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Las alas de la discordia

Royal Woods, Michigan

2 de junio de 2034

10:43 am

El estacionamiento del centro comercial

Han pasado algunas semanas desde que Lincoln volvió de Alaska. No entiende cómo demonios Luan accedió a que él se quedara en casa, pero lo que es un hecho es que cierta fama le precede.

Le cuesta un poco admitir que el tiempo que estuvo en el helado norte le hizo bien. De ser heterosexual, no habría dudado en invitarle un café y de ahí al hotel, pero el problema es precisamente su orientación. Antes dejaría que Luan beba el jugo Futa de un mes y le de toda una semana estando atada y esposada a las esquinas de la cama que permitirle acercarse un poco por las noches.

No es que él no tenga necesidad de trabajar. Por ahora, su cuñado se está quedando con ellas hasta encontrar algo para sí y para asegurarse de que su inversión empiece a rendir sus frutos. Uno se preguntaría por qué, a lo que él respondería sin dudar que está viendo la forma de ampliar el rubro de Negocios Graciosos a la organización y animación de eventos.

En cuanto a qué les trae al centro comercial, es simple. Con el dinero contado, Maggie estaba decidida a comprar algo para el cumpleaños de su cónyuge, y Lincoln solo estaba para verse con alguien que, empieza a pensar, le está dejando plantado.

-¿No se suponía que fuiste el "galanazo" de tu generación en la preparatoria? -cuestionó sarcástica Maggie.

-Dije que algunas chicas babeaban por mi -contestó Lincoln, arreglando un poco sus agujetas-. Desde ese incidente mi reputación me precede.

-Lincoln, repite después de mi -espetó la mujer tomando a su cuñado por la cara y haciendo que la mire a los ojos-. Im-bécil.

-¿Por qué lo dices?

-Porque tú eres el único al que se le ocurriría llevar a un show de motocross a su cita el primer día de su periodo -enlista Maggie, avanzando a la entrada-, le da una camiseta apestosa para que se oculte y discute con ella antes de mandarla al basurero.

-El idiota que me dio esas entradas estaba seguro de que a ella le gustaba el motocross -excusó Lincoln, yendo tras su cuñada.

-¿A cuántas chicas conoces que les gusten las motocicletas?

-A…

-Sin contar a tus hermanas, a Stella o a esa rubia, Rosado o como se llame.

-Ah…

-No me respondas a esa pregunta -cortó Maggie-. ¿Vas a quedarte esperando a tu cita?

-Dijo que llegaba a las diez y media -apuntó Lincoln.

-Por lo menos te dio motivo para que no solo salgas los fines de semana.

-¿Tendremos esta conversación otra vez? -cuestionó el peliblanco, molestándola un poco.

-Ni de chiste.

Dejando la conversación de lado, ambos entraron al edificio.

~o~

Casi al mismo tiempo, aunque en un lugar por completo diferente, Lois se encuentra pasando su descanso en la cafetería resolviendo una tarea de Literatura. Por lo menos agradece que ya están en época de exámenes finales, y con su ensayo acerca de La Eneida listo, los únicos problemas que tiene en mente son evitar a Rhonda por lo menos hasta la salida y jugarle una broma para nada inofensiva a Mina por haber escondido su teléfono a instancias de Kaede cuando Axel se agachó y desgarró el pantalón.

Con todo, es obvio que ya tiene el regalo de su madre. Aunque aprecia las flores de broma, llegó a la conclusión de que este año tiene que variar. Dejó encargado a una conocida de su tío un pequeño pay de crema de plátano con hojas de menta y uva negra sin semilla como decoración, lo que significaría otro cumpleaños exitoso.

¿El tarro de café cuando tenía siete? ¿La camiseta con enormes senos de goma que el tío Roberto le consiguió de su viaje a México? Poca cosa, en realidad. Siente que el pay será perfecto, aunque…

-¿Qué quieres? -cuestionó Heather, cargando sus libros- Tuve que dejar mis apuntes en el casillero.

-¿Tienes el apunte de Salter? -pidió Lois, algo distraída por lo ya expuesto.

-Me pasaste el de hoy antes de gimnasia -responde Heather-. ¿Qué tienes?

-Sabes que mamá cumple años este fin de semana.

-Oh, ¿problemas de regalo?

-Las flores de broma ya son algo gastado -meditó la bromista en voz alta-, y seguro que mis tíos le tienen algo especial. Treinta y dos años en una familia enorme es siempre un dolor de trasero.

-Prueba a darle chocolate amargo -planteó la intelectual.

-Leni lo intentó el año pasado y no le tocó ni la envoltura.

-¿Qué tal flores reales?

-Creerá que son las mismas flores de broma.

-¿Cena en un restaurante?

-Lucy.

-¿Un conejo?

-Lana.

-¡Perfume!

-Luna, Lily y Lola.

-¿Una cena?

