Disclaimer: Todo de Kohei, supongo. O de quien sea, vamos. Míos no, eso seguro.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HITZUJI!

Lo prometido es deuda. Espero que te guste. ¡Un abrazo!

Trigger Warning: Hay relleno, como era de esperar. Sobre maquillaje en esta ocasión. Soy un intenso del relleno.


—¿Qué está ocurriendo ahí? —preguntó Denki con curiosidad, tirándose en uno de los sofás—. Menudo escándalo están montando —se burló, recibiendo un golpe fingido de Eijiro como reprimenda.

Enfrente de ellos, las chicas reían a carcajadas, ignorándolos. Denki se hizo a un lado cuando Eijiro se sentó a su lado, subiendo los pies encima de la mesa, concentrado en su teléfono móvil. Denki le dio un codazo, obligándole a bajar los pies. Eijiro le miró, desafiante, antes de tumbarse, subiendo las piernas por encima de las de Denki.

—Eres un comodón, ¿sabías? —se quejó Denki exageradamente. Eijiro levantó la vista del teléfono, sonriendo, doblando una de las piernas para poner el pie en el muslo de Denki. Este, complacido, se apoyó en su rodilla. Un nuevo coro de gritos procedente del grupo de las chicas, volvió a llamarle la atención y Denki se inclinó hacia adelante, curioso.

—Ha venido Eri-chan de visita —les informó Midoriya con una sonrisa amplia y sincera, acercándose a ellos y sentándose en el reposabrazos del sofá. Había estado de pie junto a las chicas, totalmente ignorado por estas. Las señaló con el pulgar, riendo—. Jirou-san y Yaoyorozu-san estuvieron en el centro comercial comprando algunas cosas y estaban enseñándoselas a las demás cuando llegaron Aizawa-sensei y Eri-chan.

El grupo de las chicas se abrió, dejando ver a la niña, que oscilaba de un pie a otro, emocionada e inquieta. Yaoyorozu estaba creando un taburete alto con su quirk, en el cual sentaron a Eri, que parecía un poco asustada también. Denki estaba pensando preguntar qué estaban tramando y Eijiro levantó la cabeza también, curioso.

—¿Quedaré igual que vosotras? —preguntó Eri con tono tímido y expectante, volviéndose hacia Yaoyorozu, pero mirando a los tres chicos de reojo.

—Quedarás mejor —la animó Ashido—, porque tú eres más guapa que nosotras, ya verás.

—Compraron maquillaje —aclaró Midoriya con una carcajada al ver la expresión desconcertada de Denki y Eijiro—. Estaban probándolo con Asui-san, que según me ha parecido entender nunca se había maquillado y entonces Eri-chan preguntó si…

—Midoriya. —Este giró la cabeza en dirección a Jirou, que se acercó a él, muy seria—. No te muevas —le indicó, cogiéndole la cara con la mano. Midoriya abrió los ojos de asombro, abochornado por el contacto físico. Con mano experta, Jirou bajó el párpado inferior del ojo izquierdo de Midoriya y lo delineó rápidamente—. ¿Viste, Eri? No le ha dolido.

—¡Sí! —exclamó Eri, más entusiasmada—. Te queda muy bien, Deku.

—Le daba miedo que le pintásemos el ojo —explicó secamente Jirou a Midoriya, que estaba sonriendo a Eri, un poco desconcertado—. Creía que podría doler y pensé que, si te lo hacía a ti primero, estaría más confiada.

—¡Claro! —contestó Midoriya, mucho más sonriente al comprenderlo—. Prácticamente ni me he enterado, Eri-chan, te lo aseguro —dijo a la niña, que le devolvió la sonrisa con franqueza, volviéndose hacia Yayorozu, que estaba lista con el lapicero en los dedos.

—Se la ve muy ilusionada, ¿verdad? —preguntó Midoriya, observando cómo Yaoyorozu le pintaba la línea con cuidado a Eri, que se agarraba con fuerza a la silla.

—Cállate, Midoriya —dijo Jirou, volviendo a coger la cara de este y repitiendo el proceso con el ojo derecho—. Justo.

Denki vio que Midoriya parpadeaba rápidamente. Se preguntó si era por la sensación de tener los ojos pintados o por la sorpresa de haber sido asaltado dos veces de la misma manera. Jirou le giró la cara, asintiendo con aprobación ante el resultado.

