Los días siguientes transcurrieron con normalidad. Hasta el punto de que Kagome ya podía andar, siempre vigilando de no hacer ningún movimiento brusco que pudiera provocar que su pierna se resintiera.

La situación entre ella e InuYasha había mejorado. O eso quería creer, pues cabía decir que, desde aquella mañana de pasión, ya no más oportunidades se habían dado entre ambos. Provocando en la joven sacerdotisa un sentimiento de frustración.

Kagome intentaba crear ambiente y arrimarse a su hombre, propiciando de esta manera el momento idóneo para los dos. Lastimosamente, por contrapartida, él no parecía que cooperara ni estuviera por la labor. Regresando de nuevo al punto de partida.

«Tal vez, lo hizo solo por complacerme, y no porque en realidad quisiera...»

Y es que fue InuYasha quien le dijo que iba a demostrarle cuánto gustaba de ella. Siendo más un deber, que no un deseo compartido.

Aquellos pensamientos la desalentaron. Luciendo alicaída, al enfocar su mirada en aquella camiseta rasgada, que entonces evocaba candentes imágenes que alimentaban su imaginación. Soltó un suspiro resignado, apartando aquella prenda con lástima.

—¡Kagome!

La muchacha viró el rostro al oír la efusiva voz de su hombre, viéndolo irrumpir en su humilde hogar con una radiante sonrisa que hizo brincar a su corazón.

—InuYasha… —Nombró en un susurro. Acercándose a él con una expresión amable—. ¿Ocurre algo?

—Eh… Sí, algo así. —Se frotó la nuca, mirándola con un discreto rubor en las mejillas—. Tú… ¿Cómo te sientes? —Ella pestañeó confundida—. Me refiero a la pierna, ¿Has vuelto a sentir alguna molestia…?

—Oh, pues… No, la verdad. —Arremangó un poco la tela de su hakama, descubriendo el gemelo que se había lastimado—. Intento no forzarme, pero de todas maneras, no siento ya dolor… —Observó el semblante atento del canino, mostrando interés—. ¿Por qué quieres saberlo?

—Po-por nada, tonta. —Se aclaró la garganta, metiendo las manos en las mangas de su hitoe—. Es solo que… Me preocupo por ti.

«InuYasha...»

—Gracias. —Murmuró ella, fijándose en lo adorable que lucía el muchacho con aquella faceta tímida que demostraba.

Por otro lado, InuYasha trató actuar con más naturalidad al disponerse a intervenir de nuevo en un tono más serio.

—Me han dicho que hay un demonio causando problemas en una de las aldeas del Norte… —La sacerdotisa atendió con una mueca de desencanto, pues ya se imaginaba lo que seguía—. Tenía pensado matarlo, antes de que ocasione más daños.

—Comprendo. —Caminó hacia una de las ventanas, enfocando sus luceros hacia el exterior—. Está bien, yo… Esperaré a que regreses y…

—En realidad, quisiera que me acompañaras. —Ella se giró rápidamente, agrandando los ojos con asombro—. Su poder es un tanto peculiar, y… Me vendría bien que me ayudaras.

Eso sí que dejó a Kagome fuera de juego. ¿InuYasha pidiéndole ayuda? No solía hacerlo, menos desde que regresó de su época. Aun así, ahí estaba él. Mirándola fijamente y sin rastro de duda al plantearle el panorama.

—Claro. —Se limitó a responder, sonriendo nerviosa—. Iré contigo.

—Bien. —Se giró de espaldas a ella, agachándose con las manos extendidas hacia atrás—. Entonces, vamos.

—¿Y-ya? ¿Tan rápido?

—Dentro de un par de horas va a anochecer. —Comentó el muchacho en un tono suave—. Y la aldea no es que esté demasiado cerca, así que lo mejor será apresurarnos.

—Oh… Vale.

La joven cargó con el arco y las flechas, luego subiéndose a la espalda de su hombre para que la cargara, como ya era costumbre. Él la sostuvo firmemente y ambos salieron de su humilde morada, no avanzando ni un par de pasos, que unos sonrientes Miroku y Sango se cruzaron adrede en su camino.

—¿Ya os marcháis? —Preguntó el monje, mostrando una expresión pícara que extrañó a la sacerdotisa.

—Sí. —InuYasha contestó en un tono seco. Tal parecía que estaba molesto, y eso hizo que su mujer luciera más irresoluta—. Si no nos damos prisa se hará de noche y no podremos derrotar a ese… Demonio.

—Oh, sí… El demonio. —Añadió esta vez la joven castaña—. Supongo que recuerdas dónde se encuentra, ¿No?