-El abuelo y ma-Maggie.

-¿Desayuno en la cama?

-Ni me lo recuerdes…

~x~

Con nueve años, Lois había pensado que las historias del tío Lincoln sobre aquellos desayunos multitudinarios eran una buena idea para repetir. Lo que no tomó en cuenta fue que ninguna de sus madres tomó en serio su idea, así que recurrió a la idea más confiable que tenía a la mano. Visitar un canal de videos de cocina con recetas inspiradas en shows de televisión clásicos.

Por desgracia, el resultado fue desastroso, no solo porque fue su primera vez en la cocina, sino en un festivo familiar grande.

-¿Qué diablos le pusiste? -cuestionó Maggie, apenas probó esa cosa que prometían ser waffles.

-Caramelos suaves, masa para waffles, humo líquido…

-Y pensaste que sería buena idea no llamar a nadie -asume Luan.

-No pensé que fuera tan mala idea -respondió Lois, nerviosa.

-Tienes prohibida la cocina hasta nuevo aviso -sentencia Maggie, luego de dar un bocado y encontrar un cabello moreno que sintió con la lengua..

-Tendría un chiste para esto, pero no me supo nada bien -secundó Luan, recibiendo una risa de Lois-. No es un chiste.

-Rayos -maldijo Lois, resignada a tener que romper su cochinito para ordenar el desayuno.

~x~

-No vuelvo a visitar ese canal de YouTube desde entonces -concluyó Lois, masticando un poco la goma de su lápiz.

-¿Quién usa humo líquido para unos waffles? -cuestionó Heather de nuevo, incrédula.

-Alguien con evidente retraso mental -dijo tras ellas la voz de Rhonda.

Volteando, vieron que la chica estaba sola. Tal frase parecía salida de la retorcida mente de un escritor de novelas juveniles, aunque la dueña de esta iba a la barra. Con su usual pantalón rasgado y chaqueta en tonos grises oscuros, a esta no le importaba tener que buscar pleito con una de las dos personas a las que un buen número de estudiantes desea evitar en su día a día.

-Eres mejor que esto -externó Heather, sujetando a Lois por la blusa.

-¿Quieres olvidarte de ella? -pidió esta.

-Entonces…

-No pienso recurrir al tío Lincoln -dijo contundente Lois.

-No iba a sugerir eso -se excusa Heather.

-Se suponía que él y ma-Maggie irían al centro comercial cada quién por su cuenta.

-¿Ya viste qué le regalará tu tío?

-Desayuno a la cama y un teléfono.

-Con algo así no se discute -dijo resignada Heather.

-¿Crees que algo así de complicado sea discutido? -preguntó Lois al revisar su teléfono para ver la hora.

-No lo sé. ¿Qué planeabas antes de la salida?

-¿Por dónde están Mina y Kaede? -preguntó de nuevo Lois.

-En los postres -responde Heather-. ¿Por qué preguntas.

-Tres… dos…

Con aquella cuenta, Heather tomó la charola de Lois para cubrirse de lo que pudiera resultar una explosiva mezcolanza de natilla de vainilla, pudín de chocolate de marca genérica y pedacitos de fresa, plátano, durazno y moras con crema.

Nada de eso. En su lugar, la máquina de bebidas al lado estalló, dejando que lo mismo chorrearan a borbotones jugos, gaseosas y agua sobre el pecho de Mina. Los chillidos, gritos y quejidos de las afectadas llamaron la atención de algunos compañeros y maestros.

-¿Sabes cómo salir de esa? -cuestionó Heather.

-Es Mina. Sabes que ella no olvidaría su cabeza si no estuviera pegada a su cuello -responde burlona Lois-. No necesito chivo expiatorio.

-O tal vez -tercia la voz de cierto maestro tras ambas- necesitas replantear tus "bromitas", Loud.

-Me lleva -maldijo Lois por lo bajo.

-La quiero ver en detención antes de salir, Loud -condenó Benny con molestia evidente.

-Supongo que te veré después en casa -se despide Heather.

-Y usted también, Hills -añadió el docente-. Cierta estudiante dejó un desastre en el sanitario.

-No es mi culpa que el director compre papel barato.

-Tampoco es mi culpa que haya malgastado ese papel en aras de su proyecto de ciencias -remató Benny antes de irse mascullando-. Capacidad de desintegración del papel sanitario… ¡qué tontería!

-¿En tu casa para terminar el proyecto de biología? -sugirió Heather.

-No creo que vaya nadie -consideró Lois-. Mis abuelos pensaban en visitar a la amargada de Lori

Con el tiempo sobrante para ir a la clase de Historia, Lois está plenamente segura de que nadie visitaría a su madre este fin de semana, le toque pasar por algo vergonzoso o que alguien haga algo inesperado.

