Sirius acudió a la salita donde había dejado a Harry y a Draco jugando. Ahí estaban todos los adultos probando todos los hechizos que conocían para intentar sin éxito apagar el falso fuego. Mientras, los dos niños rodaban por el suelo en llamas.
-¿Qué hacéis? –le preguntó a Harry.
-¡Jugamos a que somos pollos en un asador! –respondió su ahijado entre risas.
"Madre mía… Gay no lo sé, pero tonto sí que es. Ha salido a su padre" pensó Sirius con sorna. Draco ni siquiera conocía los conceptos muggles (y plebeyos) que manejaba Harry, pero se prestaba a los juegos con total alegría. Eran mucho más divertidos que los estúpidos juegos de mesa a los que le obligaban a jugar sus padres con otros niños de sangre pura. Diez minutos después los mayores se rindieron: el hechizo ígneo debía ser invención de Bellatrix porque nadie supo apagarlo.
-Bueno, pues esta sala se quedará ardiendo para siempre. Un símbolo perfecto del infierno que es esta casa –murmuró Sirius con calma dándole un sorbo a su botella de whisky.
Sus amigos le miraron preocupados por su estabilidad mental. Lily cogió a su hijo en brazos –que gimoteó porque no quería despedirse de Draco- y Tonks acompañó al rubio a la chimenea para que volviera a su casa. James se acercó a Sirius y le preguntó qué tal había ido con su prima. Él se encogió de hombros y respondió que sin más, como siempre, solo era su prima.
-Sí, es preciosa, muy inteligente y la mejor bruja que conozco, pero está muy perturbada… Se aburre enseguida de todo, es muy inestable, le gusta hacer el loco y no le importan las consecuencias de nada, hace y dice cosas absurdas sin parar…
-¡Vaya, Canuto! –exclamó James admirado- Nunca había oído una descripción tan precisa de ti mismo.
Tras esa declaración, se marchó con su familia.
Sirius no esperaba volver a verlos tan pronto, pero dos días después los Potter llamaron a su puerta. Iban muy engalanados: James con una túnica de ceremonia, Lily con un vestido que parecía muy caro en comparación con sus gustos habituales y Harry con un pequeño traje a juego con el de su padre.
-¿A dónde vais así de emperifollados? ¿A pedir un préstamo a Gringotts? –se rió Sirius.
-No. Vamos a la fiesta de Navidad de los Malfoy –declaró James con una mirada de odio.
-Ah, no sabía que os habían invitado… Pasadlo bien, yo antes lamo a un duende que ir a una de esas fiestas de snobs estirados.
-Ya puedes ir eligiendo duende porque ese "Vamos" te incluye. Todo esto es culpa tuya, Canuto. No sé qué hablaste con nuestro hijo pero ahora (con el valor y la arrogancia del gryffindor que será al año que viene) Harry ha declarado que es "hombresexual". Y que Draco es su novio y tenemos que ir a la fiesta para conocer a sus padres.
Sirius se echó a reír. No creyó que Harry le escucharía, pero al parecer lo hizo. A sus padres no les causó gracia.
-No le dije nada malo. Solo le expliqué que está bien que le gusten los chicos y…
-¡Tiene diez años, Sirius! –le reprochó Lily- ¡No todo el mundo va tan salido como tú!
-¡Eh! –protestó él- ¡Tenéis dar gracias de que hablase yo con él! El pobre Draco no tuvo tanta suerte…
-Sí, lo que tú digas –le cortó James-. Vístete porque vas a venir. Lily y yo no vamos a enfrentarnos solos a los Malfoy.
-Con Lucius seguro que podemos, es un blandengue, pero Narcissa me da miedo –apuntó Lily-. ¡Venga, Sirius, vístete o te arrastramos en pijama!