—Te queda bien, Midoriya —le dijo Jirou antes de volverse hacia el resto de las chicas, que habían empezado a pintarle los labios a Eri—. Te hace peligroso y seductor, lo cual es un logro —añadió, mirándole por encima del hombro.

Ladeando la cabeza, Denki observó a Midoriya con curiosidad. El efecto de una simple línea negra en el párpado inferior le parecía bestial. Pensó que, como Jirou había dicho, los ojos de Midoriya destacaban con un brillo diferente, opacando su sonrisa que, en opinión de Denki, era lo más bonito que este tenía.


Denki pasó por delante de la tienda por tercera vez. La primera ocasión, había pensado que prefería pasar por la tienda de electrónica y revisar si había alguna novedad en la sección de videojuegos pero, una vez allí, había estado distraído y nervioso. La segunda vez, las dependientas estaban ocupadas con clientes y se había dicho que era una tontería esperar allí dentro, así que se había dedicado a vagar por el centro comercial sin rumbo fijo, hasta que sus pasos volvieron a llevarle frente a ella.

Una de las chicas estaba libre en ese momento, colocando algunas cajas en los estantes y ordenando los expositores. Nervioso, Denki caminó por los pasillos, observando los productos a la venta. Con las manos en los bolsillos para no tocar nada, acercó la cara a una de las paletas de colores que estaba sobre un atril destacado, asombrado al ver tanta variedad. No conseguía recordar a ninguna chica que llevase esas tonalidades en el rostro.

—¿Puedo ayudarte en algo? —La chica que estaba ordenando los expositores se dirigió a él, servicial y educada.

—¡No! —dijo Denki, entrando en pánico—. ¡Digo sí! ¡Sí! No encuentro… Es que hay… demasiadas cosas.

—Buscas algo en concreto, ¿verdad? —preguntó la chica amablemente.

—¡Sí! Yo… quiero un lápiz para pintar ojos.

—¿De qué color?

—¿Color? —Denki abrió los ojos de par en par. Aquello estaba siendo más difícil de lo que había esperado.

—Tenemos una amplia gama de varios colores. —La chica adelantó una mano, sosteniéndole el rostro para abrirle el párpado, observando atentamente su iris y sonriendo aprobadoramente—. Acompáñame, encontraremos el más adecuado para ti.

Había pensado mucho en ello desde que había visto los ojos delineados de Midoriya. Cuando las chicas habían terminado con Eri, la niña parecía una pequeña muñeca de porcelana, feliz con el resultado al verse reflejada en un espejo. Entusiasmada, se había lanzado a los brazos del profesor Aizawa, que había asentido esbozando una breve sonrisa, cuando este había vuelto para recogerla.

Durante la cena, había observado de reojo a Midoriya. Los demás compañeros también lo habían mirado con curiosidad y este había estado más silencioso de lo habitual al sentirse observado. Ya en la oscuridad de su dormitorio, Denki, intrigado por la sensación de pintarse de aquella manera y deseoso de saber cómo se verían sus ojos, había tomado la decisión de comprar su propio lápiz y probar.

Pasó los siguientes minutos fingiendo escuchar atentamente la charla de la dependienta, que había sacado multitud de lapiceros de diferentes colores, marcándolos en el dorso de su mano para que Denki pudiera compararlos. Se sintió un poco agobiado, porque no había imaginado que pudiese haber tanta variedad. El lápiz que había utilizado Jirou con Eri había sido de un sencillo color negro. Además, le parecía mucho más varonil que cualquiera de los brillantes colores que la dependienta le estaba mostrando.

—Si buscas un maquillaje discreto y elegante, este marrón anaranjado sería un acierto, pero creo que tienes unos ojos singulares que resaltarían si utilizas este violeta, que…

—¿Puede ser negro? —la interrumpió Denki, enérgicamente, al cabo de un rato.

—Claro, el negro siempre es un acierto, nunca falla. Aunque creo de verdad que deberías probar antes de decidir —le aconsejó la chica.

—¿Y si me llevo los tres? —preguntó Denki, impaciente, pensando que podía comprobar cada uno de los colores una vez en su habitación y, si no le parecían adecuados, podría quedarse solamente con el negro y desechar los otros dos.

