Bueno, espero poder actualizar constantemente jajaja no prometo nada. Pero estoy algo emocionada con esta historia, no creí que un AU de KnY me fuera a emocionar XD
Luces azules
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II
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Cuando salió el sol, se sintió aliviada y angustiada al mismo tiempo.
Había sobrevivido la noche, y eso era quizás peor que haber muerto de inmediato, porque ahora sabía que tenía que volver a huir para conservar su vida.
Del espíritu, ni la más mínima señal.
Pero su situación actual era más aterradora: Cada vez tenía más y más heridas a lo largo de todo su cuerpo ahora que el shiromuku estaba prácticamente destrozado, y como las sandalias se habían reventado, los tabi[1] hacían un terrible trabajo protegiendo la planta de sus pies, que dolían por la tierra irregular. Pero las lesiones que se sentían peor eran las de sus palmas, que había envuelto con un retazo de su supuesto traje de novia, si bien ya no sangraban como antes, ardían como si aún tuviera el metal encajado en la piel.
Se pondría a llorar aún más de no ser que eso sería perder preciosa agua que no podría recuperar, porque no había encontrado un cuerpo de agua para lavar sus heridas y, sobre todo, rehidratarse.
No estaba segura de que debía hacer, ¿sería verdad que tendrían rodeada la montaña? Había caminado y corrido mucho, con la esperanza de encontrar un refugio, ya fuera natural o alguna vieja cabaña, pero nada. Es probable que Aoi estuviera caminando en círculos, después de todo, entre tanta vegetación era probable que no reconociera en dónde estaba.
No le gustaba mucho la idea, pero al no encontrar agua ni hierbas medicinales, se vio en la necesidad de subir aún más en la montaña.
«Todo va a estar bien», trato de tranquilizarse antes de que el miedo la devorará «sobreviviré y volveré a casa», se prometió, porque tenía que mantener su mente positiva para mantenerse viva «todo va a estar bien».
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado. Ya todo era desolador. El estómago le dolía tanto que parecía que sus entrañas empezarían a devorarla, su boca estaba seca, las gotas del rocío por la mañana no eran suficiente. No se había atrevido a descubrir sus manos, porque estaba segura de que iba a encontrar pus y la carne inflamada.
Y el maldito espíritu que no se dignaba a aparecer para acabar con su desdicha. Este juego del gato y el ratón se sentía más como un intento de tortura física y psicológica.
De hecho, Aoi estaba cada vez más convencida de que no había absolutamente nada en esta montaña. Los pueblerinos eran unos enfermos que creían que con enviar a una jovencita a morir todos sus problemas serían solucionados.
Se tiró en el suelo, ya venía la noche de todos modos. Si tenía algo de suerte, algún animal llegaría para comérsela mientras dormía, aprovechando que ya no le quedan energías para correr, o mejor aún, su cuerpo decidiría que ya no podía más y se la llevará en la tranquilidad de sus sueños.
Quizá debería simplemente rendirse. ¿Qué haría de todos modos si sobrevivía? ¿Cómo iba a volver a casa? Sin dinero, sin fuerzas, sin un solo amigo cerca que le ayudase, ¿a qué podía aspirar?
«Muere de una vez, Aoi. Quizá en la muerte puedas lograr la venganza contra este pueblo».
— Los maldigo a todos. A cada uno de ustedes— por fin se dignó a soltar unas lágrimas, de nada serviría retenerlas si iba a morir de todos modos—. Que este año las cosechas se arruinen. Que las bestias ataquen. Pero sobre todo que no nazca ni un solo niño en todo el año y solo reciban noticias de muertes miserables.
Era una horrible persona.
Desear tanto mal.
¿Pero es que no es lo justo? Ellos la enviaron acá para morir como si fuera lo más normal del mundo, era lo que merecían, exactamente lo mismo que ella. No, de hecho, merecían sufrir incluso más que ella.
Las lágrimas amargas corrieron por sus mejillas y llegaron hasta su cabello, que se encontraba grasoso y enmarañado.
Qué triste morir así: Sucia, sola, anhelando la muerte de otros y ya casi sin poder sentir nada a su alrededor. Tan sólo sabía qué hacía mucho calor pese a que la noche estaba helada, probablemente la herida en sus manos había acabado desencadenando una infección y por lo tanto fiebre. Se preguntaba cuál sería finalmente la causa de su muerte.
No es que importará mucho. Solo moriría y ya no hacía falta saber mucho más.
