Disclaimer: Los personajes son de J.K. Rowling y de la Warner. Ellos cobran, yo recibo comentarios. Prefiero lo segundo, personas preciosas.
Gracias por las lecturas y los reviews, como siempre. La traducción de las frases en inglés está abajo.
Y lo siento :(
Trigger Warning: Masturbación explícita.
¿Bailamos juntos?
Cuando Lady pasó de asear su lomo a darle lametones en las piernas, Harry se despertó. Lady estaba estirada entre sus piernas, acicalándose con entrega.
—Buenos días, pequeña —susurró Harry, muy contento—. Hoy me has elegido a mí, ¿eh? Ya era hora, estaba empezando a ponerme celoso.
Esta le miró durante unos segundos, bostezó y se estiró cuan larga era. De un salto bajó del sofá y se dirigió hacia su cajón de arena. Harry escuchó atentamente en dirección al dormitorio, pero no venía ningún sonido de allí. Draco debía seguir dormido.
«Tanto mejor», pensó con satisfacción. En un piso tan pequeño y pasando todo su tiempo fuera del trabajo con Draco era imposible tener un poco de intimidad.
La necesitaba. La noche anterior, a causa de las caricias de Draco, Harry se había despertado con una erección de campeonato. Afortunadamente, llevaba unos bóxers ajustados que la habían disimulado dentro del pantalón suelto. No estaba acostumbrado a usar ropa interior en casa, pero era mejor eso que haber levantado una tienda de campaña.
Sin perder el tiempo, Harry metió las manos debajo de la manta y se bajó el calzoncillo lo justo para liberar su erección. Agarrándose la polla con la mano izquierda, se lamió la palma de la mano derecha, ensalivándola abundantemente antes de bajarla y utilizándola para frotarse el glande en círculos.
Con un profundo suspiro, Harry echó la cabeza hacia atrás y sus caderas se impulsaron hacia adelante. Se masturbó con energía, estimulándose con ambas manos. Cuando la saliva se secó, volvió a humedecerse la mano y aumentó la velocidad, jadeando entrecortadamente.
Apretando la mandíbula, ahogó un gemido y se corrió abundantemente. Respirando profundamente para recuperar el aliento, Harry se relajó contra el cojín que usaba de almohada, sujetándose todavía con el pene semierecto con la mano izquierda. Habría sido maravilloso hacerlo durar más, pero no podía arriesgarse a que Draco despertase. Con la mano, Harry tanteó la mesa en busca de su varita. La encontró y realizó el hechizo de limpieza, notándola extrañamente corta.
Se fijó más detenidamente, dándose cuenta de que había cogido la varita de espino, que Draco había dejado allí un par de días atrás, y no la suya. La acarició con el dedo, recorriendo toda su longitud, sintiendo cómo la varita lo reconocía.
La noche anterior regresó a su mente. Con placer culpable, Harry se mordió el labio. Se había despertado cuando la película ya había terminado, pero Draco estaba acariciándole y se había dejado hacer, disfrutando del contacto.
Era posible que Draco fuese así de cariñoso con sus amistades en la intimidad, no podía saberlo, pero Harry lo dudaba. Para él, era patente que le gustaba a Draco y este no tenía los mismos inconvenientes morales que él. Egoístamente, se preguntó si debería tenerlos él. Draco no parecía especialmente obnubilado, sólo un chico normal recuperándose de sus heridas. Harry decidió que, en cuanto viese la oportunidad, hablaría con Draco sobre el tema, le explicaría sus reparos y le propondría que, cuando estuviese recuperado en todos los sentidos, podían intentar salir juntos si aún lo deseaba. Feliz por haber tomado la decisión, decidió que era buena hora para levantarse.
Oyó la cisterna del retrete. Con rapidez, Harry se colocó la ropa y se levantó, desperezándose. Draco salió unos segundos después del cuarto, precedido por Lady que, con el rabo en alto, le intentaba guiar hasta su cuenco.
