Disclaimer: Los personajes son de J.K. Rowling y de la Warner y yo no obtengo beneficio económico de esto.
Otro capítulo más. Mil gracias como siempre por los reviews y por las lecturas.
Trigger Warning: Masturbación explícita.
Conversaciones pendientes
Harry se quedó en el sofá durante varios minutos, con la mirada perdida. Sabía que la había cagado. Comprendió que primero tenía que haber aceptado lo que Draco le estaba entregando y después haber hablado con él.
«O mejor todavía, haberlo hecho ayer», pensó, arrepentido. «Pero en lugar de hacerlo, le he correspondido para luego hundirle con mis dudas».
Harry cogió el portátil para escribir a Hermione. Imaginaba lo que le iba a contestar, con el tono que utilizaba al razonar con él o con Ron sobre la necesidad de hablar de sus sentimientos con otras personas:
—Harry, espera a que se le pase el enfado. Ahora está dolido y se siente rechazado, pero si lo hablas con él, podréis solucionar el problema.
«Cuanto te echo de menos, Hermione. Si hubieras estado aquí, me habrías dado la lata hasta conseguir que hablase con él en lugar de postergarlo y seguramente no estaría en este lío», pensó, esbozando una sonrisa triste.
—No lo sé, compañero. ¿A ti te gusta? Quiero decir… es Malfoy —diría Ron, remarcando el apellido con un énfasis que pusiese en duda su cordura—, pero no sé, si a ti te gusta, bésale. Que yo no entiendo cómo puede gustarte, pero oye, cada uno…
Se echó a reír histéricamente. Hermione le habría cortado para que no siguiese diciendo alguna barbaridad con algún comentario sobre que Ron gestionaba sus sentimientos igual que una zapatilla vieja. Harry sabía que no era cierto, ambos habían aprendido mucho en esos años.
Suspiró, echando mucho de menos a Ron cerca, ya que seguramente habría acabado dándole el empujoncito necesario aunque no entendiese por qué Draco.
Hermione y Ron hacían de Harry una mejor persona, se completaban y tantos años juntos les habían dado una complicidad enorme, se entendían como poca gente. Era en ocasiones como esta cuando más los echaba de menos como la familia que eran.
Empezó a contarles lo que había pasado y pidiéndoles consejo. Gran parte de sus dudas se habían disipado con las palabras de Draco, ya que había comprobado que este había considerado los mismos problemas que él. Escribió durante un rato, de manera caótica, desahogándolo todo sobre el teclado. Al terminar, se dio cuenta que si lo enviaba así, no iban a entender nada y decidió reposarlo. Revisaría y ordenaría la información por la noche, antes de enviarlo.
Harry se acercó a la puerta del dormitorio. Apoyó la cabeza y las palmas de las manos en la puerta, en silencio. Percibió el quedo sollozo de Draco al otro lado. Oírlo hizo que el pecho le doliese. Si al menos estuviera dispuesto a escucharle…
Tenía que ir a trabajar, aunque no le apetecía. Con desgana, Harry terminó de hacer la comida. La dejó en la barra con un encantamiento calentador. No tenía hambre, pero quizá Draco quisiese salir a comer. Volvió a escuchar a través de la puerta, pero ya no oyó nada. Golpeó con los nudillos.
—Draco, he de irme a trabajar. —Harry esperó unos segundos, pero Draco no contestó—. En la cocina te he dejado la comida, por si te apetece. Intenta comer algo, por favor, aunque sea sólo para tomar tus pociones. —Sopesó si decir lo que estaba pensando. Decidió hacerlo—. Yo… lo siento mucho, Draco. No que me beses, sino cómo he reaccionado yo. Deberíamos hablar, porque me gustaría aclarar algunas cosas, pero entiendo que no quieras hacerlo ahora mismo. Cuando vuelva, traeré cena. Chino, ¿te parece bien? Si te apetece, podemos ver otra película juntos.
Se calló porque estaba empezando a balbucear. Por un lado, quería decirle que deseaba que todo siguiese igual entre ellos y, por otro lado, que eso era mentira, que ojalá hubiese otro beso, muchos más besos. Pero en ese momento tenía que respetar que Draco no quisiese hablar de eso.
La vida podía ser muy complicada, a veces, Harry prefería cuando sólo tenía que perseguir a un mago tenebroso. Esperó unos segundos más por si Draco le contestaba.
