Capítulo 2: El demonio de cabellera plateada

Observe cómo los árboles se reflejaban una y otra vez en el cristal. Veloces, coloridos y nítidos. Parecían correr de algo. Desaparecía uno para darle vertiginosamente el paso al otro y así, en fila.

De repente mis ojos se perdieron en el cielo. Estaba gris y encapotado. Probablemente llovería y yo andaba solo con jeans y una sudadera. Apreté los labios recostando mi cabeza en el asiento. ¿La lluvia también tendría relación con lo celestial?

-Kagome no te acerques mucho a la ventana... -

Rolé los ojos hacia Miroku. Aún estaba molesta. Luego de explicarme un mundo sideral resolvió que debíamos movernos de forma indefinida. Sin siquiera someter la decisión a una justa mesa redonda. Claro, después de todo su repentina orden estaba exculpada porque nos seguía un asesino infranqueable que deseaba a toda costa consumir la humanidad y dictar el Apocalipsis. Ciertamente no debería enfadarme ni rezongar, pero, lamentablemente, también formo parte de toda esta controversia y corresponde que mis juicios sean incorporados a cualquier plan. Y mi idea no era vivir sobre ruedas por la eternidad. Jamás he tenido un lugar definido de hecho mi pasado es lo menos concreto que puede existir, pero, siempre estuve expectante sobre el futuro. Tenía una mínima esperanza de volverme alguien, de poder manejar y construir un futuro favorable que balanceara el oscuro pasado que tiñe el presente. Pero ahora ni siquiera a eso puedo aspirar.

Le envié una última mirada envenenada a Miroku y volví mi rostro hacia la ventana. Si tan solo las miradas golpearan.

- Ya... Kagome, entiende que no estamos huyendo solo... resguardándonos

Volví la vista hacia Miroku y luego hacia Sango quien dormitaba aun maltratada por traspasar el cristal. Lo mejor era no sublevarse.

- Creo que lo mejor es prepararse -Fruncí el ceño- Él podría venir hoy o mañana y nos matara sin esfuerzos ni remordimientos -Trague saliva junto con un sollozo- Al menos podríamos darle pelea -

- Entiende que tu plan de lucha es demasiado arriesgado por no decir estúpido -Hizo una mueca de disgusto- No tenemos oportunidad

- ¿Entonces el plan es huir por siempre? -Jadee desesperada- ¡Yo no quiero vivir así!

Apretó los labios y endureció su rostro.

-¡¿Y tú crees que yo sí?! -Se acercó a mí- ¿Tú crees que todos los híbridos elegimos esta maldita vida? ¿Porque crees que casi todos se van con los demonios? -Me encogí en el asiento- Somos simples peones a disposición de los celestiales y los malditos demonios -Añadió con un gruñido -

Me relamí los labios e infle mi pecho buscando valor en el aire.

- Si nos unimos haremos la fuerza -

Una carcajada insulsa curvo agriamente su boca mientras negaba con la cabeza sin dar crédito a lo que escuchaba.

- Esta bien, Ortega -Volvió la mirada a la ventana- Aférrate a esas ingenuas ilusiones mientras Inuyasha te arranca el corazón -

El hielo resbaló por mi espalda y el miedo desplazo, sin esfuerzo, a la osadía. Comencé a respirar agitada. Quizás era por el efecto desalmado de sus palabras o porque mis agallas habían decidido avezarse pero solo una cosa dilucidaba mi mente y era que no me dejaría vencer. Ni por Inuyasha ni las por amenazas de Miroku. Yo no iba a ceder tan fácilmente.

- Iré al baño -exprese levantándome-

- No te tardes –

Gruñí en respuesta antes de salir al pasillo. Lo que me gustaba de ser una huérfana es que nadie podía darme ordenes ni tenía que obedecer ciegamente cuando lo intentaban. No necesitaba un control parental ahora.

Solté un largo suspiro mientras intentaba mantener el equilibrio en cada paso ¿Siempre se movían tanto los trenes? Estaba cansada y abrumada con todo lo que debía asimilar en tan solo un día. Ayer era una chica sin nombre ni sangre que relacionar y hoy tenía un enorme árbol genealógico colgando sobre mi cabeza e inclusive sangre celeste. Negué con la cabeza. Dejaría de pensar y analizar las cosas para no enloquecer. Creo que de momento ese era el mejor plan.

