Disclaimer: Todo pertenece a J.K. Míos son estos ratitos, pero no cobro por ellos.
Bueno, ahora sí que sí. Hemos llegado al final del viaje. Con un sabor un tanto agridulce, según me habéis comentado algunes. Os diría que os lo chivé en el título, pero es cierto que es una lástima que alguien tenga que abandonar su país por persecución política. Aunque Harry sí ha conseguido encontrar su hogar, estar con los suyos. Quién sabe si algún día podemos regresar a ellos, dependerá de las musas y de si hay una buena historia detrás.
Antes de decir nada más, GRACIAS por haberme acompañado. Por vuestros comentarios constantes, Daniela, Nicangel, Ana, Sarahi, Yaz, Deskeys... No me olvido tampoco de las compis del foro Hogwarts y de la Noble Casa, que también se han estado pasando por aquí (Noche, Gin, Dani, Yoe, Piautos...) Y las que habéis dejado algún comentario ocasional también. Gracias.
Yo sólo entre aquí porque, durante la cuarentena, decidí que debía dar rienda suelta a esta historia, pero no pensaba que fuera a haber nadie para leerla y tampoco que pudiera tener acogida. Ahora, casi dos meses después, resulta que tengo otras 13 o 14 historias en el perfil*. Permitidme el autobombo: si os apetece leerlas, sois más que bienvenides. Hay de todo, desde romanticismo cursi hasta historias de amor con lemon, pasando por amistad, terror... Y mil gracias de nuevo.
Trigger Warning: Lemon explícito. Muy explícito.
*Al momento de editar este fic para corregirlo, en enero del 2021, son casi 50 historias publicadas de tres fandoms diferentes. Me emociona haber llegado hasta aquí.
Epílogo
Draco se despertó. Perezoso, se estiró, palpando el otro lado de la cama templada, descubriéndola vacía.
—¿Harry? —llamó en voz baja, soñoliento.
—Estoy aquí —le indicó este.
Guiñando los ojos, Draco le buscó con la mirada. Harry se recortaba contra la luz de la ventana, disfrutando del espectacular paisaje de Niza. El ático donde vivían se situaba en la parte alta de la ciudad y la propia altura del edificio le permitía ver toda la cascada de pisos y casas que se extendían hasta la playa y el mar azul deslumbrante. A sus pies, Lady daba cabezazos contra la pierna desnuda de Harry, demandando su atención.
Las primeras semanas en Francia habían sido caóticas. Se habían alojado en casa de Ron y Hermione, por supuesto, preocupados por las noticias provenientes de Inglaterra. Draco no había dejado a nadie allí, pero los otros tres estaban angustiados por su familia y amistades.
Los Weasley habían tenido que declarar sobre la desaparición de Harry y Draco, así como por la presencia de este en su casa. Angustiados, vivieron en vilo durante los días en que George había sido arrestado, siendo retenido el tiempo máximo que la ley permitía en prisión preventiva. Afortunadamente, no el Ministerio no había conseguido el permiso del Wizengamot para utilizar veritaserum: la popularidad de la tienda de George, la falta de pruebas, la ausencia de una acusación firme, y la negativa de este a admitir ningún cargo había dado por cerrado el caso.
Unas semanas después, la prensa de toda Europa se habían hecho eco del juicio de ambos in absentia, encontrándolos culpables de todos los cargos. El caso había sido un escándalo mayúsculo en Francia. La sociedad mágica francesa no había recibido el bombardeo de la propaganda inglesa y el nombre de Harry Potter seguía vinculado al de héroe. Para los francés, Malfoy no era más que un apellido familiar, pero sin connotaciones negativas, aunque los periódicos no tardaron en indagar sobre su vida.
El Ministerio inglés había exigido a los gobiernos mágicos europeos que los entregasen, pero ninguno de ellos tenía convenio de extradición por delito de tenencia de varita o realización de magia. Además, el mero hecho de ayudar a un vagabundo ex convicto no era delito por mucho que el Ministerio inglés se empeñase. El estatus de Harry como El-Chico-Que-Mató-A-Voldemort allanó el camino en el Ministerio francés y pronto los dos tuvieron la condición de exiliados políticos.
