Apagó el motor y tras unos minutos revisando los controles bajó de su biplano, saltando, sin esperar a que le colocaran la escalerilla de descenso.

Le encantaba volar, era uno de sus pasatiempos favoritos, pero debía admitir que estaba un poco oxidada, además de que nunca había piloteado una distancia tan larga.

Bien hubiese podido venir en algún otro dispositivo aéreo más cómodo, pero sentía que esto era lo que necesitaba…. Y había estado en lo correcto, pues por primera vez en días sus labios se curvaban en una cansada pero satisfecha sonrisa.

Estiró un poco los entumecidos músculos y cuando pensaba en conseguir alguna escalerilla para bajar su equipaje, una voz la llamó.

—¡Señorita Sato! -Saludó un regordete hombre, estaba algo entrado en años y vestía un verde uniforme portando la insignia del aeródromo donde había aterrizado; seguido de él otros más jóvenes portando mamelucos color caqui, traían una escalerilla dispuestos a bajar el equipaje de la CEO- bienvenida al aeródromo de Zaofu. Soy Cho, el director del lugar, la estábamos esperando Señorita.

—Buenos días señor Cho, disculpe la demora, tuve que dejar resueltos algunos asuntos antes de venir aquí.

—Oh, no tiene que disculparse, nosotros estábamos nerviosos puesto que el Señor Baatar Beifong nos indicó que llegaría hace un par de horas, temíamos le hubiese ocurrido algo ¿Estuvo bien su viaje?

—Todo perfecto, gracias por preguntar

La ojiverde observó como su equipaje era puesto en un carrito y empujado a su lado por un amable joven a quien sonrió como saludo. El director retomó la palabra

—Cuando usted nos indique, llevaremos su equipaje al vehículo que el Señor Beifong dispuso para su traslado.

—Claro, otórgueme un momento, primero quiero ver en que parte del hangar acomodarán mi Biplano- mencionó al ver que los ayudantes procedían a la movilización del vehículo aéreo.

—Oh, por su puesto Señorita Sato, aunque no tiene que preocuparse, hemos dispuesto un hangar privado para su nave.

La joven sonrió. No era que disfrutara de su poder e influencia… pero sin duda le tenía un gran apego a aquella nave que había construido pieza por pieza, por lo que agradecía fuese guarecida en un lugar privado donde no recibiera ningún tipo de daño.

Una vez constató la seguridad de su nave, fue dirigida hacia el transporte que la llevaba esperando desde hace un par de horas. Agradeció al director y al muchacho por la cortesía y el transporte del equipaje al vehículo, saludó al chofer subiéndose a la parte trasera del Satomovil, quitó un periódico que estaba en el asiento, colocándolo en la bolsa detrás del puesto del copiloto, se sentó y una vez cerradas las puertas partieron rumbo a la morada de la líder de la ciudad.

Iba a pedirle al conductor que la llevase al hotel más cercano para dejar su equipaje y tener un lugar a donde volver después de aquella esperada reunión de negocios con Suyin Beifong, pero descartó la idea mentalmente, era importante llegar a tiempo y no faltar a la cita.

"No debo dejarla plantada" -susurró para sí misma con amarga ironía, recordando que eso era algo que Korra siempre le reprochaba. Suspiró, mirando sin observar realmente a la ciudad en movimiento que pasaba ante sus ojos, perdida una vez más en aquella última conversación, aquel último contacto con El Avatar.

Y es que, por más que lo intentase evitar, que quisiese distraerse u ocuparse, sus pensamientos siempre volvían a aquel lugar, a aquel tortuoso recuerdo, preludio de oscuros días venideros…


-Flashback-

Ella esperó y esperó.

No era la primera vez que discutía con Korra.

No era tampoco la primera vez que arrojaba cierta cantidad de injusto vómito verbal sobre su pareja…

Pero esta siempre la perdonaba… ¿No?

