Despertó al sentir sobre el rostro el calor de los intensos rayos de sol que se colaban por la ventana y con esfuerzo logró abrir los ojos. Echó un rápido vistazo a la habitación y alcanzó a ver sobre la mesa los platos de la cena de la noche anterior, las velas y la botella de vino a medio terminar, el ramo de rosas que ya comenzaban a perder su frescura y el precioso vestido celeste que había comprado para esa ocasión especial ya arrugado y hecho bola en el suelo al lado del sofá en el que habían comenzado a acariciarse.
Pero a él no lo vio por ningún lado.
Escondió el rostro, con el rímel y delineador corrido, en la mullida almohada hasta que sus pulmones comenzaron a suplicar por aire, entonces se armó de valor, se puso de pie y se colocó el albornoz de seda antes de cruzar la habitación hasta dejarse caer pesadamente en la silla en la que había comenzado su velada romántica la noche anterior. Sin molestarse en tomar la nota que había sobre la mesa, leyó la frase que le había dejado escrita con su pulcra y elegante letra en una servilleta de papel:
"Gracias por venir hasta acá y hacerme compañía este fin de semana. Nos vemos en casa. Te amo, muñeca."
Giró la cabeza para admirar el precioso paisaje que le ofrecía la ciudad de París y calculó que faltarían unas pocas horas para el medio día por lo que lo mejor sería empezar a preparar su maleta. Sin embargo, se limitó a cerrar los ojos y sentir la calidez del día acariciándole las mejillas por las que pronto comenzaron a correr lágrimas silenciosas. Pero no era la primera vez que estaba en esa situación, "y seguro no será la última" pensó, así que cómo había hecho en todas las ocasiones anteriores fue directo a preparase un espumoso baño caliente y se metió a la tina en un intento por mejorar su ánimo pero, a diferencia de aquellos viajes pasados, esta vez no podía lavarse el desazón que la hacía sentir tan miserable. Se quedó dentro hasta que el agua se enfrió y la espuma casi desapareció, sólo entonces miró la hora y se regañó pues ahora andaría a las carreras si no quería perder el vuelo de vuelta a casa.
Bajó enfundada en unos elegantes pantalones ajustados, una blusa de color liso y un blazer muy favorecedor a su figura y sintió que su autoestima subía varios puntos cuando el repiqueteo de sus tacones sobre el piso de mármol del hotel le ganó las miradas de varios de los empleados y huéspedes. Con una mano se echó el largo cabello platinado hacia atrás y sonrió a la recepcionista tras el mostrador.
-Amm-comenzó nerviosa a causa de su rudimentario francés mientras entregaba la llave de la habitación-anoche hice uso del servicio a la habitación y sé que eso tiene un costo extra, así que si sería tan amable de cargarlo a esta tarjeta se lo…
-El señor Krei dejó todo pagado-respondió la mujer luego de echarle una mirada desdeñosa.
Elsa sintió sus mejillas arder y apenas si tuvo el valor de alzar la vista de nuevo luego de darle las gracias a la mujer. Afuera ya la esperaba un taxi que la llevó hasta el aeropuerto. No pudo evitar sentir envidia de todas las parejas que paseaban por la ciudad tomadas de la mano y fotografiándose juntas mientras ella había gastado el fin de semana entre el lujoso hotel y las tiendas de las marcas más exclusivas y caras cargándolo todo a una tarjeta cuyo límite de crédito seguramente era inexistente. Pero siempre sola. Había intentado hablar con él poco antes de dejar el hotel y durante el trayecto intentó contactarlo un par de veces más pero nunca contestó; según sus cálculos, hacía ya más de tres horas que debería haber aterrizado en Londres para pasar el resto de la semana visitando a un par de clientes potenciales pero le preocupaba el no haber recibido siquiera un mensaje que le confirmara que había llegado con bien.
Luego de documentar su equipaje y de tomarse un último café antes de instalarse en la sala de espera, su teléfono sonó:
-¿Bueno?-contestó tratando de mantener a raya la emoción que le desbordaba el corazón al leer su nombre en la pantalla.
-Hola Elsa, habla Judy, ¿está todo bien?
La rubia sintió que el corazón se le hacía cachitos y caía a sus pies.
-Oh, hola Judy, ¿cómo estuvo el vuelo?
-Estuvo bien, gracias por preguntar. ¿Hay algo en lo que te pueda ayudar?
-No, sólo-lo pensó un segundo pues temía escucharse tonta-quería saber si habían llegado con bien, es todo.
-¿Sólo eso?
-Sí. Lo siento-se disculpó en un susurro aún lo suficientemente audible al otro lado de la línea.