—¿Vosotros sabéis sobre el demonio? —Inquirió Kagome con la duda reflejada en su rostro.

Antes de que ninguno de sus amigos pudiera responder, el híbrido les dedicó una mirada asesina a ambos que los hizo palidecer.

—He-hemos oído rumores. —Improvisó Miroku, tomando la cintura de su mujer—. En fin, vamos a buscar a los niños a casa de Kaede.

—Sí, ya nos vamos. —Coincidió Sango con una risita titubeante—. Mucha suerte con… El demonio.

Aquella actitud fue de lo más sospechosa. Sin embargo, Kagome no tuvo ocasión de volver a hablar, que vio a la joven pareja alejarse con brío en dirección al hogar de Kaede. Entretanto, haciendo caso omiso a aquella breve charla, InuYasha emprendió su trayecto a trote hacia las afueras de la aldea.

Su reacción también dejó incógnitas en la bella sacerdotisa, pero pensó que podría ser por su afán en partir y dar caza a aquel demonio de naturaleza desconocida.

Con el pueblo ya quedando atrás, y después de un recorrido sin descanso, los dos atajaron al adentrarse en el bosque. Cruzando el follaje y la maleza, mientras el ocaso se acercaba y aún no conseguían llegar a su destino.

—Pronto se hará de noche… —La muchacha notó con voz suave, aferrándose a los hombros de su pareja.

Él aligeró más el paso, manteniendo la cadencia en todo momento, mientras seguía con el objetivo claro en su cabeza.

—Tendremos que acampar. —Expuso como si fuera lo más evidente. Dándose más impulso para llegar al punto donde los árboles se abrían en una amplia y despejada senda.

—¿E-entonces aún estamos lejos…?

InuYasha confirmó con un escueto sí. Siguiendo el rumbo que se había fijado, hasta que pasados unos minutos, pararon en un terreno más árido que se encontraba rodeado de unos frondosos matorrales.

—Aquí estaremos bien. —Se agachó a la altura del suelo, permitiendo que Kagome se bajara de su espalda y se pusiera de pie.

—No creí que pudiéramos tardar tanto. —El muchacho acarreó con unos pocos troncos que halló esparcidos tras unas matas, luego colocándolos y haciendo un fuego, que pudiera brindarles algo de luz para cuando el cielo quedara totalmente oscurecido—. ¿Necesitas que te ayude?

—No, esto… Ya está. —Se frotó la nuca, desviando la mirada a un lado—. Tú ponte cómoda, mientras que yo voy a buscar algo que podamos cenar.

Ahm… Claro.

La sonrisa de sus labios camuflaba esa incertidumbre que nublaba su mente, viendo a InuYasha retirarse y dejándola a solas en aquel calmo escenario. El fuego creaba un ambiente acogedor, así como el ulular de un búho acompañaba el crepitar de las llamas que quemaban la leña.

No había nadie alrededor, pues aquella música de la naturaleza era algo que solo podía encontrarse en lugares apartados de la gente.

«Podríamos haber esperado hasta primera hora de la mañana...»

Había varias incoherencias en aquella salida precipitada, por no hablar del raro comportamiento del joven canino. Parte del trayecto se lo había pasado en silencio, y su actitud con ella, resultaba confusa y desconcertante.

Un tenue chapoteo captó la atención de la muchacha, quien en un estado de alerta, se giró en redondo con el corazón en vilo.

—¿InuYasha…? —No obtuvo respuesta a su llamado. Tratando ver a través de la vegetación que se alzaba frente a ella—. InuYasha, ¿Eres tú…?

De nuevo escuchó aquel peculiar sonido y su curiosidad ganó el pulso a la prudencia. Aferrándose con fuerza a su arco, a la vez que se abría paso entre la maleza que obstaculizaba el camino.

Ya era de noche y, al no conocer la zona, lo indicado hubiera sido esperar a que InuYasha regresara, en lugar de seguir su instinto temerario. No obstante, ya se había aventurado por propia cuenta y solo le quedaba averiguar de dónde provenía aquel chapoteo, y qué o quién lo estaba provocando.

Cuando creía ya no poder sorprenderse, sus ojos se agrandaron al descubrir, a pocos metros de distancia, una nube de vapor que emergía de unas aguas termales.

—Vaya… —Murmuró con asombro, echando un vistazo a su alrededor—. Esto sí que no me lo esperaba…

—Lo sé.

Kagome se volteó de inmediato al reconocer aquella voz inconfundible. Fijándose como desde detrás de unos árboles, sobresalía la silueta de un apuesto muchacho de cabellos de ébano que la dejó sin habla.

