La vida nos ha de separar, pero nuestro lazo nunca se romperá
Disclaimer: Los personas no son míos, son propiedad de Nintendo.
¡Disfrútenlo!
SMB=Mario
SMB=Mr.L/Luigi
SMB=Ambos
Luz
Se ahoga.
Manos invisibles se aferran a él y lo jalan con fuerza hacia el fondo de ese interminable océano. Sus aguas son frías, entumen su cuerpo y congelan su piel. Figuras intangibles, de ojos rojos y miradas acusadoras, le susurran secretos y le narran tragedias. Alguien lo llama incesantemente, entre risas sensuales y sonrisas desdeñosas, un nombre que no reconoce como suyo, pero que lo jala, lo jala y lo jala…
Cierra los ojos, ecos de gritos y llantos uniéndose a la tenebrosa sinfonía que se ha compuesto en su honor. Es inútil pelear, intentar salvarse y salir a la superficie, lo ha aprendido desde años atrás, cuando gritar por ayuda solo te hundía más rápido y el intentar liberarte acaba con todas esas figuras brincándole encima y hundiéndolo, hundiéndolo, hundiéndolo…
Mantenerse calmado es la mejor opción que tiene, solo tiene que soportar el incesante ardor en su pecho y suprimir su desesperado deseo por un poco de oxígeno. En algún punto tocará fondo, o será arrastrado hasta el abismo y abrirá los ojos con un grito atorado en la garganta y el corazón a punto de escapársele por la boca. Es algo con lo que ha lidiado toda su vida, soportando en silencio porque a nadie le importaba si sufría o vivía en absoluto terror de que todas esas voces, por fin, llegaran a consumirlo verdaderamente.
Pero…está bien. Sabe manejar la eterna oscuridad que lo rodea constantemente en la vida real y en sus sueños. Aun cuando esa luz que ilumina las aguas se ve tan tentadora y cálida…
Abre los ojos, con algo cercano a la sorpresa. El manto de oscuridad se disipa para dar paso a una cegadora luz que lo va cubriendo poco a poco. Algo lo sostiene de sus ropas, y con un fuerte tirón lo suelta del agarre de las deformaciones que, chillando espantadas, huyen en terror de ahí. L es jalado, ahora a la superficie, y pronto se encuentra tosiendo y escupiendo agua, tragando enormes bocanadas de aire para meter oxígeno a sus pulmones.
Lo que sea que lo haya jalado intenta sacarlo por completo, pero su fuerza no es suficiente ni su luz tan brillante para aclarar esa tenebrosa oscuridad que lo mantiene prisionero. Las voces y las pesadillas aguardan como depredadores entres las sombras, esperando. L flota cansadamente, meciéndose con el tranquilo ritmo de las olas que se mantienen impasibles ante lo que ocurre. La cálida luz parece resignarse por el momento, y queda flotando a su lado, manteniéndolo en la superficie sin aflojar su agarre ni por un instante.
No entiende realmente lo que está pasando, pero por primera vez en sus veinticuatro años de vida, Mr.L siente algo cercano a la paz en este sueño tan tormentoso; una sensación de seguridad lo envuelve, lo hace querer llorar como solía hacerlo en antaño, ese eterno hueco en su pecho llenándose con un algo que no sabe qué es, pero que su corazón ha extrañado siempre. Aun sabiendo que las pesadillas esperan por cualquier momento de debilidad, L vuelve a cerrar los ojos, permitiéndose ser vulnerable, sabiendo que esa presencia lo protegería de cualquier cosa. Así, por primera vez en su vida, puede descansar en una noche sin luna.
En la vida real, la figura del ladrón de verde sonríe suavemente, su respiración volviéndose pausada y sus facciones relajándose ante la nueva tranquilidad de su sueño. A su lado, Mario duerme con placidez, una mano bajo su cabeza y la otra aferrada a las ropas del menor.
Sea en realidad o en sueños, su deber como hermano mayor siempre será protegerlo.
Identidad
Todo es borroso, le costaba trabajo respirar y su cuerpo se sentía completamente exhausto. Desorientado, volteó a ver su alrededor, estelas de humo y grandes llamaradas consumían todo el escenario, y su corazón se aceleró en pánico. (¿Acaso esto era el Reino Champiñón?)
(No…algo está mal…)
(¿Dónde…?)
-¡¿Qué haces ahí tirado?! ¡Muévete de una vez!
Pegó un botido ante el bramido de una voz desconocida…pero inmensamente familiar. Miedo se instaló en su pecho (¿huh?) y rápidamente se puso en pie, tomando la mochila con sus pocas pertenencias para salir corriendo tras la dueña de la voz. Lo que menos deseaba era hacerla enfadar más, especialmente después de que sus planes se arruinaran por culpa suya.
