Nota: Esto es un OS de un mundo en el que pese a no existir Voldemort, la cabeza de Bellatrix sigue siendo un universo fascinante. Lo he dividido en dos capítulos para que no quede muy largo. Bella y Sirius tienen treinta años.

Por cierto, he estado investigando y el Bellarius no es incesto: incesto es por definición la relación carnal entre parientes dentro de los grados en que está prohibido el matrimonio. Entre primos se da una relación de cuarto grado y tanto en mi país como en UK (que es donde se sitúa Harry Potter) se pueden casar sin ningún problema. Por tanto, no es incesto, ¡celebrémoslo!

Se la dedico a Nicangel por estar siempre y a Moshisushi (que fue la primera a quien leí el genial apodo "Siriusín"). ¡Espero que os guste!


-¡Harry, Harry! –exclamó un niño rubio de diez años.

Entró en Grimmauld Place como una exhalación. Su ímpetu fue tal que los adornos navideños de renos chillaron asustados desde la repisa y el muérdago y acebo que adornaban el recibidor temblaron a su paso. La casa estaba en obras pero él no se dio cuenta. Pronto llegó al salón donde varios adultos estaban reunidos en torno a la chimenea. Junto a ellos, Harry se entretenía decorando el árbol de Navidad.

-¡Draco! –exclamó con ojos brillantes en cuanto lo vio- ¡Al final te han dejado venir!

-No, me he escapado –proclamó con fingida despreocupación enorgulleciéndose de ser un rebelde.

Su amigo frunció el ceño, le conocía demasiado como para saber que no desafiaría a sus padres. A Lucius y Narcissa no les hacía gracia que se juntara con el hijo de los Potter: tan solo era un mestizo de una familia de traidores. Pero desde que se conocieron en la heladería del Callejón Diagon ambos se cayeron muy bien.

-Bueno, en realidad me ha traído mi tía –reconoció Draco quitándose su capa.

Los adultos ahí reunidos –los Potter, Lupin, Nymphadora, Shacklebolt y su mujer Marlene- se miraron entre sí. La tía de Draco no llevaba buena fama. Su amor por las artes oscuras, su estilo de vida excéntrico y el hecho de que la cordura nunca parecía acompañarla no ayudaban.

-¿Tu… tía? –preguntó Lupin con precaución.

-¿Y tus padres saben que has venido? –añadió Lily.

-Tardaran horas en darse cuenta –proclamó Bellatrix entrando al salón por fin-. Al parecer uno de los pavos reales de Lucius ha contraído la rabia y está muy furioso… Nadie sabe cómo ha sido. Yo no he tenido nada que ver, en absoluto he cruciado a ese bicho solo porque me recordara a mi cuñado…

Los adultos la miraban entre el asombro y la preocupación sin saber qué decir. Harry, por su parte, le había pasado a Draco una caja de adornos y se habían centrado en la decoración del árbol. Bellatrix se quitó la capa y se atusó la larga melena oscura contemplándose en el espejo del salón. Tras comprobar que estaba tan estupenda como siempre, continuó:

-Y eso no ha sido lo peor… Cuando Lucius lo intentaba calmar, el pavo rabioso le ha atacado y le ha arrancado un mechón de pelo –comentó Bellatrix realizando enormes esfuerzos por no reírse—. Le ha quedado una calva y ha pegado tal chillido que hubiese avergonzado a cualquier banshee.

-Ah… -balbuceó James viendo que la bruja esperaba alguna reacción a su desternillante anécdota.

Bellatrix frunció el ceño por tan apático público y después sacudió la cabeza. Traidores a la sangre y sangre sucias… no sabían apreciar sus geniales anécdotas. Pero a ella le encantaba el sonido de su voz, así que no le importó.

-El caso es que Cissy se ha puesto como loca chillando que hay que sacrificar al pavo. Por su parte Lucius quería atraparlo para recuperar su mechón de pelo. Llevan horas corriendo los dos por los jardines para enganchar al pavo y no lo consiguen… También niego categóricamente las acusaciones de haber vertido una poción energizante en el bebedero del pavo para que corra más que una snitch.

-Ya… -balbuceó Shacklebolt.

De acusaciones más serias se había librado la bruja, no iban a condenarla por dopar a un pavo real.

-Para evitar el drama y más insultos hacia mi persona, me he dicho: "Bella, tú que eres un ser de luz y la única persona racional de esta familia, tienes que evitar que tu adorable sobrinito vea el espectáculo humillante que son sus padres". Por eso he traído a Draco a ver a su novio y de paso…

-¡Tía Bella! –protestó Draco cuyo pálido rostro había enrojecido de la vergüenza.

