Después de marcharse, InuYasha se cobijó de la lluvia en casa de Miroku y Sango. Cualquiera diría que estaba enojado por la cara que traía, pero la verdad, era que se sentía triste por las dudas que aún acechaban a Kagome.

¿Cómo podía ser que a esas alturas se comparara con Kikyo? ¿Por qué no le tenía más fe a sus sentimientos?

Aquello devastaba al joven híbrido, quien ya no sabía qué decir o hacer para demostrar su amor a la bella sacerdotisa. Intentaba estar para ella en lo que necesitara, incluso le había profesado su deseo de formar una familia a su lado. No obstante, no parecía ser suficiente.

Sí, también cabía mencionar que había estado rechazando sus insinuaciones, pero… ¡Por mil demonios! ¡Estaba herida! No quería lastimarla. Su bienestar era la prioridad del muchacho, aunque igualmente era cierto, que temía no saber hasta qué punto podría medirse a sí mismo, en cuanto se encontrara naufragando en las aguas de la pasión.

Su experiencia en aquel ámbito, no era otra que las confidencias que Miroku le había compartido, sin necesidad de preguntar. Físicamente, su conocimiento en la materia era nulo. Actuando más por instinto, que no por entendimiento.

Si bien al principio, él era quien se desquiciaba de no poder dar el paso, ahora parecía ser al revés. Y no porque no deseara que se produjera el ansiado momento, sino porque en los últimos encuentros con aquella despampanante mujer, comprobó lo fácil que le resultaba dejarse arrastrar por el animal que rugía ansioso en su interior.

Y es que esos momentos recientes al lado de Kagome, habían hecho que InuYasha perdiera la razón. Era increíble lo que conseguía provocar en él con sus dotes de seducción innatos. Con cada caricia, sentía como si su cuerpo cayera en un mar de lava, así como cuando lo besaba, daba la sensación de que era elevado hasta el mismísimo cielo. Si con algo tan sencillo parecía desfallecer, ¿Qué pasaría cuando se atreviera a ir más allá?

Una parte de él temía lo que pudiera ocurrir. Ya no siendo la pierna de ella su gran obstáculo, sino el dominio que él mismo era capaz de demostrar.

—¿Nos vas a decir ya qué es lo que haces aquí? —Se exasperó Miroku, analizando a su amigo con el ceño fruncido—. Has entrado sin decir nada y aún esperamos una explicación.

—Excelencia… —Advirtió su mujer, meciendo al pequeño Hisui, mientras las gemelas dormían a su lado—. No lo presione…

—Gracias, Sango. —Musitó el canino, sin cambiar de posición.

Sus amigos lo miraron con atención. Dándole un breve margen, antes de que la joven castaña volviera a intervenir.

—¿Está todo bien con Kagome?

Las orejas de InuYasha se movieron, enfocando sus gemas en la antigua exterminadora de demonios.

—¿Por qué lo preguntas?

Su tono derrotista fue la prueba que sus amigos necesitaban para saber que habían dado justo en el blanco.

—Así que de eso se trata. —Murmuró el monje en un semblante reflexivo—. ¿Es que os habéis peleado?

—Nada de eso… —Quiso obviar, desviando la mirada en dirección opuesta.

—¿Qué le hiciste? —Insistió la muchacha, al no creer las negaciones de su amigo.

—¡Dije que no pasó nada! —Bramó InuYasha con una expresión furibunda—. Además, aunque así fuera, ¿Por qué dan a entender que fui yo quien le hizo algo?

—Porque siempre eres tú quien mete la pata… —Comentó Miroku, sin ningún tipo de miramientos.

—Maldito monje…

Quisiera rebatirle y hacerle tragar sus palabras, pero por desgracia, estaba en lo cierto. Mayoritariamente era él quien hacía enojar a Kagome, aunque entonces…

—Vamos, InuYasha. —Lo animó Sango en un tono más compasivo—. Dinos qué fue lo que pasó, y tal vez, podamos ayudarte a encontrar una solución.

El peliplata metió las manos en sus mangas, luciendo de lo más ofuscado al sopesar la propuesta de su ex compañera de batallas. Realmente no sabía cómo lidiar con aquel asunto, así que un poco de desahogo no le vendría mal. No obstante, no tenía una idea clara de cómo exponer el tema.

—Es complicado. —Inició en un tono monocorde—. Desde hace unos días, Kagome anda… Actuando extraño.

—¿Extraño? —Titubeó la fémina—. ¿A qué te refieres? —Los pómulos del híbrido adquirieron un tenue rubor, obligándolo a mirar al suelo—. ¿InuYasha…?

—Es que no sé cómo decirlo…

—Tú solo dilo.