~o~

La tienda de tatuajes y perforaciones Lo Mejor de West tiene en el aparador a una cierta mujer de gran delantera vestida en morado y a una chica con una blusa gris y una camiseta negra de red sin mangas debajo de la primera en conjunto con un pantalón negro un tanto deslavado.

Vivianne West, o Viv para los amigos, no había cambiado mucho. Salvo por el hecho de haberse convertido en una tatuadora profesional y la inevitable cantidad de huevos que su cuerpo ostenta, sigue siendo la misma chica emo que Maggie conociera en el quinto grado. Aparentemente fría, desinteresada del mundo, la madre/padre de Lois siempre la ha tenido como un fuerte apoyo, en especial desde que Benny mandó al diablo a Luan por salir del clóset con ella.

-Londres es poca cosa -dijo Viv animada… o algo así-. ¿Cómo es posible que allá apesta a alas de pollo si no hay pollos?

-Es como si el infierno mismo se diera el lujo de tener su sucursal en Buffalo -apuntó Maggie, viendo las plantillas de la locataria.

-¿Y qué hace aquí tu cuñado? -inquirió Viv, señalando a Lincoln, más interesado en cómo algunos patrones podrían ser más vistosos.

-Se está quedando con nosotras. Todavía no encuentra un sitio para él sin tener que depender de sus papás.

-Seguro quiere que la mujer de su hermana lo consuele -sonrió la rubia con inusual picardía.

-Él sabe que eso nunca va a pasar -explicó Maggie-. Lo intentamos una vez en preparatoria y no funcionó. ¿Por qué crees que me sentía más a gusto con Luan cuando lo visitaba?

-¿No me decías que salías con un tal Darrell?

-Vivianne, él es Darrell -confesó Maggie-. Sólo se puso una peluca marrón y se cambió la camisa por una remera gris. ¿Nunca lo notaron?

-No en realidad -suspiró Vivianne.

-¿Pensaste en un tatuaje para Luan? -preguntó Lincoln, viendo uno de los pósters al lado de la vitrina.

-La única vez que quise tatuarme me fue peor que cuando pedí que me tiñeran el cabello de morado a los doce -explicó Maggie, un tanto resentida.

No la culpa. Lincoln conoce de primera mano esa historia, pues fue en las últimas semanas de su relación. Habiéndose presentado ante la madre de la hoy esposa de Luan como Darrell, Maggie pidió de forma sutil que quería como regalo para los Dulces Dieciséis su primer tatuaje. Tuvo tan buena suerte que ambos presenciaron un documental de los años ochenta del siglo pasado acerca del peligro que estos tenían, llegando al extremo de exhibir tintas que incluso llegaban a colorear el hueso. Si eso era verdad o no, le hizo desistir de un tatuaje para sí, a pesar de que él mismo tuvo que pagar la mitad de un cráneo de cabra sobre una luna creciente en el brazo para Luna cuando esta empezó a trabajar en su primera demo.

-Puede ser peor -planteó Viv, viendo la oportunidad de llenar su bolsillo-. ¿Te imaginas llegar con las manos vacías…?

-Es lo último que quiero pensar -pensó Maggie en voz alta.

-Déjame terminar -cortó la tatuadora-. ¿Quieres darle algo que pueda disfrutar todos los días aunque no lo tengas a la mano?

-No sé

-No es el primer tatuaje que vería sobre un familiar, ¿sabes? -intenta convencer Lincoln, recordando los tatuajes de Luna, su abuelo y Lucy-. Más a tu favor…

-¿Qué? -cuestionó Maggie, tomando a su cuñado de la camisa.

-Luan me dijo que a veces fantasea con eso.

-¡Lincoln! -exclamó Maggie, empezando a enrojecer molesta.

-Se guardó algunas cosas que me confía porque le da vergüenza decírtelas, ¿si?

Soltando a su cuñado, Maggie se contiene un poco. Sabe que la primera vez que hicieron un viaje como pareja a Luan le aterraba la idea de dormir en un ataúd gracias a Lucy, aunque esa noche en Salem se volvió una de las más salvajes que pudiera recordar.

¿Dormir en un ataúd? Desde entonces es algo que a Luan la pone bastante loca. No es habitual, pero las cosas entre las dos dentro de uno se ponen bastante picantes.

-¿Ya se decidieron? -dijo impaciente Viv- Tengo una de citas a las dos.

-Que esto quede entre nosotros hasta el domingo -acepta Maggie-. ¿No tenías una chica con quien salir?

-Me acaba de cancelar -responde Lincoln-. En su defensa, me acabo de enterar que es casada.

-Tal vez Viv te…

-Lo siento, pero no me meto con familiares de mis amigas -dijo cortante Viv-. Esa es mi regla.

-No es mi tipo -alegó Lincoln, incómodo con la situación que le plantearon.

-Está bien -suspiró resignada Maggie, dirigiendo la mirada a su amiga-. Pero date prisa. No quiero levantar sospechas.

