Aquella noche fue divertida para todos. Los niños se la pasaron jugando y las mujeres charlando animadamente.
Los pequeños durmieron en la habitación de Naruto.
Kushina había invitado a Mikoto a dormir en su habitación, sin embargo, la Uchiha se negó por lo que había sucedido anteriormente.
Mientras las mujeres dormían en sus habitaciones, los niños se pusieron a jugar. Ellos habían esperado a que las mujeres se durmieran para poder jugar sin que se enojen.
A la mañana siguiente, las mujeres fueron a la habitación de Naruto para despertar a los niños, encontrándose con un pequeño Sasuke durmiendo tranquilamente y un Naruto a punto de caer de su cama.
Cuando las mujeres se acercaron a los pequeños para despertarlos, Naruto cayó de su cama provocando un fuerte sonido que despertó a Sasuke. El pequeño rubio se sentó sobre el piso quejándose del dolor mientras se sobaba la cabeza.
Después de un rato, los cuatro fueron a desayunar, mientras compartían una alegre plática.
Terminaron de desayunar, y el pequeño Sasuke le sugirió a Naruto ir a entrenar juntos, a lo que el pequeño rubio accedió.
—Mamá, ¿puedo ir a entrenar con Sasuke? —le preguntó el rubio a la pelirroja.
—Bien, pero tengan cuidado —dijo ella mientras lavaba los platos junto a Mikoto.
Los dos niños salieron de la casa. Lo primero que hicieron fue practicar su puntería. Sasuke lo hacía muy bien, casi siempre daba en el blanco, a diferencia de él, Naruto casi siempre fallaba, a duras penas había acertado dos.
Sasuke se acercó a Naruto, colocándose detrás de él, agarró el brazo del rubio y lo movió como si fuese el suyo propio, tratando de mostrarle cómo debía hacerlo. El rubio prestó atención a los movimientos que el azabache hacía, tratando de memorizarlos para poder hacerlos solo. El azabache soltó su brazo cuando creyó que ya podría hacerlo solo.
—Bien, ahora hazlo tú —dijo el Uchiha observando atentamente al Uzumaki.
El rubio sujetó con algo de fuerza el shuriken en su mano, imitando lo mejor que podía la posición de Sasuke y sus movimientos. Sin poder creérselo, vio como el shuriken daba de lleno en el blanco, y cuando por fin cayó en cuenta de que realmente había pasado, sonrió alegremente. Se giró en dirección a Sasuke, tirandósele encima para abrazarlo.
—¿Lo viste? Me salió —gritó eufórico el rubio abrazando al azabache.
—Sí, sí, te vi —dijo el azabache con una casi imperceptible sonrisa—, ahora, por favor, quítate de encima.
—¡Gracias, gracias! —gritó alegremente el rubio poniéndose de pie, para luego ofrecerle una mano a su amigo y ayudarle a levantarse.
El Uchiha tomó la mano del rubio, sintiéndose algo raro al tomarla. El Uzumaki ayudó a Sasuke a levantarse del piso.
Los dos siguieron lanzando shurikens, Naruto sonriendo alegremente cada vez que daba en el blanco.
Mikoto sonreía dulcemente mirando a su hijo entrenando con el de Kushina, se sentía feliz de que ellos finalmente se llevaran bien. Sintió unos brazos rodeando su cintura, volteó encontrándose con la sonrisa traviesa de la pelirroja. Se sonrojó un poco pero sabía que no debía estar así con ella en público, por lo que se separó poco tiempo después.
—Ellos se ven muy felices —dijo la pelirroja mirando a los niños.
—Lo están —aseguró la azabache sonriendo.
—Me alegra que sean amigos.
—A mí también.
Y sin más, las dos mujeres se quedaron observando a sus pequeños hijos, mientras ellos entrenaban juntos, divirtiéndose.