—Esta gata es demasiado lista, Harry —gruñó Draco a modo de saludo—. Ha venido a exigirme que le pusiese el desayuno.
—Me alegro de que entiendas mi sufrimiento cuando no tengo que madrugar y ella decide que le importa un comino.
—Ni que te matásemos de hambre —añadió Draco sarcásticamente, dirigiéndose a Lady que, sentada, le maulló suplicante—. Ya voy…
Harry aprovechó que Draco estaba ocupado dando de comer a Lady para utilizar el retrete y darse una ducha. Al salir, el aroma a café recién hecho y pan tostado inundaba toda la casa. Se sintió muy orgulloso de Draco. Harry sabía que era muy inteligente, pues muchas de las cosas que aprendía eran por pura observación, siendo capaz de repetirlas después sin ayuda.
A él le había costado menos trabajo adaptarse, pero también había crecido en el mundo muggle, aunque fuese con gente como los Dursley. Ron, cuya situación era más similar a la de Draco, aún no sabía cómo escribir un correo en el ordenador, mientras que Draco ya había hecho sus primeras búsquedas.
«Por eso es un superviviente», concluyó Harry, terminando de secarse y vistiéndose. «Porque es capaz de adaptarse a todo. De un cabrón loco que nos quería matar a todos, a vivir en un agujero inmundo y de ahí a vagar en la calle. Ahora parece haber llevado una vida muggle siempre, cocinando y limpiando como cualquier chico independizado de su edad».
Draco le esperaba sentado delante del desayuno servido. Cuando le vio salir, le dirigió una sonrisa que Harry correspondió automáticamente.
—No era necesario que me esperases —dijo Harry, sentándose enfrente de él.
—No importa, sabía que ibas a tardar poco y prefería que desayunásemos juntos.
Comieron en un cómodo y agradable silencio, roto por el sonido de los cubiertos. Se sentía casi tan bien como volver a casa tras un largo viaje. Harry se prometió que, cuando hablase con Draco, antes de nada le ofrecería vivir juntos compartiendo piso. Ya buscarían otro sitio o se apañarían con las habitaciones. Aunque se estuviese haciendo ilusiones y Draco no quisiera nada con él, tenían buena química y podría ser una buena manera de que Draco se integrase en el mundo muggle, encontrase un empleo, y rehiciese su vida.
Recogieron, fregaron y limpiaron todos los restos mientras bromeaban y se pinchaban con camaradería. Harry sonrió todo el rato, sintiéndose feliz.
—Voy a limpiar un poco, si quieres puedes irte duchando y cuando estés listo te administraré la poción —le indicó Harry.
—No seas idiota, Harry —espetó Draco—. Aquí vivimos los dos, así que limpiaremos los dos.
Harry sonrió más, accediendo. Draco hizo un sonido satisfecho por la victoria obtenida. Draco tenía razón, no tenía sentido tratarle como un paciente en reposo porque estaba haciendo vida normal y pretender lo contrario equivaldría a insultarle, así que Harry le dejó disfrutar de su pequeño triunfo.
—¿Te parece bien si pongo música mientras limpiamos? —propuso Harry.
—¿Igual que en el reproductor?
—Sí, podemos poner el CD dentro del lector de la televisión y escucharlo por ahí.
—¡Oh! ¿Eso es posible? —Draco pareció sorprendido durante un segundo, pero luego asintió—. Claro que sí, qué tontería. Sería absurdo que los muggles no escuchasen música a todo volumen.
—¿Qué te apetece escuchar?
—Lo que tú quieras.
—Pues algo movidito, entonces —contestó Harry, pensando que no sería buena idea poner el disco de The Beatles que tanto le había afectado el día anterior.
Harry abrió el armario y sacó un disco de pop que introdujo en el reproductor. Subió el volumen para que sonase en toda la casa. Esquivando a Lady, que trataba de cazar las tiras de la fregona y las esquinas de los trapos, los dos se pusieron manos a la obra.