-Y de paso me emborracho gratis –continuó Bellatrix-. Porque si algo tiene mi primo, es un culo estupendo. Y además de eso una gran reserva de whisky. ¡Así que vamos a ello!

Sin más explicación, ante los atónitos huéspedes, abrió el mueble-bar y empezó a inspeccionar las botellas de alcohol. Mientras, James llamó a gritos a su mejor amigo porque ellos no se veían capacitados para gestionar la situación. Hacía pocos meses que Regulus se había independizado y se llevó con él a Kreacher. Así que ahora Sirius vivía sin elfo y pasaba el día de un lado a otro haciendo obras en la casa para que resultase más habitable. En cuanto oyó el jaleo, acudió al salón.

-¿Quién ha dejado entrar a esta loca? –preguntó con su voz grave.

-¡Siriusín! –exclamó Bellatrix corriendo hacia él.

Sirius sonrió y la estrechó entre sus brazos. Hacía meses que no se veían, la bruja viajaba mucho por trabajo y casi nunca estaba en Londres. Aún así se escribían siempre que podían. Desde pequeños habían tenido una extraña relación de amor-odio llena de competitividad, bromas e insultos. Pero si cualquier otra persona (y eso incluía a los hermanos de ambos) pronunciaba una sola palabra negativa sobre el otro, lo torturaban. Solo ellos podían insultarse.

-Mm… -murmuró Bellatrix mientras se abrazaban- ¿Has estado haciendo deporte?

-Sí, remozando este desastre de casa –respondió él con amargura-. Y si ahora fueras tan amable de quitar tu mano de mi trasero…

-¡Yo saludo así a todo el mundo! Y te aseguro que nadie se queja –protestó la bruja separándose.

-Eso es porque te tienen miedo –respondió Sirius con su sonrisa burlona.

-¡¿Cómo van a tenerme miedo?! ¡Soy la persona más dulce y adorable que conozco! –aseguró la bruja.

-Eres la campeona mundial de duelo desde hace años. Hasta tu maestro, el Ryddle ese, tuvo que retirarse avergonzado porque le superaste con creces. Por eso te teme todo el mundo mágico y te dejan hacer lo que te da la gana.

-¡Y además estoy súper buena! –exclamó Bellatrix decidiendo que la conversación iba de alabarla.

Sirius iba a llevarle la contraria, pero ese tema resultaba bastante irrebatible: Bellatrix era realmente hermosa. Aunque él también era declarado año tras año como "El soltero más codiciado" por la revista Corazón de Bruja. Probablemente era cosa de sus genes, pero dada la relación con sus difuntos padres no pensaba reconocerles el mérito. Mientras, Draco y Harry habían volcado el árbol de Navidad en su intento de llegar a poner la estrella en la cúspide, pero los adultos no se habían dado cuenta. Estaban epatados observando la conversación entre los Black.

-¿Y a qué debemos el dudoso honor de tu visita? –preguntó Sirius.

-Intento salvar a mi sobrino de la nefasta influencia de sus padres... Y me he quedado sin whisky.

"Una causa noble" murmuró Sirius, puesto que el odio a Lucius era otra pasión compartida. Le tendió su mejor botella de alcohol y su prima la aceptó sonriente. Bellatrix se marchó con ella a saludar a los retratos de la casa, le gustaba dialogar con los muertos más que con los vivos. Solo entonces Sirius y los demás prestaron atención a los más jóvenes.

-¡Qué habéis hecho con el árbol! –exclamó Marlene.

-¡Primera vez que no soy yo la que se choca con él! –exclamó Tonks satisfecha.

-Queríamos poner la estrella en la cima pero se ha caído –declaró Harry.

Con un gesto de varita de Lupin, el árbol se enderezó y los adornos volvieron a colocarse solos. Shacklebolt se ofreció a ayudarles a poner la estrella y Draco le tendió el objeto.

-Esto no es la estrella, Draco, es una foto tuya.

-Claro, yo soy la estrella. Mamá lo dice siempre –declaró el rubio ufano.

-¿Y a ti te parece bien, Harry?

El chico se encogió de hombros.

-Hay una constelación con su nombre, así que… ¿Por qué a mí me pusisteis un nombre tan aburrido? –increpó Harry a sus padres.

