—¡Es un milagro! —gritó Prunia en cuando Zelda terminó el relato de lo que sucedió estas últimas dos semanas. La princesa sólo pudo reír nerviosamente mientras pedía que bajara la voz, que las guardias la podrían escuchar —lo siento, pero... ¡¡es que por fin lo hiciste!!

La joven rodó los ojos. Se había reunido con la sheikah para investigar un poco acerca de los artefactos ancestrales que habían comenzado a desarrollar en los laboratorios. Y bueno... una cosa llevó a la otra. Como casi siempre, la mujer parecía interesarse en cómo iban las cosas entre la pareja, y a la hyliana no le quedó más remedio que explicarle todo, o mejor dicho, casi todo.

—Bueno, como veo que te parezco muy pesada, vamos a cambiar de tema —irguió una sonrisa pícara mientras sus ojos viajaban a ella con soberbia —¿qué es eso de que el príncipe de Erender va a venir a visitarnos tan pronto?

El cuerpo de su acompañante se tensó, bastante sorprendida del tono tan inocente pero a la vez travieso de su "maestra".

—Pues... según me comunicaron, Denim quiso adelantar la visita al castillo, y convenció a sus padres de hacerlo. Vendrán dentro de tres meses aproximadamente, aunque como últimamente ando pensando bastante en mis deberes como princesa ya no sé ni en qué día vivo. Incluso puede que haya pasado todo un mes —rió con suavidad ante su última ocurrencia.

Tras haberse cerciorado de que sólo habían pasado dos días desde que aquella mujer la había citado en cierta salita, volvió a sus asuntos. Impa no tardó en llegar y secundarles en lo que hacían.

—Denim lo va a tener muy difícil con Link... —susurró Prunia a Impa, quien rió levemente. La muchacha abandonó sus tareas para cruzarse de brazos y mirar a ambas.

—¿Qué pasa, eh? ¿Qué es eso de tenerlo difícil con Link? No voy a abandonar a un amigo. Por muy lejos que esté, no lo voy a dejar de lado —protestó con molestia. Achicó los ojos para mirar a ambas cuando la cuidadora musitó un leve "por ahora". Al final, en vista de que jugaban a molestarla, decidió ignorarlas y seguir apuntando datos —la eficacia de estas armas ancestrales es increíble. Si conseguimos que los guardianes peleen con ellas, podría aumentar la utilidad de éstos.

—No habíamos caído en eso, pero si estás tratando de evitar el tema de conversación anterior, no lo vas a lograr tan fácilmente —advirtió la investigadora con malicia —Dejando de lado las bromas, sólo queremos que tengas cuidado con lo que hagas. Lleváis años sin veros y va a querer estar mucho contigo. A nosotras nos parece bien lo que está pasando entre Link y tú, pero si él os descubre... dudo mucho que guarde el secreto.

Después de decir aquello, el silencio se apoderó por completo de la estancia, lo suficiente como para que la princesa se diera cuenta de que las cosas no iban a ser tan sencillas como parecía. Probablemente él quiera recuperar lo perdido durante los años, y eso la haría incomodar. Rhoam, pensando que su hija no tiene más vida social, motivaría a ambos a estar juntos todo el día. ¿Y qué pasaría con las largas charlas que solía tener con su escolta?

Pues que prácticamente desaparecerían.

"No, no, no, no..."

—¡No! —casi gritó con desesperación, sobresaltando a sus acompañantes. Al notar eso, relajó su tensa postura mientras su cara adoptaba una mueca pensativa —no quiero estar con Denim. Él puede llegar a ser bastante insistente y querer acompañarme allá donde vaya. Aunque lo agradezco, voy a tener que crear un buen arsenal de excusas para librarme de él. Pero eso sembrará dudas, y quizás muestre más interés que antes en saber a dónde me dirijo... ¡Diablos! ¡Esto es más difícil de lo que pensaba!

Una mano se posó en su espalda, tratando de reconfortarla.

