Aquel día Minato no podría ir a casa temprano, pues tenía unos asuntos que resolver.
Fugaku e Itachi habían ido a uno misión y no regresarían pronto.
A Mikoto se le ocurrió la gran idea de ir a casa de Kushina para cuidar a sus pequeños retoños juntas.
La Uchiha llegó a la casa de Kushina y tocó suavemente la puerta, después de unos segundos un pequeño niño rubio abrió la puerta con una gran sonrisa, la cual se desvaneció al ver al niño que acompañaba a la mujer.
—Teme... —murmuró el pequeño niño.
—Dobe —respondió simplemente el otro.
Al notar la incomodidad de los menores Mikoto decidió hablar.
—Naruto, ¿está tu madre?
—Sí —respondió el menor sin ánimos.
En eso una pelirroja pasaba a ver quién estaba en la entrada.
—Naruto, ¿quién- ¡Mikoto! —exclamó la pelirroja al ver a su amiga.
—Hola, Kushina, vine con Sasuke, ¿qué te parece si cuidamos a los pequeños juntas? —preguntó la azabache.
—¡Sí, es una gran idea!
—Pero mamá-
—Silencio, Naruto. Ellos se tomaron la molestia de venir hasta acá, deberíamos ser amables y dejarlos entrar.
—Pero-
—Nada de peros, jovencito.
—Bien.
El rubio se hizo a un lado y dejo entrar a los Uchiha.
Los cuatro fueron a la sala y tomaron asiento en los sofás. Las dos mujeres se pusieron a hablar animadamente sobre cosas de chicas y eso, cosas que, a los menores, no les importaba en lo más mínimo.
—Naruto, ¿qué tal te va en la academia? —preguntó Mikoto amigablemente.
—A mí me va genial, soy el mejor de la clase —trató de alardear el Uzumaki.
—Eso no es verdad, eres el peor —dijo Sasuke con voz desinteresada.
—¡Cállate, teme!
—¿Por qué debería? No dije nada malo, solo la verdad.
Después de eso los niños empezaron a discutir. Mikoto no sabía qué hacer y estaba algo preocupada, pues no quería que la pelea vaya a los golpes. Por otra parte, Kushina sí sabía exactamente qué hacer.
—Naruto, ve a tu habitación con Sasuke y traten de arreglar las cosas hablando.
—Pero-
—¿Vas a desafiarme, jovencito? —dijo con voz autoritaria.
—Está bien, mamá.
Los pequeños fueron a la habitación del rubio y se sentaron en la cama.
—¿Por qué siempre me molestas? —preguntó el rubio al azabache.
—Yo no te molesto, simplemente digo la verdad.
—Eso no es verdad, siempre te burlas de mí, porque eres mejor que yo.
—Espera, tú... ¿Enserio crees que soy mejor que tú?
—Puede que no lo acepte, pero, sí, lo eres, es demasiado obvio —dijo con una mirada triste.
—Eso es mentira, no soy mejor que tú y tú no eres peor que yo, es solo que no eres bueno en algunas cosas, pero sé que si te esfuerzas serás capaz de superarme y, quién sabe, quizá incluso seas capaz de llegar a ser Hokage.
—¿En serio? —preguntó con brillitos en los ojos.
—Sí, es más, si quieres podemos entrenar juntos.
—Yo... Gracias, Sasuke, siempre creí que eras un idiota, ahora sé que estaba equivocado.
—Bueno, es normal, todos nos equivocamos en algún momento, ¿no?
—Lo dudo de ti, señor perfecto.
—No soy perfecto, no soy en lo más mínimo perfecto, el perfecto es Itachi.
—Bueno, algún día serás mejor que él.
—Eso espero.
Los pequeños siguieron hablando tranquilamente, compartiendo entre ellos algunos secretos y ese tipo de cosas. Mientras, las mujeres se encontraban en la recámara de la pelirroja, cometiendo acciones clandestinas impulsadas por la lujuria.
Las mujeres habían unido sus labios en un apasionado beso que, después de un par de minutos, rompieron.
—No podemos hacer esto, no acá —susurró la Uchiha.
—Pero quiero hacerlo y sé que tú también quieres —susurró la pelirroja con voz excitada.
—Ellos podrían descubrirnos, no quiero que eso pase, no quiero que Sasuke sufra.
—Está bien, pero me la debes.
—Okay.