«A lo mejor está dormido», se le ocurrió. Deprisa, garabateó un par de frases en una hoja de papel, con lo mismo que le había dicho, y lo dejó junto a la comida.
Con el corazón en un puño, Harry salió por la puerta.
Draco seguía al otro lado de la puerta, abrazándose las rodillas todavía. Cuando Harry habló al otro lado de la puerta, le había oído claramente. Su voz, derrotada y desesperada, le había removido todos los sentimientos. Por un momento, había estado tentado de contestarle. O levantarse y abrir.
Oyó la puerta de la calle cerrarse suavemente. Se arrepintió de no haber salido o respondido. Harry se había portado muy bien con él, no se merecía un muro de silencio, por muy dolido él que estuviese. Valoró salir y llamarle desde el rellano de las escaleras pero, si lo hacía, le impediría llegar a trabajar a tiempo.
«Me ha prometido cena china y película. Vale, no lo ha prometido, pero ha sonado a promesa. Tiene razón, deberíamos hablar».
A veces, Draco tenía la impresión de que Harry estaba hablando las cosas todo el tiempo, pero gracias a eso se llevaban mejor y solucionaban los conflictos antes de que se enquistasen.
—Granger —dictaminó con sorna, suponiendo que esa faceta de Harry había sido influencia de alguien más—, Weasley no parecía tan expresivo en Hogwarts, mientras que Granger hablaba por los codos.
Le envidió de nuevo. Greg y Vincent habían sido… bueno… obedientes. Si tenían sentimientos, Draco nunca se había enterado. Con el resto, hablar de sentimientos había sido exponerse, algo que podía volverse en tu contra. No era lo más conveniente. Durante el funesto gobierno de los mortífagos, los sentimientos había habido que enterrarlos en lo más profundo para que los destinatarios de esos sentimientos siguieran vivos e indemnes.
Se prometió que hablaría con Harry al volver. Se había sentido mejor con oírle tras la puerta. Además, Draco había repasado lo ocurrido varias veces y había concluido que Harry no lo había rechazado. Había parecido más avergonzado y apurado porque Draco estuviese confundiendo agradecimiento con atracción que otra cosa. En ningún momento lo había apartado. Es más, Draco podría jurar que había correspondido el beso. No era idiota, tampoco iba a albergar esperanzas otra vez. Pero Harry parecía dispuesto a abrir una oportunidad al menos a una amistad y Draco estaba dispuesto a aceptar esa mano amiga.
—Vaya, parece que a la señorita estirada no le gusta que haya puertas cerradas donde no pueda entrar, ¿eh? —dijo Draco al oír que Lady rascaba al otro lado de la puerta.
Abrió la puerta. Lady entró, husmeando la habitación con curiosidad. Draco río quedamente cuando la gata se frotó contra sus piernas y se sentó formalmente a sus pies, relamiéndose la trufa.
—Y ahora resulta que es usted una relamida, además de controladora y cotilla. Un dechado de virtudes —bromeó Draco, echándose a reír cuando la gata le contestó con un maullido—. Venga, vamos a comer. Harry tiene razón, tengo que tomar mis pociones.
La comida preparada bajo un hechizo calentador era otro indicador de que, por parte de Harry, el beso no había cambiado nada. Con un profundo alivio, Draco se sentó a dar cuenta del plato con apetito, aunque unos minutos atrás hubiera jurado que no tenía hambre. Encontró y, con una punzada de culpabilidad por la preocupación que reflejaba, leyó la nota que Harry le había dejado. Fregando la vajilla, se percató de que Harry se había marchado sin comer.
—Tu humano puede ser un poco dramas a veces, Lady. —Esta movió las orejas al reconocer su nombre—. Con menudo se ha ido a juntar.
Se sentó en el sofá para terminar de leer el libro. Se fijó en que el portátil estaba encendido. Curioso, Draco lo acercó leyendo el texto que había en primer plano. Al acabar, se sintió culpable por haber leído una carta de Harry a sus amigos. Seguramente era tan ilegal en el mundo muggle como en el mágico. Se fijó en que ni siquiera lo había enviado y se preguntó por qué razón habría decidido dejarlo a medias. Cerró la tapadera del ordenador. Así, Harry se daría cuenta de que lo había visto; esperaba que no le sentase mal teniendo en cuenta que no había ido buscándolo.