Como paradójicamente a él le daba miedo Lily, obedeció. No le costó ni diez minutos: con su belleza y elegancia natural todo le sentaba perfecto. O eso juzgaba él. En cuanto pusieron un pie en la Mansión Malfoy comprobó que todo el mundo había sacado sus mejores galas y habían llamado a sus peluqueros particulares. Aunque no pudo admirar mucho el ambiente porque una furibunda Narcissa Malfoy caminó hacia ellos todo lo deprisa que el buen gusto permitía. A su zaga iba Draco bastante nervioso.
-¡Lucius! ¡Lucius, ven aquí! –llamó a su marido- ¡Deja de gimotear, por Circe, esto es peor que lo de tu calv…!
-¡No lo digas en voz alta! –chilló Lucius horrorizado.
El patriarca de los Malfoy llevaba un extraño tocado (probablemente de su mujer) que cubría su rubia cabellera. No había logrado reparar el destrozo causado por su pavo real. A James y a Sirius les costó mucho aguantar la risa.
-Mi hijo dice que os ha invitado… -empezó Narcissa con frialdad- Pero creí que tendríais la gentileza de no asistir. Lo respetamos todo, claro –comentó mirando a Lily con desdén-, pero nuestros amigos no son tan abiertos de mente y no queremos que nos relacionen con… cierta gente. Aunque nuestros hijos sean amigos…
Sin que nadie pudiera frenarlo, Harry se adelantó con ímpetu y declaró:
-¡No somos amigos, somos novios! Y cuando seamos mayores nos casaremos. Y como tendré mucho dinero porque somos ricos le compraré a Draco toda esta mansión y tres más. Y también un basilisco para tenerlo de perro guardián.
Ante semejante declaración de amor (y sobre todo ante la mención de sus futuros regalos), Draco reunió un valor que no tenía y respondió: "¡Es verdad!". No añadió más –demasiado esfuerzo habían supuesto esas dos palabras-, pero se separó de su madre y se colocó junto a Harry. La imagen resultaba muy adorable y bastante cómica, pero no todos los implicados pensaban lo mismo.
Antes de que se matasen entre ellos, Sirius dejó de prestar atención. Había descubierto a su prima al otro lado de la sala. Llevaba un vestido azul eléctrico que se adaptaba a su figura de una forma tan perfecta que Sirius consideró que debería ser ilegal. Llevaba la espalda descubierta y el pelo recogido en un moño desestructurado que dejaba mechones sueltos, lo que permitía comprobar que el tatuaje ya se había curado. De hecho, probablemente la elección del vestido se debía a que era del mismo tono que los ojos del dragón.
Se acercó a ella sin ser consciente, como un escarbato atraído por el oro. No fue nada fácil: estaba rodeada por un montón de gente. Hombres en su mayoría. Sirius los reconoció: eran compañeros suyos, de Slytherin y sangre pura. A diferencia de él, en el colegio Bellatrix no fue nada popular, la consideraban rara y peligrosa. Sin embargo cuando se convirtió en una duelista de talla mundial, hasta quienes la insultaban en Hogwarts le pidieron fotos firmadas.
-Venga, Bella, ¡tres dragones y dos castillos! –exclamó Rabastan Lestrange.
-Cinco serpientes cornudas y una mansión en la Toscana –propuso Dolohov.
-Un palacio bajo el lago Titicaca, no habrás visto cosa igual –aseguró Mulciber.
-¡Por Salazar, para qué quiere un estúpido lago si puede tener TRES dragones! –insistía Rabastan- Y sumo además las joyas labradas por duendes de nuestra familia.
Bellatrix reía, sorbía champan con delicadeza y les dedicaba miradas coquetas. Junto a ella, Rodolphus se aseguraba de que su copa no estuviese vacía.
-¿De qué habláis? –preguntó Sirius.
-Ofertas de matrimonio –comentó Rodolphus-. Pero nuestra Bella no se decide.
Sirius apretó tan fuerte la copa entre sus dedos que el cristal estalló. El ruido sacó a la bruja de su ensoñación y reparó por fin en él.
-¡Siriusín! –exclamó abrazándolo- ¡No creí que vinieras! Yo no quería, me ha obligado Cissy.