-¡Veis! –exclamó Sirius- ¡Teníais que haberme dejado a mí lo del nombre! Si se llamase Can Menor sería como un mini yo y…

-Con uno como tú nos sobra, Canuto –declaró James-. Hemos traído galletas de jengibre, las tenéis en la cocina si queréis…

No le hizo falta terminar la frase porque los dos niños salieron corriendo hacia ellas. Al menos así el árbol seguiría en pie. El resto reanudaron sus conversaciones como si nada hubiese pasado. Lo que sucedía en Grimmauld Place, se quedaba en Grimmauld Place. Por mucho que Sirius estuviese haciendo reformas, aquella casa conservaba cierto punto escalofriante. Aún así era la más grande de todos ellos, por eso solían reunirse ahí. Mientras Sirius se servía un vaso de whisky, su mejor amigo se acercó a él.

-¿Y qué, qué pasa con tu prima? –inquirió James.

-¿Con Bella? No sé, se aburre bastante cuando viene a la ciudad, habrá cabreado a los Malfoy y…

-No, me refiero a qué pasa con ella y contigo. Con ese rollo que os traéis desde hace años. ¿Os vais a liar por fin, en plan milagro navideño?

-¡Qué dices, Cornamenta! ¡Que es mi prima! Ya sé que en mi familia se estila la endogamia, pero preferiría no ser partícipe de ello.

-Estás viviendo en la casa de tu familia con la herencia de tu familia y ostentando el apellido de tu familia. No te hagas el digno ahora, compañero –su burló su amigo-. Además, está tremenda.

Sirius gruñó ignorando a James. Al poco respondió:

-Creo que está con el Lestrange ese, suele viajar con ella y son amigos desde Hogwarts. Yo solo soy su primo y apenas la veo un par de veces al año.

-Nosotros también somos amigos desde el colegio y no compartimos cama –comentó James con una mirada sugerente.

-Eres idiota –sonrió su amigo dándolo por perdido.

-¡Pero lo digo en serio, Canuto! Te ha abrazado y te ha tocado el culo, ¿tus otras dos primas te saludan así?

-Narcissa procura no saludarme nunca, se avergüenza de mi estilo de vida tan alejado de sus ideales. Y Andy trabaja en San Mungo en la planta de Enfermedades Contagiosas, mejor no tocarla mucho… Pero Bella está bastante trastornada, saluda así a todo el mundo.

-Te aseguro que a mí no. Ni a nadie más de esta sala.

-No te ofendas, Cornamenta, pero eres un traidor a la sangre (como todos los demás aquí). Mis primas son bastante clasistas, sobre todo Narcissa y Bella... Por cierto, ¿a dónde ha ido?

Hacía varios minutos que Bellatrix había desaparecido. Los dos niños tampoco estaban a la vista, pero Sirius se fiaba de ellos mucho más. Su prima sin embargo tenía cierta tendencia a sustraer objetos pertenecientes a sus tíos o a contarles cotilleos a los retratos para que perturbaran a Sirius. Para prevenir futuros sustos, procedió a buscarla. No la halló en la primera planta. Sí que vio a Harry y a Draco jugando en una salita: uno estaba subido a una estantería y el otro al respaldo del sofá. Y tenían buenos motivos para ello…

-¡Pero qué hacéis! –exclamó Sirius- ¡¿Cómo habéis incendiado el suelo?!

-Estábamos jugando a el suelo es lava –explicó Draco- y la tita Bella ha dicho que era ridículo jugar sin fuego… ¡Así que lo ha hecho ella! –exclamó visiblemente orgulloso de su madrina.

-Pero a cambio le hemos tenido que dar nuestras galletas, dice que no trabaja gratis –murmuró Harry.

Casi con miedo Sirius acercó la mano a las llamaradas que salían del suelo. Desprendían mucho calor pero no quemaban. Suspiró aliviado. Intentó apagarlas pero ambos niños protestaron. Así que se encogió de hombros y decidió que no era misión suya educar a nadie. Los dejó saltando de mueble a mueble y subió a la segunda planta. Ni rastro de su prima. Tampoco en la tercera. En la última solo estaban su dormitorio y el de Regulus. Entró en el suyo y ahí si hubo premio…

-¡Bellatrix! ¿¡Se puede saber qué haces en mi cama en ropa interior!? ¿¡Y por qué hay sangre en la colcha!?

-¿A cuántas de esas te has tirado? –preguntó su prima ignorándole y señalando divertida los posters de chicas muggles en bikini que decoraban su pared.

Eran fruto de su juventud rebelde, cuando quiso cabrear a sus padres. Utilizó hechizos permanentes para fijarlos y ahora no lograba quitarlos. No obstante en ese momento eran lo menos llamativo de la habitación. Bellatrix seguía medio tumbada en su cama bebiendo whisky con un conjunto de lencería morada y unas botas altas de terciopelo negro. Había sangre en sus manos y en la colcha (de hecho, parecía haber escrito con su propia sangre "Bella es la mejor"), y también tijeras, vendas, pociones y varios objetos extraños más. Así que Sirius repitió su pregunta. Y de nuevo fue ignorado.