La pareja aguardó a la expectativa, provocando que los nervios en el muchacho se incrementaran, al no hallar la forma idónea de expresarse.

—Bu-bueno… —Se aclaró la garganta y sus mejillas aún se sonrojaron más—. Digamos que ella actúa como si estuviera… En celo…

Sango y Miroku se miraron cómplices, y sin sorprenderse, a vistas que ya estaban enterados de la situación en relación a su amiga. Eso sí, InuYasha no estaba al tanto sobre el asunto, y por ello era comprensible su frustración.

—¿Y eso es un problema? —Añadió el monje, restando hierro al asunto con su desparpajo habitual—. Si está en celo, solo hay que complacerla.

«Tan fácil decirlo...»

—Ella está herida. —Argumentó aún sin levantar la mirada—. No puedo aprovecharme en su estado…

—No es aprovecharse si ella te lo pide. —Expuso su buen camarada—. Además, si lo que te preocupa es su pierna, lo único que tienes que hacer es vigilar de no ser un animal con ella…

—¡E-eso ya lo sé, pero…!

—¿Pero qué? —Lo interrumpió Miroku de nuevo—. ¿Acaso no sabes hacerle el amor a tu mujer sin ser un bruto?

InuYasha estaba tan rojo que ya parecía un complemento de su propia vestimenta. Sango observaba el panorama en silencio. Estaba más que claro que sus amigos aún no habían intimado, pero su hombre no estaba al corriente de ello.

—Oye, InuYasha… —Intervino ella con voz suave—. En este caso, deberías hacer caso a Miroku…

—¡¿Có-cómo?! ¡¿Tú también, Sango?!

La muchacha inspiró profundo, debatiéndose indecisa al contemplar el rostro alarmado del medio demonio.

—Esa es la única manera de que Kagome vuelva a ser la de siempre…

—¿Qué? —Dudó el canino, adoptando una expresión irresoluta—. ¿Qué quieres decir?

Antes de seguir hablando, Sango compartió una última mirada con el monje. Luego ambos enfocándose en su confuso amigo, el cual con el transcurso de los segundos, iba viéndose más angustiado.

—Kagome se encuentra bajo los efectos de la Sakurasou de la pasión. —Decir aquello no sirvió de mucho, pues la cara de InuYasha no reflejaba ningún tipo de emoción ni conocimiento—. Es el nombre de la flor que tenía Kagome cuando la trajiste del bosque…

—¿Una flor? —Se extrañó—. ¿Qué tiene que ver una flor con que Kagome actúe así de raro?

—Pues… Todo. —Hisui se puso a llorar, por lo que Miroku se acercó a su mujer para cargar con el bebé, y tranquilizarlo dando tumbos por la estancia—. Esa flor contiene un tipo de magia bastante peculiar; se dice que si alguien tiene sentimientos de amor y deseo reprimidos, y pide un deseo relacionado con dichos sentimientos, entonces la flor ayuda a que ese deseo se cumpla. —El híbrido frunció el ceño, pasándose los dedos por los mechones que caían por su frente—. A mí parecer, Kagome pidió un deseo inconsciente a la flor, por lo que sus emociones atadas a ese deseo que profesa, se han visto considerablemente agravadas.

InuYasha no daba crédito a cuánto escuchaba. ¿En verdad eso era posible? ¿Kagome se encontraba bajo los efectos de la magia de una dichosa flor? ¿Por eso estaba actuando tan raro? ¿Por eso había dudado de su lealtad y devoción hacia ella?

—¿Cómo pueden contrarrestarse los efectos de esa flor?

—Si te refieres a que sí hay algún antídoto, la respuesta es no. —Él agrandó los ojos, luciendo consternado ante aquella revelación—. La única manera de aplacar esa magia, es cumpliendo el deseo que Kagome pidió.

—Pero… Eso es imposible, ¿Cómo voy a saber lo que pidió ella?

—Si dices que parece que está en celo, ¿No tienes una ligera idea de lo que pudo haber deseado?

InuYasha arrugó la nariz y se sumergió en sus pensamientos. ¿Qué podía haber deseado? ¿Cómo podía romper esa magia que la tenía presa?

—Pero mira que eres ciego. —Intervino Miroku con su pequeño retoño ya dormido en brazos—. Si Kagome está en celo, es obvio que quiere que la satisfagan. —Su amigo volvió a sonrojarse, no sabiendo siquiera cómo ponerse—. Ahora mismo, deberías estar retozando con ella, en vez de lamentarte en vano…

—¡Mo-monje pervertido, ya deja de decir esas cosas!

—Piensa que un deseo frustrado, es peor que un remedio forzado. —Sango se puso de pie, tomando el relevo a su marido al volver a acarrear con su infante.

