Mientras volvían al castillo, montados en los caballos, Zelda no pudo evitar observar el semblante de su acompañante. Sabía que estaba enfadado aunque lo intentara ocultar, y en parte se sentía aliviada de no ser ella la causante, pero por otra se sentía culpable de haberlo traído al poblado. Gracias a una puntual salida con la que no contó, pudo observar de lejos la situación:

Link se encontraba en el centro de la plaza del poblado. Tenía la mirada fija en el horizonte, como sabiendo que de allí iba a salir alguien. Como si se diera cuenta, la figura del orni se posó delante de él tras una de esas complicadas piruetas. Lo miró con aires de superioridad.

—No ha estado mal, ¿eh? Nadie de este poblado puede crear corrientes de aire ascendentes, y aún menos como las mías. Son todo un prodigio. Cuando Ganon ataque, me convertiré en el elemento clave si se disputa una batalla aérea. Pero no, todos se empeñan en que te apoye porque la patética Espada destructora del Mal te eligió. Estúpido muchacho engreído –lo miró con ironía –Vaya… ¿Acaso he herido tus sentimientos? ¿Te ha mordido la lengua el gato? ¿Quieres pelear? Porque conozco el lugar apropiado para ello –señaló a Vah Medoh, pero luego volvió a adoptar su pose chulita –Ay, que idiota… que los hylianos no pueden volar… te las tendrás que apañar tú solo.

Tras eso, soltó una carcajada mientras invocaba una corriente de aire y, con un último salto, echaba a volar hacia su destino. Link se retiró, y pese a mostrarse de nuevo indiferente, por dentro ardía de ira.

—Siento haberte traído hasta aquí. Era necesario… pero no esperaba que Revali te tratara así. En cuanto me sea posible, hablaré con él –habló ella después de un rato, apenada. Link la miró, ligeramente sorprendido.

—Da igual. No es necesario que se moleste por alguien como yo –respondió con tranquilidad, aunque secamente en el fondo. Ella sintió una gran punzada de culpabilidad y apretó los puños. Necesitaba pedirle disculpas por su comportamiento de hace dos días, pero no podía. Aún le ardía el dolor de la comparación, y su orgullo afectaba en parte a que no lo hiciera.

—No, he de hacerlo. Por mucho que te odie debe hacerlo –replicó con voz apagada. Link la miró, y, aunque no soportara su inmaduro comportamiento, sintió pena por la impotencia con la que hablaba. Pero sabía que no debía acercarse más de lo necesario, y es por ello por lo que asintió. Miró de nuevo hacia delante, en concreto hacia aquel castillo que cada vez quedaba más cerca. Por petición de ella, pararon a descansar –Padre me va a echar la bronca. No sé en qué fallo.

Esas palabras susurradas llegaron a oídos de su escolta. "Si cuido de ella… ¿por qué no voy y la consuelo? ¿No sería lo correcto?", pensaba. Quizás se retenía porque no quería que le gritara, o incluso porque estaban aún enfadado con su actitud. Soltó un suspiro mientras acariciaba el filo de su espada con suavidad, ligeramente reconfortado por la pureza que esta desprendía. Levantó súbitamente la vista al sentirla levantarse –vámonos. Si nos quedamos más, Padre nos va a echar la bronca.

oOoOoOo

—¿Has estado meditando?

Ni hola, ni qué tal, ni si Revali entendió cómo pilotar a Medoh. Ese fue el recibimiento más frío que el joven había escuchado en toda su vida. Rhoam los había estado esperando con expresión severa en la entrada del castillo. Zelda apretó los labios, y su padre estaba a punto de echarle la bronca, mas el muchacho lo interrumpió:

—Lamento la interrupción, Majestad, pero he de aclarar que las fuentes estaban congeladas y las temperaturas no eran aptas para hacerlo.

El rey miró al chico con sorpresa. No era habitual que un caballero del rango de Link hiciera eso. Musitó un "está bien".

—Majestad –interrumpió la voz de Prunia, quien se estaba acercando a los tres –necesito notificar a su hija de una noticia muy importante. ¿Me la puedo llevar?

—Sí –concedió, para luego mirarla con firmeza –pero luego debes irte a rezar en lo que queda de día. Dentro de poco también tendréis que viajar a la región de las gerudo durante varios días para ayudar a Urbosa, y también has de aprobar ciertas cosas que ella solicitó. Podéis retiraros.

oOoOoOo

—¿Qué pasa, Prunia? –preguntó Zelda nada más ingresar en el laboratorio. La sheikah la miró con agotamiento.

