Capítulo 3: ¿Dorado o rojo?
¿Cómo y cuándo moriremos? ¿Existe algún destino trazado que finiquitara tu vida? ¿Existe el cielo? Y si el cielo existe... Entonces ¿También el infierno?
Sé que más de alguno se ha hecho esas preguntas, quizás no todas o quizás solo una. Pero de alguna manera a lo largo de nuestra fatídica y a veces gloriosa vida llega un lapsus en el que una filosa asta acaricia tu nuca. Solo un agasajo que invita los vellos a erizarse y con elegancia refiere un enigma que desde siempre ha escamado pero al cual asiduamente hemos inclinado la oreja con sorna. Fingiendo superioridad, fingiendo dejadez. Intentando no dilucidar la pregunta que nos zumba en la cabeza y aguijonea las entrañas...¿Cuando voy a morir?
Nunca fui apegada a las cosas mundanas ni tampoco discurría entre el vivir o morir. Creo que el tener los pulmones llenos de aire y una mañana confortadora cada día no inundaba mi cabeza con preguntas tan sustanciales ni tampoco le daban cabida ni crédito a lo valioso que es la vida. Simplemente no me importaba... pero ahora si.
Comencé a toser atorándome con mi propio vomito. Me limpie el pegajoso sudor de la frente y abrace mi tórax confortándome a mí misma. Intentando olvidar que hace unos segundos alguien había muerto por mi causa, intentando olvidar el color de su carne resbalar por el resquebrajado vidrio por el cual había sido disparado, intentando olvidar que su asesino estaba justo frente a mi resolviendo el cómo liquidarme. Cerré los ojos con fuerza, buscando desplazar el temor que vibraba mi cuerpo por algo de entereza.
Un sollozo escapo de mi boca cuando él pateo la bandeja que se interponía entre los dos. La gente en el vagón estaba petrificada, quizás no vuelvan a moverse o quizás me asesine y todo vuelva a ser como antes. Ninguna opción me consolaba pero acaricie la ultima con mínima esperanza. Pensando que muchas vidas era mucho mejor que una sola.
Sentí la loza crujir bajo sus pies y supe que me quedaba poco tiempo. No podía morir de una forma tan patética, hasta el joven camarero había dado una mínima lucha. Un nudo se formo en mi garganta.
- Si piensas que el matarme te hará las cosas mas fáciles... -Lo mire con la poca energía concentrada en furia que me quedaba- ...estas muy equivocado-
Arqueo una ceja deteniéndose sólo a un par de metros del ovillo que yo era y luego sonrío con absoluta diversión.
- ¿Acaso me estás enfrentando? -Apretó los labios reprimiendo una risa- Creo que ambos sabemos quién está en desventaja, puedo arrancarte la cabeza sin siquiera utilizar mi espada –Instintivamente observé sus filosas garras y casi las sentí despellejándome viva-
El horror estremeció mi cuerpo, pero intente mantener la cordura sin dejar caer mi orgullo. Jamás había valorado tanto la vida, y el solo ver mi cuerpo reflejado en la sangre de su retina me hizo pensar lo contrario. Sentí como el instinto de supervivencia me remecía por completo exigiéndome con desesperación que siguiera respirando como si al solo mirar sus espantosos ojos fuese a ahogarme. Quería vivir, de verdad quería vivir.
- Tu dijiste que me llevarías con tu jefe ¿No? -Me aferre a las cartas que habían emergido- No creo que él me quiera muerta ¿Verdad? -Sonreí ante su desconcierto- Creo... que te conviene mantenerme con vida-
Ni siquiera había terminado de pronunciar las últimas palabras y sus manos se cerraron en mi cuello levantándome de donde había sido desplomada. Enterré las uñas en sus muñecas sintiendo la sangre de su piel humedecerlas. Observe sus furiosos ojos absorber con agónico placer mis últimos alientos de vida. Apreté los labios propinándole patadas, pero era una como golpear una roca. Puntitos comenzaron a nublar mi visión mientras su airado rostro parecía afligido mientras yo me desvanecía. Entonces me soltó.
- Perra... -Gruño alejándose unos pasos mientras miraba sus manos-
Rodé a mi costado inhalando aire con desesperación. Me dolía. Comencé a toser mientras, nuevamente un olor a carne quemada inundaba el vagón. Lleve ambas manos a mi garganta sintiéndola tremendamente hinchada. Quizás iba a ahogarme de todas formas. Volví a mirarlo mientras mi garganta emitía sonidos extraños al respirar. Tal vez estaba fracturada. ¿Moriría? La verdad no me preocupaba tanto el hecho sino mas bien el proceso que él elegiría. Trague saliva y mi rostro reflejo todo el dolor que ello provocaba.
