Sí, esto no tiene nada que ver con nada. Hace un año que no actualizo y de la nada aparecen dos capítulos (que probablemente sean los últimos) pero por esos azares de la vida di con la notificación de un rr de esta historia y me entraron ganas de subir estos dos capítulos que me quedan. No esperen mucho. Y ahora así, adiós fanfiction. Gracias por todo. A todos.
Scorpius es Malfoy. Es Malfoy más allá de las obviedades como el apellido. Cuando camina tiene esa actitud de frente en alto, mirada por encima del hombro y esa maldita costumbre de arrastrar las palabras al hablar -esa que Astoria ha intentado quitarle. Scorpius es Malfoy es rubio, verde y plata, sala común en las mazmorras y esa cuestión abusar de su lugar de prefecto.
Scorpius es Malfoy con todo lo que ello conlleva.
Los mortífago en los pasillos, y los "¿Dónde te has dejado la máscara?", las miradas de sorpresa cuando un Potter (¡Potter! ¡Pero si sus padres se odiaban!) se sienta a su lado en clase y el no puedo creerlo de McGonagall sentada en su despacho por sus (desastrosas) notas de pociones.
Sí alguien sabe de etiquetas, ese es Scorpius.
Quizás sea eso lo que le lleva a inclinar levemente la cabeza hacia ese chico Potter en primer año, sentado en una punta de la sala común, millones de miradas curiosas y susurros por la espalda.
Quizás sea porque Scorpius es Malfoy, sí (y no se avergüenza de ello) pero quiere el mundo entienda de una vez que eso no significa que sea su padre o su abuelo. Y quizás sea porque Albus es Potter, pero es tan Slytherin como cualquier otro, y jura que va a teñir el pelo naranja de su insoportable hermano si vuelve a gritarle serpiente, en pleno Gran Comedor, haciendo que Albus se encoja sobre su desayuno (y entonces viene esa Weasley, la de las notas excepcionales y las respuestas en la punta de la lengua, cruzando el comedor desde la mesa de las águilas, mirando hacia la de Gryffindor con enojo y se sienta a desayunar con ellos, apretando la mano de Albus con cariño, infundiéndole fuerzas y mirando desafiante a aquel que se atreva a decirle que un Weasley no se sienta en la mesa de Slytherin. Esa a la que no le importan las etiquetas. Le cae bien, debe decir).
Teddy no ha querido a nadie más que a Victorie en toda su vida, lo tiene muy claro. No sabe muy bien desde cuándo, pero es algo que ha estado ahí, latente y que él siempre ha sabido cierto. Fue muy disimulado durante mucho, muchísimo tiempo; no precisa demasiado para saber que James hubiese sido el primero en exponerlo en pleno almuerzo en La Madriguera y millones de cabezas Weasley le harían coro (aunque lo ha sorprendido Albus, el otro día cuando Teddy entró a la casa, oteando en busca de su melena pelirroja por costumbre, al pasar le murmuró algo como está afuera, bajo el manzano y al salir –tropezando con esa maldita mesa y su pelo que instintivamente se torna rosa- efectivamente era Victorie quién estaba leyendo ahí sentada).
Desde que tiene memoria, Victorie ha estado ahí, con su pelo rojo siempre suelto, cortando el aire, las rodillas llenas de barro y las manos callosas de tanto montar en escoba. Con esa carcajada estruendosa que no puede ni intenta contener y que hace que a Teddy se le ilumine el día solo con escucharla.
Un día (de esos de confidencias, de padrino que más que padrino es padre, que le ha dado una familia enorme y almuerzos en La Madriguera, a ahijado, de esos pequeños secretos sobre sus padres que a Teddy le robaron) Harry le habló sobre sus padres. Le contó que Remus solía decir que Tonks había sido un sol dentro de su vida, una personita ruidosa y torpe que llegó para complicarlo todo (y para darle sentido, eso también). Entonces Teddy revisa entre las cosas de su padre y encuentra un viejo disco de pasta muggle con unos tipos raros en la tapa y esa canción sobre un largo invierno y las sonrisas volviendo a los rostros. Y decide que Victorie es eso para él. Here comes the sun. Un sol de risa despreocupada y tardes en el lago, que lo ilumina y lo calienta todo, haciendo que la vida parezca más fácil, mejor (y entonces Teddy decide que el mundo no puede ser un lugar tan malo sí existen personas como Victorie o su madre para calentarlo un poco).
A pesar de ser mellizos, Lorcan y Lysander no podrían ser más distintos entre sí. Lysander tiene el mismo cabello rubio de luna, sus ojos grandes y perspicaces y esa cosa de poder ver más allá. Lorcan, por el contrario, tiene los ojos negros como la noche, el cabello del mismo color y chistes sobre serpientes en la sala común con Hugo.