«No se va a librar de que me meta con él por su pobre redacción», pensó Draco con una sonrisita maliciosa.
Suspiró satisfecho. La carta de Harry le había aclarado las dudas que tenía. Le gustaba a Harry. Tanto como para que este se preocupase por su salud emocional y se esforzase en protegerlo y comportarse con ética. Le gustó que Harry les hubiese hablado de él a sus amigos de esa manera, como interés romántico. Quería decir que significaba mucho para Harry.
—Me he comportado como un adolescente, Lady. Menos mal que tu humano tiene paciencia —murmuró, alegrándose de haber leído la carta a pesar de todo.
Harry había querido hablar. Le prometía a Granger en la carta que lo haría. Draco sonrió orgullos: había estado en lo cierto y era ella quien le animaba a hablar de sus sentimientos.
—Pequeña tunanta, tú sí que sabes manejar a un humano a tu antojo. —Rascó a Lady entre las orejas, sonriendo al verla cerrar los ojos con placer. La gata se dejó caer de lado descubriendo la tripa. Riendo, Draco le acarició allí—. Voy a escucharle, pero te prometo que no le voy a dejar huir. No es agradecimiento. Gryffindors… nunca creas a un Gryffindor cuando hable de valentía, Lady, es todo pura fachada.
Mucho más contento, Draco cogió el libro para leer. Lady se acomodó a su lado, aprovechando su calor corporal y sus caricias. Draco perdió la noción del tiempo, interrumpiéndose sólo para encender la luz al anochecer y cuando lo acabó.
—Me gusta cuando un libro te deja un vacío en el pecho al terminarlo —le dijo a Lady, que movió una oreja en señal de que le había oído—. La sensación de que no puedes volver a leerlo desde cero, Bueno, quizá un obliviate, aunque no creo que compense.
La cerradura de la puerta sonó y Harry apareció cargado con su sempiterna mochila y una bolsa de comida para llevar. Draco vio desde el sofá que traía la cara triste. Cuando Harry se volvió y lo vio sentado en el sofá, Draco le sonrió abiertamente, tratando de decirle sin palabras que ya no estaba molesto.
—Hola —dijo Harry con voz temerosa—. Ya estoy en casa.
—Obviamente —contestó Draco, sin poder contenerse. Harry hizo una mueca extraña, así que se apresuró a añadir—: Siento el drama que he montado esta mañana.
Harry lo miró de hito en hito. Fuese lo que fuese lo que Harry esperase al llegar a casa, era evidente que no esperaba encontrase a Draco tan conciliador. Draco dejó el libro en la mesa y se acercó a él, cogiendo la bolsa de comida de sus manos y dejándola en la barra. Harry pareció reaccionar y se descolgó la mochila.
—Creo que he malinterpretado algunas cosas —continuó Draco antes de que Harry pudiese decir nada—. Y mi cabezonería en no querer hablar contigo para aclararlas las ha empeorado. ¿Quieres que hablemos ahora?
Harry asintió, dejando la mochila en el suelo. Draco le agarró la mano y lo llevó al sofá, sentándose tan juntos que sus rodillas se tocaban.
—Draco, yo… No quiero que te disculpes por besarme.
—Espera. —Draco le puso un dedo en el labio—. Primero yo. No, no te estoy diciendo que sienta haberte besado. Te estoy pidiendo perdón por mi reacción de después. He visto la carta que le estabas escribiendo a Granger. Eso también lo siento, el ordenador estaba abierto y cuando quise darme cuenta de qué era lo que estaba leyendo ya era tarde.
—No importa —se apresuró a responder Harry.
—No volverá a ocurrir, pero hoy me alegro de que haya sido así, porque he podido ver lo que me querías decir.
—Entonces yo también me alegro.
—Harry… Me gustas. Mucho —recalcó Draco—. Sé que solo llevo unos pocos días aquí y que puede parecer confusión, pero realmente me gusta la persona que eres.
Harry fue a decir algo, pero Draco volvió a negar con la cabeza, pidiéndole que esperase.