—Relájate —intervino Impa —eres inteligente, Zelda. Si eres capaz de todo esto —señaló el cuaderno de investigación —seguro que serás capaz de mantenerlo a raya. Si ellos vienen en Julio, tienes dos meses y treinta días para tratar de ponerle remedio a eso y mucho más. Sobra tiempo para pensar en algo.

Acabó dándoles la razón. En casi tres meses da tiempo para que pasen muchas cosas. Algunas buenas, otras malas... pero cosas, al fin y al cabo. Tratando de dejar el asunto a un lado, se volvió a enfocar en disfrutar de la investigación. Por un momento de su vida, agradeció que Lussie hubiera llegado al castillo, ya que después de la cita, se fue a hablar con su padre, y éste le concedió más tiempo para investigar. Rezaría cuatro días a la semana y descansaría durante tres.

Zelda estaba tan ensimismada con sus cosas que no se dio cuenta de lo rápido que pasó el tiempo. Sólo lo advirtió cuando uno de los guardias llamó a la puerta del cuarto. Impa se levantó de su asiento y abrió ligeramente la puerta, para recibir la noticia de que el rey reclamaba la presencia de ambas sheikah en la sala del trono para saber acerca de lo que consiguieron descubrir. Ambas se despidieron de la hyliana con un gesto y abandonaron la habitación, dejando a la princesa a seguir a lo suyo, cosa que no duró mucho.

Nuevamente, alguien llamó a la puerta.

—¿Sí? —preguntó ella mientras terminaba de ordenar toda la información obtenida. En vista de que nadie respondía, frunció el ceño. ¿Qué diablos está pasando? —¿Hola?

Había alzado la voz pensando que no la escucharon. Recibió nuevamente el silencio como respuesta, ayudando a que el miedo la invadiera. Por un momento creyó que había alguien esperándola fuera, para que cuando abriera la secuestraran y se la llevaran a algún lugar remoto.

"Ay, qué dramática eres", se recriminó a la vez que se dedicaba a tratar de alisar su vestido de princesa. Con seguridad se acercó a la puerta, posando su mano en el pomo sin hacer ningún ruido. Respiró hondo, y la abrió con suma rapidez.

—¿Princesa? —cuando escuchó aquella voz, su alma se tranquilizó y los latidos de su corazón se calmaron ligeramente. A su lado, apoyado en la pared y mirándola con cierta sorpresa, se encontraba Link —Disculpa si no te hablé. Varios guardias pasaron a mi lado y se me quedaron mirando. No quería levantar sospechas.

La aludida se dedicó a hacer un simple gesto con su mano, tratando de quitarle importancia al asunto. Alzó una ceja, buscando saber por qué había llamado, cosa que hizo que el contrario la imitara, aunque esta decía un "¿no te acuerdas?".

Y como si mágicamente lo hubiera recordado, abrió mucho los ojos.

—¡Es cierto! Te había prometido que te enseñaría la biblioteca del castillo. Perdona, mi mente anda en otro sitio —se disculpó, cosa que hizo que su escolta se volviera a preocupar mientras la seguía hasta su destino.

Mientras caminaban, sentían la mirada acusadora de los guardias en sus espaldas. Probablemente estuvieran pensando que el hecho de que el elegido escolte a su superior significaba que no se fiaba de ellos. No era así, si estaban allí era por algo, pero en parte no se sentía del todo segura de que la pudieran proteger de los grandes males que, astutos, aguardan el momento de volver.

Se pararon frente a una puerta de madera clara decorada con detalles dorados, los cuáles la dotaban de un aire sofisticado. Grabada sobre una placa de oro puro, figuraba la palabra "biblioteca real". Cuando la puerta fue abierta, se pudo apreciar un gigantesco y lujoso espacio lleno de altas estanterías adornadas con miles de libros de todo tipo. Las escaleras ayudaban a llegar a una "segunda planta" decorada con enormes libros. "Creación de Hyrule", "Mitos de Hyrule", "Memorias de una guerra interminable" o "El poder de las Diosas" eran algunos títulos que destacaban sobre el resto.

