Amos Diggory había cogido el traslador con gran emoción. Parecía que los ojos le brillaban como dos centelleantes snitchs.

Era ya de día por la colina de Stoatshead, el cielo había pasado del negro impenetrable al azul intenso, la luz del sol se filtraba por la verdes hojas de aquella colina, ofreciendo un ameno y relajador paisaje, paisaje que contrastaba con el frío que hacía.

Cedric y su padre estaban esperando a los Weasley para poder ir juntos al Campeonato Mundial de Quidditch. Ambos iban vestidos como muggles para no llamar la atención, debido a que la familia Diggory vivía cerca de un poblado muggle, aunque era poco probable toparse con un muggle a esas horas. Si un muggle los hubiese visto a ellos, se sorprendería al ver tal imagen cargada de mucho contraste, ver cuan diferentes eran padre e hijo.

Cedric, a diferencia de su padre quien vestía de ropas de tonos algo suaves, iba vestido como si fuese un muggle callejero, como un pandillero, usaba una braga de cuello de color gris que le cubría la boca hasta la altura de la nariz dejando al descubierto sus ojos cargados de unas ojeras tan negras, aparte de dicha prenda llevaba un grueso abrigo negro que lo protejía del frío y de la lluvia, junto a eso unos pantalones color marrón claro, pantalones que estaban cargados de bolsillos. Y coronando toda esa indumentaria, unas negras botas a prueba de lluvia que le llegaban un poco más del tobillo.

Cualquiera que viese a Cedric así se extrañaría menos su padre. Amos Diggory estaba más pendiente de los logros de Cedric que del propio Cedric, apenas había notado el repentino cambio que tuvo su hijo ya que creyó que todo eso resultaba ser otro repentino golpe de la pubertad, una etapa, una fase que iba a pasar.

Pasaron unos cuantos segundos hasta que…

"¡Aquí, Arthur! Aquí, hijo, ya lo tenemos.", alzaba euferico la voz, su padre.

Subiendo a la cima llegaba un hombre alto y delgado, pelirrojo aunque se estaba quedando calvo. No hacía falta forzar la mirada para darse cuenta de que ese señor era un Weasley. Aquel hombre era Arthur Weasley, un empleado del Ministerio que trabajaba en la Oficina Contra el Uso Incorrecto de los Artefactos Muggles. Una delegación que no contaba con mucho apoyo, ni siquiera por parte del Ministerio.

Detrás del señor Weasley iba el resto de la familia y amigos de esta. Estaban los Gemelos Weasley, Ginny Weasley y, Ron Weasley y sus amigos Harry Potter y Hermione Granger. Todos se encontraban cansados por el viaje, ya sea por las tempranas horas a las que tuvieron que despertarse o por lo incomodo que era el trayecto.

"¡Amos!", dijo sonriendo el señor Weasley mientras se dirigía a zancadas hacia su padre. Los demás lo siguieron.

El señor Weasley le dio la mano a Amos, el cual sostenía la bota vieja y enmohecida.

"Éste es Amos Diggory", anunció el señor Weasley. "Trabaja para el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Y creo que ya conocéis a su hijo Cedric."

Cedric se fija en la cara de orgullo que pone su padre ante aquella presentación,

"Hola", saludó Cedric, mirándolos a todos, mientras se bajaba la braga del cuello.

Una vez que termino de saludar todos se le quedaron mirando cuando vieron que el chico que les saludó era el propio Cedric. El señor Weasley se sorprendio al ver como el verano le había pasado factura al joven Diggory, Hermione Granger abrio los ojos sorprendida al ver la nueva apariencia de Cedric la cual distaba mucho de aquel muchacho alegre de Hufflepuff, Harry Potter también se sorprendio, hasta los Gemelos Weasley miraron de arriba a abajo a Cedric, cosa sorprendente teniendo en cuenta que él derrotó a Gryffindor en el partido de quidditch del año pasado.

Todos le devolvieron el saludo. Amos y Arthur comenzaron a charlar.

"¿Ha sido muy larga la caminata, Arthur? ", preguntó el padre de Cedric.

"No demasiado", respondió el señor Weasley. "Vivimos justo al otro lado de ese pueblo. ¿Y vosotros?"