Dedicaron parte de la mañana a limpiar, repartiéndose las tareas, con Draco parandose a menudo a escuchar las canciones que iban saltando y preguntando o dando su opinión sobre ellas. Harry pudo ver que, efectivamente, sus impresiones sobre Draco eran correctas. Arrimaba el hombro con decisión, muy lejos de su antigua imagen de niño pijo, aprendía rápido y era concienzudo, algo que recordaba de verle trabajar en clase de Pociones.
Al terminar, la casa brillaba. El esfuerzo había perlado de sudor la frente de Draco, que sonreía satisfecho mirando el trabajo realizado. Harry se dejó caer en el sofá y bajó el volumen para poder escucharle.
—¿Ya está todo? —preguntó Draco, sentándose a su lado.
—Cualquiera diría que has disfrutado haciendo las tareas domésticas —bromeó Harry.
—Lo cierto es que sí —admitió Draco con una mueca.
—Había dado por hecho que no estabas acostumbrado a hacer este tipo de tareas.
—Y no lo estoy. En la Mansión teníamos elfos domésticos y después no hubo casa que limpiar. Es agradable sentirse útil. Siento que, al menos, puedo corresponderte de alguna manera.
—No es necesario que correspondas nada.
—Lo sé, pero quiero hacerlo —dijo Draco, firmemente—. Y esto es algo dentro de mis posibilidades.
—De acuerdo, de acuerdo —concedió Harry, al notar que Draco había fruncido el ceño ante sus palabras—. Ve a ducharte y yo prepararé la habitación para darte el tratamiento.
Draco asintió y, levantándose, desapareció por la puerta de la habitación. Harry se quedó allí sentado unos minutos más, haciendo carantoñas a Lady, que estaba intentando llamar su atención frotándose contra sus piernas. Con pereza, se levantó y realizó los hechizos para convertir la cama en camilla.
Notaba un pequeño tirón en el estómago por la culpabilidad que le producía sentirse excitado por volver a ver a Draco desnudo. Esa sensación estaba fuera de la relación médico-paciente y deseó haber hablado ya con Draco sobre sus sentimientos, para no sentirse como un mirón.
Draco salió del baño, secándose los restos de agua del pelo con una toalla más pequeña. Harry aprovechó para echar un vistazo a su cuerpo. Delgado, todavía en exceso, aunque gracias a las pociones y la alimentación había cogido peso. Con una piel suave que se moría por acariciar más eróticamente. Para distraerse, Harry transformó la silla y se puso los guantes. Draco dejó las toallas a un lado y se tumbó en la camilla en silencio.
Harry acercó el taburete y calentó la poción entre sus manos, examinando los pies y dedos de Draco. Podía notar perfectamente la diferencia con unos días antes: los dedos no estaban engarrotados y tenían una posición más natural. Con suavidad, Harry empezó a extender la poción por la planta del pie, extendiéndola hacia el dorso y entre los dedos, masajeando cada uno de ellos individualmente. Draco se estremeció.
—Tu mejoría es magnífica —dijo Harry en voz baja. Draco no hizo gesto alguno de haberle oído—. Tienes la piel perfecta incluso en la planta de los pies. Cuando llegaste, los tenías destrozados y llenos de durezas. Los dedos están en sus posiciones y se mueven adecuadamente. ¿Te duelen?
—No —contestó Draco secamente. Con un tono más conciliador, añadió—: Ayer tampoco me dolió. Apenas percibo el efecto anestésico de la poción.
—Me alegro. De hecho, podríamos darte por sanado ya, aunque es conveniente hacer caso a Michael y darte tres sesiones más. —«Si es que no me matas cuando te explique lo que siento por ti», pensó Harry, repentinamente inseguro por el tono receloso de Draco.
—Qué buena noticia —respondió Draco, tenso.