—Sé que yo a ti también te gusto. No por la carta a Granger. Es bastante evidente por cómo me tratas y lo que hacemos juntos: por eso te besé. —Harry asintió y el corazón de Draco bombeó, intentando salírsele del pecho—. Entiendo que no estés seguro, y que no te fíes de mis sentimientos. No pasa nada, podemos seguir siendo amigos, hemos superado peores cosas.
Harry le miró atónito durante varios segundos. Draco se mordió el labio. Acababa de darse cuenta de que, desde fuera, seguramente parecía alguien que estaba intentando proteger su situación y no enemistarse con quien le estaba dando alojamiento y comida gratis, además de muchas otras cosas.
—No sé qué podría decir para hacerte ver que esto no es por lo mucho que estás haciendo por mí. Estoy muy agradecido por todo. Joder, me has salvado la vida, Harry, cómo no iba a estarlo. Eres mi amigo, y me gustaría seguir siéndolo, incluso si prefieres que no esté aquí. Si deseas que me vaya, me iré. Y si quieres que me quede, me quedaré. La decisión es tuya.
—No quiero que te vayas —contestó Harry rápidamente con la voz ronca.
Draco asintió con la cabeza. Se hizo un silencio tan largo entre ellos que Draco pensó que Harry no iba a decir nada más.
—Yo solo pensaba que… —dijo Harry finalmente—, como yo había… que tú… Tengo miedo.
—A que sea sólo agradecimiento —concluyó Draco, señalando el portátil con la cabeza. Harry asintió—. Te estoy muy agradecido. Pero no me gustas por eso. Estaba agradecido el primer día que me trajiste aquí y en ese momento no me gustabas.
—Lo demostrabas de una manera muy cáustica —se atrevió a burlarse Harry. «Buena señal», pensó Draco.
—Lo sé. Me daba miedo ser tu obra de caridad y que, cuando me hubieses sanado, volvieses a tirarme a la calle como hizo el Ministerio.
—¡Eso no va a ocurrir!
—También lo sé —le tranquilizó Draco—. Ahora. Por eso sé que te gusto realmente y que no sientes pena por mí.
Harry bajó la mirada, examinando concienzudamente sus zapatillas deportivas. Guardó silencio mucho rato. Draco esperó pacientemente.
—Gracias por hablar conmigo.
—Granger tiene razón, es muy liberador hacerlo. Y queda muy maduro. —Draco le quitó hierro al asunto, aunque estaba satisfecho de haber hecho bien las cosas.
Harry se echó a reír. Las arrugas de preocupación que traía al entrar por la puerta habían desaparecido y el ambiente estaba mucho más distendido. Le dio pena por un momento, debía haber estado todo el día triste por no haber accedido a hablar con él a mediodía. Draco se levantó del sofá para traer la cena a la mesa. Harry se levantó detrás de él.
—Draco. —Harry carraspeó e hizo una pequeña pausa. Draco se giró a mirarle —. Entonces…
Harry estaba de pie a dos pasos de él, con las manos en los bolsillos traseros y mordiéndose el labio. Draco no lo había visto ser tan torpe en una conversación en días. Se sintió tentado a lanzarle una pulla sobre lo poco que parecía haber mejorado desde su adolescencia en los temas románticos, pero se dio cuenta que eso atraería la atención a por qué lo sabía él y no quería meterse en ese río.
—¿Sí?
—Tú y yo… somos…
—Lo que quieras, Harry.
Harry levantó la vista de sus zapatillas y le miró intensamente. Caminó los dos pasos que les separaban y, aferrándole con fuerza de los brazos, le besó. Fue un beso torpe, sólo su boca pegada a la de Draco. Cuando se separó, Draco le sonrió, animándole. Harry le devolvió la sonrisa, embobado.
—Claro que quiero, idiota —murmuró Harry.
Deslizando los brazos por detrás de su espalda, Harry le acercó a él. Draco le correspondió abrazándole. Se volvieron a besar con más delicadeza. Ambos entreabrieron la boca, dejando que sus alientos se mezclasen. Con timidez, Harry deslizó su lengua por el labio inferior de Draco, provocando que este se estremeciese.
La lengua de Harry invadió la boca de Draco, explorándola. La de Draco salió a su encuentro, lamiéndola. Ambos profundizaron más el beso, comiéndose el uno al otro. Cuando Draco sintió que le faltaba el aliento, paró a su pesar. Se separaron, con Draco jadeando, ambos se quedaron rozándose nariz con nariz. Harry se quitó las gafas con una mano, empañadas por el calor, dejándolas en la barra de la cocina y volvió a abrazarlo.
