Desde que sus ojos se abrieron para dar cabida a un nuevo día en su vida, se sintió extraño.
Era algo difícil para él de explicar, ya que no sabía el porqué oculto detrás de todo ese malestar que lo llevaba atosigando desde que salió de la comodidad de su cama, uno que le causaba una ansiedad bastante importante si se consideraba que aparecía cada vez que la imagen de alguien importante para él se instalaba en su mente.
O, para ser más precisos, cuando la imagen de Mathieu se instalaba en su mente.
Al igual que ahora, cuando se encontraba en medio de su habitación, sin nada que hacer y mirando hacia un punto indefinido de la misma, tratando de alejar todos los malos presagios que su corazón formaba y se veían intensificados por los crueles juegos de su perversa imaginación. A decir verdad, no sabía qué hacer para dejar pasar las horas, ya que Zelda se encontraba hecha un desastre firmando nuevas solicitudes y el resto de sus conocidos también se encontraban inaccesibles, ya fuera por motivos de largas distancias o por encontrarse cumpliendo con sus labores en los entrenamientos de soldados.
Al pensar en los amplios campos en los que había estado entrenando antes de haber sido nombrado elegido, una idea cruzó su mente de manera casi instantánea, lo que acabó decidiendo al final al darse cuenta de que no tenía nada más interesante y evasivo que pudiera hacer, de manera que tomó su fiel espada con rapidez y se echó a andar camino a la salida del castillo, ignorando por completo el estar en el punto de mira de las demás personas, como siempre le había ocurrido desde que la singular arma había llegado a su vida. Ya estaba cansado de tener que sentirse acobardado ante tanta presión que recaía sobre él al ser la clara evidencia de que el mal despertaría y él sería la pieza clave de todo, el engranaje central de un complejo sistema de cadenas que giran en torno a sí mismo, la pieza de la que miles de pequeños engranajes dependían para seguir rodando o detenerse en seco y oxidarse hasta no quedar nada.
Ante todo, ya estaba cansado de percibir el sufrimiento constantemente en su vida, ya fuera viniendo de él o de sus seres queridos. No quería que fuera algo parecido a su sombra durante su largo camino hacia la paz de su reino, aunque a veces tenía que acabar admitiendo que sabía que no desaparecería tan fácilmente, que se quedaría ahí para causarle malos ratos hasta que las cosas se solucionaran y la paz no estuviera al borde del abismo que la destrucción representaba.
Terminó por sacudir la cabeza y alejar sus pensamientos en cuanto el silencio del campo de entrenamientos lo golpeó directamente, algo que era realmente insusual y chocante si se comparaba con el notorio estruendo que los soldados hacían durante el transcurso de sus actividades preparatorias. En cierto modo, toda la calma que se respiraba era algo reconfortante y placentero, una sensación que le hizo sentirse bien y relajarse, como si escuchar la bella e inusual melodía del silencio fuera lo que más necesitase en este momento, la momentánea cura a todos sus malos presagios y suposiciones amargas.
Sin importarle si era visto por alguien o no, su cuerpo se desplazó hacia la posición de guardia que tan interiorizada tenía cuando se colocó enfrente de uno de los múltiples muñecos de prácticas dispersos sobre el terreno de la derecha, terminando por atacarlo con fiereza y descargar toda su frustración sobre él, con tajos fuertes y precisos que podrían hacer que la figura ajena se cayese a pedazos en cualquier momento. Aún así, eso pareció no afectarle y hacerle bajar en intensidad sus movimientos, por lo que continuó en lo suyo sin inmutarse.
Un corte horizontal resonó con especial intensidad en el ambiente al ser golpeado con mayor frustración por parte del elegido, todo por culpa de los pensamientos que comenzaban a presentarse en su cabeza al ser incapaz de mantenerse tranquila por unos segundos.
"Rápido, tenemos que preparar lo antes y mejor posible las cosas para la visita real. Tenemos que dar nuestro mejor esfuerzo para que el príncipe nos felicite por la decoración".
Otra estocada fuerte. Un gruñido de rabia.
"Por supuesto. Alguien tan sumamente agradable y hermoso como el príncipe Denim merece las mejores decoraciones de todo el mundo".
Un corte diagonal demasiado brusco. El muñeco cayó hacia un lado, incapaz de soportar los demás golpes.