—¿Y eso qué significa?

—Pues que la magia de la flor no desaparecerá hasta que Kagome se sienta realizada. —Suspiró—. Y cuanto más te opongas a lo que ella quiere, sus emociones cada vez se descontrolarán más, y si eso ocurre, más complicado será que vuelva a la normalidad.

«No puede ser. Por algo así… ¿Puedo perder a Kagome?»

—¿Acaso no deseas a tu mujer? —Su amigo se atrevió a preguntar.

—¡¿Qu-qué?! Pu-pues claro que sí, idiota. —Farfulló InuYasha, sin saber dónde esconderse.

—Entonces, ¿Cuál es el problema…?

A InuYasha le gustaría decir que no había por qué alarmarse, pero no estaba seguro de ello. Era un terreno desconocido. No sabía si podría llevar las riendas sin perder el control por el camino. Su deseo por Kagome era tan abrumador, que temía que en su arrebato de pasión pudiera herirla. Siendo aquel el verdadero némesis que lo paralizaba e impedía avanzar.

Miró hacia una de las ventanas con un semblante afligido, fijándose en cómo después de horas, al fin había terminado de llover.

—Regresaré a casa.

—InuYasha…

—Gracias por explicarme la situación. —El canino se dirigió hacia la salida en una postura compungida, sin volver a mirar a sus amigos—. Hasta mañana.

Se marchó antes de que lo avasallaran con demás comentarios y sermones, encaminándose hacia su hogar con pasos apresurados y la mente ofuscada. Tenía que tomar una decisión y rápido. No era momento para dejarse dominar por el miedo; pues no solo de él se trataba.

Cuando irrumpió en casa, todo estaba a oscuras. Kagome dormía en el futón, con facciones tristes que indicaban que había estado llorando hasta poco antes de su llegada.

Quizás no debió irse de aquella manera. Quizás debió quedarse a su lado e intentar hablar con ella. Aunque, ¿De qué hubieran hablado después de ese reproche velado?

Quisiera corroborar si la desconfianza demostrada era debida a la magia de aquella flor, o si realmente Kagome seguía albergando dudas acerca de los dictados de su corazón.

Se sentó en el suelo, contemplando a su hermosa chica sumida en un sueño profundo. Pese a su expresión de angustia, seguía viéndose preciosa. Su dulce y bella Kagome.

Si tan solo supiera que en su cabeza solo existía ella, las cosas serían más sencillas. Kagome era su mundo. La razón de sus sonrisas y sus ganas de amanecer cada día. Así pues, ¿Cómo demostrar la valía que tenía para él?

Su semblante se ensombreció, denotando determinación al mantener su mirada dorada adherida al rostro de aquella doncella con apariencia de ninfa. Ya en el pasado le hizo una promesa: la de protegerla aunque su propia vida estuviera en juego. Y eso mismo era lo que pensaba hacer.

Fuera cual fuera el obstáculo, defendería a su mujer a toda costa. Y ningún demonio, ni mucho menos la magia de una flor, podrían arrebatarle a su amada.

...

Continuará!

Y... InuYasha ya está enterado de lo que le ocurre a Kagome, con amigos como Miroku y Sango dando ánimos, ¿Tal vez se decida a hacer algo? ¿O qué habrá pensado que tan decidido está?

Al final nuestro Inu solo le quiere bien a su Kagome... n_n

Por lo que hace referencia al capítulo 15 de HNY... Aggg! siento rabia de que todo lo pusieron concentrado y eché en falta ver más de los ships T_T ¿Qué les costaba hacer tres capítulos y así estaría todo más repartido? —Se retira a llorar—. Y ahora no creo que veámos de nuevo a InuKag hasta casi el final... Necesito una segunda temporada para ver InuKag junto a Moroha!! En fin, se vale soñar xD

En cuanto a los comentarios invitados:

Ayde99: InuYasha está bastante al límite, por más que quiera resistirse, cada vez cede más! Aunque lo de Kikyo es la espina que faltará ver si se quita o ahí sigue. Me alegra te guste la historia, gracias por comentar! n_n

Naudy: WoW! todos los capítulos de tirón jaja, me halagas! encantada de tenerte por aquí y espero siga gustándote la historia! n_n

Moroha.demiCora: jajaja ay, se juntaron los nervios de todo! Por lo que hace a la serie, podemos dar gracias que InuKag están a salvo en la perla. Ahora solo tenemos que esperar a que salgan y se reúnan con Moroha n_n

Y hasta aquí el capítulo de hoy, como siempre, agradecida del amor que le dais a la historia y que tanto anima a seguirla! n_n

Un besooo