—¿Por qué tú estás tan fresco y yo parece que he corrido alrededor del lago de Hogwarts? —se quejó Draco, con fingido desdén.
—Porque tienes que respirar por la nariz a la vez que besas —contestó Harry, riéndose.
—Claro. Tiene sentido —aceptó Draco. Hizo un mohín con los labios—. ¿Lo intentamos otra vez a ver si lo consigo?
Harry no contestó, besándolo otra vez. Esta vez Draco intentó recordarse a sí mismo respirar, no quería interrumpir el beso tan rápido. Funcionó, y estuvieron besándose como dos adolescentes durante lo que a él le parecieron simultáneamente minutos y horas. El pene de Draco estaba duro como una piedra, palpitando excitado. Y eso sólo con un par de besos.
No había sentido algo así con Pansy, con quien tuvo complicidad y cariño, pero poca pasión. Ambos pensaban en aquella época que podrían ser un buen partido el uno para el otro por sus familias, pero no había fuego entre ellos. Con Blaise había sido más experimentación y curiosidad que otra cosa, no sentía esa excitación que cosquilleaba en sus ingles y estómago al besar a Harry.
Entrando en pánico, Draco pensó que iban a llegar hasta el final. No era un ingenuo. Sabía, mejor dicho, imaginaba, lo que ocurría en el sexo. Lamentablemente, su educación sexual venía de las conversaciones con compañeros del colegio con la misma experiencia que él: ninguna. Tanto él como Harry eran chicos, por lo que a la nula práctica se sumaban sus escasos conocimientos. Probablemente su culo estaría implicado en todo aquello y empezó a preocuparse, porque no sabía qué esperar de ello.
Harry volvió a romper el beso, atacando su cuello, y el placer nubló la preocupación de Draco. Este alzó la cabeza, intentando ofrecerle la máxima piel posible, su excitación aumentando. El recuerdo de los cuatro besos mal dados en el colegio palidecía al lado de las sensaciones que estaban anulando su razonamiento. Harry se frotó contra él, haciendo que su erección aullase de placer y provocándole un estremecimiento que Harry notó.
En respuesta, Harry abandonó el cuello y volvió a su boca, llenándola de nuevo con su lengua. Estaban tan estrechamente abrazados que Draco sentía la erección de Harry aplastándose contra su ingle. Cuando Harry bajó las manos de la espalda, aferrando sus nalgas, Draco dio un respingo y puso una mano en el pecho de Harry para indicarle que parase. Harry lo hizo, mirándole inquisitivo.
—¿Está todo bien, Draco? —Harry estaba arrebatadoramente guapo. Draco le miró los labios, hinchados y rojos, las pupilas dilatadas de deseo, la lengua asomando entre los labios, lamiéndolos suavemente.
—Demasiado bien —contestó Draco mientras recuperaba el aliento.
Harry volvió a asaltar su boca. Draco se dejó hacer. Con la mano que había puesto en el pecho de Harry, Draco le acarició los pectorales por encima del jersey que llevaba, lamentando que hubiese tantas capas en medio. Harry pasó de simplemente aferrar sus nalgas a masajearlas, provocando que sus erecciones se rozasen con más intensidad. Draco, que estaba desbordado por las sensaciones, volvió a indicarle que parase.
Harry lo hizo, esta vez más serio. Entendía que algo no iba bien a pesar de su respuesta, pero no se alejó ni se separó, sólo separó la cara lo suficiente para poder mirarle a los ojos.
—¿Quieres que pare?
—Sí… quiero decir, no —respondió Draco, confuso. Su pene le gritaba desde dentro de sus calzoncillos. «¡No seas imbécil! ¡Se siente demasiado bien como para parar!». Su cerebro, en cambio, le preguntaba si estaba seguro de lo que iba a hacer. Harry se apartó más, preocupado—. ¡No! No te alejes.
Harry asintió, volviendo a abrazarle, dejando esta vez los brazos en su espalda, pero no lo volvió a besar.
—¿Qué ocurre, Draco? Esto es más divertido si lo disfrutamos ambos. Pensaba que tú también querías.