—Maldita sea… —musitó entre dientes, apretándolos y tomando de nuevo el objeto caído, devolviéndolo a su sitio y revisando que los golpes que haya recibido no fueran severos y se tuviera que cambiar la armadura, algo que por suerte no ocurrió —. Ese príncipe no me da para nada buena espina.
Era cierto. De alguna forma, creía que el muchacho no era del todo honesto en todas las cartas que le enviaba a Zelda para saludarla y hablarle de los revuelos que ocurrían en su reino con la noticia de la partida de los reyes hacia estas tierras, como si entre las líneas se pudiera observar algún rastro de mentira que la mirada de ella pasaba por alto. Pero tampoco podía ponerse a juzgarlo de buenas a primeras por el contenido que unas pocas líneas le ofrecían, ya que no lo conocía en persona y no conocía las intenciones que había detrás de todo.
Podría estar haciendo todo un drama y que en realidad sólo existiera una simple relación de amistad entre ellos, lo que le dejaba como un estúpido escolta sobreprotector.
O como algo más…
"Una de las principales bases para ser caballero están en ser justo y firme, que no le tiemble la mano y no se deje llevar por los sentimientos hacia una mujer".
—¡Maldita sea! —vociferó con ira mientras le daba una frustrada patada al muñeco en un intento de mitigar toda su rabia. La voz del Capitán de la Guardia Real resonó en sus oídos con aquel mensaje tan significativo, el primero que le había comunicado desde que accedió a los entrenamientos como caballero, algo que en estos momentos se encontraba incumpliendo. Se sentía horrible, un traidor hacia su antiguo maestro, alguien indigno de su puesto a causa de la locura que una simple joven le transmitía con una simple mirada o una radiante sonrisa que le calentaba el corazón, que hacía que su realidad se disipara y que sus barreras de negación se tambalearan hasta que fuera demasiado tarde y se diera cuenta de sus errores —. Soy un maldito desastre...
Cansado y entristecido, decidió detener su actividad y se quedó mirando hacia el horizonte con la mirada perdida y el dolor haciendo mella en su corazón. A su cabeza volvió a venir el rostro de la princesa, coronado por una de esas pequeñas y dulces sonrisas que tanto adoraba, algo que hizo que esta vez no se detuviera a admirarla, sino que consiguiera que un dolido "lo siento" escapara de su boca, algo habitual cada vez que se daba cuenta de lo que hacía y su lado negativo salía a flote.
No contó el tiempo que pasó con los ojos sobre la nada y su cabeza divagando, pero hubo un momento en el que se vio obligado a volver a la realidad y recuperar su semblante estoico al escuchar una serie de pesados pasos que comenzaron a romper el silencio que pesaba sobre el amplio terreno. Sus ojos viajaron hacia la larga fila de hylianos cubiertos por sus armaduras que se dirigían hacia sus correspondientes puestos, listos para iniciar su entrenamiento y esperando a su superior, al fornido Capitán que vendría unos minutos después, tal y como sabía después de varios años de estar bajo sus órdenes.
Pero entonces, y al fijarse con mayor detalle en todos los jóvenes allí presentes, se dio cuenta de un detalle.
Faltaban soldados. Algo que le hizo extrañarse y sorprenderse, al igual que logró que la inquietud que había dejado momentáneamente de lado reapareciera con mayor intensidad, provocando que en un movimiento casi instintivo se irguiera y se pusiera a caminar hacia las habitaciones de los soldados, con el corazón latiendo con cada vez más prisa y una mala sensación cruzando su pecho de nuevo.
Tenía miedo acerca de lo que pudiera ocurrir nada más poner los pies en la entrada del lugar.
oOoOoOo
Si bien estuvo todo el camino hacia las instalaciones convenciéndose a sí mismo de que debía tranquilizarse y dejar de obsesionarse con sus presagios amargos, las vistas hacia unos soldados que se encontraban recogiendo las pertenencias de sus armarios consiguió tirar por la borda todos sus esfuerzos, haciendo que sus pies comenzaran a correr hacia cierta habitación que conocía muy bien. Como confirmaba, los soldados se habían ausentado de sus entrenamientos para recoger sus cosas y marcharse del castillo, aunque no sabía el verdadero motivo detrás de aquello, y eso era algo que quería consultar una vez que confirmara la casi certeza que tenía en su mente desde que vio al primer soldado.