-No, descuida, es sólo que el señor Krei se preocupó luego de ver todas esas llamadas perdidas, pero llegamos sin ningún problema.
-Me alegro. Amm, ¿estará disponible un minuto? Me gustaría hablar con él.
-Me temo que en estos momentos está ocupado pero le pasaré tu mensaje.
-Claro, sí. Imagino que ha de tener mucho trabajo.
Hubo un breve silencio del otro lado y cuando estaba a punto de abrir la boca para averiguar si Judy había colgado la escuchó suspirar.
-Elsa, ¿recuerdas lo que te dije aquella mañana que te llame al hotel en el que te quedabas en Copenhague?
-¿En Copenhage?
-Sí, hace casi dos años, cuando comenzabas a salir con mi jefe.
-¡Dos años! Me la pones difícil-respondió luego de una risita tímida-con dificultades recuerdo lo que desayuné la mañana antes de abordar mi vuela en San Fransokyo, no creo que…
-Te advertí que no te hicieras ilusiones-respondió con voz adusta e incluso algo exasperada-te dije que tal vez lo más sano era que bajaras tus expectativas porque el hecho de que te hiciera sentir como una princesa no significaba que estuvieras en un cuento de hadas. Te lo dije por experiencia, porque así como a ti he visto a muchas otras mujeres pasar por lo mismo, la diferencia es que eres la primera que no lo manda al diablo luego del tercer mes.
-Lo lamento Judy-una mezcla de vergüenza e indignación comenzaba a bullirle en el pecho-pero no creo estar entendiendo lo que intentas decir así que por favor ve al grano, ¿a qué te refieres?
-A que deberías quererte un poco más-le soltó. Luego volvió a suspirar y comenzó a disculparse con más tranquilidad-No debí decir eso, lo siento, pero creo que ambos deberían empezar a ver por su propio bien. Sé que sonará raro pero a veces también me preocupa la salud mental de mi jefe y odio ver cómo se tortura con pensamientos horribles cada vez que se da cuenta de que te ha dejado sola demasiado tiempo. Él te ama Elsa y lo hace con locura, algo que estoy segura, jamás ha sentido por otra mujer, pero simplemente su negocios son imposibles de conciliar con una vida amorosa-esperó la respuesta de la rubia pero luego de varios segundos escuchando sólo su respiración, agregó-: aquí uno de los dos tendrá que ceder pero honestamente dudo que sea suficiente para sacar adelante su relación sin que haya rencores de por medio.
Sentía que los ojos le escocían y la sola idea de que todas esas personas a su alrededor la vieran llorar le provocó terror. Pensó en algo inteligente que decir pero se sentía tan vapuleada que no se le ocurría nada. Afortunadamente el llamado para abordar su vuelo la salvó.
-Me tengo que ir Judy.
-Elsa, lamento que…
-Por favor dile a Alistair que le avisaré tan pronto aterrice en San Fransokyo. Gracias-colgó y parpadeó en un intento por contener las lágrimas.
"La próxima vez que pase la noche en su casa le pediré que la despida" fue lo último que pensó antes de cerrar los ojos para intentar dormir a los pocos minutos de que despegó el avión.
"Serán a lo mucho un par de horas, necesitaba algunas chicas para un catalogó de lencería que le encargaron así que me va a fotografiar con unos pocos conjuntos que le quedaron pendientes"
Envió el mensaje y se resignó a tener respuesta veinte minutos después; así había sido toda la mañana y le molestaba pues él había asegurado en su primer mensaje que pasaría toda la tarde a solas trabajando en su habitación de Londres.
Llegó al hotel en el que se llevaría a cabo la sesión y subió directo a la habitación que le habían indicado. Apenas golpeó la puerta una vez con los nudillos y esta se abrió rápidamente.
-¡Elsa, pasa por favor!-la saludó Hans con una enorme y coqueta sonrisa de lado.
Echó un rápido vistazo al elegante cuarto, varios trípodes y cámaras ya montadas cerca del bonito sofá, del peinador y de la enorme cama con dosel y cuando las puertas abiertas del armario llamaron su atención se percató de que había colgados varios conjuntos de lencería bastante bonitos y provocativos.
-¿Qué te parece?-le preguntó el pelirrojo.
-Es muy bonito. Todo es bonito, así que muchas gracias por considerarme.
Él negó con la cabeza mientras revisaba una de las cámaras y sin mirarla respondió:
-Sabes que me gusta tu profesionalismo-ella rodó los ojos y su sonrisa fue un indicador de que no se había tragado esa excusa-. Pero bueno, empecemos de una vez: ahí está lo que necesito que modeles, comienza con el que gustes, puedes cambiarte y retocar tu maquillaje y cabello en el baño y si necesitas algo de ánimos en la mesita junto a la ventana hay champaña.
