Un día más en Konoha, Minato ya se encontraba en casa y, una vez más, dormía plácidamente en la cama que compartía con su esposa.
Kushina estaba haciendo el desayuno para su esposo y su hijo, mientras el menor se preparaba para ir a la academia.
Ya listo el desayuno, la pelirroja se dispuso a llamar a su esposo y a su hijo.
—¡Naruto, Minato, vengan, el desayuno ya está listo! —gritó la mujer para que los chicos la oyeran.
Naruto fue rápidamente a la mesa, sentándose y empezando a comer.
Por su parte, Minato recién se estaba levantado, estaba un poco cansado, pues el trabajo lo tenía muy ocupado.
El rubio mayor por fin llegó a la mesa, besando suavemente los labios de su esposa para luego tomar asiento y empezar a desayunar.
La familia hablaba animadamente, la mayoría de los temas de conversación eran triviales, pero los entretenía mantener una conversación.
Al terminar el desayuno se alistaron para salir. Minato iría a trabajar, mientras Kushina acompañaría a Naruto a la academia.
La mujer hablaba tranquilamente con su hijo mientras se dirigían a la academia. En el camino se encontraron con Mikoto y Sasuke.
Llegaron a la academia y ambas mujeres dejaron a sus hijos.
Los chicos se dirigieron al salón. Entraron y se sentaron juntos, hablando felices, lo que sorprendió a sus compañeros.
—Oye, Naruto, ¿por qué estás molestando a Sasuke? —habló una chica de cabello rosa, algo enojada por la aparente cercanía de los chicos.
—¡No lo estoy molestando, dattebayo! —se defendió el pequeño rubio.
-No grites, dobe.
La chica de ojos verdes volteó a mirar al rubio.
—Sí lo estás molestando —dijo ella algo molesta con el rubio.
—Él no me está molestando, Sakura —dijo Sasuke para que los dejara en paz.
Sakura iba a reclamar pero justo en ese momento entró Iruka. Sakura volvió a su sitio, sentándose junto a Ino y Hinata.
Iruka empezó la clase, recibiendo la atención de los niños, incluyendo, sorprendentemente, la de Naruto, sorprendiéndose.
Después de algunas lecciones, pasaron al entrenamiento, empezando con lanzamientos de shuriken.
Naruto sonrió inconscientemente, alegrándose por esta vez ser capaz de hacerlo.
Cuando llegó el turno de Sasuke, todas las chicas empezaron a emocionarse, él realmente era popular.
Sasuke dio de lleno en el blanco, tal como se esperaba, ganando una felicitación por parte de Iruka y unos molestos gritos por parte de las chicas.
Luego llegó el turno de Naruto, a lo cual la mayoría prefirió ignorarlo, a excepción de sus amigos y su profesor, el cual confiaba completamente en la capacidad del Uzumaki.
Naruto se sintió un poco triste ante el rechazo de sus compañeros, pero se sintió mejor al ver cómo sus amigos le sonreían y le daban ánimos, y sintió una gran confianza al ver el apoyo que le daba Sasuke y lo mucho que Iruka confiaba en él.
Ya con ánimos, se preparó para dejarlos con la boca abierta, recordando lo que Sasuke le había enseñado. Se posicionó, preparándose para lanzar los shurikens.
—¡Puedes hacerlo! —gritó Kiba, acompañado por un ladrido de Akamaru.
—¡Vamos, Naruto! —exclamó con una sonrisa Shikamaru.
Los gritos de sus amigos le dieron confianza, y la sonrisa que le dirigía Sasuke fue lo que le impulsó a hacerlo.
Lanzó los shurikens, acertando casi todos, exceptuando un par que cayeron cerca pero no en el lugar correcto. A pesar de ello, no se desanimó, sabía que lo había hecho bien, y se alegraba por eso.
—¡Sabía que podías hacerlo! —gritó Kiba corriendo hacia él, tirandósele encima para abrazarlo. Al abrazo se le unieron Shikamaru y Chouji, felicitándolo por su logro.
—Bien hecho, Naruto —dijo Iruka sonriéndole tiernamente.
Sasuke también se acercó pero se abstuvo de abrazarlo, quedándose parado a un lado con una pequeña sonrisa.
Por otra parte, los otros chicos estaban sorprendidos por lo que acababan de ver, no creían que Naruto pudiese acertar jamás en su vida, a excepción de Hinata, que estaba realmente feliz por la victoria del rubio.
—Lo hiciste bien, dobe —dijo Sasuke con una pequeña sonrisa.
—Fue gracias a ti, teme —aseguró Naruto.
Aquel día, cuando Naruto volvió a casa, le contó a su madre sobre su gran hazaña, a lo que Kushina le felicitó y como premio lo llevó a Ichiraku.