—¿Tú no tenías que trabajar? —preguntó Draco con un bostezo.
—Me llamó Pierre ayer para cambiarme el turno: su niñera ha enfermado y necesita la tarde libre para encargarse de sus hijos —contestó Harry.
Aunque la postura del Ministerio francés no había sido reticente, los dos habían decidido seguir alejados de la sociedad mágica, al menos durante un tiempo. Harry había encontrado trabajo como celador en un hospital muggle. Su experiencia como médico había pesado a la hora de ser seleccionado, pero Draco sabía que le frustraba no poder practicar la medicina. Harry estaba tratando de aprender el idioma lo más rápido posible para poder hacer los exámenes de convalidación de sus estudios y poder ejercer.
Habían tardado varias semanas en encontrar un piso y mudarse. «Agradecemos mucho vuestra hospitalidad, pero necesitamos independencia e intimidad», les había dicho Harry a Ron y Hermione cuando estos les habían insistido para que se quedasen.
Draco sí sabía el idioma, pero Harry le había pedido que descansase las unas semanas más en lo que se terminaba de recuperar del periplo que les había permitido llegar hasta allí. Hermione estaba peleando con el Ministerio francés para conseguirle documentación muggle, que pudiese completar los estudios básicos que le permitiesen obtener una titulación muggle y abrirse al mercado de empleo no mágico. Si bien la fama de su familia no llegaba hasta allí, la fotografía de Draco había aparecido en los medios de comunicación, asociada a la palabra mortífago y preferían no arriesgarse a tener más problemas.
—Por cierto, me ha llamado Hermione. Esta noche cenamos con Ron y con ella —anunció Harry, volviéndose para mirarlo.
—Pensaba que trabajaba también.
—Dice que dado que tanto nosotros como ella trabajamos de tarde, podemos quedar al salir del curro. Mañana es sábado, ninguno madrugamos —dijo Harry.
Desde hacía un par de semanas, Draco contribuía a la economía conjunta ayudando a limpiar un mercado que había en su calle cuando cerraba al público, lo cual le satisfacía mucho. Cobraba poco y no tenía contrato porque oficialmente no existía para el gobierno muggle francés, pero al menos sentía que podía colaborar en algo.
—Deduzco que cocinará Ron. —Harry asintió. Draco puso los ojos en blanco y se dejó caer en la almohada, fingiendo un gran disgusto—. Que Merlín nos asista.
Harry se rio entre dientes. Ondeando su varita, Draco rellenó el vaso de agua de su mesilla, bebió un trago y volvió a incorporarse hasta quedar sentado sobre el colchón, apenas cubierto por la sábana.
«Puedo hacer magia», paladeó Draco una vez más, con agradecimiento.
La legislación francesa, ajustada a la internacional, reconocía el derecho fundamental de Draco a la posesión y uso de varita. Por otro lado, Hermione había estudiado y analizado hasta conseguir remover el hechizo Detector en aras de prevenir represalias del Ministerio inglés.
Desde que se había resuelto, Draco llevaba semanas haciendo magia por cualquier cosa, disfrutando de la sensación. No sólo había echado de menos el poder utilizar su poder innato, ser mago había formado parte de su identidad desde su nacimiento. No poder hacer magia había mermado esa identidad. Recuperar su varita de ébano y el derecho a utilizarla había sido un gran paso en su recuperación psicológica.
Además, Hermione estaba trabajando en llevar su caso al tribunal mágico de la Confederación internacional de Magos, solicitando revocar definitivamente su sentencia por la vulneración de sus Derechos Humanos Mágicos, pero en ese momento eso no le preocupaba demasiado.
—Vuelve a la cama, anda —le pidió Draco a Harry con un ronroneo. —Harry se dio media vuelta con una sonrisa pícara en el rostro. Se sentó al pie de la cama, mirándole con ternura—. Merlín, nos hemos vuelto unos blandos y unos cursis —murmuró Draco al notar que él le estaba mirando exactamente igual.
Harry le destapó, descubriendo su desnudez, cogió su pie izquierdo y, situándolo sobre su regazo, empezó a masajearlo suavemente. Hacía eso de vez en cuando. Había obligado a Draco a repetir algunas sesiones extra del tratamiento al llegar a Niza, intentando compensar las que se había perdido, a pesar de que Draco había insistido en que, más allá del cansancio, se encontraba bien.