-Oh la lá, cuanta elegancia-dijo revisando las prendas hasta tomar uno de los ganchos-dame sólo un par de minutos y estaré lista.
-Tómate el tiempo que quieras, preciosa.
Se metió al cuarto de baño sin poder evitar soltar una risita.
Tres años atrás había llegado a San Fransokyo cargando sólo una maleta y su portafolio con la intención de comenzar a trabajar con una de las agencias de modelaje más reconocidas del país y que era la más cercana a su pueblito natal. Desafortunadamente la señorita Gothel no vio mucho futuro en ella por lo que luego de meses de búsqueda había terminado trabajando con Úrsula, una manager malhumorada que la trataba horrible, le conseguía trabajos muy pequeños y le daba la impresión de que se quedaba con un porcentaje mucho mayor del que le había propuesto e indicado en el contrato que habían firmado al conocerse. A los pocos meses se cansó de ella y terminó aquella relación laboral pero por fortuna su poca experiencia ya había dado frutos y comenzó a ser llamada por algunos fotógrafos y agencias para realizar campañas que aunque no eran muy grandes al menos le daban suficiente dinero para pagar la renta y no morir de hambre. Fue en esos días que conoció a Hans, un camarógrafo que no se cansó de alabar su belleza y figura cuando le hizo algunas fotografías para la propaganda de san Valentín de una florería y que a los pocos meses terminaría por crear una agencia de publicidad con su hermano Lars, convirtiéndose ella en una de las modelos favoritas para trabajar en sus proyectos. Y fue precisamente gracias a él que conoció a Alistair cuando el rubio se presentó de manera sorpresiva en el set en el que realizaban las grabaciones para un comercial en el que el protagonista era el nuevo teléfono móvil de Krei Tech.
Recordar aquello la hizo tomar su propio móvil y revisar los mensajes recibidos pero no tenía nada nuevo.
-¿Elsa, necesitas más tiempo?
-No-respondió sobreponiéndose a la molestia que esto le había provocado y luego de echar un último vistazo a su reflejo salió del baño.
-¿Dónde me quieres?-preguntó pasando por alto el gesto del pelirrojo que la miraba embelesado.
-Usando eso, debajo de mí.
-Déjate de estupideces ¿quieres?
-Vamos copo, era sólo un chiste-respondió señalándole el sofá-¿eso mismo le contestas a tu novio cuando te habla así?-pero ella no respondió y se limitó a recostarse en el sofá, colocar un brazo sobre su cabeza y arquear un poco la espalda, postura que lo dejó satisfecho y comenzó a fotografiar-A todo esto, ¿cómo te fue en Paris?
A través de la lente notó cómo las comisuras de su boca fueron hacia abajo antes de formar una sonrisa.
-Excelente.
-¿Sí? Te ves cansada, ¿tu sugar daddy te mantuvo muy ocupada?
-Visité muchísimas tiendas de marcas importantes.
-Ajá, no, no es ese tipo de "ocupada" al que me refería.
-No sé a qué te refieres-se sentó quedando de frente a la cámara pero con las piernas extendidas sobre el sofá.
-Me refiero a que las cigüeñas traen a los bebés de Paris y pensé…
-Hans-le pidió mientras cambiaba de pose-¿puedes callarte, por favor? Contigo diciendo tonterías no me puedo concentrar.
Por primera vez alzó el rostro para mirarla ya no a través de la cámara y le sonrió.
-Claro, disculpa.
Elsa se fue relajando conforme avanzaba la sesión al grado de permitirse incluso reír con algunas de las bromas de Hans pero al probarse el último conjunto se sintió algo incómoda; la pantaleta de color azul claro y encaje blanco le parecía demasiado reveladora y el push up del brasier a juego no le agradaba mucho pero a juzgar por la forma en que los ojos de Hans brillaron cuando lo tuvo en frente, tal vez no se veía tan mal.
-Luces increíble-le dijo sin pena alguna-creo que guardaré algunas de estas últimas fotografías para mi uso personal.
-Había olvidado la clase de pervertido que eras.
-Al menos soy un pervertido honesto. Ven, recuéstate en la cama-le pidió mientras se paraba sobre el colchón.
-¿Qué haces?
-Quiero tomar algunas desde arriba, creo que se verán bien en el catálogo.
Luego de algunos minutos, unas pocas instrucciones y muchos halagos por parte del ojiverde, Hans bajó de un salto de la cama, desapareció momentáneamente de la vista de Elsa y luego apareció para ofrecerle una camisa limpia. Ella alzó una ceja.
