—¡El día pintaba hermoso! -expresó en voz alta para sí misma, mientras atravesaba el jardín

Bueno, en realidad todos los días en Zaofu lo eran… quizás era un pensamiento muy parcializado, después de todo ella era la líder y fundadora de tan interesante ciudad… pero no podía evitar que ese sea su sentir y pensar.

No era que no hubiese problemas como en toda sociedad… pero siempre encontraba como solventarlos.

Pero lo que más le resultaba agradable y la hacía sonreír, no solo era la prosperidad de aquella interesante ciudad, sino era la situación en su propio hogar.

No era un hogar perfecto… ¿Alguno en verdad lo era en realidad? Pero las cosas iban viento en popa una vez más.

Sí, extrañaba a su hija que seguía en aquella isla por Ciudad República practicando el dominio de su bienaventurado Aire control… pero la vida da grandes sorpresas, y ante una hija que está ahora lejos, la otra, a la que creía ya tan lejana y perdida… volvió.

"Bueno, bueno, es prisión domiciliaria… no es algo bueno" pensó. Pero aún así estaba feliz.

Desde el regreso de Kuvira a esas tierras, hace ya algún tiempo, se había sentido dichosa. Su relación había mejorado. No eran cariñosas… no mentiría. Pero demostraban la una para la otra un mayor aprecio y no un simple acto cordial. El resto de la familia la aceptaba y trataba bien, incluso su hijo Baatar Jr., quien, dicho sea de paso, aunque estuviera en condiciones similares (aunque menos extremas) a las de Kuvira, volvía a trabajar con su padre en mejoras para la ciudad e incluso una nueva pareja tenía ya.

El ambiente era pacífico y aunque notaba a Kuvira relajada y colaboradora en cualquier proyecto que le presentase, su "Instinto de madre" le decía que dentro de aquella chica seguía habiendo desazón.

Suyin se había pasado algún tiempo analizando en silencio a su hija adoptiva. La tristeza en lo profundo de su mirada solía estar presente siempre, aún cuando diera una sonrisa amable… solo parecía desaparecer momentáneamente cuando recibía alguna carta… carta cuya remitente irónicamente era quien había acabado con su "Unificación".

Ella estaba consciente de que el Avatar Korra y Kuvira habían formado, con el paso del tiempo, una amistad a distancia; le parecía tierno, correcto y una positiva influencia para su allegada. Korra, muy aparte de ser el avatar, era una persona maravillosa, Opal siempre daba referencias positivas de ella y estaba segura de que algún tipo de conexión se había formado entre Kuvira y la morena en aquel momento de la batalla final, donde se formó el tercer portal espiritual.

Ahora… no negaba que su "instinto de madre" más de una vez volvía a saltar.

Esa recatada alegría de la mujer del lunar cada vez que llegaba una carta de la morena, la hacía sospechar de algún sentimiento adicional, obviamente unilateral. Muchas veces estuvo tentada a preguntarle, pero descartó la idea, no queriendo retroceder en la relación que con tanto esfuerzo habían logrado formar.

Después de todo… el avatar estaba en una feliz relación con Asami Sato, una de las mujeres más importantes del mundo actual y Kuvira estaba consciente de eso, incluso ayudó a que esta se librara de aquel lavado de cerebro… así que… ¿Una leve ilusión a distancia qué mal podía generar? Además, siempre cabía la posibilidad de que estuviera equivocada, asumiendo todo mal… Grave último pensamiento, nunca debía dudar de lo que su instinto le gritaba sin parar.

Lo corroboró el día en que el avatar vino de visita por primera vez desde que habían derrocado a ese último loco del lavado cerebral… ante sus ojos era un hecho imposible de negar…


-Flashback-

—¡Korra! ¡Qué gusto verte por aquí!

—Hola Suyin ¿Cómo va todo?- saludó cortés la castaña devolviendo el apretón de manos que la mayor le daba

—De maravilla, todo cada vez más próspero e intentando compartir dicha prosperidad con el resto del reino, además, hemos hecho algunos tratados con el nuevo presidente de la República Tierra para capacitar sobre avances arquitectónicos y aleccionamiento de maestros metal.