Esquivó con torpeza a los aldeanos que corrían despavoridos, intentando proteger su cara de las fuertes llamaradas y las cenizas que flotaban en el aire.
(Espera... ¿Q-qué está-?)
-¡Date prisa, niño! – Soltó un pequeño chillido e intentó forzar más sus pequeñas piernas –. Sí quieres vivir ignora el dolor, ¡y ni se te ocurra ponerte a chillar!
Asintió con fuerza y se mordió el labio inferior, intentando mantener sus sollozos bajo control.
(¿Quién es ella? ¿Por qué la obedezco?)
(¡¿Qué rayos está pasando?!)
Las fuertes ondas de calor lo aturdían y le provocaban nauseas, la frondosa capa de humo le irritaba los ojos y hacía que le doliera el pecho, pero se abstuvo de quejarse, sabiendo que eso sólo provocaría la ira de su maestra (¿maestra?). Santas estrellas, ¿Cómo es que todo se había salido de control? ¿Por qué nadie venía a ayudarlos?
Dónde... ¿Dónde estaba el héroe?
Las pequeñas casas caían a pedazos tras ser consumidos por las poderosas llamas, gente corría espantada intentando alejarse de ahí. Era una vista impresionante y muy horrible, el llanto de los niños estrujándole el corazón con fuerza, pero no podía mirar atrás, su maestra se enojaría, después de todo, esa había sido la primera lección que le había dado...
(Ayuda a los demás y ellos te ayudarán a ti.)
Sé el más fuerte, el más astuto, y sobrevivirás.
(Pero...pero eso nunca...)
-¡Alto! ¿Qué es lo que van a hacer?
Curioso, cometió un grave error en ese momento. Se detuvo y se dio la vuelta, observando grandes naves surcar el cielo; más allá, una nave color gris tomaba vuelo y desaparecía entre el brillo de las estrellas. Gritos de horror, maldiciones y lamentos se podían escuchar por igual, pero nada tan fuerte como el latido de su corazón en sus oídos mientras una sensación gélida le calaba hasta los huesos.
El héroe...aquel que juró protegerlos con ahínco...se había escapado...
(¿Por qué?)
¿P-por qué?
Sus ojos se anegaron en lágrimas, sin poder quitar la vista del cielo. Las naves sacaron sus cañones, y un potente brillo comenzó a emanar de ellos.
(No...Muévete, ¡Muévete!)
No podía mover un solo músculo, se encontraba paralizado por el miedo. Su maestra... ¿Dónde estaba su maestra? Quería ir con ella, ¿por qué tuvo que voltear? Tenía miedo...estaba aterrado.
-¡Mocoso, maldito imbécil! ¿Qué fue lo primero que te dije?
Era su voz, sonaba muy enojada...y muy lejos de él. La gente comenzó a pasarle por los lados en una gran estampida, pero él no podía moverse, no podía procesar lo que estaba ocurriendo.
(¡¿Qué rayos está pasando?! ¿Por qué no me puedo mover? Si me quedo aquí...)
-No... – Se encontró a sí mismo murmurando, negando con la cabeza mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas –. No...No lo hagan... ¡BASTA, NO LO HAGAN!
(Esto no va a funcionar, ¿Qué esperas? ¡Corre!)
El brillo cubrió todo el lugar, y su llanto finalmente pudo escapar de su garganta.
-No...Alto... – Alzó las manos, cubiertas por guantes negros que no reconocía como suyos –. Deténganse...por favor...
Se observó sus manos con cuidado, después el resto de su atuendo, mugroso y desaliñado como estaba, de un color verde oscuro combinado con negro. Estas no eran sus ropas...este...este no era su cuerpo...
(¿Qué está pasando? ¡¿Qué está pasando?!)
Su cabeza comenzó a dolerle, el oxígeno llegándole entre jadeos, y con un grito abandonando su boca se llevó las manos a los oídos con fuerza.
Hubo un estruendoso rugido, y los cañones fueron disparados.
-¡NO! ¡BASTA!
-¡MOCOSO!
-¡AAAAAAAAAAHHHH!
Mario despertó con un alarido, cayendo de la cama con brusquedad. Su respiración estaba completamente agitada, sus ojos abiertos en pánico observando la nada mientras su corazón luchaba por salirse de su pecho. Su cerebro tardó eternos segundos para procesar lo que ocurría.
Una pesadilla...sólo una pesadilla...
Exhausto, se dejó caer al suelo con un enorme suspiro, intentando calmar el temblor en sus manos y esas ganas de llorar que lo consumían. De hecho...