—¡Sí! Quiero decir que sí quiero y que sí lo estoy disfrutando. Es… Harry, yo… no he tenido oportunidades de hacer nada de esto con nadie.
—¿He ido demasiado lejos? Lo siento, no pretendía…
—No, no. Es que me he agobiado. La última vez que besé a alguien era un crío de quince años que estaba experimentando. De repente, todo me ha sobrepasado. Cuando me has… tocado… ha sido increíbles, pero también me ha dado miedo. No he tenido sexo con un chico nunca. Tampoco con una chica, claro. No quiero que me duela —confesó Draco, intentando balbucear.
—Draco, escúchame —le dijo Harry, mirándole muy serio—. No haremos nada que no quieras hacer. Además, el sexo anal no tiene por qué doler. Y se pueden hacer otras cosas. No tenemos por qué acostarnos ahora, podemos esperar a que tú quieras y, cuando lo hagamos, si tú no quieres ir abajo, no pasa nada, lo haré yo.
—¿Ir abajo?
—Arriba el que la mete, abajo el que recibe.
—¿Tú sueles ir abajo?
—Depende. —Harry se encogió de hombros—, con algunas parejas he ido arriba, con otras abajo y con otras nos hemos intercambiado, según nos apetecía.
—¿Y te gusta?
—Me encanta. —Draco levantó las cejas, escéptico. Harry se echó a reír—. Sé sincero, cuando te he tocado el culo, ¿te ha gustado? —Draco asintió, enrojeciendo—. Ahí tienes una pequeña prueba. —Mirándolo con cariño, añadió—: Draco, no te preocupes. No tiene por qué ocurrir nada que tú no quieras.
—Estoy un poco acojonado —admitió Draco con una carcajada nerviosa—. De repente esto ha ido un poco rápido y me he asustado. Claro que sé que debe ser muy placentero, que me va a gustar y tengo mucha curiosidad por probarlo, pero no es necesario hacerlo todo de golpe hoy, ¿no?
—Draco, tú estableces hasta dónde quieres que lleguemos y cómo, ¿de acuerdo?
Draco asintió. El momento seguía siendo íntimo. Los reparos de Draco no habían enrarecido el ambiente. Al contrario, ambos seguían muy calientes. Se felicitó, había tomado una buena decisión parándole para hablar y sentar límites.
«Gracias a Granger por insistir tanto en hablar, me lo había pegado hasta a mí», resopló Draco, riéndose por la ocurrencia.
Lentamente, Draco volvió a besarle. Estaba dispuesto a jurar por Merlin que no se cansaría nunca de beberse los labios de Harry. Esta vez fue Draco quien marcó la cadencia, lenta y tranquila, enterrando una de las manos en el suave pelo de Harry. Con un pequeño mordisco en el labio inferior de Harry, se separó con una sonrisa.
—Me jode decir esto, pero deberíamos cenar. Es tardísimo y yo no me he tomado mis pociones.
—Tienes razón —rio Harry. Le besó una vez más en los labios y se separó de Draco.
—Harry…
—¿Sí?
—Gracias. Por ser paciente y no presionarme.
Harry sonrió. Cenaron sentados en la barra. Draco había comido comida china anteriormente, pero no recordaba que fuese como aquella y eso fue motivo de varias bromas durante la cena, que estuvo salpicada de sonrisas cómplices. Tras recoger y fregar, Draco vio que Harry cogía la manta, preparándose para dormir en el sofá.
—Harry, ¿dormirías conmigo esta noche? —Harry le miró con la cabeza ladeada y una expresión sorprendida—. Es absurdo que duermas en el sofá, en la cama hay sitio para los dos. Estarás más cómodo y la idea me parece… agradable.
—¿Estás intentando seducirme? —bromeó Harry.
— Sólo dormir, íncubo calenturiento —le siguió el juego Draco.
Riendo, Harry asintió, dejando la manta en el sofá y siguiéndole dentro de la habitación. Draco tomó sus pociones y los dos entraron juntos al baño bromeando, cómplices, para asearse y cepillarse los dientes.
Ambos se desvistieron. Draco sintió que enrojecía cuando observó que Harry se quitaba los calzoncillos para ponerse unos pequeños pantalones cortos, regalándole un fugaz vistazo de su trasero. Decidió hacer lo mismo y dormir sin ropa interior. El pensamiento de que iban a dormir con tan poca ropa le hizo excitarse de nuevo.