Unos días después de terminar el último tratamiento Harry había vuelto a la carga, esta vez sin medicina y con una clara carga sexual. Cada vez que Harry le dedicaba una sesión de masaje erótico, Draco siempre se debatía entre dejarse hacer y disfrutar o intentar participar de manera más activa y devolverle a Harry parte de las sensaciones que le causaba, pero este no se lo permitía.
—Algún médico debería mirarte esa obsesión malsana que tienes por mis pies, Potter —dijo Draco, fingiendo desdé, pero secretamente complacido por las sensaciones que le provocaba.
—Oh, no es con tus pies —adujo este, levantándolo y besándolo levemente en la planta—. Es con todo tu cuerpo.
Draco se sentía en la gloria cada vez que Harry hacía eso. Nunca nadie le había mimado tanto de una manera tan altruista. Gimió cuando Harry besó suavemente la yema de sus dedos. Después, Harry chupó cada uno de los dedos, deslizando la lengua por la planta, haciéndole cosquillas. Draco se retorció, incapaz de contener una sonrisa. Le encantaba sentirse tan consentido, aunque no lo admitiría ni bajo tortura.
—Más grave de lo que creíamos, entonces —suspiró Draco, complacido, mientras Harry comenzaba a masajearle la pierna.
Harry se acomodó mejor en la cama, tomando su otro pie y empezando a acariciarlo lentamente. El pene de Draco estaba como una piedra, como siempre que Harry le tocaba de aquella manera. Poco a poco, Harry fue masajeándole hacia las partes superiores de su cuerpo, evitando sus ingles adrede.
—Date la vuelta —susurró Harry, seductor, cuando llegó a los hombros.
Draco le obedeció al instante, reprimiendo un gemido. Harry comenzó el proceso de nuevo, descendiendo en esta ocasión desde la espalda y los hombros, masajeando y acariciando, y acercándose lentamente hasta su culo. Al llegar, le acarició las nalgas, apretándoselas con cuidado, separándolas para dejar al descubierto su agujero, presionando el músculo con los dedos y soplando despacio sobre su ano, provocándole un escalofrío tras otro.
Mordiéndose la lengua para no suplicar, Draco elevó las caderas, impaciente, hacia atrás, demandando un contacto más directo y específico, pero a Harry le divertía verle sufrir. Sollozó de placer cuando Harry finalmente separó sus nalgas y le acarició el culo con el pulgar, sin presionar ni llegar a metérselo, solamente acariciando la piel sensible y arrugada. Gimoteó al sentir el lubricante, tibio gracias al contacto con los dedos de Harry, sobre la piel, distribuyéndolo gentilmente. Harry le introdujo un dedo, empapado en lubricante, hasta la primera falange.
Draco apretó el culo conscientemente, gozando de la sensación de sus músculos presionando sobre el dedo de Harry. Este lo retiró con un sonido húmedo, presionando de nuevo y metiéndolo hasta la segunda falange. Draco volvió a apretar y Harry repitió el proceso una y otra vez, introduciéndole el dedo una y otra vez, follándoselo. Draco gimoteó, derritiéndose de placer. Pronto, Harry le había introducido un segundo dedo, combinando el movimiento de meter y sacar con el de rotación, convirtiendo a Draco en una papilla balbuceante.
—Potter, por Circe, hazlo ya —suplicó Draco, finalmente, incapaz de resistirlo más.
Harry metió los dedos más profundamente con una risa traviesa, provocándole un pequeño estallido de placer al rozarle la próstata que le hizo sollozar. Complacido por su reacción, Harry metió un tercer dedo, estirándole más, metiendo los dedos con más fuerza y velocidad, bruscamente. A Draco le encantaba que hiciese aquello.
—¿Cómo quieres hacerlo? —le preguntó Harry, sin parar de follárselo con los dedos.
—Como sea me da igual, Potter. Me interesa más el cuándo, que viene siendo ahora mismo —refunfuñó Draco, impaciente, ahogando otro gemido.
—Gírate —le dijo Harry—. Me gusta ver verte la cara mientras te corres.