—Tenemos que tener cuidado de que no nos pillen aquí dentro. Este lugar es únicamente accesible para mi familia, y que nos descubran puede traer consecuencias desagradables —advirtió ella en un susurro, jugando con sus dedos mientras meditaba si estaba haciendo bien en traerlo aquí.

—Nos podemos meter en un gran lío —adivinó en su mismo tono —Y eso me motiva a preguntar el porqué de que me hayas invitado aquí. Sólo nos conocemos de dos semanas. Sí, siento que estoy muy pesado con ello, ¡pero es que esto es confidencial! ¡No puedes pretender traer a alguien como yo, sin apenas poder y riquezas, a este lugar tan exclusivo!

La joven resopló mientras acariciaba el tomo de "Relaciones entre reinos". Sus dedos se detuvieron en la "l" inscrita en el lomo, y sus ojos viajaron hacia aquellos azules que brillaban con preocupación.

—Eres especial para mí, Link —confesó sin ningún pudor, elevando una pequeña sonrisita cuando terminó de pronunciar su nombre —no puedo ignorar lo que pasa. Tu llegada a mi vida marcó un antes y un después, aún si no lo quisieras. Cuando ahora nos alejamos del castillo, siento que sólo soy una mujer más disfrutando del tiempo con su amigo. Los títulos dejan de pesar sobre mí y... puedo gritar enfrente tuya sin miedo a que alguien se enfade y me recuerde que las jovencitas debemos estar calladitas y sonriendo, y que alto sólo pueden hablar los hombres. Puedo quitarme todos estos adornos y vestidos y usar pantalones sin que la gente me diga que sólo son una prenda masculina. Me hiciste falta toda la vida, y ahora que te tengo no te quiero dejar. No quiero que nada nos separe.

Sin poder evitarlo, sus preocupaciones salieron a flote, cosa que su compañero no tardó en captar. Frunció el ceño mientras se acercaba más, colocando una mano sobre su hombro.

—Zelda, te noto mal. ¿Qué diablos te pasa? Me preocupas mucho —expresó con cierta desesperación en su tono. Una de las manos de ella abandonó su estado inerte para colocarse sobre su pecho.

—La futura visita real —musitó —eso es lo que me preocupa. El príncipe Denim va a venir a visitarnos y a pasar mucho tiempo conmigo. Seguramente se te asignen algunas tareas de escolta mientras le enseño parte del reino. ¿Sabes lo agobiante que será para mí no poder hablar contigo, acercarme a ti? Tener que limitarme a verte solo mientras trato de entender las monótonas charlas acerca de sus labores como príncipe y de las ganas que tiene de que le enseñe una de las fuentes.

—Lo admito, estoy asustado —se sinceró, aún conservando cierto tono de diversión en su voz —pero serás capaz de sobrevivir. Eres capaz de muchas cosas, de más de las que crees, como para que te agobies con eso. Estaré cerca de ti.

Una dulce y emocionada sonrisa apareció en su cara, dotándola de una belleza que necesitaba ser mostrada. Recordó aquel día, el de su pesadilla, cuando se había abrazado a él y llorado. En aquellos tiempos le parecía un insulto a su condición rebajarse de esa manera, pero ahora... deseaba sentirse protegida bajo esos fuertes brazos.

Esa simple razón la motivó a mandar todas las ataduras al diablo y dar un paso, rodeando el musculado torso de su amigo con sus finos brazos ocultos bajo las mangas del vestido y apoyar su cabeza sobre el hombro ajeno, teniendo la opción de olisquear el olor a vainilla que desprendían aquellos rubios cabellos. No tardó en sentir otros dos brazos posarse sobre su cintura, logrando que la sensación de satisfacción se adueñara de ella.