Dentro de la cama y con la luz apagada, se quedaron tumbados en silencio durante un rato, mirándose en la oscuridad. Harry tenía una sonrisita tonta en la cara y Draco sabía que era un fiel reflejo de la suya.
—Harry…
—¿Sí?
—Antes, cuando te he parado, no quería decir que tuvieras que pedir permiso para besarme otra vez o tocarme el culo.
—Creo que había entendido correctamente a qué te referías, Draco.
—Menos mal.
—Pensaba que habías dicho sólo dormir.
—En ese momento no estaba pensando en lo bien que besas —dijo Draco, atrayéndole para besarle.
Cuando la intensidad y profundidad del beso se incrementó, Draco tuvo la necesidad de más contacto físico e intentó acercarse más a Harry. Este se movió para facilitárselo. Sus erecciones entraron en contacto a través de la tela y una corriente electrizante que recorría todo el cuerpo de Draco.
Se estrechó más contra Harry, recordando que este le había preguntado si le había gustado que le tocase el culo y deslizando sus manos hacia abajo, le acarició tal y como Harry había hecho. Este gimió contra su boca, frotándose contra Draco sin sutilezas.
—Tú también, Harry —le pidió, sin despegar los labios de su boca.
No tuvo que decir más. Harry acunó el culo de Draco con un apretón. El contacto entre sus entrepiernas era el máximo posible. Draco jadeó contra la boca de Harry. Sin preguntar, muy atento a la reacción de Harry, subió las manos, acariciando la espalda de Harry, volviéndolas a bajar, asegurándose esta vez de que las introducía por debajo de la gomilla del pantalón. Harry abrió los ojos sorprendido, jadeando ante la sensación. Draco le metió la lengua en la boca, sin darle tiempo a decir nada, oyendo la garganta de Harry vibraba de placer.
«Y esto sin hacer nada más que sobarnos como dos colegiales en una esquina», pensó Draco.
Harry metió también las manos por debajo del pantalón. El pene de Draco se endureció más y el líquido preseminal mojó su pantalón. Afortunadamente para él, Harry conservaba el control de sus acciones, porque Draco no habría sabido cómo contenerse para no descarrilar o hacer algo que no estaba muy seguro de querer hacer.
Poco a poco, Harry fue ralentizando la cadencia de las caricias y los besos, permitiendo que la niebla de deseo que nublaba la mente de Draco se despejara. Harry dejó de besarlo. Draco hizo inventario. Sus manos estaban en el culo de Harry, las de él en el suyo. Estaba caliente como una plancha y duro como una barra de hierro, con su pene aprisionado entre su cuerpo y el de Harry. Podía sentir el miembro de Harry atrapado también entre ambos, igual de duro y palpitante. Sentía una pequeña mancha de humedad en sus pantalones, pero no sabía si era sólo cosa suya o de ambos.
—Joder, no sé cómo voy dormir —se quejó Draco con una risita de frustración.
—Draco… —Harry dudó—. Entiendo que quieras que tu primer polvo no sea fruto de un calentón sin pensar y quieras establecer las condiciones y el momento, pero… sabes que podemos hacer más cosas que follar, ¿verdad?
—Tú eres un pervertido —bromeó Draco, comprendiendo que tenía razón—. ¿Qué propones?
—Lo que tú quieras. Una paja, con los límites que quieras. Aunque preferiría hacértela yo a ti. No tienes por qué hacérmela tú a mí si no te apetece. También me gustaría chupártela. Tú marcas los términos.
—¿También te gusta? —preguntó Draco, curioso—. Quiero decir, chuparla, no sólo que te lo hagan.
—Mucho. —Draco asintió, tenía sentido. Oyéndole, a él también le apetecía mucho probarlo.
—Lo que decía: un pervertido —le pinchó Draco—. ¿Te parece si hoy nos hacemos una paja? Mañana podemos probar lo de chupar.
—Lo que tú digas —accedió Harry, ensanchando la sonrisa—. ¿Cada uno se hace cargo de la suya?
—Estaba pensando más bien en un favor mutuo.