—Eso me alegra mucho -sonrió la morena- Así habrán más personas, fuera de Ciudad República y Zaofu que sigan con el legado Beifong.

—Exacto, mamá estaría feliz… bueno, no feliz… pero al menos no tan cascarrabias -ambas rieron un poco- ¿Y qué te trae por acá? ¿Dónde está Asami? -preguntó con curiosidad buscando alrededor viendo solamente a Naga descansar bajo la sombra de un árbol.

Al ver el rostro de la más joven decaer, supo que había metido la pata.

—Oh… no me digas que…

—Sí… Asami y yo terminamos… prefiero no hablar de ello.

—Lo siento por preguntar Korra…

—No, no hay problema, no tenías como saberlo

Ese comentario era certero. Cuando Asami y ella terminaron, hace ya dos semanas, estaba tan obnubilada por el dolor y la rabia que olvidó por completo que la mayoría de sus pertenencias se encontraban en dicha mansión. Igual, por orgullo ni muerta volvería a ese lugar.

Se dirigió hacia la Isla del Templo Aire, recogió unas pocas prendas que tenía allí y se dispuso a irse con su fiel guía espiritual.

Le preguntaron que le sucedía, intentaron persuadirla. Sin embargo, ella solo adujo que era momento de que el Avatar, al igual que sus anteriores encarnaciones, retomara el vuelo en un viaje de autodescubrimiento ayudando donde fuese necesaria su presencia.

A los presentes solo les quedó aceptar. Korra ya no era una menor a la que podían proteger y mandar. Era un avatar completo, y si ella decidía que era tiempo de migrar… la dejarían volar.

No hubo mucha despedida, e ignorando las preguntas de "¿Y Asami que opina?" solo pudo decir un escueto adiós a quienes estaban allí: Tenzin y su familia, Opal y Bolín. Y sin más partió de aquel lugar que alguna vez fue su hogar.

En una balsa de hielo, lo suficientemente grande para ella y su peluda compañera, se alejó impulsada por agua control, de aquella ciudad que la acogió hacia ya muchos años… y solamente cuando ya no pudo verla a lo lejos, se permitió llorar y gritar con desesperación mientras Naga le brindaba su mullido cuerpo para tratar de aliviar en algo su desazón. Solo teniendo a su amiga y al inmenso mar como testigos, liberó hasta el desmayo su dolor.

—Oh…hmm… bueno… -Suyin intentó romper el silencio que se había hecho después de las palabras del avatar, al parecer la chica se había quedado perdida en sus pensamientos- ¿Entonces a que debemos tu agradable presencia en Zaofu? ¿Vienes a tomar unas vacaciones como les prop… digo, como te propuse hace algún tiempo? ¿O vienes a practicar más metal control? - preguntó Su, intentando quitarle lo incómodo al ambiente.

—¿Eh?... ah, no… - la morena intentó espabilarse- La verdad estoy emprendiendo un viaje por el Reino Tierra. Vine por mar y apenas toqué tierra encontré conflictos civiles, pero he ayudado a las autoridades locales a sobrellevarlos. He estado viajando con Naga ya que me han solicitado en algunas provincias para ayudar a resolver problemas… y aprovechando que el último conflicto me trajo por aquí cerca, pasé a saludar. ¿Sabes? Tal parece que, en el Reino Tierra, perdón, en la República Tierra aprecian más al Avatar que en Ciudad República.

—Es normal que te respeten y aprecien, no es para menos- respondió Su- después de todo salvaste al pueblo del fraude electoral del Comandante Guan y sin poder olvidar el liberarlos de la temible "Gran Unificadora" -indicó con falso tono de miedo

—¿Qué yo qué, Su? -Kuvira venía girando por un pasillo, vio la espalda de Su y escuchó nombrarla por su anterior sobrenombre, a veces le decía así para, en son de broma, molestarla; sin embargo, se quedó congelada al ver con quien su madre adoptiva hablaba- Korra…

—¡Hey Kuvira! A los tiemp…

—¡Korra!

La morena no pudo continuar. A la par de haber gritado su nombre, la mujer de negros cabellos fue corriendo a su encuentro y la abrazó como si su vida dependiera de ello.

