Disclaimer: Todo pertenece a J. K. Rowling.
Esta historia participa en el amigo invisible de La noble y ancestral casa de los Black como regalo para Natalie Annick Malfoy Granger.
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Todos los colores del arcoíris
Tercera parte
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Añil
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La noche del baile fue maravillosa y Theo no quiso arruinarla con preguntas y conversaciones incómodas, pero se quedó con muchas dudas. Sí, Luna y él habían tenido una especie de cita y se habían besado, pero no estaba seguro de si eso equivalía a algo más.
No era así como a él le habían enseñado a hacer las cosas. Desde siempre sus padres le habían inculcado que primero tendría que salir en serio con una persona y que luego ya vendrían los besos y todo lo demás. La charla sobre "todo lo demás" había sido una de las más incómodas de su vida, pero de todos modos él siempre había estado dispuesto a seguir esos pasos y había pensado que eran algo común a todo el mundo.
En Hogwarts se había dado cuenta de que eso no era así. La gente se besaba y hacía otras cosas sin necesidad de estar saliendo en serio con una persona y por eso él no sabía si Luna quería salir con él o si el beso solo había sido eso, un beso y nada más.
Cuando se vieron durante las vacaciones de Navidad, Theo estaba dispuesto a aclarar todo el asunto. Llamó a la puerta de la casa de Luna con un nudo en la garganta y el corazón palpitándole a toda velocidad. Ella salió enfundada en un abrigo muggle de color añil, pero Theo no hizo ningún comentario. Él prefería llevar túnicas, pero tampoco le veía nada de malo a la ropa muggle.
Luna le dedicó una sonrisa amable y se volvió hacia su padre para despedirse diciéndole:
–Me voy, papá, que ya está aquí mi novio.
Para Luna fue una frase de lo más natural, pero para Theo se sintió como si le hubieran quitado un peso de encima. En los meses que llevaba conociéndola Theo había descubierto que así era la mayoría de las veces: lo que para todo el mundo resultaba complicado y confuso, para Luna Lovegood era sencillo y natural.
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Morado
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Los primeros meses del curso habían sido un infierno, pero después la cosa se calmó bastante. Siguió habiendo problemas y peleas, como siempre había habido en el colegio, pero el ambiente mejoró bastante. Las actividades que la directora fue organizando a lo largo de los últimos dos trimestres para fomentar la convivencia entre casas ayudaron en gran medida.
Aun así, el día de su graduación, Theo se sintió satisfecho por poder abandonar el colegio. Estaba deseando empezar su vida adulta, al igual que todos sus amigos. Llevaban semanas haciendo planes. Lo primero que haría sería buscar un piso al que mudarse con blaise y Daphne. Los tres querían entrar en el ministerio y habían decidido buscarse un lugar en Londres y mudarse juntos.
Luna tenía planes de hacer un viaje con su amiga Ginny por varios meses y partiría al día siguiente, así que esa noche sería la última vez que la vería en un tiempo.
Le hubiera gustado poder pasarla a solas con ella, pero a ambos les apetecía también disfrutar con sus amigos de su última noche en Hogwarts. Además, las familias vendrían a la ceremonia y también debían estar cada uno con sus padres.
Theo había conocido al excéntrico señor Lovegood en Pascua. Su suegro y él apenas habían hablado cinco minutos, pero Luna aseguraba que Theo le había caído bien. Según Ginny, el señor Lovegood pensaba que cualquiera que hiciera feliz a su hija le debía caer bien.
Sus padres, no obstante, eran harina de otro costal. Ambos estaban deseando conocer a su novia y Theo tenía un poco de miedo de la impresión que Luna les podía causar. Él la adoraba, pero sus padres siempre habían sido muy tradicionales y Luna no encajaba precisamente con la definición de tradicional.
Se acercó con ella del brazo justo después de la entrega de diplomas. Luna llevaba una prenda muggle en la cabeza, birrete, le habían dicho que se llamaba, de un fuerte color morado. A Theo le parecía que le quedaba bien, pero sus padres la miraron con extrañeza, aunque se abstuvieron de hacer comentarios.
La conversación fue breve, pero agradable. Luego Luna se marchó a saludar a los señores Weasley. Theo se volvió a sus padres en busca de su veredicto. No es que fuera a dejar a Luna si a ellos no les agradaba, pero prefería que no se diera el caso.
–Se os ve muy felices juntos –comentó su madre.
–Entonces, ¿os ha caído bien?
–Apenas la conocemos, hijo, pero a ti ella te gusta mucho y parece que tú a ella también. Nos alegramos por ti.
Theo sonrió. Nunca pensó que sus padres pudieran tener algo en común con el señor Lovegood, pero bueno, tampoco pensó que él y Luna pudieran tener tantas cosas en común.