- ¿Que eres...? -Gruño retrocediendo unos pasos de mi-
Intente incorporarme pero mi cuerpo estaba cansado ¿Sentiría el dolor de sus golpes desmayada?. El anhelo de supervivencia y profundo desprecio comenzó a crecer en mi, como una llama que calentaba mi piel y traspasaba los poros. Casi lograba sentir como se desplazaba y cortaba el aire intentando llegar a él. Traspasarlo y quemarlo.
Volvió a retroceder aún más, con expresión perpleja. Su pecho comenzó a subir y bajar agitado mientras sus pestañas aleteaban tornando, en cada pestañeo, el color rojo de sus ojos a un profundo dorado. Observe fascinada como aquella muralla encarnizada se derrumbaba dejándolo ver completamente quebradizo. Frunció el ceño advirtiendo la repentina fragilidad del ambiente. Por un momento el dolor de mi cuerpo desapareció sintiendo que controlaba cada molécula del aire con mi mente, los colores comenzaron a surgir y el poder comenzó a fluir por mis venas incendiando como una lumbre mis sentidos y exigiendo ser derramado sobre mi adversario. Fue como si un velo se removiera de mis ojos permitiéndome ver cada ínfima parte de Inuyasha. Pude apreciar todo su ser. Todas sus debilidades. Todas sus fortalezas. Lo tenia a mi merced. Jadee fascinada y una risa perturbada raspo dolorosamente mi garganta.
- Celestial... -Susurro aturdido -
Lo observe embarullada. Su voz no era la misma. Esta era suave y aterciopelada. Casi parecía arrullarte. Negué con la cabeza. Era un engaño. Usaba esa voz para engañarme. De repente su imponente esencia comenzó a desvanecerse, como un algodón de azúcar en la boca. Hiperventile al ver como su aura oscura daba paso a una mas clara, como un tono azulado. Agite las pestañas pensando cuanto me convenían esos extraños cambios.
Inuyasha frunció el ceño y un bramido salió de sus labios. Una ventisca azoto mi rostro y cuerpo, empujándome contra la pared. Cuando abrí los ojos, él ya no estaba. Solo entonces mis músculos se relajaron, no había notado lo crispado de mis extremidades. El miedo seguía acariciando mi piel y lamiendo la nuca. En cualquier momento puede volver y arrancarte la piel, advirtió mi mente y yo asentí dándole la razón. Inhale y exhale solo escuchando los sonidos de mi respiración en el silencioso pasillo. La garganta dolía pero aun así no me importaba, solo quería escuchar algo además de mi miedo. Aunque sea el sonido lastimoso de unos sollozos afónicos.
¡Tack!
Di un respingo, casi clavando mis uñas en el techo con mi corazón en las amígdalas. Gire mi rostro con brusquedad y vi una cuchara balanceándose en el piso bajo un asiento de pasajero. No alcance el exhalar el aliento que había retenido cuando todo volvió a moverse. El sonido, el calor y la vida envolvió mi cuerpo como si hace siglos no hubiese sentido algo parecido.
-¡Señorita!
Una voz alarmada acompañada de unos pasos estrepitosos, solo eso escuche antes de quedarme dormida.
Inuyasha
Observe la pequeña flor entre mis dedos. Era rosada con pequeños puntitos anaranjados. Su aroma me recordaba a la libertad e inalcanzable paz de estos días. Una pequeña mariquita se asomó entre los amarillentos estambres que parecían amarras de los pétalos. Contuve el aire cuando desplegó sus endebles alas transparentes y las agito para volar de forma inestable, pero muy segura y presurosa. Quizás pensó que yo era un monstruo o simplemente percibió lo canalla que era.
- ¡Inuyasha! -
Suspire desplazando la flor entre mis dedos. Sabía que venía, la sentí a cuadras de distancia. Percibí su esencia amalgamada con ansias, nerviosismo y un sentimiento peculiar, y bastante evidente, del cual en estos momentos yo sacaba partido, consumiéndolo a mi conveniencia para desplazar la soledad, que en algún momento volvería rauda y famélica.
- Kikyo -
Susurre mientras me giraba. Sabía que, aunque murmurara entre dientes ella siempre me escucharía. Porque cada ínfima parte de ella estaba avizorada a mí. Llegó dando los últimos y suaves pasos para alcanzarme. Casi como si danzara su oscuro y largo cabello revoloteaba en sus hombros secundando su imperceptible coqueteo. Hizo una mueca arrugando su pequeña nariz y resoplo suavemente inundando la mia con su aliento refrescante. Era hermosa.
- ¿Hace cuánto que me sigues? -Pregunte dándole un tinte divertido, aunque no lo sintiera-
Un leve rubor cubrió su pálida y nívea piel, haciéndole ver más encantadora.