-¿Quieres uno en especial? -pregunta Viv, pensando en las posibilidades que le ofrecen.

-Siempre que Lincoln pague

-Temía que dijeras eso -suspiró Lincoln.

-Tacaño.

-No dije que no iba a pagarlo… no completo, al menos.

~o~

Después de haber salido de Detención, el mero hecho de visitar el centro comercial les resulta agradable. Pasar por fachada de Reininger's no es para nada una novedad, pues el que Leni le diera una tarjeta de regalo en su último cumpleaños ha sido un pequeño golpe de suerte. No la había usado hasta ahora, pero el tenerla todo el tiempo en su bolso la puso de buen humor.

Nunca le gusta la detención con Benny. Entiende de sobra el resentimiento que su maestro de cálculo le tiene, aunque eso no da motivos para que se comporte con un patán como el estereotipo del docente parcial y amargado. La sesión de hoy los había puesto a trabajar con una tarea adicional a los ejercicios de la página 174 del libro de texto, por lo que está harta de lidiar con ecuaciones por ahora.

-Lois, es demasiado -protesta Heather, estando ambas paradas en el aparador de los perfumes.

-Es lo menos que puedo hacer por alguien a quien quiero -responde Lois, encogida de hombros-. ¿No puedes al menos fingir que no te amargas un poco?

-Las probabilidades de que eso ocurra son de una en 274 -calculó Heather.

-¿La una es si comemos algo antes de ir a casa? -ofreció Lois.

-No, pero reduce el margen a una en setenta y nueve… ¿no es esa tu mamá?

-¿Por qué lo dices?

Señalando al exterior, ve a Maggie y a Lincoln en una actitud que le parece demasiado sospechosa. Ambos parecían tener una cara de haber disfrutado mucho alguna cosa que pasaron juntos, pero eso no le parecía demasiado usual a Lois. ¿Si tenían un pasado juntos? Lo desconoce, pero de ser así sería lo último que le sorprendería de una mujer que embarazó a otra sin ser transexual.

-Solo son ma-Maggie y el tío, ¿por qué debería preocuparme? -cuestionó Lois.

-¿Qué tal si ambos empiezan a salir a espaldas de tu mamá? -empezó a preguntar Heather, sonando alarmista- ¿Y si la botan y tienen hijos? ¿y si es una niña de cabello negro y pechos desarrollados a los diez años? ¡¿y si…?!

-¡No… pasará… nada! -tranquiliza la comediante-. Seguro que ma-Maggie tiene un buen motivo para haber venido. Y el tío Lincoln dijo que hoy se vería aquí con una mujer. ¿Imaginas qué extraño sería si ambos empezaran a salir?

-Blanco y negro combinan -razonó la intelectual.

-Si, pero eso no viene al caso.

-Tal vez si los seguimos podremos comprobar que tu mamá tiene unos enormes cuernos.

-¿Más grandes que los que tiene Stein?

-¿Recuerdas esa novela que nos hicieron leer en secundaria?

-¿Cuál?

-La de aquella madre que le fue infiel a su esposo después de que su hijo abandonara su hogar, esa cosa de "Diario de Jessie ¿Hiller?".

-¿La que… tenía once hijos?

Lois no iba mal encaminada. Esa novela estuvo en su cabecera por al menos seis meses hasta que salió la película. Una tal Lana Rhodesian había interpretado al personaje central, y la aventura de esta con un adinerado odontólogo que solo buscó venganza por una afrenta a manos del único varón a través de semejante "cana al aire". La adaptación fue tan desastrosa que, apenas salida de la sala, Heather le juró que nunca vería otra adaptación tan pobre y licenciosa.

Sin embargo, la idea no es muy descabellada. Con una diferencia abismal, la hija que descubrió el engaño fue la actriz de drama, encontrando cosas que a la postre aceleraron la caída de la propia madre. Esa idea es arriesgada, pero si el que no arriesga no gana

.

Con la mirada puesta en una hamburguesa, Maggie no parece complacida con la idea de su cuñado. La piel le arde un poco en la cadera alta, y la jornada maratónica con Vivianne tuvo como consecuencia el que, por ahora, tenga que refugiarse en casa de su madre. No es nada inusual que tengan algún pequeño pleito y ambas mujeres tengan que separarse al menos unas horas, máximo una noche, pero desde que Lincoln volvió estas discusiones sencillamente desaparecieron. No porque él mediara en ellas, sino porque él las causaba y hacían frente común.

Frente a ella, Lincoln se limita a darle una buena entrada a una bandeja con nachos. Dado que Maggie es la única mujer en la ciudad fuera de sus hermanas dispuesta a hablar con él, no tiene de otra. Ni siquiera la pareja de Luna le habla, a menos que sea por mero compromiso, pero es un hecho que él y Mazzy simplemente no se entienden pese a haber trabajado un tiempo como representante de los Moon Goats.