Sollozó, como desearía volver a estar entre los brazos de su madre, tan cálidos y amorosos, o sentir una vez más el cómo su padre le cargaba en sus hombros, incluso volver a ver las consecuencias de las travesuras de sus hermanos que acababan en moretones. Jamás volvería a sentir como Kanae pasaba el cepillo por su cabello, ni tampoco a Shinobu colocando una manta sobre ella después de quedarse dormida leyendo, mucho menos a Kanao cuando se recostaba sobre sus muslos o las pequeñas manos de Kiyo, Sumi y Naho jalando sus ropas para llamar su atención.
— Por favor, Dios, déjame morir— le aterraba la idea de volver a despertar y encontrarse con la desgracia de seguir con vida—. No necesito venganza, solo quiero que esto termine.
Cerró los ojos, y espero que el sollozó que dejó salir y le dolió hasta el alma fuera el último.
— ¿Qué haces aquí?— la voz ronca la sacó de su ensoñación.
— Ayuda— su chillido de auxilio apenas y era audible, ni siquiera tenía idea de quien era esta persona, y mucho menos que intenciones tenía, pero siquiera la idea de tener alguien a su lado ya era mejor que estar allí—. Ayuda— lágrimas de felicidad se desbordaron cuando sintió cómo la levantaron del suelo. Un par de brazos fuertes y bastante musculosos que la llevaban como si no pesará nada colocaron sobre sus hombros de manera brusca. Soltó un quejido por el repentino dolor, pero se mordió los labios de allí en adelante, lo que menos quería es ser una molestia para su salvador. No podía verle el rostro desde su posición, pero no era que importara mucho—. Gracias.
— Hmmp— fue el mayor intento de comunicación de parte de él. Aun así, le resultó tremendamente hermoso recibir una réplica.
Aoi no pudo dejar de llorar hasta que se quedó dormida, añorando despertar para poder agradecerle a su salvador cara a cara lo que estaba haciendo por ella.
Cuando abrió los ojos, se encontró en una pequeña cabaña, dentro de un futón cálido y al lado de una pequeña fogata, con un paño en la frente.
Era de noche, aunque dudaba que fuera exactamente la misma noche en que el misterioso hombre la levantó del suelo.
Se sentó con algo de dificultad, tratando de evitar usar las manos. El paño cayó en su regazo, se dio cuenta de que sentía su piel un tanto refrescada, como si le hubieran sumergido en agua, aunque tampoco se sentía como si le hubieran bañado. Por la ausencia de sus ropas -que ya eran más retazos de tela sucia que ropa- era obvio que su héroe la había visto desnuda.
Al parecer estaba lo suficientemente recuperada como para sonrojarse por ello.
«No es lo peor que me podría pasar» se cubrió con las sabanas, tratando de recuperar un poco de su modestia. Mientras pega sus manos a su pecho, se da cuenta de que vendas limpias y que, aunque hay algo de sangre y no están colocadas del todo bien, se ve mucho mejor que el intento inútil que ella hizo con los restos del shiromuku. Se llevó las manos a su boca, sintió como el aliento pegaba con sus palmas.
Estaba viva.
Dios, estaba viva y recuperándose. En lugar de ser un cadáver para el disfrute de la fauna salvaje se encontraba en un lugar seguro.
Lloró un poco y sollozó abrazando la sábana. No estaba segura de si esto fuera para bien o mal, pero estaba viva y eso era lo único que importaba.
— ¿Por qué lloras?— la misma voz de esa noche le hizo sobresaltarse, no se había dado cuenta de que él estaba allí. Aoi pestañeó tratando de despejar las lágrimas, pero al final optó por usar el dorso de su mano para hacerlo.
— Supongo que estoy muy feliz— ni siquiera sabía porque lloraba.
— Hmmp— casi sentía ganas de reír por su elocuencia. Al parecer las palabras no eran lo suyo.
— ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que me encontraste?
— Cuatro días.
— ¿Cuatro?— el número de la muerte. Quién sabe, quizá había muerto y vuelto a vivir.
— Te he dado de caldo y medicina mientras dormías. Eso se veía muy mal— apunta a sus manos, obviamente refiriéndose a los cortes en sus palmas—. Fuiste muy descuidada. Necesitas curarte o vas a morir.
— Gracias— la gentileza de un extraño jamás se había sentido tan dulce, a pesar de la rudeza de su tono—. Gracias por cuidar de mí.
Estando sentada, hizo una pequeña reverencia como le fue posible.
