Pasaron un par de días y Kagome siguió sin estar de suerte. InuYasha era realmente obstinado cuando se lo proponía y, aunque esa cualidad era algo loable, por aquel entonces, no hacía más que entorpecer los propósitos de la sacerdotisa.
Tenía que ser astuta, pero cómo serlo cuando él ya era conocedor de su objetivo. Daba la impresión de que estuviera dando palos al agua, aun así, insistiría haciendo uso de sus armas de mujer.
Punto a favor, era que su pierna comenzaba a mejorar. Tal vez no al ritmo que deseaba, pero podía estarse de pie sin venirse abajo. Eso sí, si intentaba andar, le dolía los mil demonios.
Ya daba la tarde en aquel día de lluvia y cielo encapotado. Kagome e InuYasha se encontraban en casa, resguardados con el calor de un pequeño fuego dando ambiente a su hogar.
El muchacho se tumbó de espaldas contra el suelo, soltando un largo bostezo, mientras su pareja lo contemplaba sentada a su lado.
—¿Tienes sueño? —Preguntó ella con una media sonrisa—. Aún queda bastante para que sea de noche…
—Lo sé. —Cruzó los brazos detrás de la nuca, fijando la mirada en el techo—. Pero con este tiempo, pocas opciones hay…
Ella se humedeció los labios con una expresión pícara asomando. Luego inclinándose sobre él, de manera que sus rostros quedaron alineados en una idónea trayectoria.
—Yo pienso que sí hay varias opciones… —Sus cabellos formaron una cascada al caer hacia adelante, perdiéndose en las bellas gemas doradas del muchacho, entretanto comenzaba a recorrer su torso con los dedos—. Y unas de bastante… Entretenidas…
Ya volvía a hacer de loba vestida de inocente cordero, pensó él. No. No lo iba a engatusar con sus encantos de Afrodita, mucho menos, cuando sus intenciones eran más que evidentes. Era hombre y la deseaba, pero igual no iba a faltar a su palabra.
Dispuesto a no dejarse convencer, el canino extendió una mano hacia el semblante apaciguado de su compañera. Permitiendo que sus yemas, acariciaran la piel tersa y fina de su rostro de muñeca.
—Kagome… —Después de oír su nombre en forma de murmullo, ella fue acercando más sus labios a los de él. Siendo interrumpida cuando InuYasha posó el dedo índice sobre sus carnosos carmesíes—. Sí sabes que no vas a conseguir nada, ¿Cierto?
La voz de la frustración rezumbaba en la mente de la azabache, quien no queriendo mostrar sus cartas, improvisó una sonrisa distendida para disipar esa idea de frustración y fracaso.
—Esta vez te equivocaste… —Se colocó un mechón detrás de la oreja, haciendo una mueca con la nariz—. No me refería a nada pervertido, sino a algo… —Paseó los dedos por la tela de su hitoe, levantando un poco la prenda—. Relajante.
Él se incorporó hasta quedar sentado junto a Kagome, mirándola con las cejas enarcadas por la confusión.
—¿Relajante? —Ella confirmó asintiendo—. ¿Y qué sería…?
—Pues pensaba en… Un masaje… —Se mordió el inferior, mientras sus ojos de avellana estudiaban la expresión de su hombre—. No hay nada mejor para descargar tensión, que un buen masaje. —Juntó las manos y sonrió ampliamente—. Y, no es por presumir, pero a mí se me da de maravilla.
—Un masaje… —Permaneció pensativo, no acabando de bajar la guardia—. ¿Y cómo sería eso?
—Fácil. Tú solo tendrías que tumbarte en el suelo, mientras yo me ocupo del resto. —Explicó tranquila, pese a la incertidumbre que reflejaba la mirada del medio demonio—. Te aseguro que no es nada raro, y que no voy a quitarte la ropa, si eso es lo que te preocupa; aunque es mejor si llevas el pecho descubierto...
—Hummm… No sé… —Guardó sus manos en las mangas de su hitoe, torciendo el gesto—. No termino de verlo claro…
Aquella cantaleta estaba comenzando a agotar la paciencia de la jovenzuela, la cual con facciones fastidiosas, desvió la mirada en lo que podría ser una pataleta.