"Hemos tenido que levantarnos a las dos, ¿verdad, Ced? ¡Qué felicidad cuando tenga por fin el carné de aparición! Pero, bueno, no nos podemos quejar. No nos perderíamos los Mundiales de Quidditch ni por un saco de galeones... que es lo que nos han costado las entradas, más o menos. Aunque, en fin, no me ha salido tan caro como a otros…", respondía con orgullo Amos Diggory.

De nuevo su padre y su característico orgullo, orgullo que era tan comparable al de Gilderoy Lockhart. Cedric sospechaba que cuando su padre se diese cuenta de la presencia de Harry Potter no dudaría en soltar el "maravilloso" logro de su hijo al derrotar a Harry Potter.

Lo hizo, su padre lo hizo...

"Harry se cayó de la escoba, papá.", suspira agotado. "Ya te dije que fue un accidente…"

"Sí, pero tú no te caíste, ¿a que no?", dijo Amos de manera cordial, dando a su hijo una palmada en la espalda. "Siempre modesto, mi Ced, tan caballero como de costumbre... Pero ganó el mejor, y estoy seguro de que Harry diría lo mismo, ¿a que sí? Uno se cae de la escoba, el otro aguanta en ella... ¡No hay que ser un genio para saber quién es el mejor!"

Cedric suspira de nuevo. El orgullo de su padre le resultaba ya hasta aburrido, no tenía sentido, era inutil, pero parecía que su padre no lo sabía.

"Papá, basta, por favor. Te olvidas que Harry fue atacado por la presencia de un dementor, cosa desagradable y más para un muchacho de su edad, lo cual provocó que se desmayara. Si Harry tuviera mi edad, la cosa sería totalmente distinta, padre. Siento romper tu fantasía, papá pero, no soy el mejor, Harry posee una increíble habilidad con la escoba que supera a la mía, tuve suerte de poder seguirle el ritmo. Si no fuese por el dementor, Harry habría ganado, papá. Tenlo en cuenta antes de hablar, por favor.", responde Cedric mientras mira fijamente a su padre.

Amos Diggory se queda sin palabras, no se había esperado aquella respuesta por parte de su hijo. Los Weasley e incluso Harry se quedaron atónitos por esa respuesta, en especial los Gemelos.

Arthur Weasley carraspea, logrando romper aquella tensión.

"Ya debe de ser casi la hora", se apresuró a decir el señor Weasley, volviendo a sacar el reloj. "¿Sabes si esperamos a alguien más, Amos?"

Amos Diggory parpadea varias veces, volviendo en sí para responder al señor Weasley.

"No. Los Lovegood ya llevan allí una semana, y los Fawcett no consiguieron entradas.". repuso el señor Diggory. "No hay ninguno más de los nuestros en esta zona, ¿o sí?"

"No que yo sepa". dijo el señor Weasley. "!Queda un minuto. Será mejor que nos preparemos."


"Los magos y sus deseos de ostentación… Supongo que el Ministerio debe estar jalándose de los pelos", decía Cedric Diggory mientras caminaba a través de ese campo minado de tiendas de acampar.

Cedric tenía razón en eso. Parecía que, a pesar de existir el Estatuto del Secreto, a los magos les daba igual eso cuando había un evento de importancia y relevancia casi titánicas como lo era el Campeonato de Quidditch. Si bien había tiendas que daban el pego de ser totalmente muggles, había otras que no, no hacía falta mencionar a las tiendas de aquellos magos que eran seguidores de Irlanda, había algunas tiendas que estaban totalmente cubiertas por hojas de trébol. Otros como los de Bulgaria, habían colgado un póster gigante con la cara de Viktor Krum. Viktor Krum, la joven promesa mundial de quidditch. Estaban también otras tiendas como la de los egipcios quienes en vez de tiendas tenían pirámides, la de los españoles cuyas tiendas emulaban la figura de una catedral, de los franceses… no hacía falta hablar.

La palpante emoción era notoria por todo el campo.

"Ced, la próxima vez te recomendaría que fueses más… consciente de tus logros.", hablaba Amos Diggory mientras se dirigían a su parcela donde iban a acampar. "Está bien que aprecies al chico Potter pero eso de que es mejor que tú, por favor, pudiste derrotarlo el año pasado."

"Es la verdad, papá. Harry Potter tiene más talento con la escoba que yo, además que tiene una Saeta de Fuego, si no fuese por el dementor, él habría ganado el partido. No sé por qué le das tantas vueltas al asunto, no tiene relevancia. Harry es mejor que yo. Punto final."