Draco se giró con rapidez, impaciente y caliente. Harry presionó con la mano, manteniendo los dedos dentro de él mientras lo hacía. Draco intentó aprovechar el momento para tomar un papel más participativo, pero Harry negó con la cabeza empujándole de nuevo contra el colchón, deteniéndose a contemplar su desnudez.
—Eres precioso —admiró Harry mientras se mordía el labio inferior y le acariciaba, con la mano libre, los pectorales y el abdomen.
Se lo decía constantemente. Draco sabía que era sincero. Gracias a las pociones y los jabones de Corner, estaba totalmente recuperado de su experiencia en Azkaban y como vagabundo, pero su cabeza todavía le traicionaba ocasionalmente con pensamientos negativos. Harry intentaba contrarrestar aquello repitiéndole varias veces al día lo atractivo que le parecía.
«Es noble hasta para eso», pensó Draco con una risita, sabiendo que era injusto y que Harry realmente creía que era la persona más guapa del mundo.
—Dioses, necesito comerte entero —murmuró Harry con voz sensual.
Draco dejó de reírse porque el aire le faltó cuando Harry se inclinó hacia adelante para atacar su cuello, lamiéndolo. Luego sus pezones, succionándolos y mordiéndolos. Sus huevos, que intentó meterse en la boca a la vez que empujaba los dedos en su culo lo más profundamente que podía. Su polla, alrededor de la cual retozó con su lengua durante largo rato, torturando a Draco.
Aulló cuando Harry por fin se introdujo el glande en la boca y succionó con fuerza. Draco volvió a gemir cuando Harry se tragó su polla completa, permitiendo que se deslizase por su paladar. Harry relajó la garganta para permitirle a Draco metérsela hasta el fondo y notó cómo su glande conseguía rozar su garganta.
—Harry, por favor, si sigues haciendo eso me voy a correr —suplicó Draco, sollozante.
Despacio, haciendo que Draco se retorciese de placer, deslizó los dedos fuera de su culo, haciéndole una última caricia gentil de consuelo. Se sacó el pene de la boca, dándole jugosamente unos últimos lametones. Con la lengua, Harry siguió la línea fina de pelo que salía de su pubis y cruzaba su ombligo hasta el hueco de su cuello. Cuando por fin lo tuvo situado entre sus piernas, Draco le rodeó la cintura con ellas para que no volviese a escaparse hacia abajo, atrayéndole.
—Eres un chico muy impaciente, ¿lo sabías? —murmuró Harry, repartiendo besos en sus cejas, párpados, nariz y la comisura de los labios.
Draco estaba desesperado cuando Harry por fin le besó en la boca. Abrió los labios, recibiendo ansioso su lengua, lamiéndola con la suya. Alzó la cabeza para profundizar el beso y Harry se lo permitió durante varios segundos.
Harry se separó con un último beso y bajó la mano, alineando la polla contra su culo. Despacio, presionó. Draco levantó las caderas para facilitarle la entrada, gimiendo cuando el glande de Harry entró y este se paró unos segundos, permitiéndole acostumbrarse a la sensación. Con un suspiró, Draco contrajo los músculos del culo y Harry hizo vibrar su garganta con un sonido grave que hizo que su polla se endureciese más.
—Sigue metiendola —le pidió Draco en un susurró.
—Espera a que puedas empujar —negó Harry, con una sonrisa.
—Estoy apretando adrede, Harry —le aclaró Draco, sonriendo al ver la cara de sorpresa de Harry—. ¿A ti te gusta? —le preguntó para terminar de despejar sus dudas. Harry asintió, tragando saliva—. Pues voy a intentar apretar todo lo que pueda porque se siente fantástico, así que métela sin miedo.
Harry obedeció sin más dudas, empujando poco a poco. Despacio, siguió metiéndose dentro de él hasta que la introdujo entera. A Draco le gustó. Se sentía íntimo y especialmente intenso y la cara de placer de Harry merecía la pena. Las maratones de sexo de las últimas semanas y el lubricante, fueron suficientes para permitirle la entrada sin molestia a pesar de la presión que estaba haciendo Draco.