La chica asintió, sonriendo complacida. Denki le devolvió la sonrisa, radiante y mucho más seguro de sí mismo mientras le cobraba.

—Para quitarlo basta lavarme la cara, ¿verdad? —La duda le asaltó en el último momento, mientras cerraba la cartera tras haber pagado, dándose cuenta de que, el día anterior, no había visto a Midoriya limpiarse la cara, sospechando que no debía borrarse tan fácilmente si la dependienta había afirmado que era resistente al agua.

—Estas van por cuenta de la casa —bromeó la chica, entregándole algunas muestras de toallitas desmaquillantes—. Puedes comprarlas aquí o en cualquier supermercado.

Los lápices costaron más de lo que había planeado, pero Denki salió de la tienda contento. Estaba impaciente por probar cómo se veían, pero se había entretenido más de lo planeado en el centro comercial. Los guardó cuidadosamente en el cajón del armario donde tenía sus enseres más personales, antes de bajar a cenar con el resto.


Al día siguiente, Denki se levantó más temprano de lo habitual, con la intención de no cruzarse con nadie en el cuarto de baño.

—Buenos días, Denki —le saludó Eijiro con un bostezo, entrando en el baño.

—¡Eijiro! ¿Qué haces levantado a estas horas?

— Este fabuloso pelo no se peina solo, ¿sabes? Eres tú quien no suele estar aquí tan temprano por las mañanas —se burló Eijiro, dirigiéndose a las duchas con la toalla colgada al hombro.

Respirando hondo para concentrarse, Denki sacó los lápices del bolsillo, destapando el color negro. Inclinándose sobre el lavabo, se mordió el labio inconscientemente e intentó imitar los pasos que le había visto hacer a Jirou. No tardó en darse cuenta de que el fluido movimiento que ella había realizado no era tan sencillo como parecía. Frustrado, Denki abrió una de las toallitas para limpiarse y volver a intentarlo. Gruñó, fastidiado, cuando al trazar la línea parte de ella se deslizó por el exterior de su párpado.

—Es más difícil de lo que parece cuando ellas lo hacen, ¿verdad? —La voz se Eijiro, detrás de él, lo sobresaltó. Denki lo observó a través del reflejo. El pelo rojo del chico caía lacio sobre su frente, chorreando agua que caía por su torso hasta la toalla que llevaba anudada en la cintura—. Espera, Denki, no hace falta —dijo, deteniéndolo cuando iba a abrir una segunda toallita desmaquillante—. Puedes utilizar la misma otra vez.

Denki asintió, haciéndole caso y frotándose el ojo con la toallita para borrar el estropicio que se había hecho. Miró el reloj con un suspiro de fastidio, comprobando que había malgastado casi media hora sin conseguir ningún resultado en condiciones.

—¿Te preocupa que te vean con los ojos pintados? —preguntó Eijiro, ladeando la cabeza con curiosidad—. ¿Por eso has madrugado?

—Me preocupa que se rían de mí por no saber hacerlo bien —confesó Denki, sincerándose con su amigo.

Denki admitía que, aunque podían llegar a ser fastidiosas, disfrutaba con las bromas de sus amigos hacia él. Pero también era consciente de que no tenía el ingenio de Eijiro para contestar a las pullas o el aplomo de Katsuki para ignorarlas, por lo que tampoco quería darles material para burlarse.

—¿Por qué no pides ayuda a Jirou? —Denki se encogió de hombros, sin saber muy bien por qué—. O a Yaoyorozu. Ya las viste el otro día, les encanta hacer eso a otras personas. Midoriya estuvo con los ojos como un oso panda todo el día de ayer, hasta que Uraraka se apiadó de él y le ayudó a limpiarse.

Denki soltó una carcajada, imaginándose la escena. Eijiro ocupó el lavabo adyacente y le sonrió a través del espejo, dándole ánimos antes de concentrarse en peinar y fijar cada mechón de pelo en la posición que deseaba con la ayuda de un bote de laca. Denki se inclinó de nuevo en el lavabo, sujetándose el párpado inferior con el dedo, como había visto hacer a Jirou con Midoriya. Se pintó y limpió siete veces seguidas, cada vez más impaciente por la falta de un resultado satisfactorio. Cuando Eijiro terminó de peinarse, se volvió hacia Denki.