-Si conoces a esa… ¿podrías darme su dirección? –pidió Bellatrix señalando la foto de una actriz bastante exuberante.

-No, Bella, no conozco a Angelina Jolie, pero serás la primera en saberlo si lo hago –declaró con aspereza-. ¿Y ahora me puedes explicar… esto? –inquirió gesticulando.

-Es una historia bastante decepcionante… -murmuró poniendo morritos en una mueca de tristeza- El otro día estuve en Hong Kong, en un campeonato de duelo. Fue aburridísimo, gané sin ni siquiera sudar… Pero bueno, me pagan mucho por ir y me gusta acumular dinero. Aunque resulta tan poco estimulante… Estoy pensando en crear mi propia modalidad para poder enfrentarme a hipogrifos, uros o…

-Bella, por favor, céntrate –suplicó Sirius aunando paciencia pues sabía la facilidad con que su prima se dispersaba-. Vuelve a lo de tú desnuda y sangrando en mi cama.

-¡Ah, sí, sí! En realidad esa historia comienza hace unos meses. Fui a Suecia a visitar los Bosques Sagrados e hice un amigo. Se llama… ¿De verdad no tienes la dirección de esa chica? Porque creo que yo sería muy buena lesbiana y…

-Trae aquí el whisky –bramó Sirius-. No bebes más hasta que no me expliques qué es esto.

Con el ceño fruncido y dedicándole una mirada de desprecio, Bellatrix declaró simplemente: "Me hice un tatuaje y lo tengo que curar cada ocho horas". La bruja rodó sobre sí misma y Sirius contempló que toda su espalda estaba ocupada por un dragón negro de ojos azules que le miraba desafiante. El animal incluso batía las alas y emitía humo por sus fauces. Se notaba que era muy reciente y aún no había curado del todo.

-Aún le faltan dos días para curarse... Mi sangre es muy valiosa, no quería desperdiciarla, y tu colcha era muy aburrida –explicó la bruja-. ¡Así que te la he decorado, dame las gracias!

Sirius la contemplaba atónito.

-¿Qué tal ha quedado? –inquirió Bellatrix retorciéndose para intentar contemplarlo- Yo no me lo puedo ver bien… He pensado en obligar a alguien a tomar poción multijugos y así me podré admirar desde fuera.

-Eh… -balbuceó Sirius hipnotizado con la obra- Está muy bien, es muy realista e impresiona. ¿Cómo es que has decidido tatuarte? Siempre dijiste que mis tatuajes son propios de presidiarios y gente de mala vida.

-¡Era un cumplido! Me pone la gente de mala vida –comentó con una sonrisa sucia-. ¡Y ya te lo he contado! Hace meses visité los bosques de Suecia e hice un amigo, Saiph, un wiseshadow sueco. Y el otro día…

-¿Un dragón? –la interrumpió Sirius- ¿Te hiciste amiga de un dragón?

-¡Claro que un dragón, Siri, no me voy a hacer amiga de un apestoso humano! Qué tonterías dices, de verdad, menos mal que tienes buen culo… -protestó ella poniendo los ojos en blanco- En fin, que estuve en Hong Kong y como gané el campeonato enseguida, di un paseó por la ciudad. Encontré una tienda de tatuajes tradicionales mágicos; ya sabes, incorporan artes ancestrales, consiguen inyectarle magia y que se mueva. Y como no tenía nada mejor que hacer… me tatué una imagen de Saiph.

Sirius asintió fascinado y se arrepintió de haberse hecho los suyos en locales muggles.

-¡Lanza llamaradas si le acaricias la tripita! –exclamó la bruja encantada- ¡Hazlo y verás!

-Me lo creo, Bella, no hace falta que…

-¡Acaricia a Saiph! –ordenó la bruja.

Sirius se acercó y deslizó con suavidad las yemas de sus dedos por su espalda. El dragón se agitó, abrió las fauces y lanzó una llamarada que ascendió por el omóplato de la bruja hasta alcanzar su cuello y desaparecer. "Es impresionante" repitió Sirius. Su prima asintió satisfecha. Seguidamente le tendió una caja de primeros auxilios y le pidió que se lo curara. Él quiso negarse, pero era verdad que ella sola no llegaba bien, así que lo hizo. Empapó primero una gasa en agua oxigenada para limpiarlo y murmuró:

-Eh... Tengo que desabrocharte esto…

-No creo que sea el primer sujetador que desabrochas –se rió ella-. Probablemente ni siquiera sea el primero de hoy.