Se sentía un poco más libre de un peso que con los años parecía haber incrementado. Asimiló que lo hizo, que rompió algunas barreras y prejuicios que ella misma se había impuesto.

Sus fantasmas volvieron, instalando un desagradable temor en su corazón.

—¿Lo harás? ¿Estarás cerca? —preguntó. El agarre se intensificó ligeramente y sintió un peso instalarse encima de su cabeza. La boca del muchacho se aproximó a su oreja.

—Lo haré. Lo prometo, Zelda.


Después de dos horas en las que se dedicaron a leer unos cuantos libros y a charlar sobre trivialidades, decidieron que era momento de retirarse. Al no haber nadie por los pasillos, aprovecharon para salir en silencio, cerrando la puerta tras de ellos. Cuando divisaron al primer guardia, sintieron alivio de ver que nadie los había perseguido ni sospechado de su ausencia.

Aparentemente.

—¡Alteza! ¡Espere, alteza!

Una voz mayor los interrumpió, haciendo que la princesa y su escolta frenen en seco y tensen todos sus músculos, rezándole a las Diosas que no los hayan descubierto. Pese al miedo, rápidamente reconocieron a aquella mujer que los había llamado, quien se acercaba a pasos largos a donde estaban ellos.

—Disculpe la interrupción —comenzó Lussie —pero vengo a entregarle una carta que recibimos a primera hora del día. Va exclusivamente dirigida a vos, y Su Majestad consideró oportuno que la leyera lo antes posible. Dice que a lo mejor le hace ilusión.

Dicho esto, le tendió un sobre de color verde claro con motivos dorados. Zelda lo tomó en sus manos, sintiendo el suave tacto del mismo, y leyendo el remitente escrito con letras ciertamente deformes, pero a la vez elegantes.

De: Príncipe Denim

Para: Princesa Zelda de Hyrule.

Sintió una pequeña punzada de nerviosismo al observar su nombre inscrito en el papel. Ciertamente, tenía ganas de leer el contenido de ésta, pero antes de eso miró a Link, quien le hizo un gesto afirmativo. Miró a su alrededor, asegurándose de que su mentora se había retirado. Con una leve sonrisa, ambos amigos se retiraron cada uno por su lado.

Nada más encontrarse sola, rasgó el sobre y sacó la pequeña carta.

Querida Zelda:

Espero que te encuentres bien en estos instantes y no te estés presionando como habitualmente haces.

Te echo de menos, ¿sabes?

Entre tantos formalismos no puedo casi respirar. Encontrar a la dama indicada para casarme con ella es muy tedioso y complicado. Hay veces en las que dormir se convierte en misión imposible para mí.

Quizás eso sea lo que me haya motivado a adelantar la fecha de nuestro reencuentro, y por tanto, nuestra felicidad. Porque sé que me echas de menos, echas de menos esos pequeños momentos en los que nos poníamos a corretear por los grandes campos del reino mientras la suave brisa nos golpeaba en la cara. Recuerdo todas las veces en las que se te iluminaban los ojos cuando te invitaba a jugar.

Algo que me falta actualmente. Aunque hayas crecido, sé que aún conservas a esa niña interior que desea hacer trastadas y sortear la vigilancia real. Hablar sobre temas estrambóticos mientras las risas formaban parte del ambiente.

Volveré pronto. Sólo aguanta un poco más.

Denim.

En otras circunstancias, estaría feliz de verlo otra vez y hacer lo anteriormente dicho, pero actualmente esto le sentaba como una patada en el estómago. Quizás haya perdido el interés teniendo a alguien más, o puede... puede que haya algo más que se le escape. Puede que el tiempo haya disuelto la comodidad que anteriormente poseían.

"Lo haré. Lo prometo, Zelda".

En estos momentos comenzaba a pensar que esas palabras eran más importantes de lo que creía. Que aún desconocía la magnitud de la promesa.

Presentía que esto no saldría del todo bien.