Al llegar al final, Harry se quedó muy quieto. Draco volvió a suspirar de placer. Se sentía tan lleno y completo que creía que no se cansaría de esa sensación en toda su vida. Dejando de apretar durante unos segundos, empujó hacia afuera, descansando. Volvió a contraer el culo, sonriendo cuando Harry se mordió los labios y cerró los ojos, conteniendo un gemido.
—¿Me muevo? —preguntó Harry. Draco movió la cadera, follándose el mismo contra la polla de Harry, apretando lo más que podía de nuevo. Este soltó una carcajada divertida—. Vale, lo he entendido.
—Sácala entera y vuélvela a meter, Harry.
Este le hizo caso y se movió. Despacio al principio, sacándola prácticamente entera antes de volver a deslizarla dentro con suavidad. Repitió de nuevo el movimiento.
—Más rápido —suplicó Draco.
Harry le ignoró, volviendo a cubrir su cara de besos. Siguió entrando y saliendo en estocadas largas y lentas mientras volvía a comerle la boca, hundiendo su cabeza en la almohada. Cuando volvió a separarse, Draco sentía que le faltaba el aliento y se sentía atontado. Volvió a recuperar el sentido de la realidad cuando sintió que Harry, aceleró el ritmo.
—Bendito sea Salazar —gimoteó Draco, intentando acordarse de seguir apretando el culo, pues no estaba seguro de haberlo hecho mientras Harry lo besaba.
No sabía cómo hacía Harry para encontrar su próstata en cuanto comenzaba a moverse más rápido, ni cómo una vez la había hallado era capaz de rozarla con su polla con tanta precisión y constancia. Si era él el que iba arriba, no la encontraba tan fácilmente y le constaba que no era capaz de acertarla tantas veces. Harry le consolaba diciéndole que era cuestión de práctica, pero a Draco le gustaba tanto estar abajo que tampoco tenía muchas oportunidades de probar.
Draco jadeó más rápido cuando Harry volvió a aumentar el ritmo, percutiendo las estocadas con ritmo casi militar. El orgasmo empezó a acuciarle desde la base del pene, pugnando por salir. Apretó con más fuerza el culo, haciendo que sus caderas se elevasen y que las penetraciones de Harry fueran todavía más profundas.
Harry, que tenía los ojos desorbitados de placer, gimió y empezó a perder el ritmo, golpeando cada vez más rápido. Draco sabía que eso significaba que estaba al borde y eso lo catapultó a su propio orgasmo. Unos segundos después, su culo volvía a apretarse alrededor de la polla de Harry, esta vez involuntariamente, mientras Draco notaba cómo su corrida empapaba su vientre y pecho, manchando el de Harry también.
Harry se corrió cuatro o cinco penetraciones después, en una estocada particularmente fuerte que hizo que Draco clavase las uñas con placer en la espalda de Harry. Con cuidado, Harry se apoyó en los brazos para levantarse, pero Draco se lo impidió con las piernas, obligándole a quedarse en el sitio.
—No te muevas —le pidió Draco, acariciándole la cara y apartándole el pelo húmedo de sudor de la frente—. Me gusta cuando estamos así.
Harry asintió y se quedó quieto, sosteniendo parte de su peso en los codos para no asfixiarle. Draco podía sentir cómo su polla iba reduciéndose dentro de su culo y este iba ajustándose a su tamaño. Con languidez, Draco enterró las manos en el pelo de Harry y le beso, dejando que este le mordisquease y lamiese los labios.
—¿Qué quieres hacer hoy? —murmulló Harry, repartiendo algunos besos por su cara.
—Por lo pronto, ducharme y desayunar. ¿Te parece?
—Sólo si me prometes que luego me devolverás el favor. —El pene de Draco dio un tironcito ante la perspectiva.
—Por Merlín, Potter. Pareces un íncubo —protestó Draco débilmente, sonriendo.
—¿Entonces?
—Por supuesto que estaré encantado de devolverte el favor, Potter. —Le beso la punta de la nariz él.
Harry se levantó de encima de él y le dio un lametón en el pecho, recogiendo parte de su esencia antes de darle otro beso. Salió caminando hacia el cuarto de baño, guiñándole un ojo. Draco se levantó y le siguió inmediatamente.