"¿Pero qué…?", exclama asombrado el señor Diggory como si le hubiese dado un infarto "¿Qué no tiene importancia? ¡Cedric, no te menosprecies! Tú… tú… ¡Tú vales mucho! ¿Cómo puedes menospreciarte a tal punto de declarar que un niño de tercer año es mucho mejor que un jugador de 16 años? ¡Cedric, tienes mucho talento! ¡Tanto talento para mostrarselo al mundo!", decía Amos Diggory levantando los brazos desesperado.

El joven Cedric se detiene y mira fijamente a su padre, quería que estas palabras hicieran peso en su padre aunque fuese pedir mucho a él.

"Papá, está bien que me quieras y que estés orgulloso de mí, lo entiendo, pero una cosa es eso y otra muy distinta es fanfarronear sobre cada cosa que hago bien. No soy perfecto, soy humano, puedo cometer errores, puedo equivocarme, no siempre seré mejor que todo. Papá, no soy Harry Potter, no soy el Niño-que-vivió, no soy el Elegido. Está mal lo que haces, papá."

"Mira Ced, sé que estás pasando por una fase, sé que puede ser difícil pero…", repuso el señor Diggory, ignorando las razones de su hijo.

Aquello tocó una fibra en lo más profundo de Cedric Diggory. La mirada de Cedric se torno más airosa, aquellos negros párpados se posaron sobre Amos Diggory. ¿Fase? Aquello hizo enfadar a Cedric.

"¿Fase? No, papá. Me gustaría que fuese solo una fase pero no lo es. No te puedo contar lo que me ha estado ocurriendo este verano, no lo entenderías. Solo te diré que me he dado cuenta que el mundo es demasiado pequeño como para enorgullecerse y jactarse, hay cosas mucho más importantes como tu aversión a la popularidad de Harry Potter. ¿No te has dado cuenta, no? Dime. ¿cómo te sentirías cuando te enterases que tus padres fueron asesinados por el Mago más tenebroso de Inglaterra? Andar con ropa más ancha que tú, contar con una delgadez impropia de un chico de su edad, ser repudiado por sus compañeros y por todo Hogwarts por lo del Heredero de Slytherin, que un asesino en serie te persiga por todo un año… ¿Y todavía te preocupas de que me "menosprecio"? Deja que el chico disfrute de sus logros, deja que el chico viva al menos, aparta a un lado tu infantil aversión, por favor."

Una vez terminado de hablar, Cedric apartó su mirada y se fijó hacia más adelante, encontrando su parcela de tierra, la cual estaba señalada por un cartel que decía: DIGGORY.

"Vámonos, papá. Ya encontré nuestro lugar, será mejor que acampemos de una vez si queremos estar preparados para el partido", dice el joven Hufflepuff mientras se dirige para adelante, cargando su pesada mochila.

Amos Diggory se quedó atrás, balbuceando, todavía incapaz de procesar todo aquello que dijo su hijo.

"Cedric… Tú venciste a Harry Potter"


Cedric Diggory se había ido de su zona de camping para irse a la otra zona donde se suponía que estarían los Weasley y los demás. ¿Por qué lo hizo? ¿Cuál era el motivo? Cedric no podría decirlo con exactitud, tal vez fuese el hecho de que no encontraba a nadie conocido salvo a su padre, tal vez fuese el hecho de que quisiera ver alguna cara conocida hasta que el Campeonato iniciase, tal vez fuese por Harry Potter. Este se suponía que era un nuevo año para el joven Gryffindor, un nuevo año de nuevo en Hogwarts, un nuevo año cargado de misterios para él. Cedric se dio cuenta de que, desde la llegada de Harry a Hogwarts, cada año ocurría algo inusual y peligroso. Piedra Filosofal, Heredero de Slytherin, Sirius Black… ¿Cuál sería la próxima amenaza?

Tenía la braga del cuello subida mientras observaba desde la distancia a Harry Potter cargando una cubeta de agua, dirigiéndose de nuevo a la tienda de Arthur Weasley.