—Mathieu…
Con la respiración ligeramente alborotada y su cuerpo debilitándose por lo que sus ojos veían, penetró en la estancia hacia la que desde un principio se quiso dirigir y suspiró profundamente, haciendo que el soldado por fin levantara la vista y dejara apreciar la tristeza que llenaba sus ojos, algo que Link ya llevaba presagiando al ver la postura decaída que había mantenido desde que lo encontró al llegar a su cuarto.
—Hola… —consiguió decir el inferior con voz débil al final —. Sé que te preguntarás qué es todo esto.
A pesar de que todo lo que había visto antes ya era suficiente como para saber lo que ocurría, decidió asentir y dejar hablar a su amigo, quien se veía totalmente desganado, como si estuviera temiendo algo que llevaba pensando durante bastante tiempo.
—Como has podido suponer… me marcho del castillo —prosiguió, señalando lo que parecía más obvio y posando su vista sobre las bolsas de viaje que reposaban en su cama, aún sintiendo dolor ante lo que se acercaba de manera inminente —. Ha llegado a mis oídos que hace un tiempo tanto tú como la princesa Zelda habéis acudido al despacho del Capitán a discutir los temas referentes a los múltiples ataques de unos ladrones extraños, y que le has pedido más refuerzos en los sistemas de seguridad. Entonces, él nos ha convocado a mí y a varios soldados para saber si podía contar con nosotros en esa tarea… y todos aceptamos.
A pesar de que se había sentido algo dolido por la decisión, decidió dejar de lado sus egoístas sentimientos y hablar, soportando el nudo que se había comenzado a formar en su garganta.
—Entiendo… —consiguió decir Link, sin ocultar toda la tristeza que albergaba al asimilar el peso de la noticia y listo para despedirse y desearle a su compañero un buen viaje de camino hacia la región que le asignaron —. Espero que te vaya bien, Mathieu. Intentaré hacer todo lo posible para que nos podamos mantener comunicados por carta, aunque eso suponga colapsar el sistema de envíos.
En un intento de mermar el ambiente triste que se había apoderado de aquella estancia, el elegido trató de hacer una broma que por lo menos consiguiera sacar unas risas a ambos y que toda la depresión que se respiraba desapareciera un mínimo, algo que en realidad surtió el efecto contrario en su contrario: que su mirada se viera más oscurecida por la tristeza ante algo que parecía ser muy duro de decidir. Casi presagiando lo que iba a ser dicho, el joven elegido dio un paso atrás.
—Ha sido un placer conocerte durante tanto tiempo, de verdad —comenzó a decir el soldado, con pequeñas lágrimas formándose en sus ojos —, pero creo que ya es hora de acabar con esta amistad.
Ante el impacto de la noticia, las piernas del rubio flaquearon, y por un momento creyó que iba a despertar de la horrenda pesadilla que creía que lo había torturado todo ese tiempo. Con sus ojos abiertos por la sorpresa y el dolor comenzando a atacarlo, negó casi por instinto, como si pensara que esto era una broma de mal gusto que él estaba tomándose en serio.
—Yo tampoco creí que sería capaz de tolerar el impacto que semejante decisión causaría, sobre todo después de los buenos momentos que pasamos, pero me decidí a esto porque creo que será lo mejor —confesó, con la honestidad decorando sus pupilas y dejando soltar una lágrima retenida —. Desde que te has vuelto elegido, te has vuelto lejano y más serio. Entiendo que no sea fácil cargar con un peso tan grande como el tuyo… pero es que con el tiempo te has ido aislando en una burbuja causada por la presión en la que cada vez te sentías más adolorido, en la que apartabas a la gente porque creías que nadie te comprendería… hasta que llegaste de la visita al desierto, donde al parecer permitiste que la princesa atravesara la barrera.
Por un momento, uno de los sollozos que salieron de boca de Mathieu fue lo que pudo romper el intenso silencio que durante unos segundos incomodó a ambos hylianos, obligando al mismo a tener que continuar con su relato.
—¿Y qué hay de los demás, Link? ¿Por qué te olvidaste de nosotros, de los que estuvimos contigo desde el principio? ¿Por qué ahora todo es la princesa, y sólo la princesa? ¿Eh? ¡Parece que ya no te importamos!
