.

—¿Por qué has de ser tan cabezota? —Puso los ojos en blanco—. ¿Tanta prisa tienes que no puedes esperar unos pocos días?

—¿Acaso tú no quieres?

—¿Cóm...? Claro que quiero, tonta. —Desvió la mirada con los nervios atacándolo—. Pero si lo hacemos ahora, podría lastimarte más, y por eso mismo, no pienso arriesgarme…

Kagome frunció los labios y lo fulminó con la mirada, luego sonriendo con travesura en una actitud altanera.

—Bien, entonces… Seguiré provocándote…

—Kagome…

—Has dicho que no piensas arriesgarte, ¿No? —Se encogió de hombros—. Así pues, no tienes por qué temerme…

Ojalá fuera así, pero no. InuYasha ponía todo su empeño para no sucumbir a la tentación, pero ya casi había caído dos veces en las redes de la bella sacerdotisa. Y es que, el deseo que sentía por ella, a veces resultaba demasiado fácil de descontrolar.

No sabía qué decir, así que se guardó sus pensamientos para sí. Volviendo a tumbarse en el pasto, para contemplar las estrellas en compañía de aquella chica, que era una prueba constante para su cordura.

...

Continuará!

Tuvimos una reunión accidentada en casa de Kaede, pero... al final salió algo bueno de ello?

InuYasha tiene una paciencia de santo, hasta la mima después de todas sus artimañas jeje eso sí, ella está decidida a seguir con sus planes!

Por otro lado, parece que están de acuerdo con formar una familia n_n pero... a ver qué pase jeje

Estoy encontrando problemas con Fanfiction, así que si ven algo raro... mea culpa? No sé, pero al subir me da error, así que... No prometo nada?

Dicho esto, en referencia a los comentarios:

Claudia: muchísimas gracias, me alegra se vea el esfuerzo en las descripciones y personajes, a veces dudo de si logro transmitir lo que quiero jeje en cuanto a hacer pagar a Inu con su propia moneda... Todo puede ser, aunque pobre, con lo que anda sufriendo jajaja encantada de tenerte por aquí, y de que te vaya gustando la historia n_n

Clara Belen1: Ayy gracias! Me halagas demasiado! T_T me alegra que te guste la historia!

Alexandra: Quería actualizar todos los días, pero parece que los astros se pusieron en mi contra esta semana y no he tenido mucho tiempo para escribir! pero iré trayendo capítulos según vaya teniendo. Gracias por el apoyo n_n

Velius.laoculta: jajajaja esa flor es muy peligrosa, suerte que inu es medio demonio u se resiste? me halagas mucho, bella! saber que la historia tiene aceptación anima a seguirla, aun así, espero que no te haya hecho ir mal con la tesis. Mis mejores deseos para ti, y gracias! n_n

Aida Koizumi: ya te tengo fichada en las redes -inserte risa malvada- además de que por la historia que he leído tuya, escribes precioso T_T ya iré molestándote a medida que siga leyendo jeje en cuanto a las notificaciones, no sé... lo único que sé es que llevo unos días que Fanfiction me hace bullying, porque me da ellos a cada dos por tres u_u en lo que hace referencia a la historia... Inu tiene mucho aguante si se lo propone? jajaja los últimos capítulos están quedando un poco más largos ... será por las escenas pre lemon, siempre dan para más jaja y sobre el tiempo para escribir, esta semana no estoy de suerte, pero lo poco que avance, iré trayendo n_n cuídate tú también!

Y hasta aquí el capítulo de hoy, espero no tardar en traer el siguiente, y como siempre, agradecida de su apoyo!

Un beso!