- Señorita -

Despegué los ojos del grisáceo suelo y me concentré en el dueño de esa voz. Era un joven camarero del tren. Tenía la típica vestimenta de un empleado a cargo de servir platos con un equilibrio fenomenal. Creo que su enorme estatura le ayudaba o simplemente yo era demasiado inestable y me dejaba impresionar por malabares simples. Me alarme al ver que se acercaba con una bandeja, repleta de tazas con café, en su mano.

- Señorita -Repitió- ¿Puedo ayudarle en algo? El guardia ordeno que los pasajeros se levanten solo si era exclusivamente necesario -

Fruncí el ceño reordenando sus palabras, ya que me había concentrado en el movimiento de las tazas humeantes mientras caminaba preguntándome si había utilizado algún pegamento para mantener la bandeja en su palma.

- Yo solo iba al baño -Sonreí mientras me acercaba-

De repente se detuvo abruptamente y las tazas tintinearon al chocar. Podría jurar que su rostro se ensombreció durante un segundo.

-Por favor no se acerque -Pidió con amabilidad-

Me detuve confundida.

-¿Ocurre algo? -Murmure afirmándome en un asiento-

- Oh... no, no ocurre... -Sus labios se curvaron en una sonrisa a la vez que un espasmo atravesaba su delgada figura- Solo... necesito que... -Tosió con fuerza- Solo necesito que me acompañe...

Un olor a putrefacción alcanzo mi nariz acompañado de una débil esencia perversa. Entrecerré los ojos logrando vislumbrar una sombra difuminada en su espalda, luchando por entrar por completo. Por poseer su débil cuerpo humano. Una punzada de compasión cruzo mi ser al ver como una estela de su alma apretaba, con su mano libre, el delantal que colgaba en su cadera, resistiéndose a perder la vida. Resistiéndose a ser poseído.

Retrocedí cuando comenzó a balancearse de un lado a otro como si sus piernas fueran fideos. Ahogue un grito en mi garganta al ver como su cabeza caía destempladamente sobre su pecho siendo afirmado solamente por el cuello. Sus brazos abatían muertos al costado azotando la bandeja, que sostenía, contra el suelo. Di un respingo cuando la loza se despedazo en el piso. Un aullido salió de su boca mientras su piel se movía con forma de olas como si algo dentro de su pellejo luchase por salir. Espantada atisbe a los pasajeros del vagón tomando aire para alertarlos, pero el oxígeno se estancó en mis pulmones totalmente incrédula de lo que mis ojos revelaban. Todos estaban petrificados como unas verdaderas estatuas. ¿Miroku y Sango también lo estarían? Agite las pestañas deseando que todo desapareciera, palpando el latir desenfrenado de mi corazón que bombeaba sangre preparándome para una desaforada carrera. Pero por alguna razón no obedecí. Me quede ahí plantada como si mis pies estuvieran enterrados en pavimento.

-Señor... -Susurre llamando a su esencia humana-

Levantó su turbia mirada con una sonrisa retorcida cruzando sus labios. Retrocedí temblorosa mientras los oscuros colores emergían de su cuerpo como magma venenoso. Su energía bestial abofeteo mi rostro dejándome sin aliento. Su humanidad había sido extinguida. Era un demonio.

- Oh... -Graznó con voz escabrosa- No se vaya... ni siquiera hemos empezado a jugar -

Su monstruosa voz me despertó del letargo y gire sobre mis talones precipitándome a correr, pero una silueta al otro lado del pasillo me detuvo en seco. Estaba atrapada.

- Vaya, vaya -Dijo. Afirmado en el umbral del vagón- Que descortés es irse cuando aún no ha empezado la fiesta -

La nueva, escalofriante y vigorosa esencia me sacudió por completo, era él, era de quien huíamos despavoridos. Era Inuyasha. ¿Cómo pudo esconder su presencia?

No lograba acompasar mi respiración con los latidos de mi corazón. Mire hacia ambos extremos preguntándome si lograría tomar el impulso necesario para saltar por la ventana o simplemente daría un penoso espectáculo y reventaría mi cabeza contra el cristal. Contemple al nuevo sujeto, se veía menos bestial pero no menos imponente. Vestía una capa negra que cubría sus hombros. Una larga cabellera plateada tapaba la mayor parte de sus ojos, pero lograba ver claramente el color. Rojo sangre. Me detuve en la espada que descansaba plácidamente en su cadera, esperando para hundirse en carne. En mi carne. Gemí conteniendo las lágrimas.

-Que es lo que quieren -Logre articular-

La inhumana risa del camarero me estremeció.