Sirius le hundió la cabeza en la almohada como venganza por bromear sobre su promiscuidad. Realmente era un experto en la materia, pero curiosamente con el de su prima le costó más. Quizá porque estaba nervioso: le inquietaba bordear así el incesto. Aún así limpió la zona, después le aplicó la poción cicatrizante y le puso una venda limpia.

-Ya está –murmuró-. Ahora vístete y…

-¡Gracias! –exclamó Bellatrix mirándole sonriente- ¡Uy! ¿Quieres que ahora te ayude yo?

Sirius siguió la mirada maliciosa de su prima que desembocaba en su abultado pantalón. "¡Mierda! Estúpido cuerpo que actúa por su cuenta…" pensó con rabia. Su prima le contempló divertida mientras él cerraba los ojos y evocaba las imágenes menos eróticas que se le ocurrían. Bellatrix, que tenía el vicio de ejecutar legilimancia en mentes ajenas, se lo tomó como un juego. De inmediato se lanzó a proponer las mejores imágenes para enfriar el asunto:

-¡Lucius besando a Dobby con el vestido de boda de Narcissa! ¡Snape con su ropa interior roñosa bailando con Filch! ¡Lucius y Snape teniendo una lucha de varitas cárnicas, pero como ambos son muy torpes necesitan la ayuda de Dumbledore que…!

No hizo falta ni terminar la frase.

-Vale, ya está, conseguido –masculló Sirius con una mezcla de vergüenza y fastidio-. Ahora vístete de una puñetera vez y mira a ver qué hace tu sobrino…

-¡Ah, sí, tenemos que hablar de eso! –exclamó Bellatrix recodándolo repentinamente mientras recuperaba su ropa.

"Arg, esto está manchado de sangre… Te lo regalo" declaró depositando su sujetador en la mano de su atónito primo. Seguidamente se puso el vestido y se sentó al borde de la cama. Sirius no pudo evitar contemplar su escote y murmuró:

-Tampoco te hace falta llevarlo.

-Lo sé –declaró ella orgullosa-. Pero es que hace juego con las bragas, me da ansiedad pensar que llevo solo medio conjunto. ¿Tú no combinas tus calzoncillos con los calcetines? Porque deberías –informó con seriedad.

-Lo tendré en cuenta. ¿Qué querías hablar sobre Draco?

-¡Ah sí! Supongo que te das cuenta de que Harry y Draco tienen unos padres que no se enteran de nada… Tenemos que estar nosotros aquí para educarlos.

-En eso tienes razón. James y Lily estarían perdidos sin mí –aseguró Sirius creyéndolo de verdad.

-Bien. Pues es tu deber darle la charla sobre sexo. Es evidente que son gays y se gustan, debemos advertirles de los peligros antes de que hagan nada.

-¡Por el amor de Merlín, Bella, que tienen diez años! Ni se te ocurra decirle al pobre Draco… -se interrumpió al ver la expresión de su prima- Ya se lo has dicho, ¿verdad?

-Por supuesto. ¿No notas que está más pálido de lo habitual? Igual le di demasiados detalles… Pero bueno, mejor prevenir, que luego todo son sustos y disgustos.

-Ya… En cualquier caso, Bella…

-Si no entiendes de sexo gay ya hablo también con mini Potter, he coordinado muchas orgías –le interrumpió Bellatrix levantándose.

-¡No! –la frenó él mientras salían de la habitación- ¡Ni se te ocurra traumatizar a otro niño! Hablaré yo con él.

-Muy bien –respondió la bruja sonriente bajando las escaleras-. ¡Draco, me marcho! He dejado activada la chimenea de la Mansión para cuando quieras volver.

-¡Hasta luego, tita Bella! –se escuchó al niño gritar desde la habitación- ¡Eres la mejor!

La morena sonrió y asintió para sí misma.

-¿Te marchas ya? –preguntó Sirius dudoso.

-Sí. Voy a estar solo tres días y tengo más amigos que visitar. A ver si consigo que Tom me regale a su serpiente de una vez, tiene una piel espléndida para unas botas… -murmuró para sí misma- ¡Adiós, Siriusín, me alegro mucho de verte!

Le dio un beso en la mejilla seguido de una palmada en el culo y salió de Grimmauld Place. Sirius se quedó paralizado en el recibidor hasta que oyó que de nuevo le llamaban a gritos. Provenían de la salita donde estaban jugando los niños.