—Tienes unos pies muy bonitos —dijo Harry, intentando relajarle un poco porque notaba sus músculos y articulaciones rígidas, dificultando la aplicación de la poción.
—No digas tonterías, Harry. No niego que haya pies bonitos en el mundo, pero no creo que estos sean un buen ejemplo.
—No es broma. Tienes un arco perfecto —dijo Harry, deslizando un dedo por la parte interior del pie— y unos dedos muy proporcionados —deslizó el dedo por las yemas de estos, una por una—, con el empeine armonizando el conjunto —finalizó, llegando con el dedo hasta el tobillo.
—Me… me haces cosquillas —dijo Draco con voz ahogada.
—Lo siento.
«Dios, ¿en qué estoy pensando?», pensó Harry, aterrorizado. Se había vuelto loco. La mera visión de Draco desnudo y confiando en él le había hecho perder el norte. «Tengo que controlarme», se reprendió a sí mismo.
Con decisión, Harry respiró profundamente y se concentró en masajear el resto de articulaciones, intentando no pensar en lo bonita que era la piel de Draco y las maravillas que había conseguido hacer el jabón mágico para restaurarla. Poco a poco, Draco se relajó, aunque la ya habitual erección hizo su aparición dificultando el propósito de Harry de controlarse y no volver a tocar inapropiadamente a Draco.
Apreció también la mejoría en los dedos de las manos y las muñecas mientras los envolvía en sus manos y frotaba enérgicamente, intentando no hacer paralelismos con otras partes del cuerpo. Harry estaba llevando tan al límite su capacidad de autocontrol para no confesarse ahí mismo a Draco, que apenas se dio cuenta de lo tenso que estaba este hasta que dio una sacudida con el brazo izquierdo.
Pensando que le había hecho daño y percibiendo la tensión que hacía unos minutos no estaba ahí, por un momento temió que Draco se hubiese dado cuenta de lo que pensaba y estuviese enfadado con él.
—¿Estás… estás bien? —preguntó Harry con timidez.
—Sí. —La respuesta de Draco fue cortante, mucho más que antes.
—Estás muy tenso —dijo Harry. Draco desvió los ojos, intentando mirarle—. Lo siento si he hecho algo mal.
—No es cosa tuya. Es… —Draco se interrumpió—. Estos días me has extendido la poción en las manos sin mover mis brazos de su sitio y ahora ibas a dar la vuelta al brazo. No lo esperaba.
Harry le miró, confundido. No era cierto que no le hubiese girado los brazos, lo había hecho para poder extender bien la poción por las muñecas y la palma de la mano. Tardó unos segundos en darse cuenta de que era el izquierdo.
—Draco… —Harry no pudo evitar que un pequeño deje de lástima impregnara su voz—. No te preocupes por eso. Ya la he visto estos días de atrás. Sé que está ahí.
—Lo imagino —contestó Draco—. Pero ahora está mucho más visible que antes. Creo que estaba enterrada en suciedad, camuflada por el color mugriento que mi piel había adoptado durante estos.
—Es posible, ahora tienes la piel mucho más clara, más parecida a la que recordaba de nuestra época de Hogwarts.
—El jabón ha hecho verdaderas maravillas, pero también significa que ha sacado a la luz la marca que ese hijo de puta puso en mi brazo —escupió Draco con odio—. Como si fuese ganado.
—Draco… eres mucho más que este tatuaje —enfatizó Harry—. Yo soy mucho más que esta cicatriz que llevo en la frente. Somos algo más que la suma de todo lo que nos compone, eso nos hace humanos.
—Soy idiota —repuso Draco, apretando los labios un segundo—. He pensado que si girabas mi brazo verías la marca destacando sobre la piel recuperada y entonces recordarías quien fui de verdad. Que volverías a acordarte de todo lo que está mal en mí y me dejarías de lado.
—Eso no va a ocurrir bajo ningún concepto, Draco —dijo Harry vehementemente—. Sé quién eras hace años y sé quién eres ahora Eso no cambia dónde estamos.