—¿Puedo probar yo? —Denki le tendió el lapicero, invitándole, curioso por saber cómo se vería su amigo maquillado. Eijiro se acercó a él. Denki hizo amago de dar un paso atrás, confundido, pero Eijiro le sujetó de la barbilla y le bajó el párpado—. Es justo por dentro del párpado, ¿no? —dijo Eijiro en voz baja, hablando para sí mismo.

Denki intentó resistir el impulso de parpadear, inspirando profundamente. Con cuidado, Eijiro deslizó el lapicero. Denki se miró al espejo, expectante, comprobando que no había quedado tan bien como la que Jiro había dibujado a Midoriya, pero sí mucho mejor que sus fracasados intentos.

—Creo que es más fácil hacérselo a otra persona que a ti mismo —dijo Eijiro, devolviéndole el lápiz y acercándose un poco más a él—. Házmelo tú a mí.

Denki se mordió el labio inferior, un poco nervioso por la cercanía del otro chico. Instó a Eijiro a bajar la cara con una leve presión de sus dedos. Agarró el lápiz con firmeza, intentando que no le temblasen los dedos, y le dibujó la línea en el párpado inferior.

—¿Cómo se ve? —preguntó Eijiro, parpadeando y volviéndose hacia el espejo—. No está mal. ¿Me haces el otro?

—Ten, puedes limpiarte, si quieres —dijo Denki después pintarle el segundo ojo, un poco avergonzado porque, aunque mucho mejor que sus anteriores intentos, el resultado le seguía pareciendo un tanto pobre. El trazo no era uniforme y se veía más grueso en algunos puntos que en otro. Además, no abarcaba todo el párpado, en el ojo de Midoriya sí lo había hecho.

—No se ve tan mal, ¿eh? —sonrió Eijiro, mirándose en el espejo. Denki se mordió la lengua para no decirle que sus ojos, resaltados por la línea oscura, parecían dos llamas de fuego irresistibles—. Quizá el izquierdo te ha quedado un poco más torcido, pero creo que si practicas un par de veces más, te acabará saliendo bien.

—Supongo. —Denki recogió los lápices, decidiendo que se limpiaría y probaría otro día—. El resto debe de estar a punto de llegar, voy a ducharme.

—Pide ayuda a Jirou —insistió Eijiro, pasándose la toallita desmaquillante por los ojos para borrar el rastro de las prácticas de Denki—. Estará encantada.


Eijiro había tenido razón. Jirou había estado encantada de ayudarle. De utilizarle de conejillo de indias, más bien. Se había acercado a ella antes de la cena, sentándose a su lado. La chica lo había mirado con desdén, como siempre que se dirigía a ella, pero su actitud había cambiado cuando Denki le había explicado para qué necesitaba ayuda.

—Dame el lápiz —le exigió Jirou. Le había arrastrado hasta su habitación, impaciente. Denki se había dejado arrastrar. La chica le caía muy bien, a pesar de que siempre lo trataba sin mucha delicadeza. Le tendió los tres lápices y Jirou pareció impresionada—. Guau. ¿Escogiste tú los colores?

—Me ayudó la chica de la tienda —reconoció Denki sin tapujos, avergonzado.

—Empezaremos por el violeta.

—Pero el negro…

—El violeta, Kaminari. Mi ayuda, mis normas, ¿recuerdas? —La chica lo había sentado en un taburete que le hacía quedar más bajo que ella. Denki había protestado, diciendo que se conformaba con aprender a pintarse el ojo, pero la chica había insistido—. Tú me dejas probar qué maquillaje te queda mejor y yo te enseño a hacerte la raya.

—Lo recuerdo —suspiró Denki, resignado.

—Pues alza la cara y relájate —ordenó Jirou, sacando varios estuches encima de la mesa.

Denki parpadeó cuando Jirou se acercó a su rostro, empapando una esponja en un líquido y extendiéndoselo por la cara.

—Tienes la piel clara, así que esta base es la más adecuada.

