La pelirroja besó con fervor a la azabache, provocando un beso húmedo.

Sin embargo, la Uchiha la apartó. Ella se sentía mal. Ya sabía que lo que estaban haciendo no era correcto, lo supo desde el principio, y ahora se arrepentía de ello.

—Kushina, no quiero hacerlo —murmuró algo insegura.

La pelirroja suspiró, sabía que en algún momento se arrepentiría, pero ambas sabían en qué se estaban metiendo, sería muy hipócrita de su parte dejarlo todo ahora.

—¿Podríamos… tomarnos un tiempo? —sugirió la azabache, aún dudosa.

—Está bien —aceptó Kushina.

La azabache se fue, dejando sola a la Uzumaki.

Kushina volvió a suspirar, le dolía el pecho, no quería dejar lo que tenía con Mikoto, la había amado desde hace tanto tiempo y finalmente podían estar juntas, sabía que lo que estaban haciendo no era lo correcto, pero aún así era lo que deseaba.

Cuando llegó la noche, Minato había regresado a casa.

Kushina se había preparado para lo que diría, ya ha tomado una decisión. Dejaría todo atrás, dejaría a su familia atrás, porque por más que los quisiera, su amor por Mikoto era aún más grande.

Sin embargo, cuando vio a su esposo, cansado pero sonriente, mimando a su pequeño hijo, no se atrevió a decir algo. No quería romper el corazón de Minato, tampoco quería hacer sentir mal a su hijo.

Aún no era momento, pero se dijo a sí misma que cuando estuviera lista lo diría, diría toda la verdad, que amaba a Mikoto y que quería estar con ella, solo esperaba que su familia lo entendiera, que no la odiaran.

Al otro día la Uzumaki se volvió a quedar sola en casa, con su esposo trabajando y su hijo estudiando.

No quería ir a buscar a Mikoto, no quería importunarla.

Decidió refugiarse en un libro, los libros siempre eran un buen refugio.

Pero no podía concentrarte en su lectura, Mikoto aparecía en su mente, como un recuerdo que se negaba a irse.

¿Debía decirle lo que sentía? Nunca lo dijo realmente, su relación parecía más que nada controlada por la lujuria, nunca había hablado con ella sobre sus sentimientos, probablemente porque tenía miedo de cómo reaccionara.

Se sentía frustrada, no sabía qué hacer, se sentía como una tonta, como una adolescente que no sabía nada de la vida.

Los recuerdos de su pasado junto a Mikoto llegaron a su mente, inundándola de un creciente sentimiento.

Quizá si en aquel entonces hubiera sabido lo que sentía por ella, ahora no estaría sufriendo como lo hacía.

Ella se sentía mal, no se sentía bien engañando a Minato, pero realmente adoraba estar con Mikoto.

Sabía que debería elegir a uno de los dos, pero no sabía a quién, aún persistía en su corazón un sentimiento por Minato, y no quería herirlo.

Sumado a ello estaba su hijo. No quería dejarlo atrás, ella lo amaba, se sentiría mal si lo dejaba.

Realmente no sabía qué hacer.