—Ya he dicho que soy idiota, Potter —espetó Draco antes de volver a suavizar el tono—. Mi lógica trabaja por un lado gritándome lo que tú estás diciendo y mi instinto por otro intentando protegerme de un rechazo.
Con cuidado, Harry cogió el brazo de Draco, girándolo. Miró la marca tenebrosa que, efectivamente, destacaba mucho más que antes, aunque no se habría percatado si Draco no hubiese llamado su atención sobre ese hecho. Extendió la poción por la muñeca, palma y dedos. Cuando terminó, acarició el contorno de la marca con la yema del dedo, con un movimiento similar al que había usado para sus pies.
—Soy un desastre emocionalmente hablando —murmuró Draco al sentir el contacto.
—Lo raro sería lo contrario. Esa también es una herida, una que no se ve como las demás enfermedades físicas de tu cuerpo y que tienes que sanar. Lo estás haciendo muy bien, Draco.
Al levantar la vista, vio que Draco lo miraba intensamente. Le sonrió al pedirle que se pusiese de lado para masajear su columna vertebral. Intentando no dirigir su mirada más abajo del final de la espalda, Harry oyó cómo Draco murmuraba:
—Gracias a ti.
Ninguno añadió nada más.
Harry salió de la habitación, comentado iba a preparar la comida. Sentado desnudo sobre la camilla Draco se miró el brazo izquierdo, sin poder creer que Harry le hubiera acariciado así. Había sido muy sensual. Igual que la caricia en sus pies.
«Si eso no ha sido toda una declaración de intenciones, a fe de Merlín que tengo el radar romántico muy estropeado», pensó, con el ánimo alto.
La caricia en el pie le había resultado tan excitante que ni siquiera recordaba qué le había dicho como excusa para que dejase de tocarle. Lo único que sabía era que, si hubiera seguido haciéndolo, no habría podido contener que la erección que intentaba mantener a raya sin éxito, masturbándose en la ducha justo antes de cada sesión, explotase.
Esas caricias, las de la noche anterior, el coger su mano y ponerla sobre su pecho… Draco tenía miedo de que fuese simplemente su imaginación, espoleada por unos sentimientos que veían connotaciones románticas o sexuales donde sólo había camaradería.
«No», se dijo a sí mismo. «El miedo viene del instinto de desconfiar de todo y de todos durante tantos años».
Draco se sentía, por primera vez en mucho tiempo, una persona y como tal, alguien digno de amar y ser amado.
«El miedo sólo socava y destruye. Si me equivoco y Harry no… bueno, hemos superado cosas peores», concluyó, satisfecho.
Se vistió notando que estaba usando las prendas de ropa de mayor talla. Harry tenía razón, estaba mejorando a pasos agigantados y eso le alegró. Draco salió a la sala, donde Harry estaba sacando ingredientes del armario helado, decidiendo qué comerían.
Se dirigió al televisor, intentando imitar los pasos que Harry había seguido esa mañana. Este le echó un vistazo desde la barra, pero no dijo nada. Draco consiguió sacar el disco del interior y meter el de Queen al primer intento. Se alegró, no sólo recordaba cómo lo había hecho Harry, los símbolos eran similares a los de su reproductor.
No supo, en cambio, qué hacer con la televisión más allá de encenderla. En la pantalla, una mujer rubia explicaba algo con soles y nubes sobre un mapa de las Islas Británicas. Pulsó el botón de reproducción, pero no logró que sonase el disco.
—Harry —le pidió ayuda.
Este se acercó, cogiendo el mando y explicándole qué botones debía pulsar. Subió el volumen y los acordes de Don't Stop Me Now llenaron la sala. Harry dejó el mando al lado de la mesita y se giró de vuelta hacia la barra de la cocina, pero Draco no se lo permitió.