El acusador grito que él expulsó golpeó las cuatro paredes que componían la estancia, aunque esa clase de daño no se podía comparar un mínimo a lo que afectó al corazón del espadachín, quien también se encontraba a punto de quebrarse y estallar en llanto, notando cómo la culpa crecía en él y le hacía plantearse en qué punto el pensar que nadie le comprendía llegó a valer un precio tan alto como la pérdida de los que llegó a tener un gran aprecio. Aún así, se acabó manteniendo preocupado, pero estoico.
Pero por otro lado, estaban sus sentimientos. Se encontraba tan perdido que creía que arruinaría todo por confesarle lo que ocurría, además de que, bueno… decirle a alguien que estaba desarrollando sentimientos afectuosos hacia la princesa del reino era algo ciertamente delicado. Realmente estaba aterrado, contra las cuerdas, preso de una complicada decisión que, mirase por donde lo mirase, tenía consecuencias negativas que dolían, sobre todo al estar implicada en ellas dos personas que apreciaba.
"Maldita inexperiencia".
—Yo… —musitó de manera sorda, inseguro de cuáles serían sus próximas palabras, su decisión definitiva. Estaba jugándose tantas cosas, y tenía tantas dudas…
Una negación de cabeza de parte de su contrario le hizo detenerse en su cavilación, fijándose en cómo éste tomaba sus cosas y se dirigía hacia la salida, rodeándolo. La voz de un hombre se escuchó en la salida de las instalaciones, llamando a todos los jóvenes para partir hacia las distintas regiones y cumplir con su cometido, provocando que sus miradas se volvieran a cruzar una última vez en un indeterminado tiempo.
—Ya no confías en mí —terminó comentando en lo que sería su última conversación entre los muros del castillo. Esbozó una sonrisa triste —. Aún así, ha sido un placer compartir los entrenamientos como soldado contigo. Suerte en tu misión.
El grito de hombre se volvió a escuchar en la lejanía, clamando por la presencia de los hylianos con más insistencia. Link quería decir algo, despedirse o tratar de arreglar un mínimo las cosas, pero no podía. Su voz se había quedado atascada en su garganta, incapaz de encontrar una salida a aquella parálisis a la que se vio sometido su cuerpo, el cual aún era incapaz de asimilar el cómo su vida estaba comenzando a derrumbarse cual castillo de naipes azotado por un fuerte soplido.
—Hasta pronto, o eso creo.
Y después de ver cómo todos se retiraron hacia los establos, se internó de nuevo en el cuarto que tantas veces los vio reír y se permitió llorar con todas las fuerzas que le pedía el alma, torturándose y culpándose por todo lo que sintió, por haber permitido que ese temido afecto hacia la joven de sus sueños tirara todo por la borda.
oOoOoOo
No se sentía con ganas de tener que aparentar de nuevo la indiferencia tan característica de él delante de la gente, así que aprovechó que estaban en una de las horas menos concurridas del día para avanzar con toda la rapidez posible por los pasillos del castillo hasta llegar al destino que ya tenía prácticamente interiorizado. Para evitar que los soldados presentes vieran sus ojos enrojecidos, desvió la mirada hacia el lado contrario, fingiendo interés en algo y pasando por delante de los extrañados hombres que custodiaban los pasillos, deseando no cruzarse con nadie y poder llegar bien a los aposentos de la joven.
Afortunadamente, nadie advirtió el pequeño detalle,
Y, para mantener su suerte, ninguno de los guardias pudo adivinar lo que ocurría con el joven elegido ni pudieron observar sus ojos, por lo que se sintió relajado en cuanto la puerta del cuarto de Zelda se encontró delante de él. Al notar que no había nadie a sus alrededores que pudiera sospechar de su actitud, acabó abriendo la puerta sin llamar y sintió su corazón acelerarse ligeramente al ver los rubios cabellos dorados de la princesa moverse debido al movimiento que su cabeza hacía para revisar otros papeles, de una forma que se le antojaba interesada en lo que fuera que estuviera haciendo.
Suspiró. Lo que sentía por ella había conseguido sobreponerse a toda la tristeza que oprimía su pecho, algo que para él evidenciaba que cada vez su atracción iba tomando mayor tamaño e intensidad.