- Hace un par de cuadras -Sonrío mostrándome su perfecta dentadura- No quise gritar porque te veías concentrado -
Sonreí en respuesta mientras su aura suave y pura acariciaba la mía. Algo que adoraba de Kikyo, era observar los colores de su alma producto de sus intensas emociones. Era fascinante y a la vez pesaroso, ya que ese espectáculo solo ocurría con mi presencia.
- ¿A dónde ibas? -Inquirió desplazando su peso de una pierna a la otra, nerviosa-
- Solo paseaba -
Se mordió el labio inferior debatiendo mentalmente si preguntar o no. Amplié la sonrisa y note como sus ojos revoloteaban en la flor que descansaba en mis manos.
No era apropiado, ni debía hacerlo para aumentar sus esperanzas pero aun así pensé que la flor le sentaría muy bien en el cabello. Obedeciendo a mi egoísmo, enrede la flor en su suave cabellera. La calidez de su cercanía acaricio mi piel e inundo mi frío corazón, mientras ella, atónita, contenía la respiración. Mis vellos se erizaron y desee fundirme con ella, para siempre sentir ese sincero amor que profesaba solo para mí.
Baje suavemente mi mano acariciando su mejilla con las yemas en el camino. Entrecerró sus ojos entrelazando sus largas y tupidas pestañas ante mi roce. Sofocado decidí alejarme y ella de inmediato extraño mi cercanía. Podía sentir todo claramente y era tan alucinante como desgarrador, ya que jamás lograría corresponderle con tal avidez. Me sentí miserable cuando sus labios se curvaron en una radiante sonrisa, esperanzada y enamorada.
-¿Puedo acompañarte? -Pregunto casi brillando en conmoción-
Me relamí los labios y sentí su mirada deseosa en ellos. Con voracidad la mire de igual manera inquietándola por completo. Sé que estaba siendo un avaro, pero la sensación de su amor era indescriptible. Y adoraba sentirlo, era alarmantemente embriagador y me hacía sentir vivo y amado. No me daba tiempo de recordar lo solo que estaba en el mundo. Alce mi codo para que ella enredara su mano lo cual al instante hizo y una descargar eléctrica recorrió mi piel ante su tacto, desee electrocutarme sobre ella y sentir su piel desnuda, pero de inmediato intente rezagar aquellos pensamientos carnales convenciéndome de que en algún momento podría amarla y corresponderle, como ella merecía.
¡Cuán iluso era! Y cuanto no daría por rebobinar ese momento en que decidí dejar fluir la ilusión y marque el fin de su hermosa vida.
Entreabrí los ojos aun conmovido por el sueño, más bien por el recuerdo. Me incorpore en la cama apretando los ojos para borrar cualquier rastro del pasado. Camine al espejo notando que aun era un humano, pero que ya quedaba poco para que desapareciera. Fruncí el ceño y el joven pelinegro tras el cristal también lo hizo. Sus ojos castaños, tan claros y luminosos demostraban vida y esperanza. Cuanto odiaba esa imagen. Tan débil y susceptible como también despiadado y ambicioso.
Suspiré resignado y volví a lanzarme a la cama. Parecía que ella estuviera aquí, podía sentirla en mi piel, tenía su aroma impregnado en mi nariz y mis labios deseaban su boca. Gruñí deseando apagar mi cerebro, pero este solo se rebalsaba con sus recuerdos. Recordar. Era lo peor de volverme humano. Y entonces la imagen de esa muchacha en el vagón emergió en mis alusiones. Era fuerte y había logrado purificarme bien profundo. Llevaba 12 horas como humano cuando normalmente se mantiene 3 horas. Rememore su expresión llena de valentía y sus achocolatados ojos intentando escrutarme. Era un obstáculo y como tal debí deshacerme de ella, pero por alguna razón no fui capaz de hacerlo. Cuando mis dedos se hundían en su garganta y ella intentaba alcanzar algo de oxígeno una profunda aflicción cegó mis sentidos. Quizás fue porque ya estaba siendo purificado y mi lado humano se había manifestado, la realidad es que aún no lo tengo claro. Solo sé que cuando mi agarre aflojo, una culpa tremenda me sacudió por completo.
Un repentino frenesí interrumpió mis cavilaciones y la sangre en mis venas comenzó a arder dolorosamente. Una risa vibro en mi garganta. La fuerza demoníaca estaba volviendo y clamaba por aquella valiente muchacha.
¡Que tal! Espero hayan disfrutado el capitulo, esta medio cortito pero esque he tenido bastantes clases y no me he dado el tiempo de avanzar como quisiera en la historia, pero ya vienen vacaciones y tengo dos capítulos listitos a la espera de ser revisados (ya saben, cosillas que se me escapen y agregar alguna que otra cosa que se me ocurra) Espero esten bien dentro de lo posible y se decidan a dejarme algún comentario jaja quiero saber de uds :) Besos!