—No quiero parecer una muñeca de porcelana como Eri —protestó Denki, sospechando que la chica pretendía maquillarle de esa manera—. Sólo me gustó el efecto del color en el ojo que…

—¿Yo te parezco una muñeca de porcelana, Kaminari? —le espetó Jirou. Denki se apresuró a negar con la cabeza—. ¡Que no te muevas! Voy maquillada ahora mismo, ¿sabes? —Denki resistió el impulso de negar de nuevo—. No te angusties, ya verás cómo te queda bien.

Jirou no tardó mucho en terminar. Cuando le giró para ponerle frente al espejo que tenía encima de su cómoda, Denki apreció lo que la chica le había dicho. El maquillaje estaba ahí, lo notaba en la cara, que se sentía extraña, y también en la diferencia con su piel de siempre, pero, al mismo tiempo, pasaba desapercibido.

—¿Te gusta? —preguntó Jirou, con una sonrisa complacida, contemplando su trabajo. Denki asintió, entusiasmado. La escasa sombra de barba que se le formaba en el bigote y las patillas no se veía gracias al maquillaje, su piel parecía perfecta y sin imperfecciones y la sombra bajo sus ojos, de un discreto dorado, combinaba con su mirada—. No te he hecho las pestañas, da envidia lo bonitas que las tienes. Faltan los labios y la raya, que va a contrastar con la sombra, ya verás.

—¿Los labios?

—Cállate —le ordenó Jiro con suavidad, deslizando el pintalabios—. Aprieta los labios. Perfecto.

—No se nota. Es decir, sí lo noto, es como tener los labios un poco más grasientos de lo normal, pero no parece que los lleve pintados. —Denki frunció el ceño, poniendo morros hacia el espejo, lo que provocó una carcajada en Jirou.

—Es muy parecido al tono de piel de tus labios, pero si te fijas, verás que sí hay una diferencia. Ahora la raya. —Jirou le entregó el lapicero violeta para que pudiera hacerlo por sí mismo—. Sujétate el párpado. Así. Si tiras de él hacia este lado, te saldrá a la primera. Obsérvate en el espejo.

Denki parpadeo, complacido, al ver la imagen de su reflejo. La línea del ojo le resaltaba el color dorado de sus ojos. Como Jirou había predicho, el contraste era llamativo. Orgulloso, Denki pensó que su mirada parecía tan seductora como la de Midoriya, aunque quizá no tan peligrosa.

—A Midoriya le da fuerza en los ojos —murmuró Jirou, adivinando sus pensamientos—. A Bakugou lo hace parecer más fiero. A ti te hace más atractivo.

—¿Katsuki…?

—Claro que sí, idiota—. Jirou puso los ojos en blanco—. No os enteráis de nada, los chicos. —Denki se encogió de hombros, avergonzado—. ¿Te gusta?

—Sí. ¿Tú haces esto todos los días?

—No —sonrió Jirou—. Sólo cuando me apetece. Si vamos a salir a dar una vuelta, por ejemplo. Otras veces, un poco de brillo de labios y la línea del ojo y nada más.

—Creo que me gustaría hacérmelo así para salir por ahí, ir al cine y esas cosas. Pero no para ir a clase —dijo Denki, pensativo.

—Lo normal, vaya. Puedes hacerte la raya para ir a clase y el resto cuando quieras ir más elegante.

—Suena genial —sonrió Denki—. Gracias, Jirou.

—Te apuntaré los nombres de todo lo que he usado para que puedas comprártelo. Ahora voy a quitártelo para que veas cómo hacerlo correctamente, es importante para tu piel, ¿de acuerdo? —Denki asintió, contento—. Después, te mostraré más formas de delinear el ojo, por si te apetece variar.


Nervioso, Denki se sentó en el pupitre. Se había hecho la raya en el último momento, antes de salir del dormitorio. Había estado practicando en su cuarto, asegurándose de que, sin Jirou supervisándole, seguía saliéndole exactamente como quería. También había probado los tres colores, satisfecho con el resultado de todos ellos. Había elegido el negro para ir a clase. Quería reservar el violeta para las ocasiones en las que utilizase más maquillaje y el anaranjado le había resultado poco llamativo para el primer día pintándose el ojo.

—Buenos días, Kaminari —Jirou le guiñó el ojo cuando entró en el aula y se fijó en él. Denki le sonrió, agradecido, relajándose ante la mirada de beneplácito de la chica.