Korra sabía que las palabras dichas solo eran por el momento de ira,

Que eran de dientes para fuera… ¿Verdad?

Por eso la esperó.

Esperó a que al Avatar se le pasara el enojo y volviera.

Pero algo muy dentro de sí sabía que las palabras dichas habían sido hiel corruptora del frágil hilo de relación que quedaba entre ellas.

Asami Sato lo tensó.

Asami Sato lo rompió.

Pese a eso, pese a lo infructuoso de su solitaria misión… ella esperó…

Pero el avatar nunca llegó.

El amanecer la cogió en vela, la vigilia había sido eterna; solamente cortada por intervalos en los que no sabía si había dormitado o de la pena y el cansancio había perdido la conciencia.

La desaliñada pelinegra había pasado aquellas horas entre etapas de ira y tristeza:

Por ratos despotricando con rabia…

¡¿Qué se creía esa mujer, con sus malditas rabietas?!

Por otros a llantos incontenibles por la culpa y desesperanza…

¿Por qué había sido tan estúpida y había tratado tan mal a la mujer que tanto amaba?

Pero una llamada telefónica azotó su embotada cabeza.

—¿Alo? ¿Asami?

—¿Mako? -contestó intentando sonar normal y no como alguien que había pasado llorando más de lo que podía calcular

—¿Por qué no me lo dijeron? Podían al menos informarme para despedirme y no tener que enterarme hoy por mi hermano…

—¿De qué estás hablando?

—Obviamente de la partida de Korra de Ciudad República -mencionó con cierto resentimiento el hombre, ajeno del balde de agua que había vertido encima de su exnovia- Puede que sea el avatar y necesite hacer esos viajes solitarios como sus vidas pasadas, pero si hubiera avisado antes le hubiéramos hecho una fiesta de despedida y…

Pero Asami ya no captó más de los reniegos del maestro fuego

—Ella… se fue… en verdad se fue… -susurró no siendo consciente de que aún tenía en sus manos el auricular

—¿Eh? Asami, ¿Me escuchas?

—Yo… eh… te llamo luego Mako.

La mujer colgó como pudo y se levantó directo al amplio vestidor que compartía con la morena

¿Será que en algún momento en el que dormité ella entró y se llevó sus pertenencias?

No pudo haber dejado todo… no me pudo haber dejado… ¿Verdad?...

Nosotras solo… solo era una discusión más…

Abrió la puerta y observó la desgracia. Todas y cada una de las prendas de la castaña estaban allí. En cualquier otro momento eso le habría dado esperanza, pero por las palabras de su amigo, sabía que era atroz albergarlas.

Se acercó y tomó uno de los abrigos favoritos de la ojiazul, lo abrazó sintiendo su aroma "tan a ella". Observó el resto de las prendas, aquellas no eran tantas como las propias, sí, pero de igual manera se convirtieron desde ese momento en el recuerdo palpable de lo que las crueles palabras dichas con ira y sin pensar pueden provocar…

Soledad…

Ahora solo aquellas desgastadas vestimentas y botas quedaban como silenciosa evidencia de la que alguna vez fue su compañera de hogar.

Apretó los puños, no queriendo que la tristeza la siguiese consumiendo más.

Odiaba ese sentimiento, la hacía sentir tan ínfima y vulnerable… prefería sin duda a las tóxicas garras del resentimiento anclarse.

—¿Para eso querías que dejara de trabajar? ¿Para marcharte como una cobarde? Al final tomé la mejor decisión, tú te puedes ir, pero mi trabajo y empresa siempre van a acompañarme.

En ese momento su balanza inclinó plena y definitivamente, sin descanso alguno hacia sus responsabilidades laborales.

-x-x-x-

Habían pasado tres semanas, tres difíciles y malditas semanas.