Draco no sabía si eran los sentimientos que aún tenía a flor de piel, el ritmo electrizante de la canción, la alegría por estar sano después de tantos años sufriendo o el hecho de sentirse feliz como no lo era desde niño, lo que le impulsó a agarrar el brazo de Harry cuando este se dio media vuelta y atraerle a su lado.
—No seas soso, Potter —le pinchó, sonriendo—. Baila un poco.
—Draco, estoy haciendo la comida.
—¿Tienes algo al fuego?
—No, aun no —admitió Harry.
—Pues venga, no seas aburrido. —Draco empezó a bailar dejándose llevar por el ritmo de la música.
—Yo no sé bailar, Draco.
—No tienes que saber bailar, sólo déjate llevar por el ritmo de la música.
—No pienso hacer el ridículo —dijo Harry entre risas. Draco sonrió más, triunfante, había conseguido que se riese, había ganado la batalla.
—Venga, esto es más divertido que jugar el bingo de los viejos. Sólo esta canción. Te prometo que no pienso reírme de ti.
Harry accedió, meneando la cabeza, y empezó a bailar con él. Harry tenía razón: no sabía bailar. Draco nunca había bailado ese estilo de música, pero sí sabía llevar el ritmo, Harry apenas era capaz de mover simultáneamente los pies y los hombros.
No le importaba, estaba pasándolo genial. Draco se sentía exultante, casi catártico. La música, como la magia, tenía la habilidad de purgar y sacar lo pernicioso. Se dejó llevar por el ritmo de la música, dando incluso saltos cuando cantaba el estribillo, que se había aprendido en sus escuchas anteriores.
Miró a Harry, que estaba riendo como él. Draco le cogió las manos, guiándole en el ritmo. Harry se adaptó a él. El cantante llegó al coro final y Draco se acercó a Harry bailando más lento. Este soltó sus manos instintivamente y agarró sus brazos, como con miedo.
Estaban a un palmo de distancia el uno del otro, las manos de Harry en sus hombros y las de Draco en las caderas de Harry. Draco jadeaba ligeramente por el esfuerzo y la risa. Harry sonreía y se lamía el labio inferior. Sonó la siguiente canción.
I was born to love you
With every single beat of my heart
Yes, I was born to take care of you
Every single day
El corazón de Draco palpitaba en su pecho como si se quisiese salir. No estaba muy seguro de que fuese únicamente el esfuerzo físico. Comenzó a bailar como si fuese una canción lenta, y Harry reaccionó subiendo las manos a sus hombros.
You are the one for me
I am the man for you
You were made for me
You're my ecstasy
If I was given every opportunity
I'd kill for your love
Harry dudó una milésima de segundo más antes de empezar a seguirle el ritmo. Se deslizaron por la sala girando en pequeños círculos. Draco se acercó un poco más a él, abrazando estrechamente la cintura de Harry. Este cruzó los brazos por detrás de su nuca. Draco levantó los ojos de los labios entreabiertos de Harry en un esfuerzo por no quedarse embobado.
So take a chance with me
Let me romance with you
I'm caught in a dream
And my dream's come true
It's so hard to believe
This is happening to me
An amazing feelin' comin' through
Craso error. Los ojos verdes de Harry lo atraparon. No entendía esas ridículas gafas que escondían sus ojos. Eran absolutamente fabulosos. Harry le miraba fijamente, sin parpadear ni una sola vez. Draco se felicitó por no haberse fijado antes en los ojos de Harry, porque no entendía cómo alguien podía mirarlos y no quedarse extasiado.
I wanna love you
I love every little thing about you
I wanna love you, love you, love you
Se quedaron quietos mientras sonaba el último estribillo de la canción. Sus cuerpos estaban unidos desde las caderas hasta la nariz. Draco podía sentir el pecho de Harry chocar con el suyo cuando respiraban a la vez. Sólo tenía que acercar la cara un par de centímetros y probar ese labio que Harry estaba lamiendo de nuevo.