—Ayer me pasé toda la noche investigando y experimentando. Observa –con eso, tomó un guardián en miniatura y un frasco de un líquido rojo. Zelda arrugó la nariz en una mueca de asco al descubrir de qué se trataba –Sí. Hace unos días mandé a tu escolta a derrotar a un centaleón que merodeaba cerca, y de paso que me trajera un poco de su sangre. Aunque me gustaría contar lo impresionada que estaba de la rapidez con la que volvió y de que parecía estar ileso, no estamos para eso. Voy a activarlo.

Prunia tomó entre sus manos a la figura y le dió un toque en la cabeza. El guardián se activó y examinó a sus alrededores.

—Ahora ves que está en nuestro poder, ¿no? –prosiguió. La joven asintió mientras tomaba asiento y veía cómo la sheikah lo encerraba en una jaula de magia ancestral. Abrió la tapa de la botella, y un olor nauseabundo invadió el cuarto –pues si le echamos un poco de sangre de centaleón…

Abrió una tapa que había arriba y derramó un poco de la sustancia. Después la cerró y ambas esperaron. Segundos después, Zelda vio con sorpresa cómo el guardián cambiaba de color a uno rojizo. Las miró y apuntó con su rayo, pero este tropezó con el cristal y acabó impactando en él mismo.

—Ha cambiado drásticamente –señaló la princesa –es como… si esa sangre lo volviera loco.

—No los vuelve locos –la corrigió Prunia mientras abría su cuaderno y repasaba sus apuntes –yo también pensé eso en un principio, pero hice unos análisis y descubrí una cosa: la mayor parte de su sangre está compuesta por malicia, por oscuridad. Todo parece indicar que hay parte de la esencia de Ganon en estas criaturas, y su magia permite hacerse con ellos. Le hablé de esto a tu padre, pero no me hizo ni caso.

—Si las cosas fueran así –dijo Zelda en voz alta mientras apuntaba los descubrimientos –podríamos estar en peligro. Si los guardianes son muy influenciables, pueden ser utilizados por cualquiera.

—Cierto –afirmó –Por eso no nos podemos permitir apoyarnos únicamente en los guardianes y en las bestias divinas. Tenemos que buscar más aliados que apoyen a los elegidos, ya que Link no puede hacerlo todo solo. Él está destinado a enfrentarse cara a cara con Ganon, pero la responsabilidad sería demasiada para él. Aprovecharemos tu estancia en los diferentes territorios de las tribus (ya hablaremos con Revali) para armar un plan B a espaldas de tu padre. Por mucho que te duela mentirle a Rhoam, es nuestra única opción.

Tras oír esas palabras, el semblante de la muchacha se oscureció. El dolor la recorría de nuevo. Recordar que ella aún tenía que despertar sus poderes hacía que perdiera toda la ilusión y la confianza en sí misma. Sobre todo agregando el "factor Link".

—Sólo espero estar preparada para cuando llegue el momento –dijo mirando su mano con desconfianza. Prunia resopló, y posó sus manos sobre los hombros de Zelda.

—Confía en tí. Todos lo hacemos –después de eso, abrió la puerta del laboratorio, pero se quedó parada con gesto pensativo. Unos segundos más tarde se giró, y la miró con pena –no quiero que te enfades, pero deberías dejar tu orgullo a un lado para esto. Por favor, piénsalo.

—Es más difícil de lo que crees –musitó cuando se quedó sola. Cerró su cuaderno de investigaciones y apretó el pomo de la puerta –es hora… de volver a la rutina.

oOoOoOo

—Tío, ¿dónde narices te habías metido? Durante dos días, al acabar los entrenamientos, te estuve buscando como un loco.

Link se sorprendió al escuchar la voz de su amigo a sus espaldas. Iba a entrar en su habitación para dejar sus cosas, pero cuál fue su sorpresa al encontrarlo allí, escondido entre las columnas, esperando. Lo miró con pena.

—Lo siento. Cuando me despedí de tí, la princesa me comunicó que debíamos realizar un viaje de última hora a la región de los orni. Dentro de unos pocos días debemos viajar a la región de las gerudo –le explicó. Una pequeña sonrisa maliciosa se adueñó del rostro de su amigo.

