Capítulo 1
—¡Endeavor San!... ¡Endeavor San!
La voz de Hawks llamándolo se hacía cada vez más lejana, su vista estaba nublada y sentía que se quemaba por dentro. El cuerpo le pesaba y sentía que su cabeza se llenaba de aire. Había llevado su cuerpo hasta el límite y estaba por colapsar.
Luego de alzar su puño al cielo y aclararle a Hawks que All Might levantaba el otro se había sentido totalmente mareado por lo que su joven compañero se había apresurado a ayudarlo. Después solo encontró negrura en su visión. La cabeza le dolía, podía sentir cada herida en su cuerpo, el pecho le quemaba, sentía la sangre escurrir por su rostro y su aliento escapando de su cuerpo. Nunca le había temido a la muerte, es parte de ser un héroe el arriesgar tu vida por los demás, sin embargo no se sentía listo para ir al otro lado, no podía irse ahora, tenía mucho por que disculparse, tenía que redimirse con su familia, no podía irse ahora. Su corazón latía rápidamente, las caras de sus hijos y esposa aparecieron frente a él como visiones lejanas, estiró su brazo intentando alcanzar la imagen de Shouto y fue interrumpido por el ruido del suelo partiéndose en sus pies y la sensación abrumadora de estar cayendo. Se sobresaltó agitado, aventado los brazos hacia delante mientras su visión se aclaraba y le lanzaba imágenes que no correspondían al lugar donde debería estar. Se llevó ambas manos a la cara y se dejó caer anonadado en su silla ejecutiva. ¿Estaba muerto?, ¿o acaso era un sueño?, las manos le temblaban y se sentía ansioso.
Estaba con Hawks, había peleado con un nomu muy fuerte, eso lo podía recordar, incluso aún sentía dolor en la cara. Se llevó una mano donde debería estar la herida de su batalla. No había nada ahí, se puso de pie y rodeó el escritorio que reconocía como propio. Sabía muy bien donde se encontraba y ese lugar era su casa. Escucho unos pasos en el pasillo y luego un suave golpe en la puerta de su oficina.
—Papá, ¿Estás ahí?
La tímida voz que reconoció como la de Fuyumi le pareció singularmente infantil, abrió la puerta y se encontró, sí con su hija, pero no con la hija que había visto la última vez. Ahogó un grito de asombro en su garganta y se quedó de pie mirando a la niña de 6 años delante de él.
—Fuyumi... -dijo aún en un estado de ensimismamiento.
Se inclinó hacia delante colocando sus manos en ambos hombros de la menor que confundida retrocedió.
—Papá me estas asustando -dijo con un tono asustadizo.
Enji se apartó, recomponiendo la postura mientras la niña echó una mirada al final del pasillo donde la figura de su madre apareció. Él no pudo evitar quedarse pasmado y sin reaccionar cuando su hija corrió a los brazos de Rei Todoroki.
—¿Qué haces tan tarde fuera de tu cama Fuyumi? -preguntó la mujer acomodando un mechón de cabello detrás de la oreja de la menor.
—Tenía sed mami, salí a beber un poco de agua y luego escuché a papá gritar...
Ambas dirigieron su atención a Enji que no entendía nada aún y se sentía muy contrariado. Avanzó despacio hacia su esposa que cargaba en brazos a su hija, ambas lo miraron un poco extrañadas. Solo entonces fue que Enji se dio cuenta de que ella estaba embarazada.
—¿Estas bien Enji?
Ella lo miró con una cara de innegable preocupación, lo cual le hizo entender que no estaba en el mismo lugar que antes. Esta Rei era diferente, era como antes. Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza cuando ella sin previo aviso le pasó la palma de la mano por la mejilla y le sonrió. Sus manos eran cálidas a pesar de su quirk de hielo. Sintió que su corazón latía emocionado.
—No fue nada, estoy bien -sonrió mientras tomaba su mano.
—Bien, entonces lleva a Fuyu a su habitación y te veo luego en la nuestra -le puso a la niña en brazos y lo besó fugazmente en los labios.
El héroe de las llamas se quedó pegado al suelo, mientras miraba como su esposa se alejaba por el pasillo. Fuyumi le palmeó la cara y solo así Todoroki salió de sus pensamientos. La niña señaló con un dedo en dirección contraria indicando su habitación. El padre asintió y Fuyumi le sonrió.