Lysander es Ravenclaw, pero no Ravenclaw al estilo Rose, que se sabe todas las respuestas y aplica la lógica a todo, es Ravenclaw como su madre, con los comentarios que te hacen plantarte en seco en el medio del pasillo, mientras él sigue la conversación como si nada, te mira extrañado y tú te quedas con esa pequeña frase dando vueltas en la cabeza resto del día.
Lorcan es pasadizos hasta las cocinas, contrabando de cervezas de manteca y guerra de papelitos en las clases de Binns, siempre precedido por algún desafío y la sonrisa burlona de Hugo. Lorcan es guiño a todas las chicas, pero ojos sólo para Lily.
Y sin embargo, a pesar tan distintos, Lorcan y Lysander son el dúo perfecto (aunque más que duo se hayan convertido en un trío, con Hugo siempre metiendose en el medio con su sonrisa mostrando los colmillos y algún comentario en la punta de la lengua). Son el agua y el aceite, pero se complementan. Lysander con su tono calmado y sus oídos enormes cuando Lorcan aparece arrastrando la escoba, cubierto de barro y simplemente no existo para ella. Y luego es Lorcan el que está ahí con su mirada llena de vida y sus carreras hasta el lago, y que les den por que Lysander ha escuchado que le dicen raro en los pasillos.
A pesar de ser mellizos, Lorcan y Lysander no podrían ser más disintos entre sí. Pero ninguno duda en correr hasta la sala común del otro cuando la vida les golpea a la puerta y les deja una alegría (o alguna que otra tristeza).
Lorcan y Lysander son distintos, sí, pero son hermanos, y a los hermanos no hay diferencias que los separen.
Hay veces en las que James se pregunta qué ejemplo le da al resto de los Weasley. No, no, no piensen mal, no se trata de culpa ni nada de eso. Es simple curiosidad.
Porque cuando ve, por ejemplo, como Roxanne y Molly son la versión femenina en miniatura de sí mismo y Fred, cree que su influencia ha tenido algo que ver.
De Roxanne era de esperarse, es hija de George y hermana de Fred, ha crecido rodeada de Sortilegios Weasley y ha pasado más horas en esa tienda revisando productos que cualquier otra persona. Tiene una creatividad innata para las bromas y muchas veces Fred y él se quedan mirando y ¿por qué no se nos ocurrió eso antes? Es diez veces más disimulada que sus primos y raras veces logran descubrir que fue ella, es más astuta (o más serpiente, le diría James, solo para molestarla).
Pero, ¿Molly? Molly es hija de Percy. No, perdón, de Percival. De Percival Pomposo Pedante Prefecto Perfecto Weasley (culpa del tío George, él lo llama así) que acata las normas y siempre fue el primero en mirar con reprobación a los gemelos. Sí, Percy no es el mismo, pero prefecto una vez, prefecto siempre, y Percy tiene alma de amador de reglas. Entonces, ¿Molly?.
Sí, señoras y señores, Molly. Molly que es Huffelpuff, que trabaja duro y tiene un corazón gigante. Pero que necesita solamente cruzar una mirada con Roxanne para hacer alguna trastada.
Empiezan con cosas pequeñas, sustituyendo el azúcar por sal en el azucarero a la hora del té, aflojando la tapa de la pimienta y logrando que a Louis se caiga una montaña de condimento en su comida, haciendo desaparecer alguna taza del nuevo juego de té de Dominique, o riéndose de la forma estúpida en que levante el meñique cuando desayunan o intenta imitar en insoportable acento de su madre (Dominique y su actitud de niña refinada son un blanco constante, antes de que pregunten).
James siente curiosidad, curiosidad de sí son ellos los que alimentan esas cosas y si tendrán alguna influencia.
Entonces mira y divisa a la distancia a Molly y Roxanne sentadas cabeza con cabeza a la orilla del lago, escucha un grito demasiado agudo, ve a Dominique echar a correr hacia la casa y el viento le trae las carcajadas de sus primas menores y no puede (ni quiere) evitar sonreír.
Espera que sí, espera poder ser un poquito culpable de todo aquello.
Uno creería que Hugo debería sentirse aislado. O desplazado, por lo menos.
Rose tiene a Albus, tardes en la biblioteca, desayunos en mesas cambiadas y sonrisas de comprensión. Ambos tienen a Scorpius, frente en alto, sonrisa de superioridad y un comentario en la punta de la lengua que siempre los hace sonreír. Y de una extraña manera, Rose también tiene a James.
Fred y James se tienen mutuamente, como la misma parte de un todo. Bromas a los Slytherin y bateadores en el equipo de quidditch. Mirada de reojo en la clase y luego castigo juntos en las mazmorras.