Harry se había ofrecido a hacérsela y la idea de este masturbándole lo atraía poderosamente. Tanto como la idea de tocar él a Harry. Este asintió, lamiéndose el labio inferior y se apartó un poco para bajarse el pantalón y liberar su erección. Con un movimiento rápido, Draco hizo lo mismo. Al volver a apretarse contra Harry, Draco pudo sentir cómo la piel de su pene rozaba la suya, caliente y aterciopelada.
Harry se inclinó hacia él y le besó. Sintió su mano rodeándole con firmeza y, retirándole el prepucio hacia abajo, le acarició el frenillo con el dedo pulgar, extendiendo el líquido seminal que estaba chorreando por toda la punta. Draco se mordió la mejilla intentando no correrse con la caricia. Gimió y, metiendo la mano bajo la sábana, agarró la polla de Harry.
Estaba dura. Al tacto, parecía algo más gruesa que la suya. Era suave y ardía. Le dio un pequeño apretón. Harry gimió contra su boca y volvía a avasallarle con la lengua. Draco imitó los movimientos que había hecho Harry, provocando que este volviese a gemir y moviese la mano, empezando a masturbarle.
Sus caderas saltaron hacia adelante, provocando un nuevo roce con Harry que volvió a nublarle la mente de placer. Harry incrementó la velocidad de su puño y las sensaciones de Draco se desbordaron. Justo cuando estaba a punto de correrse, Harry paró, presionando fuertemente el puño en la base de su polla.
Draco fue consciente de que había dejado de corresponderle hacia varios segundos, dejando su mano laxa, y que tampoco había respondido a los besos que Harry había seguido dándole. Le miró con una disculpa en la punta de la lengua, pero Harry sonreía maliciosamente.
—¿Ansioso por correrte, Draco?
—Creo que sí —admitió Draco, avergonzado.
—Me alegro —contestó Harry, todavía sonriendo con malicia.
Harry se presionó más contra él. Draco se preguntó si realmente cabía la posibilidad de estar más cerca el uno del otro de lo que ya estaban. Harry pasó una pierna entre las suyas entrelazándolas. Con el brazo que tenía libre, Draco volvió a acariciarle el culo, apretándolo contra él.
—Ahora me toca a mí, tú déjate llevar —susurró Harry en su oído.
Harry, con delicadeza, separó la mano de Draco de su polla. Draco se dejó hacer. Lo siguiente que notó fue la palma de Harry agarrando, no, estrujando las pollas de ambos en el mismo puño, moviendo la mano arriba y abajo con un movimiento largo y lento.
Draco gimió más fuerte que antes, sintiendo cómo Harry sonreía contra su cuello. La respiración de este sobre su oreja le estaba volviendo loco. Movió las caderas, intentando frotarse contra la polla de Harry a la vez que este les masturbaba. Nunca había estado tan caliente, ni siquiera en sus sueños húmedos adolescentes.
Draco atacó el cuello de Harry. Lo besó suavemente y chupó. Sabía a sudor y olía a almizcle. Sin poder contenerse, lo mordió. Harry dio un respingo, y Draco lo consoló con un lametón. Harry aumentó la velocidad. Segundos después, Draco sintió que estaba llegando al punto de no retorno.
—Yo, yo… ¡Harry! —gimió Draco, volviendo a morder su cuello, intentando contenerse.
—Dale, Draco. —Lu voz ronca de Harry, llena de deseo, lo llevó al límite.
Draco se corrió. Los espesos chorros mancharon sus vientres. Harry siguió masturbándolos a ambos rápidamente, llevando a Draco a un paroxismo orgásmico descontrolado. Cuando el placer comenzaba a ser casi doloroso, Harry frenó en seco y, con un gemido largo y gutural, se corrió también. Draco notó cómo su semen golpeaba repetidas veces su abdomen, húmedo y caliente, y sonrió, feliz.
—Esto ha sido… —jadeó Draco, sin ser capaz de terminar la frase.
—Me alegro —sonrió Harry. Se retiró un poco, dándole espacio, con una sonrisa en la cara—. ¿Todo bien? —Draco asintió con una sonrisa—. ¿Ha sido como esperabas?
—Mejor —confesó Draco.
La sonrisa de Harry se ensanchó y los ojos brillaban con somnolencia. Draco estaba pegajoso y mojado, pero no le importó. Era excitante. No podía estar sucio de algo que se había sentido tan bien. El sopor le invadió a él también y, cerrando los ojos, Draco se quedó dormido.