-Dudo mucho que tu plan funcione -pensó Maggie en voz alta.

-¿Por qué lo dices? -preguntó Lincoln, dejando sobre la comisura de sus labios algo de queso.

-La última vez que discutimos por algo fue tu manía de dejar levantado el asiento del retrete -apuntó Maggie-. ¿O qué tal la fiesta de los McCann?

-En mi defensa, el papá del chico estuvo encima de mi toda la secundaria y parte de preparatoria.

-¿Y qué hay del néctar de durazno de Luan?

-Esa fue Lois. El mío estaba etiquetado y ese día terminé aún más sediento.

-¿Sabes? -meditó Maggie, antes de dar una mordida a su bocadillo- Decirle que mamá está enferma no es un buen plan.

-Eso le servía a Lori -justificó Lincoln-, al menos hasta que Amanda subió una foto con ella diciendo "planeando la fiesta sorpresa de papá" en todo medio que le fue posible. ¿Te acuerdas?

A dos mesas de distancia, cierto par de adolescentes se la pasa del modo menos disimulado. Con gabardinas y sombreros que tomaron prestadas a la anciana maestra Bernardo, Lois y Heather trataban de prestar atención a todo cuanto pudieran oír… lo cual era bastante poco.

-… dijo que llegó somnoliento -confirmó Lois-. Debió ser de la vez que le puse sal al néctar de mamá y nos bebimos con Erika el jugo del tío Linc.

-¿No te pasaste aquella vez? -cuestionó Heather.

-Nah, seguro que ma-Maggie agradeció mandarlo a medianoche a la tienda…

-¿Qué mas dicen?

-Algo sobre… ¡Rayos! -maldijo la comediante.

-¿Rayos, qué?

-Ma-Maggie está riendo de algún chiste del tío -responde Lois, llevando sus manos a la boca- ¡Ella nunca ríe de chistes que no sean del abuelo o de mamá!

-Odio decírtelo, pero tenía razón -suspiró Heather-. Mamá conoce a un buen abogado, así que si le digo le hará a tu mamá que…

-Será mejor que la pongamos al tanto -dijo resignada Lois.

Un carraspeo cortó su salida. La maestra Bernardo, quien solo mantiene el saco púrpura con parches, las mira con un ligero dejo de suspicacia, como si estuviera estudiando a ambas chicas para actuar en la siguiente obra escolar.

-¿Escuchaste algo? -preguntó nerviosa Maggie.

-Nah, debió ser alguna pareja -avanzó Lincoln-. ¿Crees que haya sido Lois?

-Sería incómodo verla al lado de un chico que no sea el hermano de Viv.

-¿Te dejo en casa de tu mamá?

-Insistiría en ello.

~o~

Luego de haber devuelto las gabardinas y haber firmado con la maestra Bernardo para la despedida del curso como personajes de fondo en su adaptación de Tristán e Isolda, Lois pensó en la forma de cortar camino para llegar a casa. Hizo un esfuerzo enorme para no distraerse en cuanto viera a Axel hablar con Kaede y a Rhonda con un montón de niños, presumiblemente del orfanato donde -cree con motivos de sobra- esta trabaja.

Heather tuvo que hacerle un pequeño favor al distraerlos. No entiende cómo lo logró, pero el camino se le hizo sorprendentemente corto para haber salido retrasada.

Se imagina cómo serían las cosas ahora que piensa en la aterradora posibilidad de que su tío se vuelva su padrastro. Ignora qué tan vengativa puede ser Luan, pero por las historias que le contaron sus tíos sobre cada primero de abril -todas y cada una superadas, en especial la de aquella noche del motel Buttz- podría ser mucho peor de lo que ella misma ha visto.

No… definitivamente la idea de tener medios hermanos se le antoja extraña. Ya es demasiado para Maggie tener que manejarse con una sola hija como para criar a uno o dos más. En especial si resultan ser más apegadas a una verdadera figura paterna biológica o si terminan en una de esas situaciones dignas de las historietas japonesas que su tío tiene en casa de los abuelos Loud. Situaciones que, por lo demás, tienden a ser de bizarras a extrañas como su propia concepción o incluso peores, con todos esos temas que se le antojan aberrantes.

-¿Todo bien, Lois? -preguntó una cierta vecina de cabello verde y suéter rojo, Erika.

-Ahora no -dijo cortante Lois, antes de entrar azotando la puerta.

-Tal vez le llegaron sus días -dijo Erika, encogida de hombros.

-¡No estoy en mis días! -gritó la castaña desde el interior.

Caminando hacia la recámara, se siente con poca confianza para darle a su madre tan malas noticias. No la encuentra. Lo mismo la busca en el baño, el ático y el comedor, hasta que escucha una sonora risotada venir desde el patio trasero.