—Muy bien, entonces, olvídalo. —Farfulló a regañadientes—. Duerme y hasta mañana.
—¿Qué? —Ella ni se molestó en mirarlo al mantenerse intolerante, creando una angustia en su compañero—. Tonta, ¿Por qué te pones así?
—¡¿Por qué?! —Aquello provocó un escalofrío en el canino, quien se achicó al discernir la indignación en sus gemas de chocolate—. Me rechazas cuando me insinúo a ti, luego dices que quieres formar una familia, vuelves a rechazarme, y cuando te digo de darte un inofensivo masaje, ¡También me rechazas! —Arrugó el entrecejo, poniéndose roja por el enojo que llevaba encima—. ¡¿En serio no entiendes por qué me pongo así?!
«Sí. Está muy enfadada...»
—Oye, Kagome…
—Solo es un maldito masaje. —Persistió con voz más apagada—. Pero supongo que para ti, el hecho de que yo te toque, no te hace ni la más mínima gracia…
Esa mirada que ponía no se sostenía por ningún lado. Sí, estaba haciéndose la víctima de nuevo y él lo sabía bien. No obstante, y aún el riesgo, tal vez lo mejor era dar un poco el brazo a torcer.
—¿Qué tengo que hacer? —Ella lo miró con ligero asombro, fijándose en cómo él se despojaba de su hitoe—. Has dicho que he de tumbarme… ¿Cómo? ¿De espaldas?
Kagome lo contempló aún sin terminar de creerlo. Aclarándose la garganta antes de poder hablar en un tono más sosegado, mientras él se deshacía mismamente de su kosode.
—Esto… —Miró al suelo, todavía no mostrándose complacida—. No, necesariamente. También podrías tumbarte bocabajo…
Él asintió en silencio, optando al final por recostarse con el torso descubierto y la mirada puesta en el techo. Estaría alerta por lo que pudiera ser, aun así, permitiría que durante unos instantes, ella pudiera llevar las riendas y se sintiera realizada.
—¿Así estoy bien?
La sacerdotisa quisiera responder con una afirmativa, pero el orgullo aún calaba hondo en su interior.
—Si no quieres, no tienes por qué hacerlo…
—Quiero hacerlo. —Aseguró solemnemente, liberando un suspiro y cerrando los párpados después—. Estoy listo.
Prácticamente se había dejado a su merced. Kagome lo estudió atenta, conteniendo un jadeo al recorrer con los ojos el trabajado cuerpo de aquel chico con esencia de demonio. De seguro los dioses lo envidiarían, así como las mujeres como ella, anhelaban ser la presa que sus brazos dieran caza.
Se fue inclinando despacio, conduciendo sus manos a los pectorales del muchacho, para sin demora recorrerlos en un discreto roce de sus yemas. El tacto de su piel era abrasador, lo suficiente para hacerla desear ser más descarada en sus actos. Pero aún era pronto.
Ejerció una presión liviana en sus hombros, reforzándola sutilmente, al apoyar su peso y masajear con los pulgares la zona de su clavícula. En el transcurso del tiempo, observaba de cerca el semblante descansado de su pareja, así como sus labios se entreabrían al tensionar su musculatura.
—Si te aprieto demasiado fuerte… Dímelo… —Sus dedos zigzaguearon por su pecho de Adonis, luego subiendo y bajando por su torso y abdomen.
InuYasha no sabía si maldecir o venerar esas manos que lo estaban deleitando. Sí, aquello era relajante, o al menos podría serlo, de no ser porque cada caricia que aquella bella joven le brindaba, prendía hasta la última partícula de su ser.
No podía mantener la mente en blanco por más que quisiera. Y, lo peor de todo, era cuando ella dirigía sus caricias hacia el sur. Orillando su cintura, pese a que guardaba las formas antes de intentar deshacer el nudo de su hakama.
«Ojalá lo hiciera...»
La voz de su subconsciente no podía tenerse en consideración. Por supuesto que deseaba que aquellas atenciones se concentraran en otra zona, haciendo volar su imaginación con el mero hecho de fantasear cómo sería que Kagome volviera a tocar su virilidad, así como lo hizo en el lago.