—Supongo que ya habrás aprovechado el hecho de que estábais solos durante un día y lejos del rey, ¿no? –Link no rió ni le pegó, simplemente lo miró con mucha seriedad. Negó con la cabeza.

—Nadie debe decir esas cosas de su alteza real, Mathieu. Espero que pronto corrijas tu actitud. Además, te recuerdo que estamos en los pasillos, un lugar público donde hasta las mismísimas paredes tienen oídos. Aquí sabes que debes tratarme como corresponde a los elegidos: con formalidad. En un ámbito más privado sabes que puedes tutearme –le espetó con frialdad, cosa que lo dejó completamente descolocado. Link penetró en su habitación y cerró la puerta, susurrando con mayor cordialidad un "nos vemos luego".

—Vaya… una semana es suficiente para cambiar drásticamente la actitud de alguien. ¿Por qué tengo la sensación de que ya no confía en mí? –murmuró mientras marchaba. Escuchaba siempre a sus compañeros decir que "una amistad con Link es complicada, y más cuando se le sube el ego con eso de ser un elegido". Su amigo no era así, ¿o sí? Sólo sabía que iba a luchar por recuperar la confianza, que, sin quererlo, una ceremonia destruyó.

oOoOoOo

—A ver… y ya que estamos solos, ¿qué es lo que quieres saber? –le preguntó Link. Ambos se encontraban en la habitación del soldado después de que el elegido ya colocara todo en su sitio. Intuía que Mathieu le quería preguntar algo, y no estaba dispuesto a esperar.

—¿Te ha sido provechoso el viaje? En el buen sentido –formuló al fin, apresurándose a añadir aquello antes de que él lo mirara mal. El muchacho resopló.

—Si te soy sincero, no. El elegido de los orni es un pájaro despreciable con demasiado ego muchísima envidia –le contestó con aparente indiferencia. Mathieu arqueó una ceja mientras lo miraba con preocupación.

—Tío, hay veces que me pregunto qué fue lo que te motivó a convertirte en elegido. Fue todo tan apurado... Parece que fuera ayer cuando aún compartías habitación conmigo, nos echábamos muchas risas y eras soldado. El mejor, pero un soldado, al fin y al cabo. Pero de sopetón, eres el elegido por las Diosas, un chaval frío y distante –protestó sin atreverse a mirarlo. Link resopló.

—Son demasiadas cosas, ¿vale? Mi espada, el valor que poseo… esta era la oportunidad de mi vida. Aún así, hice lo que mi instinto me pedía –respondió con un poco de sequedad. Para tratar de aliviar la tensión del ambiente, Mathieu cambió de estrategia.

—Vale, entiendo… –dijo, tratando de contener la risa –pero algo que no cambia es el efecto que tienes en las mujeres.

—No, por favor… –rogó Link, molesto. El día anterior al viaje, el rey había despedido a dos doncellas. Éstas eran unas jovencitas que se dedicaban en cuerpo y alma a espiarlo. Hasta se podía jurar que hicieron un horario a partir de los hábitos del joven para saber cuándo es mejor seguirle. Por supuesto, el elegido no era estúpido, y cada día le molestaba más los controles que ejercían sobre él. Harto, aprovechó un rato libre para ir a hablar con el rey y comunicarle lo ocurrido. Cabe destacar que ahora las mujeres le rehuían un poco

—Sí, tío. ¿Te imaginas que hasta la mismísima princesa de Hyrule cayera en tus redes? Sería algo épico –habló su amigo. Link lo miró con cara de "¿te has vuelto loco?" –¿apostamos? Porque creo que voy a ganar.

—Ni de broma –comentó él, bastante molesto –le estás faltando el respeto. ¿Cómo una princesa de ese calibre se va a enamorar de mí? Por las Diosas, lo que me faltaba.

Dicho esto, abandonó la habitación de Mathieu. Éste se quedó en su sitio, riendo. "Es tan inocente. Las princesas son su especialidad", se dijo a sí mismo mientras se levantaba y conducía sus pasos al baño.

Por supuesto, y como si fuera cosa del destino, Link se topó con Zelda mientras se iba a su habitación. Mientras pasaba, los verdes ojos de la muchacha se posaron en él con mucha pena. Se iba a parar y preguntarle qué le pasaba, pero en el último momento desechó la idea.

—Primero enfadada, luego triste. No la entiendo. De verdad que no –musitó cuando ya nadie le podía oír.