-Llegas tarde -saludó Luan, ocupada en podar un rosal infestado de pulgones con el Señor Cocos

-Tenemos que hablar -dijo Lois.

-¿De qué quieres hablar, pequeña? -preguntó Luan a través del Señor Cocos- ¿Algún chico te echó el ojo?

-Esto es serio -añadió Lois, sentándose en el césped.

-¡Oh! Es esa clase de charlas -rectificó Luan, dejando de lado al viejo y bien conservado muñeco-. ¡Oye! Quiero ayudar a mi ahijada con eso… Es charla de chicas… ¡Oh, cocos! -agregó, simulando una discusión con el mismo.

-Verás, en la mañana ma-Maggie y el tío Lincoln salieron cada uno por su cuenta.

-Tu tío dijo que tenía una cita -observó Luan.

-Pues… ¿cómo decirte esto?

-¡Solo escúpelo! -animó Erika desde el otro lado del seto que divide las propiedades Wright y Loud.

-Bueno, la verdad -titubeó nerviosa Lois-, yo, este… Heather me dijo que, tal vez, solo tal vez… ma-Maggie era la cita del tío Lincoln.

Sonriendo nerviosa ante este último punto, había contemplado cualquier escenario posible. Desde el tono de humorada que degenera en una fría molestia hasta el hartazgo para llamar a una reunión de familia, Lois sopesó la reacción en la cara de su madre.

La sonrisa que dibuja Luan en su rostro le inspiró un profundo miedo de lo que pasará.

~o~

Encontrar un pequeño camafeo con forma de pato de goma podría haber sido algo muy trabajoso. De no ser porque Lincoln se había guardado el hecho de encargarlo con un joyero hace tiempo, ahora no estaría sufriendo con aquél tatuaje en la cadera.

Por recomendación de Vivianne, tendrá que dormir de costado. Si de por sí el peso de su busto le es algo incómodo para dormir, ahora tener que hacerlo en una postura que siempre le ha parecido dolorosa sin una almohada de lado es una pesadilla.

Agradece que la tinta sea de buena calidad. No así los métodos que Vivianne usó ni el tiempo que le tomó para completar debajo de las alas la leyenda para mi conejita Playboy con amor rodeada con un par de corazones amarillos. Algo un poco vulgar, pero a lo que le encuentra cierto buen gusto.

-Ya quiero ver la cara que Luan va a poner cuando te vea -bromeó Lincoln, habiendo superado el ser plantado por su cita.

-Si no le gusta, voy a beberme una botella entera de cierto jugo y tendrás lo que mereces -amenaza Maggie, incómoda por tener que ir boca abajo en el asiento trasero de su propio auto.

-Sólo repíteme por qué vamos a casa de mis papás y no a la de tu mamá, por favor -pidió el peliblanco.

-Si no me dejó pintarme el cabello de morado a los doce ni perforarme el ombligo antes de nuestra primera cita, ¿qué te hace pensar de ella sobre un tatuaje?

-Este…

-Además, tus papás lo tomaron mejor cuando Luna se tatuó el rostro de su novia en el…

-No me recuerdes eso, por favor -suplicó Lincoln-. Hasta a mi me dolió cuando la tuve que acompañar con mamá para que se lo quitaran. El brazo le dolió bastante después de esa cirugía.

-¿Ya les explicaste cómo es que se te ocurrió eso? -cuestionó Maggie, un tanto adolorida tras pasar un bache.

-Sorpresa para Luan, mi idea, mi dinero, tu elección… lo tengo controlado con mamá. Ahora solo queda ver cómo van a reaccionar el viejo y Luan -dijo esperanzado Lincoln, al tiempo que el teléfono de Maggie sonaba.

-Hola, amor -dijo acaramelada Maggie, viendo cortado su momento cursi por el tono que recibió al otro lado-. Si… Está manejando, no puede contestar… ajá… ¿En diez minutos? Claro. Te veo en la casa -cuelga-. Luan nos quiere ya en casa.

-¿Para qué nos quiere? -preguntó Lincoln.

-No sonó feliz.

-Espero que no sea porque anoche me comí el último paquete de rollos de canela -avanzó Lincoln, esperanzado-. Sabes lo mucho que le encantan.

-¡Y yo culpando a Lois! -acusó Maggie.

-Solo porque la sorprendí comiendo uno en la madrugada.

-Luego hablaremos de eso, tarado -advierte Maggie-. Entre más rápido terminemos con esto mejor.

Maggie no tiene idea de qué pudo haber pasado para que Heather los hubiese distraído en el camino. Por muy tonto que suene, su colecta de firmas para la conservación de la "marsopa californiana del golfo" fue muy convincente, al grado que no le hizo dudar en su momento sobre aquél cetáceo. No sabe qué habrá pensado su cuñado, pero haberle dado incluso veinte dólares seguro fue algo ingenuo de su parte si trató de ser un soborno para dejarlos ir.