Si era sincera, olvidarse del asunto en las mañanas, tardes, e incluso en el inicio de las noches era pan comido, hiperconcentrada en el trabajo desde que salía el sol hasta que este se ponía, no tenía tiempo para pensar en nada que no fueran negocios e inventos, olvidándose incluso de sus alimentos, pero igual sin descuidar su imagen ya que esta era parte de la fachada de su frívolo universo.

Lo difícil, lo verdaderamente difícil era ya entrada la noche… allí el asunto se tornaba más complejo.

Por más que extendiera hasta limites insanos la realización de informes o elaboración de inventos… tarde o temprano llegaba el momento de regresar a aquella insufrible realidad.

Quedarse en la oficina a intentar dormir no la ayudaba a esquivar, solamente ahondaba sus achaques por el sobreesfuerzo, así que a su casa siempre iba a parar.

En esa enorme morada ya no había nadie que la esperara con una cálida sonrisa, queriendo un abrazo o brindarle una caricia.

La frialdad de la noche y alguna de aquellas azuladas prendas elegidas al azar eran sus únicas acompañantes en el lecho lleno de sollozos, hasta que el benevolente Morfeo se apiadase de su sufrimiento y posase una mano sobre sus enrojecidos ojos.

"Aquellas prendas…"-pensó sintiendo un hueco en su corazón- Blusas, pantalones, botas y accesorios que más de una vez en un arranque de ira quiso haber arrojado al basurero más cercano. Pero se abstuvo y tuvo el rincón de Korra, de su parte del armario, como un secreto santuario.

Con el nuevo día, aunque cansada, se sentía más fuerte, menos derrotada. La máscara de frialdad volvía a posarse sobre sus finas facciones, incluso a esas horas podía pensar sin dudar que odiaba a Korra y no quería verla nunca más… aunque en la noche la verdad en desconsoladas lágrimas la destruyeran sin piedad.

Era una contradicción, una ambivalencia exasperante y exhausta: De día imperaba en ella el resentimiento y el autoconvencimiento lleno de determinación, de que haber priorizado su trabajo era la mejor opción; mientras que, por las noches, los arrepentimientos pululaban en su mente atacando su cordura como buitres a la carne pútrida.

Otro aspecto incómodo de superar había sido el esquivar los cuestionamientos que sus amigos hacían sin parar, preguntaban qué había pasado, si ella estaba de acuerdo con el viaje del avatar o si el avatar y ella habían terminado.

Prefirió apartarse de ellos también, y encerrarse en su mundo de trabajo.

Era el único que llenaba sus vacíos sin intentar juzgarla de antemano.

Su único salvavidas, al cual se aferraría para mantenerse con vida.

-x-x-x-

—¿Y él está bien?

—Sí Señorita Sato, ya está estable en el hospital. Lamentablemente no saldrá pronto y el Señor Yang era quien partiría mañana a Zaofu para el contrato y convenio esperados.

La ingeniera casi lo había olvidado. Ella estaba al pendiente como ave rapaz de todos los aspectos de su compañía, pero ese negocio que implicaba una movilización hacia otra ciudad lo había dejado en manos de su segundo al mando, Yang, un hombre mayor y confiable, de los tiempos en los que su padre administraba la compañía, y que por desgracia había caído con salud delicada en los últimos días.

—Opciones -masculló de forma directa y profesional a su asistente

—Usted ya había analizado esto antes Señora Sato, ningún otro empleado tiene la disponibilidad ni están completamente capacitado para ese tipo de negocios y no tenemos tiempo de encontrar y contratar a alguien adecuado, por ello lo conveniente sería posponer el tratado…

—No -espetó con firmeza golpeando con ambos puños su escritorio- ya hemos diluido mucho esto, el negocio debe hacerse

La mujer se levantó y comenzó a caminar por su oficina.

Finalmente, la solución llegó a su brillante mente.

—Rápido, toma nota.

El asistente apuntó cada una de las palabras que su jefa dictó, recibió las instrucciones y salió a cumplir su misión.