-Te prometo que tenía un albornoz pero ayer Merida lo vomitó luego de terminarse la botella de champaña y no tuve tiempo de lavarlo. Si me lo preguntas, la chica ya venía medio ebria-dicho esto se sentó a la orilla de la cama-¿quieres ver cómo salieron?
Se movió sobre el colchón hasta acercarse a él y juntando sus cabezas comenzaron a ver los resultados de los últimos minutos de trabajo.
-Esta luz te favorece mucho, sales muy bien.
Elsa contemplaba anonadada a la chica que exudaba sensualidad y seguridad en la pequeña pantalla de la cámara y con cierta incredulidad dijo en voz baja:
-Me veo hermosa.
-Por supuesto, eso es porque eres hermosa.
Sus palabras la desconcertaron y se giró hacia él justo cuando estiraba una mano para colocarle algunos cabellos detrás de la oreja.
-Honestamente no sé quién te haya hecho creer lo contrario Elsa pero he trabajado con las mujeres más bellas de toda la ciudad y te puedo asegurar que ninguna te llega a los talones.
Aquello provocó que un bálsamo de amor propio le bañara el alma y le recubriera el corazón.
-¿Lo dices en serio?
Esta vez fue Hans quien alzó una ceja.
-Me he pasado las últimas dos horas diciéndotelo, claro que…
Sin esperarlo siquiera la rubia se abalanzó sobre él atrapando sus labios en un apasionado beso que no dudó en corresponder y profundizar. De un momento a otro la ropa comenzó a volar y se encontraron jadeando ante la falta de oxígeno que los largos besos les provocaban. Elsa aferró las sábanas bajo ella en el instante en que lo sintió dentro y aunque se mordió el labio en un intento por callar el placer que estaba sintiendo pronto le resultó imposible controlar sus gemidos. A lo lejos escuchó un mensaje entrar a su móvil y se preguntó si sería de Alistair sólo para descubrir que el hecho de estar engañándolo la excitaba como nunca lo había imaginado.
-Ay Hans-gimió cuando la lengua del pelirrojo comenzó a jugar con uno de sus pezones y sintió la sangre ardiéndole aún más. Se preguntó si él se sentiría de la misma manera pero por la forma en que arremetía contra ella asumió que sí.
Era la primera vez que tenía sexo así de rudo y salvaje y le desconcertó el contraste entre esa ardiente sesión y la forma tan delicada y dulce en que Hans la atrajo hacia él para abrazarla contra su pecho luego de dejarse caer a su lado sobre el colchón.
-Eso estuvo muy bien-le dijo entre jadeos-así que ahora tengo la ligera sospecha de que en verdad eres la mujer perfecta.
Elsa rio.
-Yo no estaría tan segura de eso último.
Él arrugó el ceño antes de mirarla y preguntar:
-¿De qué hablas? Eres hermosa, eres inteligente, desde que te conozco te he visto ayudar a otros anteponiendo sus necesidades a las tuyas y ahora veo que también eres una diosa en el sexo.
-No te voy a negar todo eso-respondió para sorpresa del pelirrojo-pero lamento informarte que cocinar no se me da muy bien.
El comentario hizo reír a ambos y él la apretó aún más para luego besarle la frente.
-Afortunadamente yo cocino muy bien-fijó la vista en el dosel de la cama y su sonrisa desapareció-tal vez incluso mejor que la cocinera de tu novio.
El recordatorio de su actual pareja provocó una fuerte y dolorosa punzada en el estómago de la rubia quien de inmediato se liberó de su abrazo y se levantó, buscando la camisa que le había ofrecido antes y colocándosela antes de dirigirse al baño.
-Me tengo que ir Hans, tengo cosas que hacer-fue todo lo que dijo para luego cerrar la puerta y comenzar a vestirse.
Cuando salió, la habitación estaba vacía a excepción de una maleta con equipo de Hans. Asumió que habría bajado a dejar el resto de sus cosas en el coche así que aprovechó para escabullirse sin tener que volver a cruzar palabra con él, evitando incluso usar el ascensor para no correr el riesgo de encontrárselo.
No fue hasta que llegó a su casa que revisó el celular y leyó el último mensaje de Alistair:
"Suena emocionante, ¿crees que puedas usar la cámara de tu móvil para mandarme un pequeño adelanto de lo que veremos en el catálogo?"
Arrojó el teléfono de vuelta a la bolsa y comenzó a desnudarse de camino al baño con la intención de lavarse la culpa que aún sentía pegada al cuerpo.