Teddy y Victorie... Bueno, ellos juegan en otra categoría. Digamos que el tema del casamiento en puerta y la panza de Victorie que comienza a abultarse dan una pista.
Roxanne y Molly tienen sus bromas contra Dominique, charlas de chicos y domingos en los sótanos de Sortilegios Weasley, llenándose de provisiones para el resto del año escolar.
Dominique tiene a Beauxbaton, sus clases de buenos modales y las millones de cartas que recibe cada verano. Y tiene a Louis, su niño mimado y el sol de sus ojos.
Lily tiene a Lorcan (y a James, Lily siempre será la niña de James) y Lorcan tiene a Lysander (y no va a negar que él los tiene un poco a ambos)
Lucy tiene su amor por las reglas y la meta de ser Prefecta. Y sus quejas con Louis de siempre nos dejan afuera de todo. Que no es tan cierto pero que a ellos les encanta usar.
Entonces, ¿dónde encaja Hugo en este puzzle? Sería lógico pensar que se siente desplazado.
Pero no.
Hugo se cuela en la habitación de Rose, que lee (para variar), levanta la vista, sonríe y vuelve a leer. Entonces Hugo se acerca al equipo de música, suena Faithfully y él que se tira en la alfombra en toda su longitud (que no es poca) y dibuja por horas. Y aunque quizás no crucen palabras (salvo excepciones, como aquella vez de ¿es verdad lo de Scorpius? Y Rose agradece que Hugo jamás, jamás lo llama serpiente. Ella se muerde el labio nerviosa y Hugo que le sonríe, y entonces Rose decide que se lo dirá a su padre esa misma noche, que si tiene a su hermano de su lado, toda irá bien) pero Hugo sabe que Rose le está brindando un pedacito de su intimidad.
O entonces James y Fred, cuando estaban aprovechando su último año para terminar de enloquecer a Filch, se le acercaron por la espalda en un pasillo vacío (dándole un susto de muerte, aunque nunca se los diga) y le enseñaron ese pasadizo que termina en Honeydukes, que habían estado esperando el momento correcto para mostrarle. Entonces Hugo susurró algo cómo "¿Ya lo saben esto Roxanne y Molly?" y James y Fred que se miraron y "Hay cosas que son entre hombres, ¿verdad?". Y Hugo que supo lo que significaba: "Preferimos decírtelo a ti primero" y ya no pudo seguir hablando.
Hugo que se sube a su escoba y desde los aros le grita a Lily:
"¿Sabés que Lorcan se muere por ti, verdad?", Lily que sonríe y hace entrar la pelota por el primer aro. "Y no es noticia que tú también te mueres por él" La quaffle que vuela lejos, torcida y la sonrisa de Lily que se achica un poco. "¿Qué estás esperando, tonta?"
Y Hugo que no precisa que responda para saber que va a tener que actuar.
Le arrima un vaso de whisky a Lorcan y lo desafía, sabiendo que jamás está dispuesto a perder un reto (y menos con él, con esa sana competencia de todos los días). Y entonces le susurra algo.
"Lily está preciosa esta noche, ¿verdad?"
"No está preciosa, es preciosa."
"Deberías decírselo" Y la sonrisa de oreja a oreja de Hugo cuando ve a Lorcan llegar con pasos zigzagueantes hasta Lily y quemarla con la mirada.
Dominique llega de Beauxbaton cada verano y siempre tiene millones de cosas para contar. Entonces Hugo accede a ir a tomar el té con ella (y no importarán las risas de James más tarde) y Dominique hablará mezclando los idiomas y gesticulando mucho y entonces Hugo preguntará alguna tontería de Beauxbaton que ya conoce, haciéndose el que no entendió y en el rostro de Dominique se dibujara una sonrisa gigante, que le llega hasta los ojos, mientras comienza a explicarle a toda velocidad y él también sonreirá, complacido.
También están esas veces, en las que Molly y Roxanne se sientan una a cada lado en el almuerzo y Hugo no precisa ni mirarlas para saber que no sé viene nada bueno.
"Nosotras en tu lugar, no nos perderíamos la cena esta noche"
Y aunque no digan nada más, sólo le guiñen un ojo antes de salir, Hugo sabe que es un manera de hacerlo parte, de hacerlo cómplice.
Uno creería que Hugo debería sentirse aislado. O desplazado, por lo menos.
Pero no.
Ellos se tienen entre ellos.
Pero Hugo los tiene a todos.
Ea, hasta aquí de la tercera generación. El próximo va un poquitín más emotivo, cómo vivieron nuestros héroes el fin de la guerra, formar una familia. Probablemente sea lo último que vean de mi por aquí. Sobra decirles a todos, que el placer ha sido todo mío.
Lore