—¿Link? —lo llamó la joven muchacha cuando el ruido de la puerta cerrándose la sacó de su ensimismamiento, evidenciando que había captado su presencia sin necesidad de haberlo mirado. Después de ello, giró su cabeza hacia él y sus ojos verdes hicieron contacto con los azules del muchacho, y la sonrisa que sus labios iban formando para acompañar su futuro saludo se borró al instante cuando sus pupilas recorrieron la mirada ajena con mayor detalle, advirtiendo así la leve rojez que teñía las escleróticas de sus ojos, haciendo que en el acto se levante y se acerque a él con gran preocupación, ignorando momentáneamente la devastación que su corazón sentía al verlo tan entristecido —. Diosas, Link… ¿qué te ha pasado?
El aludido volvió a notar la molesta sensación de unas lágrimas formándose en sus ojos a la vez que trataba de encontrar de nuevo la mirada conmocionada de la muchacha, parpadeando un poco para poder encontrarla con claridad, algo que acabó desembocando en un sollozo ahogado por el lento recorrido que las gotas comenzaron a hacer por la piel de su mejilla, algo que lo motivó a por fin decidirse a abrazar a la princesa, quien correspondió al contacto con sus inexpertos brazos envolviendo su figura y acariciando su espalda, valiéndose de todo lo que él le había hecho para tranquilizarla cuando estaba mal y así poder hacer lo que podía para consolarlo.
—Se ha ido… se ha ido —murmuraba Link mientras se vaciaba de nuevo, apretando con mayor fuerza el agarre de sus brazos y sintiéndose algo más aliviado de su carga al percibir los esfuerzos que ella hacía para intentar comprenderlo y ayudarle a sacarse de encima toda la culpa —. Soy un idiota, lo he dejado ir… soy tan idiota…
—Link… ¿qué ha pasado? —consiguió decir Zelda, encontrando su voz entre tanta preocupación que bloqueaba su garganta e impedía pronunciar las palabras sin sentir el nudo arder en ella. Al darse cuenta de que se encontraba perdida, el muchacho se decidió a relatarle los acontecimientos que habían ocurrido, y cómo él había estado tan bloqueado por la sorpresa que se había quedado clavado en su sitio, sin siquiera haberle dicho adiós, lo que provocó que poco a poco la heredera fuera comprendiendo la situación y fuera deslizando las suaves yemas de sus dedos sobre las mejillas del contrario, borrando los rastros de las lágrimas con dulzura a la vez que notaba los movimientos que la mandíbula del espadachín hacía para hablar.
Y cuando el movimiento cesó y el cuarto se sumió en un pequeño silencio, la princesa se animó a hablar.
—Diosas… —susurró, suspirando con frustración, bajando la cabeza con duda antes de volver a cruzar ambas miradas con cierto dolor —. Me duele tanto ser tan estúpida y no saber qué palabras escoger para consolarte, para que haya alguna forma de desvelarte la manera de acabar con tu sufrimiento… ¿al menos sabes si esta amistad se puede recuperar de alguna forma?
Antes de responder, Link la miró con una pequeña sonrisa triste pero sincera decorando su rostro, sintiéndose verdaderamente agradecido por todo lo que ella hacía para intentar comprenderlo. Su vida se había tornado complicada desde aquel desafortunado fallecimiento de la mujer que siempre tuvo la clave para acabar con todo, y aprender a comprender y acercarse a los demás era algo que aún estaba aprendiendo.
No podía culparla.
—No creo. Sus palabras han sido claras y concisas —acabó admitiendo, desviando un poco la mirada al advertir que tanto silencio para admirarla y cavilar se hacía ciertamente sospechoso. En su interior ya casi comenzaba a sentir la culpa revolverle las entrañas y hacerle sentirse tentado a privarse de la reconfortante caricia de las manos de Zelda para evitar problemas —. Conozco a Mathieu lo suficiente como para saber que si emplea ese tono, es que está completamente seguro de algo y no piensa dar su brazo a torcer por nada. Creo que es mejor así… de esa forma puede deshacerse de alguien que lleva demasiado tiempo haciéndolo a un lado sin sincerarse del todo con él, conocer a alguien menos egoísta…
Sus palabras se vieron interrumpidas por los dedos de Zelda, los cuales rozaron sus labios con delicadeza en un intento de acallar sus atropelladas palabras. Aquello había conseguido que su escolta, a pesar de estar sintiéndose destruido, se alejara momentáneamente de sus demonios, teniendo que sustituirlos por el fuerte intento de no sonrojarse por el acercamiento.