Su primo murmuró que a él los Potter también le habían arrastrado, pero ella apenas le escuchaba: sus pretendientes seguían aumentando las pujas para conseguir su mano. Cuando terminó el abrazo y ese fue todo el contacto entre ellos, Sirius se sintió compungido porque faltaba algo. Entonces, sin mirarle, la bruja deslizó la mano por su espalda y comentó: "Qué buen culo tienes". El mago suspiró aliviado, todo en orden.
Pero entonces Rodolphus presumió de bíceps y Bellatrix le tocó el brazo con excesivo cariño. Luego pasaron a admirar los abdominales de Dolohov y la bruja se mordió el labio inferior con expresión juguetona. Sirius apretó los puños. Sospechaba que Bellatrix solo pretendía tomarles el pelo y no quería nada con ninguno. Probablemente llevaban años con esos juegos. Pero aún así no le hacía ninguna gracia.
"Igual sí que siento algo por mi prima…" pensó con angustia. Observó la forma en que brillaban sus ojos cuando sonreía, cómo se mordía el meñique para contener las carcajadas y la manera en que su tono de voz sonaba a la vez burlón y sensual. Intentó hablar con ella a solas pero fue imposible. A lo que se dio cuenta, Rodolphus la había sacado a bailar. Malhumorado, Sirius salió al balcón a que le diera el aire. Contempló los parajes agrestes que rodeaban la mansión Malfoy, no estaba nada mal aquel lugar… Después se giró y descubrió a James y a Lily bailando juntos y sonrientes. También a los Malfoy mientras Harry y Draco correteaban felices por la sala. Debían haber llegado a un acuerdo por el bien de los niños.
-No es justo que el estúpido de Malfoy tenga a alguien que le aguante a todas horas y yo no –masculló con rabia.
Se giró de nuevo para dar la espalda a esa visión. Adoraba a sus amigos, pero sus vidas habían avanzado mucho y la suya no. Claro que amaba su estilo de vida de soltero y desde luego no quería hijos, con ser el tito guay de Harry tenía de sobra. Pero aún así… Justo esa noche, por primera vez, se lo estaba replanteando. Estaría bien tener a alguien con quien viajar y hacer el loco juntos…
-Puedo presentarte a quien quieras –susurró una voz en su oído abrazándole por la espalda-. Hay varias chicas solteras que no están nada mal (aunque no tan bien como la muggle sexy de tu pared) y son de sangre pura.
-Eres muy racista, Bella.
-No. Sería racista si armara un grupo extremista de magos y brujas para limpiar el mundo mágico… Y no lo he hecho. Tengo gente dispuesta a ello y un par de ideas… ¡pero no lo he hecho, soy un ser de luz! Además, no hace falta que te cases, con echar un polvo creo que ya te sentirás más feliz.
-Lo dudo. Temo que este va a ser todo el sexo que tenga esta noche –sonrió él sintiendo el cuerpo de su prima sobre su espalda.
-Entonces disfrutémoslo –susurró ella pegándose más a él, abrazándolo e introduciendo las manos bajo su túnica para acariciar su torso.
Sirius cerró los ojos y disfrutó de la sensación unos segundos. Pero enseguida tuvo que frenarla:
-Para. No quiero tener que volver a pensar en Snape desnudo.
Su prima profirió una carcajada pero no se separó. Así que él se giró, la cogió de la mano y murmuró: "Ven, vamos a bailar". Normalmente detestaba bailar, pero si eso le permitía acariciar la cintura de su prima… valdría la pena. Y así lo hizo. Bailaron juntos sin preocuparse de nada más. Bellatrix le miraba con una amplia sonrisa y ojos brillantes.
-Una casa de la noble y ancestral familia Black, un hipogrifo que me conseguirá Hagrid y una moto voladora única en el mundo –declaró Sirius.
-¿Qué? –preguntó ella desconcertada.