La castaña abrió de par en par los ojos, impresionada por aquella muestra de afecto; pero poco a poco correspondió el gesto y la abrazó de vuelta con igual fuerza. Kuvira era cálida, como recordaba de aquel encuentro en su último día de dictadora… y si era sincera, con todo lo que había pasado últimamente, una muestra de cariño cercano no le venía nada mal para calentar un poco el témpano de hielo en el que se estaba convirtiendo su resquebrajado corazón.

Después de un tiempo que no supo calcular, diluyeron un poco el abrazo, quedando igual cercanas, agarradas de los brazos, observándose.

Korra estaba alegre de sentir el aprecio de su amiga, si era sincera la causa de peso para ir a aquella ciudad había sido verla expresamente a ella… después de todo mantenían una constante comunicación por correo, pero ahora que ya no tenía residencia fija sino que era una habitante del mundo, sería difícil seguir haciéndolo. La sonrisa de la morena, aunque en sus ojos seguía reflejando una profunda tristeza, era genuina; estaba feliz de ver un mejor semblante en Kuvira, no olvidaba que en aquellos días del juicio y de toda la conmoción que los despojos de la unificación habían dejado, la mujer del lunar lucía cansada, con una piel algo grisácesa, el cabello opaco y mucho más delgada que en sus épocas de gloria. Ahora volvía a lucir altiva y hermosa, con esa aura de superioridad que la caracterizaba pero sin ese odio corrompía el alma.

Y si la cara de Korra era de alegría… la de Kuvira superaba con creces ese rostro de algarabía.

Suyin miraba la escena, sus ojos iban de rostro a rostro, pero principalmente fijándose con asombro en el de su protegida…

"Sus ojos…" pensó. Aquella mirada lo decía todo.

El velo de la tristeza había caído. Ante sí veía a una Kuvira con la mirada llena de esperanza, de cariño, el reflejo de su alma plasmado en aquellos orbes verdes. Un reflejo que destilaba… no… que emanaba a borbotones un solo sentimiento: Amor.

Nunca en su vida, ni cuando la del lunar había estado con su hijo Baatar Jr., había visto de parte de esta esa expresión, esa magnitud de sentir… ¿Y justo con la recientemente soltera avatar? Era algo inaudito, sí, simplemente increíble… inverosímil… algo único… pero algo que como madre debía cuidar…

Si allí estaba la felicidad de su hija, ella la iba a respaldar.

-Fin del Flashback-


Sí, el día pintaba hermoso… pintaba… tiempo pasado.

Porque al encontrarse a aquellas mujeres cuales fieras a punto de atacarse, con ojos centellantes por la rabia y envueltas en aura de tensión máxima donde cualquier movimiento sería interpretado como el inicio de la batalla… no pudo hacer más que quedarse petrificada observándolas.

"¿Qué diablos hace Asami aquí?" -Pensó la mayor, no sabiendo como salir de esa incómoda situación y preocupándose de que la alegría total que durante las dos últimas semanas había embargado su casa, se fuera por la borda y sin control.


¡Hola!

Me alegra que el primer capítulo tuviera buena aceptación, espero este segundo les guste.

No me aguanté las ganas y actualicé dos veces esta semana… pero es que en lo personal me gusta mucho la trama que ando imaginando (que asumo ya sabrán por dónde van los tiros) … y las protagonistas… así que prácticamente se escribió solo.

No sé cuándo volveré a actualizar, capaz la siguiente semana, pero recalco que no se deben acostumbrar a que sea tan seguido… además de la U y de las cosas de la casa, tengo que cumplir con mi Catradora (Fans de celo que lean esto no me odien por recibir notificación de este y no de lo que quieren jajaja) y terminar el primer cap del otro Korrasami al cual espero también le den cariño cuando lo publique.

Y por cierto, a mi me dolió escribir el capítulo anterior tanto como a ustedes les dolió leerlo.

Ya que introduje, aunque sea en flashback, a la tercera protagonista, procederé a cambiar la imagen y sumary.

Espero sigan dejándome sus reviews si les gustó el cap, en verdad me motivan :)

Saludos,

Le chat et l'abeille.