Pasó una mano por sus ojos, descubriendo que, en efecto, había estado llorando en su sueño. Lágrimas que no habían sido suyas, sino de ese niño asustado cuyo corazón se sentía tan cansado…Soltó un gruñido, sintiendo el sudor empapando sus ropas y una jaqueca avecinarse. Aquellos sueños siempre lo dejaban hecho un desastre, y sólo podía esperar que a Bowser no se le ocurriera uno de sus ataques al castillo o planes para secuestrar a la princesa porque ciertamente no iba a estar a su cien por ciento. Ya era por demás ridículo; esos sueños lo seguían desde hacía unos años atrás, pero últimamente se habían vuelto más...reales; menos como ver tras una cortina de agua y más como…recuerdos.
Lo más espantosos era esa sensación de confusión sobre quién era él. Despertaba siempre con pensamientos e ideas que no eran suyas, con nombres desconocidos flotando en su cabeza y emociones tan amargas que causaban que sus llamaradas escaparan de sus manos con menos autocontrol que de costumbre. Siempre le costaba un par de horas ordenar sus pensamientos y hacer a un lado los residuos de aquella otra persona. En esa ocasión parecía no ser tan grave el asunto, habiendo podido identificar que tal memoria no le pertenecía a él.
Apretó los labios, cerrando los ojos con cansancio.
Mario...yo soy Mario...
Suspiró pesadamente, observando con algo cercano a la melancolía el techo de su recámara, sus pensamientos yendo más allá todavía, a ese niño asustado que se sentía tan sólo y triste.
¿Pero quién eres tú?
Deseos
Los pequeños destellos contenían los deseos de todos los habitantes de su mundo, cada uno de un color distinto, cuyo brillo dependía de la intensidad con la que se había pedido el deseo.
En medio de algunos destellos, brillando en un tono rojizo/anaranjado como un sol en miniatura, se encontraba el deseo de un pequeño que añoraba, aún ahora en su edad adulta, que alguna estrella se lo concediera.
"Deseo poder encontrar a la otra mitad que me hace falta."
Razones
-Entonces... ¿dice que el cumplimiento de los deseos no depende de ustedes?
Eldstar suspiró con pesadez, observándolos a todos con remordimiento.
-Digo que no es tan sencillo como piensan que es. Hay algunos deseos que ni nosotras las estrellas tenemos el poder para cumplir. – Dijo suavemente, como si le explicara a niños pequeños. Mario apretó con fuerza sus antebrazos, frunciendo ligeramente el ceño mientras veía fijamente el suelo.
-¿Entonces qué? ¿Dejan que esos deseos queden varados sin más mientras niños allá abajo se preguntan por qué nunca se les cumplió? – Preguntó toscamente, ganándose una mirada sorprendida de sus acompañantes, principalmente de la princesa de rosa.
-Mario...
El mencionado bufó por lo bajo, esquivando su mirada. La estrella anciana lo miró con tristeza, como si entendiera porqué se sentía repentinamente tan frustrado, tan...decepcionado.
- No es que los dejemos a la deriva. En algunas ocasiones, cuando se piden continuamente con tanto fervor, estos deseos llegan a cumplirse por sí solos. – Explicó con gentileza, mirándolo a los ojos –. Hay otros que simplemente no es cuestión nuestra que se cumpla, sino suya... – El héroe de rojo le sostuvo la mirada, y la solemnidad con la que habló a continuación causó que su corazón se contrajera dolorosamente –. Y hay otros...que serán cumplidos no por fervor o por nosotros...sino porque el destino así lo querrá.
Era dicho para todos, pero sabía que sus palabras eran dirigidas hacia él. Y Mario lo entendía, su lado racional lo comprendía completamente, pero su corazón...ese que anhelaba, ese que seguía rogando con el mismo fervor de un niño pequeño a que se cumpliera su deseo, no podía evitar escucharlas más que como simples excusas.
Preocupación
Estúpido héroe.
-Pensé que no te importaba lo que le sucediera al Héroe.
- Y no lo hace.
-¿Entonces por qué te la has pasado pegado al televisor desde que se anunció su batalla contra el Rey Koopa?
L apretó los labios y se negó a ver a Mimi, quien le sonreía con sorna.
Tsk. Estúpido héroe.
Notas: Estos drabbles los escribí conforme me llegaba la inspiración, por lo que en realidad no tienen un orden definido; en algunos ya saben que son hermanos, en otros están en negación, y en otros más no saben ni que el otro existe.
Hay guiños importantes aquí...quizá algún día deba escribirlos como verdaderas historias e.e
Nos leemos :D
¿Me regalan un review?