Una vez metido el auto en la cochera, se pregunta de qué demonios le hablará Luan. Sus llamadas a menudo tienen uno o dos chistes mínimo, lo que le extrañó ya que esta no tenía nada de lo que pudiera reír.

Encontraron a Luan sentada en la sala con una expresión inusualmente adusta en la cara. Lois estaba a su lado en el sofá, dirigiendo una mirada dura hacia Lincoln.

-Creo que las dejaré solas -jadeó nervioso Lincoln, amagando su retirada.

-Esto te interesa, Lincoln -dijo Luan, molesta-. De hecho, el problema aquí eres tú.

Un poco insultado y a la vez con todas sus alarmas encendidas a todo volumen, el peliblanco se limitó a sentarse en el sillón bajo la lluvia de flechas en que se convirtió la mirada de su hermana mayor. Maggie intentó hacer lo mismo al lado de Luan, mas esta la apartó como si de un gato asustado por un pepino se tratara.

-¿Qué hice ahora? -preguntó Maggie.

-Que bueno que preguntas -dijo Luan, contenida-. De todas las personas que creía que me iban a engañar, ustedes dos eran las últimas que tenía en mente.

-Esto se pondrá feo -dijo Lincoln para sí.

-¿Tan feo como una infidelidad? -cuestionó Luan.

La risa que soltó Maggie fue de todo menos correcta. Con ganas, casi histérica, esta terminó en el suelo, ignorando el escozor que el tatuaje bajo las gasas le ocasionaba. Alarmado, Lincoln fue a socorrerla pensando que la sensación era más fuerte que la endorfina que esta secretaba con su carcajada.

-¿Qué tiene de gracioso ser infieles? -increpó Luan, molesta y sin comprender.

-Yo me largo -dijo Lois, yendo a su habitación.

-Es que… -responde Maggie, todavía atacada de risa-… ¡no puedo creerlo!

-¿Qué hacían en el centro comercial? -cuestionó furiosa Luan, olvidando las formas.

-Solo fuimos a buscarte un regalo para el fin de semana, ¡eso es todo! -justificó Lincoln, alzando a su cuñada.

-A otro perro con ese hueso.

-¿Y tengo la culpa por dejarme convencer por este idiota? -retó Maggie, terminando de reír- ¿de haberme olvidado de la razón por la que sigo viva?

-La única razón por la que fui al centro comercial fue por una cita en la mañana, y Maggie me hizo el favor de dejarme -confiesa Lincoln-. Alerta de spoiler, me plantó y acabamos en la tienda de Vivianne.

-Por eso tengo una gasa sobre la cadera -remató Maggie.

Si Luan ya de por sí se veía terrible, la mirada en sus ojos le dejaba saber a Lincoln y a Maggie que podrían no salir bien parados.

-¿Algo más qué decir, Lincoln? -preguntó Maggie, temblanfo un poco ante esa mirada.

-Yo diría que...

-No... se muevan -ordena Luan, contundente antes de cantar un tanto desquiciada-. Feliz cumpleaños a mi... feliz cumpleaños a mi... Feliz cumpleaños, querida Luan...

-Esto va a doler -gimoteó Maggie.

-Dime eso a mi -secundó aterrado Lincoln.

-... feliz cumpleaños... -concluyó Luan, sonando como toda una psicópata-... a... mi...

.

Sentada en una tumbona y a dos semanas de haber cumplido sus treinta y dos años, Luan no puede decir que este verano no es un desperdicio. Con Maggie en la tumbona vecina, aunque vendada en la zona donde antes había un tatuaje y bajo la sombra de la casa, se limita a beber un vaso con ponche de frutas.

Si bien la fiesta no fue tan populosa como esperaba, lo disfrutó en grande, y más cuando Lois confesó una vez que terminó con el castigo de Maggie y empezó con el de Lincoln.

-Admito que era una buena idea -sonrió Luan, usando un traje de baño algo revelador-, pero lo hubiera preferido en otra parte donde puedas verlo.

-¿Crees que fue una buena idea? -preguntó Maggie, sorprendida.

-Le hace falta a Lincoln saber una o dos cosas sobre mi -añadió la comediante al tiempo que tomó una campanilla y la hizo sonar.

En el acto, los tres implicados en ese espinoso asunto que casi destruyó su matrimonio. Lincoln, enfundado en un esmoquin negro, Lois con levita y pajarita como si de un personaje de la última generación de Ace Savvy se tratara y Heather con un atuendo formal a falta de un conjunto de maid que le quede.

-¿Si, Luan? -pidió Lincoln.

-¿Si, mamá? -imitó Lois al mismo tiempo.

-¿Si, señora Loud? -dijo Heather en sincronía.

-Lois, ve por el bloqueador -instruye Luan-. Está al lado de ya sabes cual jugo en mi buró. Lincoln, más ensalada de frutas, y quiero que podes el jardín con Lois. Heather… empieza a calcular nuestros impuestos de abril y mayo.