Satisfecho, había trabajado concentrado el resto del día. La emoción de llevar el ojo delineado por primera vez en público había dado paso a la satisfacción de sentirse bien consigo mismo y de verse guapo.

Un poco nervioso, había estado esperando las posibles reacciones del resto de sus compañeros. Las chicas se habían percatado nada más verle. Algunas le habían sonreído, cómplices, y otras directamente le habían confirmado lo bien que se veía. Katsuki y Eijiro, que le había apretado el hombro aprobadoramente al entrar en clase, habían sido los primeros chicos en darse cuenta.

—Utiliza mejor morado, voltios —le había espetado Katsuki al sentarse a su lado en la cafetería durante el almuerzo. Denki le había observado durante la mañana, disimuladamente, descubriendo que Jirou había tenido razón y que Katsuki llevaba una discreta raya de ojo y una sombra ligera que añadía fuerza a su mirada—. Contrastará con el color de tus ojos y los resaltará.

—¿Yo también necesito morado? —había preguntado Todoroki a Katsuki, ladeando la cabeza con curiosidad—. ¿Debería utilizar un color en cada ojo? ¿Podría poner azul en el marrón y marrón en el azul?

—¡Usa negro para los dos y así tardarás menos, mitad y mitad! —había gritado Katsuki, perdiendo la paciencia.

—Gracias, Katsuki —había contestado Denki, conteniendo una risita y evitando su mirada airada, antes de volverse hacia la amplia sonrisa de Midoriya, que le había interrogado para averiguar detalles sobre dónde había comprado los lápices necesarios y si podía enseñarle a él también.

La conversación con Midoriya había desatado una catarata de comentarios y más preguntas por parte de los otros chicos, curiosos. Denki había contestado lo más pacientemente que había podido. Finalmente, agobiado, se excusó para ir al cuarto de baño antes de reanudar las clases.

—¿Me esperas? —preguntó Eijiro, que entró mientras Denki se lavaba las manos.

Denki asintió, a través del espejo, secándose las manos. Observó con atención los movimientos de su amigo, de espaldas a él, apartando la mirada cuando este se dio media vuelta, subiéndose la bragueta, y se apartó a un lado para permitir que Eijiro se lavase las manos.

—Esta vez te ha salido perfecta, Denki —le felicitó Eijiro cuando cruzaron la mirada en el espejo, sonriéndole.

—Sí —dijo Denki, hinchando el pecho de orgullo—. Al final le pedí ayuda a Jirou, como me aconsejaste.

—Hiciste bien. Te queda genial. Te hace ver más… atractivo.

Denki sonrió, ruborizándose. Eijiro se secó las manos, volviéndose hacia él y observándole más atentamente. Denki esperó pacientemente, contento por ser el centro de atención de Eijiro y resultarle tan interesante. Inconscientemente, osciló su peso de un pie a otro, nervioso por el examen.

—A cambio, tuve que dejar que me maquillase —confesó Denki, interrumpiendo el silencio unos segundos más tarde, deseoso de compartir también aquella parte con él. Eijiro asintió con aprobación—. Como una especie de trato.

—Seguro que estabas guapísimo. Me habría gustado verte. Un día de estos, si volvemos a coincidir temprano en las duchas, podrías enseñarme también.

—¿A maquillarte? Todavía no he intentado repetir lo que Jirou me hizo el otro día, de hecho, ni siquiera he comprado lo que me dijo y…

—A hacerme la línea del ojo, Denki —le interrumpió Eijirou con una carcajada.

—¡Oh! Pero eso puedo hacerlo ahora —dijo Denki, entusiasmado, rebuscando en su mochila y feliz por haber decidido en el último momento meter el lápiz y una toallita limpiadora por si necesitaba retocársela durante la mañana—. Es más fácil de lo que parece una vez aprendes.

—Tenemos que ir a clase, no sé si es el mejor momento.

—Ya, claro —dijo Denki que, emocionado, se había olvidado de ese detalle.

—Pero, como tú sí sabes hacerlo, puedes hacérmela ahora y enseñarme mañana —propuso Eijiro, levantando las cejas.

—¡Por supuesto!

Sin perder el tiempo, Denki se acercó más a Eijiro y, sosteniéndole la cara con delicadeza, trazó las líneas en ambos ojos, satisfecho al ver el resultado. Se quedó junto a él al terminar, disfrutando del roce de su aliento en las mejillas y sintiendo un calor agradable en el vientre.