—Inu… Yasha…

Tras descubrirlo en aquella apariencia humana, la sacerdotisa levantó la mirada al cielo y sus gemas se perdieron en la luna que adornaba el cielo estrellado. En efecto. Era noche de luna nueva.

Después de corroborar la evidencia, sus ojos no tardaron en volver a cruzarse con los de su hombre, quien en una pose relajada, la observaba como si de una divinidad se tratara.

Uno y otro se miraban sin perder detalle. Cómo si un pequeño despiste pudiera distorsionar aquella imagen perfecta que les era mostrada. La imagen de aquello que más anhelaba su corazón.

No obstante, Kagome no lograba entender qué estaba ocurriendo. Permaneciendo inmóvil, mientras InuYasha se iba aproximando con pasos relajados donde ella aguardaba expectante.

—Pensé que, después de días sin salir… Venir aquí podría gustarte. —Se detuvo al quedar a una corta distancia de su pareja, quitándole el arco y las flechas, para después dejarlo todo en el suelo.

—¿Cómo? —Ella titubeó, notando como sus labios temblaban al hablar—. No lo comprendo, pensaba que íbamos a matar a un demonio… —InuYasha sonrió y el calor se concentró en las mejillas de la sacerdotisa—. Eso… ¿No era cierto?

Él apretó los dientes y sus pómulos igual se sonrojaron. Aclarándose la garganta al disponerse a responder con un talante distendido.

—No, no lo era. —Aquello dejó atónita a su compañera, quien con su silencio, le otorgó de nuevo a él el turno de palabra—. Sango y Miroku me aconsejaron que venir aquí podría gustarte y…

—¡U-un segundo! —Exclamó repentinamente con los ojos como a platos—. ¿Sango y Miroku te aconsejaron? Significa eso que… —Los colores abandonaron su rostro y su piel palideció—. ¿Qu-qué les has contado?

—¿Huh? —Hizo una mueca con la nariz, rascándose la mejilla—. ¿A qué te refieres? —La forma en la que ella lo miraba estaba poniéndolo de los nervios, obligándolo a reaccionar con rapidez—. To-tonta, solo les dije que quería prepararte algo especial y de ahí me comentaron que existía este lugar…

«¿Algo especial?»

Las facciones de la sacerdotisa se suavizaron al meditar para sus adentros, así como aquella pose altiva que había adoptado, entonces se había desvanecido; dejándola únicamente con un semblante estupefacto.

—Siento si metí la pata. —Añadió él en un tono derrotado. Luego esquivando la mirada de Kagome, y pasando por su lado con el alma a los pies—. Mejor voy a buscar algo de cena y tratamos de pasar la noche tranquila…

Aquel desinterés atravesó el corazón de la sacerdotisa. Sobre todo, cuando vio las intenciones de marchar de aquel hombre, que parecía siempre ponerla a prueba con sus inconclusas reacciones.

Entonces, ¿Qué iba a hacer? ¿Dejarlo seguir con su camino mientras ella se crucificaba por dentro? ¿O simplemente enmendar lo que, al fin y al cabo, había sido su error?

No se entretuvo demasiado en pensar, pues el tiempo apremiaba y su impaciencia no la dejaba razonar. Solamente teniendo en mente, aquello que vehemente anhelaba y que no deseaba dejar escapar.

—I-InuYasha… —Se apresuró a darle alcance y abrazarlo por detrás. Impidiendo su partida, al aferrarse férreamente al calor de su cuerpo—. No te vayas… —Imploró en una súplica sentida, que implicaba más que un simple ruego—. Yo… —Deslizó los dedos por la tela de su hitoe, deteniéndose justo en la zona de su abdomen—. Quiero que te quedes aquí conmigo… InuYasha...

...

Continuará!

Y... Nuestro Inu aún nos saldrá romántico? Eso sí, casi mete la pata al comentar lo de Miroku y Sango...

Por ahora, parece que puede que haya paz... Y un Inu humano para animar la velada?

A ver qué suceda a partir de aquí... O se arruina o se arregla la situación, pronto lo sabremos!

Agradeceros todos los comentarios! Me repito mucho, pero es que es la verdad! Así una se anima a escribir. Gracias!

Por lo que hace a los comentarios de usuarios invitados:

Moroha: créeme que me cuesta mantener la esencia de los personajes, sobre todo en las escenas de lemon jeje pero se intenta n_n Muchas gracias por el apoyo! Espero no defraudarte n_n

Naudy: muchas gracias!!

Y por hoy me despido! Ya ando planeando próxima historia para cuando termine esta, ahí espero les guste, aunque sea AU jeje

Un beso!