—Link. —lo llamó con cierta firmeza, instando a que el elegido la escuchara atentamente —. Es cierto que todos cometemos errores a lo largo de nuestra vida, y algunos pueden costarnos el ver marchar a personas que queremos. Puede que hayas hecho algunas cosas mal, cometido errores, pero tampoco es como para dejarte como un demonio que haga las cosas con intención de hacer daño. Porque tú no eres así.
A pesar de que las lágrimas ajenas ya se habían detenido, sus dedos aún seguían tratando de tranquilizarlo moviéndose en círculos sobre las mejillas masculinas, en una imitación de lo que él hacía cuando ella estaba triste y la ayudaba a relajarse. Con ello intentaba que él también se sintiera más en paz, hacer que deje de lado ese destello de duda que poblaba su mirada tras la última afirmación, como si él creyera que en realidad sí es un monstruo despiadado y no se hubiera dado cuenta durante todo este tiempo.
Un bufido emergió de sus labios.
—Eres un idiota, Link —espetó, esta vez con enfado tiñendo su voz —. No me puedo creer que después de tantas demostraciones de que eres una buena persona sigas dudándolo. ¿Acaso crees que la Espada Maestra te hubiera escogido si fueras un monstruo? ¿Acaso crees que tendrías una mínima oportunidad de moverla un milímetro si fueras una mala persona? ¡Pues claro que no!. ¡Eres la maldita mejor persona de todo este asqueroso mundo, y me da mucha rabia que lo cuestiones por una decisión dolorosa!
—Zelda…
Al darse cuenta del pequeño grito producto de su arrebato y de la mirada sorprendida que él poseía, agachó la cabeza.
—Lo siento. Creo que me he pasado un poco gritándote —musitó, realmente arrepentida de que se hubiera dejado llevar por sus emociones y hubiera elevado demasiado el tono de su voz, algo que le traía malos recuerdos y la asustó momentáneamente.
—No, no. Está bien —aclaró rápidamente Link, moviendo sus manos para restale importancia al asunto —. Creo que tienes razón, estoy poniendo en duda demasiadas cosas por haber terminado una simple amistad. Me sentí tan culpable en ese momento que me olvidé de quién era realmente, y me dejé arrastrar por mis inseguridades. Y te lo agradezco, aunque aún esté algo inseguro.
Por primera vez desde que sus ojos se vieron en todo el día, ambos se sonrieron, ignorando que Link lo hiciera de una forma un poco forzada a causa de su estado sentimental y se volvieron a abrazar. Entre la reconfortante sensación del contacto y un arrebato, fue ella quien tomó la iniciativa y guió a ambos hacia la cama para sentarse, pero sin despegar sus brazos del caluroso contacto.
—Me alegra que te hayas dado cuenta de las cosas, Link —le respondió con suavidad, lo que hizo que por un momento él recordara la escasa distancia que había entre ambos labios y se sintiera tentado a mirarlos —. Es curioso… siempre has sido tú quien viene y me abraza cuando estoy mal, quien me echa las cosas en cara y me motiva a seguir adelante. Es un poco extraño para mí que la situación se haya invertido, y que por primera vez seas tú quien necesita un consuelo, alguien que te motive para olvidar tus errores y continuar con tu vida.
Mientras la escuchaba, su mano se dirigió hacia sus rubios cabellos, colocando un despreocupado mechón por detrás de su oreja y acariciando momentáneamente la mejilla derecha de la joven, sonriéndole de manera más fluida con una gran y sincera gratitud, como si sus palabras fueran una medicina que poco a poco lo hacía entrar en razón.
—Y yo también te agradezco todo lo que has hecho. Sé que aún dolerá su recuerdo durante unos días, pero al menos tus palabras me han ayudado bastante. Gracias de verdad.
Bajo la mirada curiosa de la joven que tan loco lo traía, se acercó a su mejilla y le depositó un pequeño y cariñoso beso, algo que hizo que ella se sonrojara al igual que él el día que ella se lo dio por primera vez, el día en el que ambos, y sin saberlo, se habían hecho una confesión de amor separada por varias paredes.
Aún si se fuera a arrepentir luego, ella condujo su cabeza hacia su pecho, imitando también lo que él hacía a veces para que ella se relajara, para luego quedarse mirándolo, perdiéndose en aquellas facciones que cada día se iban quedando más y más en su mente.
—No te preocupes. No iba a permitir que la persona que más me importa en el mundo sufriera por una amistad rota —confesó entre susurros, provocando que el bloqueo que momentáneamente afectó al cuerpo del elegido por escuchar esas palabras se viera sustituido por una nueva sonrisa afectuosa, en la que se reflejaban tantos sentimientos que Zelda no pudo descifrar.