-Mi oferta de matrimonio. Sé que tengo menos dinero que tus amigos porque mis padres le dejaron todo a Reggie y solo tengo la herencia de Alphard… Pero soy más guapo que todos ellos, más parecido a ti y lo mejor de todo es que mi ropa interior combina con mis calcetines.
Bellatrix le miraba con la boca a medio abrir. Parecía genuinamente sorprendida. Sirius aclaró que lo del matrimonio era una exageración, aún eran muy jóvenes para ello, pero sí que deberían estar juntos porque serían la mejor pareja del mundo. Por primera vez, su prima dispersó la fachada de locura y despreocupación y fue sincera:
-No sé, Sirius, nunca lo había pensado en serio… -respondió abrumada- No me había planteado casarme ni tener nada serio con nadie, con la vida que llevo…
-¿De verdad? Pero si siempre eres muy cariñosa conmigo y bromeas y…
La bruja dudo unos segundos, decidiendo si podía confiarle los traumas que solo hablaba con su sanadora de almas; a la que acudía únicamente porque era un requisito fundamental para competir en la Liga de Duelo, debían garantizar que nadie competía con propósitos asesinos o autolesivos. La respuesta que le dieron todas las voces de su cabeza fue unánime: claro que podía confiar en Sirius.
-Bueno… Como de pequeña nunca tuve amigos y mis padres siempre prefirieron a mis hermanas (solo porque ellas están menos trastornadas, ya ves tú) tengo graves carencias afectivas. Así que ahora soy excesivamente cariñosa con todo el que me presta algo atención…
Sirius asintió lentamente sabiendo lo que le habría costado confesar eso. Aún así, la confianza no hizo que doliera menos.
-¿Tanto como conmigo? –preguntó él intentando no sonar apenado- ¿A todo el mundo le dices que tiene buen culo y les dejas darte crema en la espalda?
Bellatrix dibujó una suave sonrisa y le acarició el rostro.
-A todos no… Tú eres el mejor, Siriusín, tú estabas conmigo cuando nadie más lo estuvo. Aunque fuese para insultarnos y hacernos bromas… tú estabas ahí. Fuiste lo que mi sanadora llama "Mi único nexo con la realidad".
-¿Le has hablado de mí a tu sanadora? –preguntó sonriendo.
-¡Claro! Al principio creyó que eras un amigo imaginario… Tuve que enseñarle la revista Corazón de Bruja para que comprobase que existes. Quiere un autógrafo tuyo, por cierto.
Sirius la abrazó con fuerza. Iba a responder que para él siempre fue especial y que quería que lo fuese todavía más. Que le encantaría viajar con ella e incluso podían participar juntos en la modalidad de duelo por parejas de los campeonatos. También ansiaba conocer a Saiph, el dragón que se había tatuado. Pero como todo eso podía esperar, la besó.
La bruja se quedó paralizada, tomada por sorpresa de nuevo, sin saber cómo responder. Sin separar sus labios, Sirius le cogió las manos que tenía sobre sus hombros y las bajó hasta su trasero. Al sentirse en terreno conocido Bellatrix ganó confianza y le besó también con ganas. Estaban tan absortos en la euforia que aquello les estaba provocando que no escucharon a los pretendientes de Bellatrix gruñir con fastidio; tampoco a quienes suspiraban por Sirius. Los Malfoy los contemplaban con la mandíbula desencajada (y en el caso de Lucius con el pelo también), James sonreía con suficiencia y Lily no sabía si sentirse feliz o preocupada por su amigo.
-¡Oh, no! –exclamó Draco cuando los vio- ¿Si nuestros padrinos se casan seremos familia? ¡Entonces nosotros no podremos casarnos!
Harry lo pensó dubitativo. Antes de que llegase a una conclusión, con espíritu de Slytherin, Draco decidió:
-Tenemos que casarnos antes que ellos, es la única forma.
-¡De acuerdo! Nos fugaremos –sentenció Harry.
Nadie les prestó atención cuando se escabulleron de la sala.