Sólo de pensarlo su miembro reaccionó bajo sus prendas, e InuYasha no tuvo más opción que aguantar el tipo. Sin embargo, era agotador. Y es que, por mil demonios, deseaba a esa mujer más que a ninguna otra en su vida.
Sólo un poco, le decía la voz de su cabeza. Un poco de esa dosis de perversión que necesitaba probar para sentirse liberado. Cuando ella regresó a su abdomen, no pudo volver a subir que él retuvo sus manos con el pulso firme y el calor causando estragos en su organismo. Costándole hablar, al intentar poner algo de orden en sus pensamientos de pecado.
—¿InuYasha…? —Preguntó con esa vocecita sensual e indefensa, que volvía loco al joven canino—. ¿Ocurre algo? Es que... ¿No te gusta…?
Lo que no le gustaba era que su pierna no sanara de una maldita vez, para poder poseerla a su conveniencia y antojo. De misma manera, que detestaba no saber hasta qué punto él podría ser capaz de controlarse. Por desgracia, eso era algo que no podía expresar abiertamente. No del todo.
—Kagome… —Era un susurro ronco. Agarró las manos de la muchacha y las acercó donde su hombría despertaba bajo su hakama. Instándola a ejercer presión, y ocasionando con ello que un gruñido brotara desde lo más profundo de su garganta—. Aquí… —Abrió los ojos, encontrándose con la mirada sorprendida de su mujer—. Tócame, Kagome…
Aquella petición dejó a la novicia sin habla, siendo algo que no podía desperdiciar, ni dejar escapar. Se humedeció los labios y sus dedos se encargaron de tantear la protuberancia que asomaba, masajeándola en un compás rítmico, pero sin resultar apresurado.
InuYasha cerró de nuevo los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Otorgándole el mando de la situación a su pareja, mientras él jadeaba en respuesta a sus mañosas acciones, que lo incitaban cada vez más a la lujuria.
Que Kagome lo tocara se sentía tan distinto a cuando lo hacía él. Ya antes de su regreso, pasó noches pensando en ella y en su libidinosa silueta. En las miles de veces que la tuvo frente a él con esa falda minúscula que siempre llevaba puesta, y que tanto quiso trizar para hacerla suya, aún cuando ni su relación se había aclarado. Sí, Kagome lo traía de cabeza desde el primer instante en que la vio.
Ella fue aumentando de intensidad, estimulando su erección de arriba a abajo, mientras InuYasha ya no podía acallar los gemidos que de sus labios escapaban sin pudor.
Por otro lado, ella igual anhelaba mucho más. Ese espectáculo estaba alimentando el deseo hacia su hombre. Teniendo la idea egoísta de hacerlo enloquecer a niveles insospechados. Y lo conseguiría; conseguiría hacerlo sucumbir y tenerlo a sus pies.
—¿Puedo probar algo…? —Aquella súplica captó la atención del rebelde, quien observó cómo ella se agachaba a la altura de sus caderas con una expresión fiera que lo estremeció.
Quiso decir algo, cualquier cosa que frenara las intenciones de su bella Kagome. De todas maneras, y por más que así lo pretendió, perdió el mundo de vista cuando ella rodeó con su boca la protuberancia que se alzaba bajo sus ropas.
Aquello sí que fue la ruina para él. Pese a la tela que había de por medio, podía notar la calidez y humedad de su lengua surcando la extensión de su miembro. Blasfemando injurias, mientras alzaba las caderas en una reacción instintiva, provocada por el mismo deseo que albergaba por aquella diosa de cabellos de ébano.
—Ka-gome… —El aire fue expulsado con violencia de sus pulmones, fijando su mirada de depredador en el rostro de su pareja. Disfrutando en demasía de verla en aquella posición de sumisa, que tanto lo estaba encendiendo, pero que tenía que refutar—. Deberías… Detenerte…
Ella lo vio con esos ojos inocentes que le hacían delirar, estimulando su falo con un envidiable movimiento de muñeca.
—¿De verdad quieres que lo haga…? —De nuevo su lengua lo tentó al recorrer su entrepierna, otorgándole a él un escenario de lo más erótico—. ¿Quieres que pare… InuYasha…?
«Maldición...»