"Lo siento muñeca, pero apenas termine me paso a tu departamento. Prometo no tardar"
Fue todo lo que contestó al larguísimo mensaje en el que se quejó por haberla hecho arreglarse para luego cancelarle la cena ya cuando el taxi esperaba abajo por ella.
"No estoy de humor para verte en este momento" comenzó a escribir pero luego de meditarlo un segundo lo borró y puso: "Date prisa, te esperaré despierta"
Se sentó en el sillón y se abrazó las rodillas mientras miraba las luces de la ciudad a través del ventanal que daba salida hacia la pequeña terraza. Alistair rara vez pasaba la noche en su departamento pero las pocas veces que lo había hecho era en un intento porque ella no lo dejara plantado en su enorme mansión luego de una discusión. Sabía que llegaría y sin siquiera disculparse o buscar aclarar el malentendido comenzaría a besarla y desnudarla para hacerle el amor y a la mañana siguiente al despertar lo encontraría sirviéndole el desayuno para luego darle los buenos días, besarla y dejarla antes de empezar siquiera a probarlo.
"Típico de Alistair" pensó, "regalarme diamantes, rosas y promesas por la noche para, a la mañana siguiente, desayunar sola".
Y de inmediato su mente viajó a la mañana de cuatro días atrás. Luego de haber pasado los dos días siguientes a la sesión de fotos ignorando las llamadas de Hans este se apareció un día temprano frente a su puerta llevando en una mano el cheque con la paga de Elsa y en la otra una lonchera de "Hello Kitty" de buen tamaño.
-No te burles-le dijo ignorando los vanos intentos de la rubia por recomponer la trenza con la que había dormido-es de una de mis sobrinas, no tenía nada más en qué traerlo.
-¿Traer qué?
-Tu desayuno. Quiero probarte que de verdad soy buen cocinero.
Compartieron el vasto contenido de los tuppers que en efecto era muy bueno y pasaron el resto de la mañana haciendo el amor en la cama de Elsa. Luego de ducharse juntos y arreglarse, Hans condujo por la carretera hasta un enorme campo de girasoles en donde tomó muchísimas fotografías con el atardecer de fondo. Pasaron la noche en una de las pequeñas cabañas que habían visto de camino a las afueras de la ciudad y cuando la regresó a su departamento la besó dulce pero largamente frente a su puerta antes de despedirse y asegurarle que la estaría esperando.
-¿Esperando?-había preguntado confundida.
-Sí. Esperando hasta que decidas empezar a ser feliz.
Sonrió con el recuerdo de sus palabras pero la dicha le duró poco; escuchó una llave siendo introducida en la cerradura de la puerta y aunque el corazón se le encogió, no se movió de su lugar pero fijó la vista en la enorme luna que brillaba en el cielo.
-Lo siento cariño-fue lo primero que dijo apenas cerró la puerta tras él y comenzó a desabrocharse el saco. Una disculpa, eso era nuevo-Estaba por dejar la oficina cuando llegaron al escritorio de Judy algunos documentos importantes que debía firmar con… Elsa-la llamó con cierta preocupación en la voz aún desde la puerta-¿está todo bien amor?
Lo escuchó con claridad pero aun así se tomó su tiempo para girar la cabeza, inclinarla ligeramente a un lado y extendiendo una mano hacia él sonrió débilmente mientras le decía:
-Ven, acércate.
¿Es un final feliz o triste? ¿Ustedes que creen que haya pasado después? Yo sí sé :3
Oigan, ¡hola! volví... en forma de fichas (¿se entendió la referencia?).
Pues yo me había propuesto dejar un poquito los fics para dedicarme a escritos personales pero resulta que estoy haciendo un curso de escritura creativa y uno de los ejercicios era escribir mientras escuchabas música y aunque al principio me rehusé a hacerlo porque pues hashtagrebelde, esta tarde escuchaba la canción "Sola" de La Oreja de Van Gogh y ¡pum! una idea. Así que espero que las últimas cinco horas escuchando esa canción en repetición hayan valido la pena y esto al menos medio les guste (creo que está demás agregar que si no les gusta me lo hagan saber en reviews porque pss ya sabemos que así lo harán jajaja).
Y ya. Gracias por su tiempo para leer, para dejar review si así deciden hacerlo y pues ahí nos vemos al rato. Ah, y prometo ahora sí pasar a dejarles mensajitos en sus fics aunque ya se que ya he prometido eso muchas veces y no lo he cumplido pero ahora prometo que lo prometeré en serio u.u
Disfruten mucho de su fin de semana, sigan cuidándose mucho y nos leemos pronto.
Bye bye!