Una vez recibidas las instrucciones, los tres se miraron de fea manera.

-Tú y tus grandes ideas -maldijo Lois.

-Tu tío me dio la sospecha -suspiró resignada Heather-. ¿Cómo entran sus gastos, señor Loud?

-Hay unas cuantas cosas que entran como "entretenimiento" -admite Lincoln-. ¿Y tú qué haces aquí?

-Solo fue una idea tonta.

-Si lo pones así… -dijo Lois.

-¡Ese jardín no se podará solo! -insiste Luan.

-¡Ya vamos! -dijo Lincoln.

Satisfecha, Luan admite estar feliz de haber tenido un buen tiempo para cultivar su relación con Maggie sin tener fiestas ni salir a alguna parte. No le gustó el que Lincoln le costeara el primer tatuaje, pero por algún motivo miró al cielo.

-Sin mirar abajo, mis ojos están en la cara -dijo socarrona Luan-, ¿entienden?

En fin… puede decirse que a Luan le gustó el regalo que se pintó en la piel para Maggie, pero eso ya es algo que solo ella puede ver. Puede que le gusten los tatuajes después de todo… pero solo si ella deja que cierta persona lo disfrute.

~o~

¿A que no se esperaban algo así? Ok, si era de esperarse.

Ya en serio, este shot si fue de los más pesados porque falta de cafeína. Presión alta diagnosticada por mi hermana, para variar... no es médico, pero me pasó a joder un hábito arraigado desde los cuatro años.

Para quienes no están al tanto, el presente trabajo es una secuela directa de Con un toque de canela de la Semana Luaggie y Mal tercio, buen tío, mejor familia de Amarillo al índigo, ambos especiales de la Luaggie Week de 2019 y 2020, respectivamente.

Se agradece a PpMay93 y DarkerX por los permisos correspondientes.

Espero verlos después en otros lados, señoritas y señores.

See you in the next fiction

Sam the Stormbringer

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¿Siguen aquí?

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Ya, ¡úshcale!

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No creerán que esto es algo del estilo Marvel con post-créditos.

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¿Se van a quedar?

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Ok, ya que insisten...

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Ok, ahí les va.

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Puede que no sea canónico.

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... o tal vez sí.

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El día ha sido bastante pesado en la tienda.

Para sus veintinueve años, Jordan ha pasado por dos matrimonios fallidos. El primero, con un compañero de cuarto en el Boston College. Galante, bien presentado y simpático, ella misma no tardó en caer víctima de un contrato prenupcial en que salió perdiendo por estar en régimen de bienes mancomunados. El segundo, terminó en desastre que a él lo envió a prisión por evasión fiscal por al menos nedio millón de dólares la semana pasada.

Su jefe, un fornido hombre de color que apenas y ha tenido una que otra cana en los costados, no se ve muy complacido con su trabajo.

-¡McCann! -llamó el gerente por las bocinas de la tienda- Limpieza en el pasillo 4. Tenemos langostas fugitivas.

Resignada, Jordan tomó sus guantes y un balde con equipo de limpieza y se dirigió al dicho pasillo.

Detesta los trabajos manuales que estropean sus uñas. Con todo, necesita demostrar a su madre que no necesita pedirle un préstamo para pagar sus deudas. Por ella, que Chandler pague hasta el último centavo sin joderle la vida de nuevo.

A punto de dar vuelta en el pasillo 4, sin ver en el camino dio de lleno con una pareja inusual, formada por una adolescente de unos catorce años, gran busto para su edad y cabello color chocolate, y un hombre de casi treinta delgado con el cabello blanco.

Sin reaccionar a tiempo, los tres fueron a dar al suelo, desatando una confusión de disculpas y con una langosta en una mano.

-¿Estás bien, Lois? -preguntó el mayor, mismo al que Jordan miró con dureza.

-Me duele el trasero -responde esta antes de tener su atención.

-L-lo siento mucho, señorita... -se disculpa el peliblanco, nervioso.

-No se moleste -responde Jordan, tratando de levantarse y evitando una langosta junto a su mano antes de tomar la del individuo.

-Deje... déjeme ayudar... le...

Si... su sospecha se confirmó en cuanto le prestó atención a sus facciones. Por todas las historias que Mollie le contó, no cree lo que ve, mas su corazón se acelera de una forma que no lo hacía desde que Stella quiso experimentar con ella en la universidad.

Con todo lo que ve, Lois concluyó para sí. Si lo suyo con Axel se daba, ojalá que a su tío al fin le quiten esa etiqueta de paria que le colgaron. Al fin y al cabo, su maestra de cuarto grado fue quien la padeció.

~o~

Posdata: ¿Habrá secuela? Como ya dije... esto podría ser o no canónico. Ya me arreglo después