Con un movimiento rápido, salvó la distancia y lamió el labio de Harry con la punta de su lengua. Este no lo rechazó. Con más decisión, Draco volvió a acercarse, juntando sus labios durante varios segundos. Harry entreabrió los labios y él también lo hizo, intimando el beso. Sintió el estómago caer a sus pies y subirle a la garganta mientras una oleada de electricidad le recorría todo el cuerpo. Despacio, se separó.
Harry lo miraba intensamente. Draco le sonrió. Su sonrisa se borró cuando Harry bajó la mirada, avergonzado.
«Mierda. No era mi instinto desconfiando de todo y de todos. Veía señales donde no las había. He malinterpretado todo», pensó Draco, entrando en pánico.
—Lo siento, Harry. Yo pensé… creía que… —Draco intentó explicarse, soltando la cintura de Harry y dando un paso atrás.
—No, Draco, verás, yo… —Harry balbuceaba, nervioso—. No quería que tú… El agradecimiento de un paciente a veces…
—Harry —le cortó Draco—. Para. No hagas eso. —Draco sintió cómo una oleada de ira fría inundaba su pecho—. No se atrevas a echarme la culpa de lo que siento, por favor.
Draco ya había tenido en cuenta el factor del agradecimiento en sus cavilaciones y estaba razonablemente seguro de que Harry le gustaba por méritos propios.
—No, Draco, tenemos que hablar. —Harry apagó la televisión y se sentó en el sofá—. Ven.
—No, Potter —se negó Draco rotundamente—. No vamos a hablar de si te he besado porque estoy agradecido de que me hayas cuidado. No me importa si tú no sientes lo mismo por mí. Bueno, sí me importa, pero no es algo en lo que pueda influir. Siento si he malinterpretado tus gestos, pero basta con que digas que no. No me trates con condescendencia.
—Draco, me he explicado mal…
—Creo que te has explicado perfectamente.
—Draco, por favor, escucha…
—No quiero escuchar patéticas excusas sobre el agradecimiento. No necesito que me restriegues que soy la última persona en el mundo con la que nadie estaría. Eso puedo verlo sin tu ayuda
«Idiota, he sido un idiota». Supo que se había equivocado. No sabía cómo iba a mirar a Potter a la cara a partir de ahora y si iba a ser capaz de superar el rechazo a pesar de sus planes. «He estropeado todo por pensar que el que Harry me tratase con humanidad significaba que correspondiese mis sentimientos. Idiota, idiota, idiota».
Probablemente no había persona en la Tierra capaz de sentir algo así por él. Unos porque solo veían a un peligroso criminal que merecía lo peor y otros porque era algo invisible y asqueroso a evitar. Sintió unas terribles ganas de llorar. Por el rechazo de Harry, porque seguramente moriría solo y porque sabía que antes o después tendría que volver a vagabundear por las calles y no sabía si tendría fuerzas para superarlo.
—Está bien —se rindió Harry—, si no quieres hablar ahora no lo haremos.
—Me alegro de que lo hayas entendido.
Draco se fue al dormitorio y cerró la puerta, apoyándose en ella. Cuando estuvo seguro de que Harry no le seguía, se deslizó hasta quedar sentado en el suelo y abrazó sus piernas.
—Eres un completo idiota, Draco Malfoy —se lamentó golpeando la nuca contra la puerta.
Enterró la cara en las rodillas y dio rienda suelta a sus lágrimas.
Nací Para Amarte
Nací para amarte
Con cada latido de mi corazón
Si, nací para cuidarte
Todos los días
Eres única para mi y yo soy el hombre para ti
Fuiste hecha para mi, eres mi éxtasis
Si me dieran la oportunidad yo mataría por tu amor
Así que arriésgate conmigo, déjame fantasear contigo
Estoy agarrado en un sueño y mis sueños se realizan
Es tan difícil de creer, esto me alegra
Un sentimiento asombroso que llega.
Quiero amarte, amo cada pequeña cosa de ti
Quiero amarte, amarte, amarte