Parecía estar navegando en un mar de lujuria, sin rumbo ni puerto. Incorporándose velozmente, para tomar a Kagome por la cintura y sentarla sobre él.
—Lo que quiero… —Exhaló pesado, abrazándola contra su cuerpo de forma posesiva—. Es que dejes de provocarme… —Sus manos divagaron en descenso hasta sus glúteos, no teniendo ningún tipo de miramiento, a la hora de apresarlos y cernirla a su propia pelvis—. Deja de jugar conmigo…
La sacerdotisa se relamió. No haciendo caso de su advertencia, que rodeó su cuello y contoneó sus caderas, para percibir cómo su erección se friccionaba contra su bragadura.
—¿Que deje de jugar…? —Lamió la comisura de su boca, jadeando por lo bajo—. Eres tú quién me ha pedido que te toque… —Su cintura dibujaba círculos, sintiendo como su libido se elevaba exponencialmente al contemplar su reflejo en los ojos dorados de su hombre—. ¿Y ahora pretendes que pare…?
«Sabía que era una mala idea, pero...»
—Es lo mejor… Por ahora…
—No lo es… —Bufó con suavidad una de sus orejas, haciéndolo gimotear—. Y lo sabes… —Interceptó sus labios, siendo insistente en sus acalorados movimientos—. Por favor, InuYasha… —Él luchaba consigo mismo. Ceder o rechazarla; sucumbir o dejar pasar aquella oportunidad—. ¿Es que no lo deseas…?
—Kagome… —Tragó duro y sus manos atraparon su cintura—. Sabes que lo deseo, pero…
Aquella situación estaba comenzando a frustrar a la azabache, y no era para menos. ¿Cuántas veces tenía que rechazarla? ¿Por qué tanta resistencia?
—Seguro que si fuera Kikyo no dudarías...
Eso fue hablar de más, pero para cuando se dio cuenta, ya era tarde. InuYasha la miró triste e incrédulo por aquel pretexto banal, rompiendo así la candente atmósfera que se había instalado entre ambos.
—¿Realmente piensas eso?
—InuYasha…
—Es increíble que aún tengas dudas respecto a Kikyo… —La apartó con cuidado y se puso de pie. Recogiendo sus prendas con facciones contrariadas.
—I-InuYasha, yo… Lo siento, no pretendía…
—Ahórratelo, Kagome. —Vistió su torso y se encaminó hacia la salida de su hogar.
—¿A-adónde vas? —Preguntó desde el suelo, con un nudo en la garganta y las pupilas dilatadas—. Está lloviendo y…
—Voy a casa de Miroku. —Enunció en un tono solemne, que hacía notar su molestia y pena—. Tranquila, volveré para dormir…
—¡Espera, InuYasha! —Su voz se desgarró y unas lágrimas escaparon de sus ojos—. Por favor, hablemos. Yo… No quería decir eso, no…
—Intenta descansar.
Kagome quiso volver a llamarlo, pero ya no estuvo a tiempo. InuYasha se había marchado, sin darle a ella más opciones para excusarse. Dejándola con las palabras en la boca y el llanto desatado, por culpa de su lengua viperina.
...
Continuará!
Y... Casi? Esta vez estuvieron a punto, pero... Kagome metió la pata!
InuYasha quiso jugar con fuego y por poco se quema, pero al final, aún salió bien parado?
Eso sí, parece que ahora sí que está enojado, entonces... ¿Esperemos se le pase el enfado?
Lamento no traer capítulos cada día como me propuse, la falta de tiempo me pasa factura! De todas maneras, sí iré subiendo a medida que vaya teniendo escrito n_n
Quiero agradeceros a tod@s quienes leéis y comentáis! En verdad anima mucho leeros y ver el apoyo que brindais a la historia! Mil gracias! T_T
Hasta aquí el capítulo de hoy, y... a comerse las uñas para ver qué ocurre en el capítulo de HNY djjfjfjflsks en serio ya necesito saber qué ocurrió con nuestro InuKag!!! Temo por la vida de Inu —Llora desconsolada— . En fin... Suerte que solo quedan horas para saberlo!
Dicho esto, desearos un buen fin de semana!n_n
Un besooo!