- Solo queremos comerte -Tronó a mis espaldas, no me atreví a voltear-

- Oh... vamos -Miré al peliplateado- No la asustes... Solo queremos conversar, Kagome -Arrastro mi nombre sobre su lengua como si lo saboreara-

Inhale aire sintiendo bilis escocer mi garganta. Baje la mirada aun desorbitada sin saber dónde esconderme, sin tener donde escapar.

- Inuyasha... -Lo llame intentando no balbucear- así te llamas ¿No? -Añadí con una pobre subida de coraje -

Levante la cabeza y él me observaba con una expresión seca. Al menos había borrado su maquiavélica sonrisa. A ningún delincuente le gustaba ser reconocido, aunque él no calificaba exactamente como un delincuente, refirió mi fuero interno de forma casi inmediata. Mantuve el contacto de nuestras miradas. No retándolo, sino que más bien dándole a entender que no estaba dispuesta a ser una presa fácil, pero, en esos momentos, mi mente estaba en discordia con mi cuerpo. Su presencia era imponente y sin pretensiones lograba amedrentarme. Mi cuerpo no objetaba más bien era obediente a su acecho, me sentía presa no solo de su presencia, sino que también de mi voluntad. Todo mi ser estaba sometido a su antojo. Falle en que era cobarde y como una gacela me encogí a merced del temor.

-Veo que ya te informaron de mi –Sonrío de repente mostrando sus afilados dientes- Entonces todo esto será más sencillo -Resolvió con una cínica alegría- Mi nombre es Inuyasha, como ya dijiste -Amplio su sonrisa inclinando el mentón hacia mí-... y soy encargado de llevarte con mi "jefe" -

Parpadee algo mareada intentando digerir sus palabras y desenredar la maraña que era mi cerebro desde ayer. Mire de reojo hacia atrás, el camarero respiraba de forma fragorosa y estaba cada vez más encorvado casi a punto de romper su columna. Apreté mis puños sintiendo que en cualquier momento se me abalanzaría por la espalda.

- Hey -Volví mi atención a Inuyasha- No te preocupes por esa alimaña, míralo -Carcajeo- Ni siquiera puede mantenerse en el cuerpo de un simple humano, es despreciable -Una sonrisa pérfida cruzo su rostro mientras se relamía los labios- Me encargare de él enseguida -

- Inuyasha -Gruño a mis espaldas- Si me matas deberás matar a este hombre también -Rió sin ganas- Y sabes que está prohibido asesinar humanos o nos castigaran-

El aludido chasqueo la lengua y tomo su mentón fingiendo que meditaba la decisión. Rasco su cabeza con duda.

- Creo que... -Alzo ambas cejas- No me importa -Se encogió de hombros y sonrío- De hecho, asesinare a todos los malditos humanos de este tren -

- No puedes -Chille sobresaltada- No puedes simplemente matarlos por hacer nada -Mi labio tembló-

Desplazó sus ojos sangre sobre mí. Un escalofrío recorrió mi espina y retrocedí al instante sin importar que una bestia horrenda preparaba sus garras para despedazarme. Entonces todo ocurrió más rápido de lo que mis ojos podían secundar. El camarero poseído enterró sus garras en mis brazos pero, inclusive antes de que yo aullara con dolor, me soltó bramando maldiciones mientras un olor a carne quemada inundaba el vagón. Inuyasha dio un salto sobre mí, apenas rozando mis cabellos con sus botas, y antes de que yo pudiera exhalar el aire retenido hundió sus pies en los hombros del, ahora deforme, joven sirviente girando brutalmente su grotesca cabeza. Caímos casi al mismo tiempo contra el piso solo que yo aún respiraba mientras que el convulsionaba emanando su último aliento de vida.

Me arrastre a un rincón viendo como un fluido rojo resbalaba por los entreabiertos labios de su deslomado ser. Inuyasha tomó sin esfuerzo el delgado cuerpo y lo lanzó fuera del tren rompiendo la ventana. Lleve ambas manos a mi boca observando como la sangre con pedazos de piel resbalaban por el resquebrajado vidrio por donde había sido disparado el muchacho.

La bilis no tardó en salir de mi boca mientras las lágrimas no dejaban de fluir. Estaba muerto. Más que muerto. Y pronto yo también lo estaría.


¡Que tal! Bueno, se que es un poco difícil imaginar a inuyasha maltratando a Kagome pues siempre ha si su guardián ¿No? Bueno, al igual que en la historia original en un principio se llevaran pésimo, pero ¡No se preocupen! Mejorará, lo prometo.

Cariños y dejen sus opiniones :)