Ella, por su parte, no perdió más tiempo, el Satograma que había mandado a enviar seguramente tardaría algunas horas en ser recibido y respondido. Confiaba en que la respuesta fuese positiva ante el cambio de tutela del proyecto… después de todo ella era la única capacitada, además del convaleciente Yang, en poder hacerse cargo de tamaño emprendimiento.

Arregló papeles, dio órdenes, estipuló cronogramas y derivó obligaciones dejando en claro que debía recibir regulares informes de todas las situaciones.

Al anochecer, habiendo pasado una hora del horario de salida normal de Industrias Futuro, su leal asistente volvió con el visto bueno.

Estaba decidido. Mañana partiría a Zaofu.

Quizás esto era lo que necesitaba para librarse finalmente de la sombra del recuerdo de Korra, que pesaba en su vida en los casi 30 días que llevaba ausente de la misma.

Un viaje a nuevas tierras, ya no ver su ropa ni sentir su aroma, ya no torturarse por lo tonta que fue al dejarla ir, ni enfurecerse porque el avatar no comprendía a totalidad la responsabilidad de su herencia familiar… ya no más tener que autoconvencerse de haber hecho lo correcto al terminarla por la ira del momento.

Ya no más sufrimiento. Por fin había visos de paz para su corazón en tormento.

-Fin del Flashback-


—Servida, señorita Sato-mencionó el chofer, estacionándose frente a los grandes portones de la construcción- No se preocupe por el equipaje que yo lo dejo con el mayordomo en el recibidor…. ¿Señorita Sato? Disculpe ¿Se encuentra bien?

La pelinegra espabiló finalmente. Asintió dando una sonrisa un tanto forzada pero que terminó convenciendo a su interlocutor, y tras un leve asentimiento salió del vehículo mientras veía como el chofer y el mayordomo, que recientemente había salido del imponente domicilio, recogían el equipaje para llevarlo al recibidor. Ella prefirió adelantarse confiando en que sus pertenencias estarían a buen recaudo.

A paso fuerte, cada vez más decidida ingresó a los aposentos del Clan Beifong.

Debía avisparse, debía ser audaz y concentrarse; ella se había rendido, había ido a ese lugar para cambiar de ambiente y olvidar. la situación con Korra ya era algo que no se podía arreglar, era pasado… no sabía ni sabría de ella más allá que aquellos escuetos encabezados de periódicos que se esforzaba por evitar… no la vería nunca más… después de todo…

¿Quién sabe en qué lugar lejano del amplio reino tierra se encontraría el avatar?

Si hubiera leído aquel periódico del coche, se hubiera enterado que la morena estaba más cerca de lo que pudiese imaginar…


Hola

Un nuevo capítulo, este es de cierta manera suave, pero a la vez lleno de sentimientos por parte de Asami, a mi parecer es necesario saber también sus sentires contradictorios y tormentosos pero profundos para que no se la considere simplemente "Una maldita", sino que también es una mujer que sufre aún a sabiendas de que fueron sus acciones las erróneas.

Como dato irónico les comento que el capítulo cuatro fue escrito antes que el tres por lo que luego tuve que editar ciertas cosas para concordar.

Como podrán haberse dado cuenta, partes de la historia son el presente y otras el pasado; primera ve que uso tantos flashbacks (?).

Y para quien no haya picado la referencia, el Satograma es el Telegrama, solo que un poco más potenciado y veloz ya que, según lo que investigué, los mensajes antes demoraban en llegar por esta vía unas 8 horas aprox. Aquí se dio la comunicación dentro del mismo día, entre mañana y noche. Si po motivo hay algún error con mis apreciaciones pido disculpas, pero recalco que no soy experta, simplemente plasmo lo que creo… y tengo sueño.

Ya saben, si les va gustando espero sus review, son gratis y siempre motivan al autor a seguir.

Saludos,

Le chat et l'abeille.