No había ocurrido nada raro por ahora salvo el repentino ataque de euforia de Oliver Wood y la reacción de Harry al ver a Cho Chang. Cho… Cedric parpadeo varias veces, ver el rostro de Cho le hacía recordar a aquella mujer enmascarada de ojos felinos. Esa mujer no era Cho pero, por alguna extraña razón, cada vez que le llegaba el recuerdo de Cho, aquella mujer venía a su cabeza.

"Con que así son los estudiantes de Hogwag", hablaba una femenina voz, cargada de un acento francés, detrás de Cedric. "Tal vez debegían habegte enseñado a cómo vestigte"

Cedric se da la vuelta, logrando ver quién era aquella chica que le estaba hablando. Era una chica, obviamente francesa, de belleza impresionante, Era alta y esbelta, con largo cabello rubio y parecía emanar un tenue resplandor plateado.

"Beauxbatons", piensa Cedric al estudiarla.

Cedric la mira fijamente, ella se sorprende al ver el estado físico de Cedric.

"Beauxbatons, uhm… Lo suponía por tu acento y tu esnobismo marcado"

Aquella chica se sorprende al oír las palabras de Cedric. Se le queda mirando por un rato, como si esperase a que explotara. El joven Diggory no tenía la suficiente paciencia como para que esa chica francesa se le quedara mirando así.

"No estoy de humor para esto. Adios"

Se da la vuelta y da unos cuantos pasos, alejándose hasta que ella lo alcanza. Él no se detiene y continúa caminando.

"No babeas, ¿pog qué no babeas?", pregunta la chica.

"Tengo cosas más importantes como para babear por una chica que no conozco apenas. ¿Acaso en Beauxbatons es normal que los chicos babeen por vosotras como babosas?"

Cedric se detiene, mira fijamente quienes estaban cerca de la tienda. Ludo Bagman y Barty Crouch. Ver a esos dos era como ver el ying y el yang, totalmente diferentes.

"Pero tú eges un hombre, debegías estag babeando… ¿Qué haces migando a esa tienda? ¿Ese señog no es el Diregtog del Depagtamento de Segugidad Mágica?", pregunta la chica francesa.

"Solo dos palabras. Harry Potter"

"¿Hagy Potteg?", pregunta sorprendida ella.

"Ya lo entenderás"


La charla con la chica, la cual se hacía llamar Fleur Delacour, no fue muy productiva. Lo miraba como si fuera un ser extraño, ella creía que no debería vestirse así, que existía cierta clase para vestirse. Tonterías y estupideces de los franceses, con suerte no la vería de nuevo. Y si la viera de nuevo, esperaba que cambiase.

Bagman y Crouch se habían ido, dejando a los Weasleys con su tienda. Cedric decidió entrar a la tienda, en busca de ciertas personas.

"Hola, siento entrar así. ¿Están Fred y George?"

Los Gemelos, quienes estaban sentados en torno al fuego, levantaron su mirada, sonriendo con ese brillo característico.

"¿Qué quiere…"

"El joven…"

"Cedric Diggory…"

"El alumno estrella de Hufflepuff"

"Y el amor platonico"

"De muchas chicas?"

"¿Qué busca…"

"Para acudir"

"A nuestra"

"Presencia"

"Nosotros, inutiles personas?", dijeron eso último en un coro unísono

Era curioso aquella extraña habilidad para hablar que tenían los Gemelos pero, no tenía tiempo para cuestionarse el funcionamiento de dicha habilidad.

"Vuestros servicios. ¿Os importa si hablamos en privado?"

"Nos parece bien", dijeron a la vez.

"Papá, nos iremos con Cedric, ya volvemos", decía Fred al señor Weasley, quien estaba todavía atónito con la caja de fósforos.

Una vez que salieron de la presencia del señor Weasley, y de un decepcionado Percy Weasley y un asombrado Bill Weasley al ver su apariencia.

"Lo diré corto y muy claro. Necesito algunos de vuestros productos"

Los Gemelos se vieron entre sí y sonrieron.

"Está bien, no rechazamos a ningún cliente", dijeron de forma unísona. Ambos sacaron una libreta y unos boligrafos muggles. "¿Qué necesitas?"


Espero que os haya gustado este capitulo.

Si es así, agradecería verlo en los comentarios.

PD: Espero haber escrito bien la manera de hablar de Fleur, al menos conforme a los estandares de la traduccion en español.

PD2: La apariencia de Cedric Diggory se basa en la apariencia de Robert Pattinson como Bruce Wayne

Buenas noches.