Luego de dejar a la pequeña en su cama Enji camino meditabundo por el pasillo, dándole vueltas al asunto, se preguntó si sería todo un sueño o tal vez estaba en coma y todo era una jugarreta de su mente. Se pellizcó el brazo para intentar despertar, pero solo logró hacerse un feo moretón. Entonces recordó un viejo artículo que había leído en la red, una de esas noches donde había tenido insomnio, después de que Rei fuera ingresada en el sanatorio mental. Aquel artículo decía que en los sueños hay muchos indicios que puedes tomar en cuenta para ser consciente de que estás en uno. Primero no puedes leer, y llevar a cabo algunas tareas sencillas se siente extraño; por lo que buscó algo con palabras que lo ayudará entender si estaba en un sueño. Echó un vistazo a la pared y tomó entre sus manos un calendario. Lo apretó con ambos puños y lo lanzó al suelo.
—¡Demonios! -murmuró, aquello sin duda no era un sueño.
¿Había vuelto entonces al pasado? ¿Por qué? Se preguntó confundido y con la cabeza pulsando de dolor. Se dejó deslizar por la pared quedando sentado en el suelo, recargando su espalda en el muro. ¿Era esto una broma de Dios, o una oportunidad de hacer todo bien?, Una idea pasó por su cabeza como un relámpago electrizante. Levantó la cara y pensó entonces que si era el pasado su hijo Touya estaría ahí. Agitado se puso de pie y corrió hacia la habitación del menor, abrió la puerta despacio y pudo vislumbrar la figura de Touya Todoroki durmiendo tranquilamente en su cama. Se adentró con calma intentando no hacer mucho ruido y se inclinó mirándolo descansar. Los ojos de Enji estaban otra vez borrosos, pero estaba vez por las lágrimas que contenía, paso su mano ligeramente por los cabellos blanquecinos de su hijo, aliviado de verlo de nuevo, tomó su mano pequeña entre la suya que era grande y la beso.
La pérdida de Touya, la locura de Rei, los traumas de Shouto, la soledad de Fuyumi y el rencor de Natsuo, todo era culpa suya. Por su ambición y arrogancia, la necedad de querer alcanzar un objetivo que al final supo amargo lo habían cegado y le habían hecho perder lo que verdaderamente importaba, su familia. No sabía por qué ni entendía cómo había vuelto hasta este punto. Sin embargo, era realmente asombroso y de algo estaba seguro haría todo lo necesario para que esta vez su familia se quedara junta y feliz.
Tenía que comenzar por compensar a sus hijos y mujer, debía ser un buen padre y esposo. Aún había tiempo de cambiar toda la historia.
Salió de la habitación de Touya con un sentimiento de alivio, no entendía qué había pasado, estaba aún confundido. Camino de nuevo por el largo pasillo de la casa Todoroki, todo estaba en calma y silencioso tanto que podía escuchar las manecillas del reloj en la pared. No recordaba la última vez que se sintió tranquilo de estar en casa. Extrañaba eso. Al llegar a la puerta de su habitación se detuvo al poner su mano en el pomo de metal frío. No sabía cómo actuar con Rei, hacía mucho tiempo que no la miraba, el doctor le había dicho que ella le tenía miedo y que no podía verlo ya que su presencia la alteraba. Se sentía enojado consigo mismo, había sido un idiota. No había sabido apreciar a su esposa e hijos. Giró despacio el pomo y abrió sin hacer mucho ruido. Asomó su cara y notó que todo estaba oscuro, sin embargo, pudo notar la figura de su mujer descansando en la cama. Dio unos pasos despacio, esa habitación era la que recordaba, aquella que había compartido con Rei. Pasó su mano por encima de un mueble de madera fina, su cerebro parecía estar extasiado con tantos estímulos, sentía como su corazón comenzaba a ir aceleradamente. Miro las fotografías de los niños que estaban en sobrios marcos de madera. Sus hijos a los que siempre menospreció. Los niños que no habían sido lo que él quería. Los niños a los que había hecho a un lado para poder pulir a quien creía su pieza maestra. Un sonido detrás de sí lo sacó de sus pensamientos.
—Enji, ¿Qué pasa? -pregunto nerviosa.
Él se giró tranquilo.
—No es nada, sigue durmiendo, me daré una ducha.
La mujer se recostó de nuevo y Enji caminó hacia el cuarto de baño. Ahí se quedó un momento mirando su reflejo en el enorme espejo sobre el lavabo. Era diferente. Era más joven. Se quitó la playera gris que llevaba puesta y palpo su piel, allá donde había habido antiguas cicatrices de batalla, no había nada. Se sintió mareado y puso sus manos sobre el lavabo, se mojó la cara y sonrió de medio lado. Mirando su reflejo una última vez. Estaba feliz de estar ahí.