—Ya. —Denki esperó, expectante, a que Eijiro se mirase al espejo y diese su aprobación, pero este no apartó la mirada de él—. ¿No vas a mirarte?

—Sé, por tu expresión satisfecha, que está genial. —Denki asintió, mordiéndose el labio. Estaba tan cerca de Eijiro, que sólo podía ver sus ojos delineados—. ¿Qué tal me queda?

—Eres… Estás… Estás muy guapo. Transmites potencia.

Avergonzado al darse cuenta de que se había quedado embelesado mirándole, Denki intentó retroceder un paso para dejar de invadir el espacio íntimo de Eijiro, pero este puso las manos en su cintura, impidiéndoselo. Eijiro salvó la distancia que les separaba, dándole un beso suave en la comisura del labio. Denki dejó de respirar unos segundos, con la agradable sensación de la sutil caricia persistiendo sobre su piel.

—Tenías algo ahí escondido —murmuró Eijiro, riendo entre dientes, cuando Denki recordó cómo soltar el aire que estaba conteniendo—. ¿Podré verte maquillado?

—El viernes podemos ir al cine. Le pediré ayuda a Jirou otra vez. Sólo por si acaso.


NdA. Sí, tengo notas. Muchas. Procedo a ellas:

1. Si has creído percibir algo de Jiro/Kaminari, no, no son imaginaciones tuyas. Está en el texto. Me temo que mi subconsciente me traicionó al elegir «aleatoriamente» a la chica a la que Denki pide ayuda. Tiene una explicación, claro. Es un ship que me gusta mucho (fíjate, con lo que soy yo para los ships heteros). Al corregirlo, no me disgustó que estuviese ahí y se quedó porque... bueno, siguen siendo adolescentes y a cualquiera pueden gustarle dos personas aunque luego elija a una. O no. Quien sabe, no hemos ido tan lejos en esta historia.

2. Sí. Hay self insert. En mi headcanon particular, en un mundo donde la gente tiene alas en la espalda, características de rana o de cuervo o es una puñetera orca gigante, pues no creo que a nadie le importe que haga cada uno con su imagen estética. De hecho, para mi es canon que Bakugou, Present Mic o Hawks utilizan delineador y/o sombra de ojos. El hecho de que en esta historia exista esa... inseguridad, aprendizaje, llamadlo como queráis, seguramente está fuera de lugar. Podría haberlo solucionado diciendo que es un AU y quitando la única referencia a un Quirk que hay en la historia, pero mira, qué más da.

3. Relacionado con los dos puntos anteriores: a veces la historia que quieres contar no coincide con la que quiere ser contada. Eso, supongo, forma parte del proceso de escritura. Incluso cuando escribes para otra persona, dejas algo de ti dentro.

4. Sí, soy consciente de la discriminación de género que he hecho en el texto. Las chicas maquillan, las niñas desean ser maquilladas y los chicos no se enteran de nada porque no son observadores. Pongo esta nota para indicar que no es algo interiorizado, sé que está ahí, decidí ponerlo deliberadamente. Refleja, un poco maquillado a través de la historia (no pun intended) la sociedad en la que vivimos, donde esto ocurre. Como también decidí poner la comparación con Bakugou (fuera del texto final se quedó un párrafo donde Denki se da cuenta de que Present Mic también lleva maquillaje, no sólo delineador) o el hecho de que Denki sí es capaz de observar una vez se da cuenta de que el problema es que los chicos no se enteran de nada. Sé que a veces la idea en mi cabeza no queda expresada como me gustaría en el texto y me horrorizaría que fuese una de esas ocasiones, porque mi intención era hacer apología de la abolición de la expresión de género como la concebimos socialmente a día de hoy.

5. Esta es una chorrada. Denki tiene los ojos AMARILLOS. ¿Sabéis qué es lo único más difícil de combinar que el amarillo? EL VERDE. Escogí los colores violeta y marrón anaranjado para sus líneas de ojos (así como para su sombra de ojos, Jirou utiliza un dorado con tonos naranjas) basándome en cómo elijo yo mis propios colores. Así que si alguien que entienda del tema lee esto y se horroriza por los colores elegidos, pues ya sabéis por qué es xD.