Link podía estar empeorando las cosas y cayendo más y más en las redes del amor, olvidándose de toda esa negación que lo tuvo apresado y entristecido durante tantos días, pero no le importó realmente.
Con ella, ya nada importaba.
Ni incluso que, al cederle terreno a sus sentimientos en momentos tan críticos como estos, estaba permitiendo que la aceptación sentimental comenzara a aparecer también, aunque fuera una ínfima mancha de luz en medio de un gran pantano oscuro.
Nota de autora final (copiada de Wattpad por información importante, y porque soy una floja xD)
¡Hola de nuevo!
Casi un mes sin actualizar :'). Me siento cruel porque me había prometido a mí misma que las actualizaciones serían cada dos semanas, pero en este caso no se ha cumplido. Pero bueno, no quise dejaros este final de mes sin capítulo, así que aquí estoy, sintiéndome afortunada porque fui capaz de terminarlo a tiempo 3
Y bueno... este ha sido un capítulo enfocado en Link, tocando un poco los temas que creí relevantes... y añadiéndole un poco de drama al asunto. Lo siento si el drama no era lo que esperabais :(, pero creo que ya era hora de despedir al amigo de Link, que ya sé que no ha sido relevante en la historia, pero que también admito que estaba para darle un poco de dramilla al asunto.
Y en cuanto a Link y Zelda... bien, creo que la situación ya es dramática de por sí, ya que ambos están negándose seguido sus sentimientos. Pero como se puede ver... las cosas están por cambiar, no queda mucho para que se pongan interesantes ;-)
Ahora... aparte de todo, quiero hablar del porqué detrás de que no haya desarrollado a Link tanto como a Zelda.
Quizás la decisión vino porque desde casi el primer momento en que empecé esta historia, en ese lejano abril de confinamiento, supe que no la iba a dejar como un simple universo alternativo en el que todo salía bien y eran felices (todo un Age of Calamity xD). Pensé en que podría hacerle una continuación para narrar los sucesos de BoTW, pero adoptando mi propio estilo (sí, ya sé, un experimento poco original y copiado xd).
En fin, el caso es que acabé dándole luz verde al asunto, y pensando en que en la secuela se podría indagar mucho más en la personalidad de Link, dejé esta historia como una narración casi total desde la perspectiva de Zelda. El problema es que, en esta historia y en su continuación, Link iba a tener una personalidad diferente(sí, ya sé, un experimento poco original y copiado x2), y que por eso no tenía sentido dejar a Link de lado en esta.
Y... ¿conclusión? Que cada ciertos capítulos meteré algo enfocado en Link, para darle un poco más de variedad a la historia, y para que también podáis conocer en mayor profundidad cómo se siente ante los distintos avances de trama. Creo que será lo mejor.
Pero bueno, por mi parte, yo ya iré comenzando a trabajar en la planificación de la secuela. Perfeccionaré lo poco de trama de aventura que tiene este fic y le daré un desarrollo personal a Link un poquito novedoso (aunque quién sabe, puede que mi idea ya haya sido pensada por alguien antes, y que al final ya no sea tan nueva), pero por el que creo que merece la pena arriesgarse ;). Mi objetivo es superarme cada vez más, y daré mi mejor esfuerzo para que los resultados sean mucho mejores que los de esta historia, aparte de mejorar en algunos de los ámbitos en los que cojeo un poco. Aún me queda mucho por aprender y un largo camino que recorrer, pero merecerá la pena (sólo llevo un año y algo dedicándome en serio a la escritura, con poca experiencia previa lol).
Y todo este esfuerzo es por vosotros. Si en mi primer fic no hubiera recibido comentarios bonitos, puede que me hubiera acabado entristeciendo y no hubiera querido seguir con la historia, y por tanto, que estas ideas no vieran la luz. Sois muy importantes para mí, y me esfuerzo cada día más por traeros algo de mínima calidad.
Dicho esto, creo que ya acabé de contaros todo lo que quería comentar. Si mis intentos de ser más organizada con mis historias (cosa en la que fracaso rotundamente) son fructíferos, nos veremos en dos semanas. Y si no... pues significa que sigo siendo un desastre en la organización xD.
Nos vemos pronto,
Mimmary.