— No tienes que agradecerme. Vas a pagarme.
— Oh— Aoi esperaba que no esperará que pagará con dinero, porque no tenía absolutamente nada. Y oraba por dentro que tampoco tuviera la malicia de pedirle que pagará con favores carnales. Hubo una larga pausa.
— Serás mi sirvienta. Sabes cocinar y limpiar, ¿no? No eres una mocosa así que deberías— sus palabras la aliviaron de inmediato, debía ser un hombre que vivía solo y no un aprovechado—. Deberás de tener hambre después de tanto tiempo en el bosque— Aoi negó con la cabeza. La verdad es que no tenía ni un poco de hambre—. Por ahora yo me encargaré de eso, no me queda muy bien la comida, pero en cuanto te recuperes quiero que tú te encargues de eso.
— Sé cocinar— le aseguró—, sé cocinar toda clase de cosas, puedo cocinar justo ahora si lo quieres, pero necesito mis ropas.
— Eso ya no era ropa— exclamó burlón—, pero supongo que puedo buscarte algo de ropa mañana. Te va a quedar grande— sonaba como una especie de disculpas —, pero funcionará.
— Gracias.
— Hmmmp— al parecer este hombre no conocía el "de nada". Él bostezó, al parecer se había mantenido despierto por cuidar de ella.
«Y yo reclamando algo de educación cuando él ha cuidado tanto de mi» apretó las sábanas y dirigió su mirada al fuego.
— ¿Por qué no te acercas?— así como Aoi se mantenía cubierta por las sábanas, él lo hacía con las sombras. Le daba curiosidad saber cómo se veía su nuevo "amo". Se hizo un silencio largo y tedioso.
— Porque vas a asustarte— dijo con cautela.
— No lo haré— le prometió. ¿Una cicatriz terrible? ¿Tal vez una deformidad de nacimiento? Aoi estaba segura de que no tendría problemas por ello.
— Lo harás, todos se asustan.
— Lo prometo— no entendía el porqué del resquemor, si al final de cuentas iba a tener que vivir con él para atenderle.
— Aunque te de miedo no podrás irte— le advirtió—. Me debes la vida.
— No lo haré— no tenía idea de cuánto tiempo tendría que permanecer con este extraño, pero sin dudas era mejor que tratar de volver a ese pueblo de locos.
— Bien— pese a la decisión en su voz, por lo que podía escuchar, su lenguaje corporal expresaba algo muy distinto. En la tranquilidad silenciosa de la noche, Aoi podía escuchar la cautela en sus movimientos, se notaba que dudaba.
Aoi rió suavemente, quizá era algo tímido.
Los pasos se volvieron cada vez más firmes, lo primero que pudo ver Aoi fueron un par de tabi negros, y después un hakama[2] color azul oscuro. La tela de la ropa se veía bastante bien, así que supuso que su nuevo "amo" sería un hombre de familia bien acomodada que no le gustaba lidiar con las multitudes y prefería la montaña.
En cuestión de segundos pudo ver un torso masculino desnudo con una masa muscular considerable, que para cualquier mujer habría resultado atractivo, pero de inmediato toda su percepción de él cambió en cuanto vio su rostro.
Aoi gritó tan fuerte que estaba segura de que todos y cada uno en el pueblo habrían de haberla escuchado, y sabrían entonces que su maldito sacrificio había llegado a su destino.
Se sorprendió de no haber muerto por el horror ante ella, del que trató de huir retrocediendo sin importarle si podía verla desnuda, usando sus piernas para darse impulso, porque ni siquiera podía ponerse de pie para echarse a correr, aunque sabía que era en vano, porque chocó con la pared. Inevitablemente empezó a llorar.
— Deja de gritar, tonta— el extraño se acercó a ella para taparle la boca con su muy humana mano, haciendo que los llantos de Aoi se vieran silenciados, pero al contrario de lo que quería comenzó a llorar con más fuerza—. Ya, cállate.
Oh, por todos los dioses y demonios.
¿Cómo había acabado así?
Tenerlo cerca tan sólo confirmó sus sospechas.
Él tenía la cabeza de un jabalí.
Alguien que literalmente tenía una puta cabeza de jabalí le estaba hablando.
Y sí, esto se está poniendo raro XD dije que esto era para Halloween y pues... ¿no sería aterrador lo que le está pasando a Aoi?
Glosario:
[1] Tabi: Calcetines tradicionales japoneses.
[2] Hakama: Pantalón largo con pliegues (cinco por delante y dos por detrás)