-Bella –masculló Narcissa intentando mantener la sonrisa impostada para los espectadores-, me prometiste que no montarías ningún número en mi fiesta.
-¡Y ahora qué he hecho! –protestó su hermana.
La rubia abrió los ojos y los miró a los dos con un gesto tan significativo que no hicieron falta palabras. Bellatrix no se achantó:
-Llevas años diciéndome que debería casarme para mantener el estatus. Pues ya está, me casaré con…
-¡Con Rodolphus, Bellatrix, me refería a Rodolphus! –exclamó su hermana intentando no alzar la voz- O con Rabastan, me da igual, el asunto es unirnos a los Lestrange. Con los Black ya tenemos lazos de sobra, seríamos más poderosas si…
-Habla por ti. Es casi imposible que yo sea más poderosa de lo que ya soy –se jactó la morena.
-¡Esa es mi Bella! –exclamó Sirius orgulloso- Y ahora que sé que tú no quieres, aún siento más ganas de casarme con ella. Pero de todas maneras tienes problemas más grandes, Cissa… por ejemplo, ¿dónde está tu hijo?
-Está justo…
Draco no estaba. Y a juzgar por la expresión de los Potter, Harry tampoco. Los Malfoy y los Potter abandonaron de inmediato el salón de baile para buscarlos. Los Black lo hicieron también pero sin dejar de besuquearse y meterse mano. Ya en los jardines, Lucius exclamó eufórico:
-¡AHÍ ESTÁ!
-¡¿Dónde?! –exclamó Lily mirando en la dirección que corría el rubio- Eso es un pavo real…
Efectivamente, era Evaristo, el pavo real que todavía llevaba en su pico un dorado mechón de Lucius. Olvidando por completo a su familia, Lucius salió en su persecución para intentar recuperarlo. Por la expresión burlona que lucía el animal, todos apostaron por él.
-Necesito el divorcio –suspiró Narcissa.
-¡Perfecto! –exclamó Bellatrix- Así puedes casarte con Rod o Rabastan y estrechar lazos con quien quieras.
-Oye, ¿esos renacuajos enganchados a la verja no son vuestros críos? –inquirió Sirius.
Efectivamente, intentando –sin ningún éxito- trepar por la verja de salida de la mansión estaban Harry y Draco. Los Potter y Narcissa corrieron hacia ellos. Bellatrix y Sirius siguieron besándose ajenos a la bronca que les estaba cayendo a los niños y al ridículo que estaba haciendo Lucius al huir de Evaristo que ahora le perseguía a él.
-¿No ves que Sirius no es familia de sangre tuya? –inquirió Lily que en un momento muy surrealista de su vida le estaba explicando a su hijo por qué sí podría casarse con el heredero de los Malfoy- Que tampoco es que eso importe en estas estirpes… Pero en cualquier caso Draco y tú no sois familia próxima, sí que podréis…
-Bueno, ya veremos lo que podrán –la cortó Narcissa-, que son solo unos niños.
-Pero Sirius siempre dice que es mi tito guay –insistió Harry-, me da cinco galeones a la semana a cambio de que declare que le quiero más que a vosotros.
Draco abrió mucho los ojos intentando calcular la fortuna que debía tener su joven prometido. Por desgracia, los Potter adultos no estaban tan satisfechos con los negocios de su hijo…
-¡SIRIUS, VEN AQUÍ! –bramó James.
Los Black entendieron que era el momento de huir. Bellatrix le abrazó, le miró a los ojos y le preguntó con una inmensa sonrisa:
-¿Quieres ir a ver dragones?
-Contigo al fin del mundo.
Y así fue. Cuando diez años después Draco y Harry fueron fieles a sus promesas de la infancia y se casaron, Bellatrix y Sirius asistieron a la ceremonia con media docena de dragones bebé que habían adoptado. Los Black fueron durante décadas campeones de duelo a nivel mundial, la pareja más sexy del universo mágico (para disgusto de Lucius) y jamás dejaron de reír y disfrutar de su adorable locura.
