Abrió los ojos despacio y pesadamente, se talló la cara con una mano. Enji Todoroki miró a su alrededor y por un momento lo asaltó la sorpresa de no reconocer su propia habitación. Se sentó al borde de la cama y un dolor de cabeza punzante comenzó a instalarse al recordar todo lo que había sucedido el día anterior. Ahora estaba seguro de que no era un sueño, o al menos eso creía. Echó un vistazo al reloj a su lado en la mesita de noche, marcaba las 8 de la mañana. Rei ya no estaba en la cama por lo que se vistió para ir a la oficina y tratar de aparentar que no se sentía como un extraño en su propia vida.

En la cocina se encontró con tres pequeños que hacía mucho no miraba. Se quedó de pie helado por un momento, solo mirándolos. Quería correr a abrazarlos y pedir perdón, pero no quería causar pánico tan temprano en la mañana. Los niños desayunaban sentados alrededor de una pequeña mesa de desayunos. Listos con sus uniformes de escuela, Fuyumi y Touya irían a la primaria y su hermano menor al jardín de infantes. Enji pasó a su lado y acarició los cabellos de Natsuo que rápidamente giró para mirar a su padre que no era muy cariñoso con él normalmente y luego siguió comiendo.

—Buen día Enji -saludo Rei Todoroki a su esposo mientras le daba una taza de café.

—Buen día -respondió su esposo, aceptando la taza.

Normalmente tenía algunas personas en casa trabajando para él y su familia, un jardinero, una cocinera, una ama de llaves y un chófer, entre otros que no eran regulares. Pero él recordaba que a Rei siempre le gusto cocinar para sus hijos, más por las mañanas cuando había que enviarlos a la escuela. Eran pequeños momentos que a ella le gustaba atesorar y que él nunca se detuvo a apreciar. Incluso recordaba como Rei muchas veces le preparo el desayuno y él simplemente tomaba café y se iba alegando que debía llegar temprano.

Tomó el periódico que estaba en la barra de la cocina y se sentó cerca mientras bebía su taza de café, observó de reojo a sus hijos. Los niños charlaban con su madre acerca de lo que harían ese día. Ella sonreía de vez en vez y Enji se sintió extrañamente encantado. Los niños estaban por terminar el desayuno y su madre comenzó a quitar los platos. Enji se puso de pie y fue a tomar algunas cosas que quedaban en la mesa, sus hijos lo miraron confundidos, y cuchicheaban entre pequeñas risas que Enji decidió ignorar. Se encontró con su esposa en el lavaplatos. Le puso una mano en su cintura y notó como ella daba un pequeño respingo de sorpresa y lo miraba con sus ojos grises.

—Enji, no era necesario...

—No importa -dijo y se recargó en el lavaplatos con los brazos cruzados.

Rei sonrió.

—Bueno dense prisa y vayan por sus mochilas, el chófer ya debe de estar esperando afuera.

La madre besó las caras de sus hijos y los abrazo para despedirlos esa mañana.

—Sí mamá -dijo Fuyumi seguida de sus hermanos.

—Ayuden a su hermanito por favor.

—Claro -respondió Touya levantando la mano.

—Hasta luego mami -se apuró Natsuo a decir mientras abrazaba a Rei, y comenzó a correr para alcanzar a sus hermanos.

—Ya quiero ver el nuevo juego de Uyata -comentó Touya a su hermana mientras salían de la cocina.

Rei miró a sus hijos irse regresando la atención a su esposo y preguntó:

—¿No irás a la oficina hoy?

Él avanzó unos pasos hacia ella y le acercó una silla para que se sentará. Ella se lo agradeció gentilmente, mientras pasaba su mano de manera suave por su hinchado vientre.

—Sí, me iré ya.

Enji pasó a su lado y ella lo miró como todos los días irse. Sin embargo, él regresó esta vez y se inclinó para besarla rápidamente en los labios. Ella se sorprendió, esta clase de gestos eran algo atípico en su marido. Se miraron por un segundo y la mujer notó algo en sus ojos, que nunca antes había visto, era una mezcla de dolor y arrepentimiento que la hizo sujetarlo de la corbata para no dejarlo ir.

—Enji, ¿esta todo bien? -preguntó con un tono de preocupación.

El héroe en llamas la miró en silencio en lo que le pareció una eternidad, quiso decirle todo lo que había ocasionado, todo el dolor que les provocaría y que este no era él mismo, el hombre que la dañaría tanto. Pero se guardó para sí mismo esos demonios.

—No pasa nada, solo no he dormido bien -mintió mientras quitaba la mano de Rei de su corbata- No te preocupes. Hasta luego.

Cuando salía de la casa miró a los niños que estaban por subir al auto que los llevaría a sus clases. El chófer un hombre joven de cabello castaño estaba de pie a un lado del auto con la puerta abierta. Ya se había olvidado de este chófer, trabajo solo unos cuantos meses en la casa Todoroki luego renunció para intentar ser un héroe. Aunque su quirk de telequinesis no era muy fuerte.

—Buenos días señor -saludó cortésmente el chófer.

—Buenos días -respondió con calma.

Fuyumi y Touya estaban ya arriba, Enji se acercó para levantar a su hijo menor y ayudarlo a acomodarse en su asiento. Sus otros dos niños lo miraban atentos, su padre nunca los ayudaba a subir al auto o se despedía de ellos por las mañanas.

—Abrochen su cinturón -les dijo, y los niños se apresuraron a hacerlo, mientras él hacía lo mismo con el de Natsuo- Tengan un buen día…

Los niños asintieron casi sincronizados y su padre cerró la puerta del auto.

—Ve con cuidado.

—Por supuesto señor.

Miró al auto salir de la propiedad Todoroki y se quedó de pie pensando que haría ese día. Sabía que aún era el héroe #2, en ese momento de su vida. Sabía que durante ese tiempo se desvivía por superar a All Might y sobretodo se la había pasado relegando a su familia a un último lugar de sus prioridades.

Sentado en su oficina se pasó más de una hora pensando en cómo era posible que hubiese llegado ahí. Se planteó la posibilidad de estar muerto o en coma, pero incluso eso no le parecía suficiente. Pensó entonces que podría ser culpa del quirk de de alguna persona, tal vez alguien que había estado en el momento en que peleó con aquel nomu. ¿Pero podría ser posible? El dolor de cabeza volvió aparecer y se echó hacia atrás en su silla ejecutiva. No parecía que fuese a encontrar una respuesta pronto. Tendría que continuar como si nada pasara. Al menos le daba la oportunidad de remendar varias cosas.

Decidido a hacer como si nada pasara, se dispuso a comenzar su ronda de patrullaje normal. Así que se puso su traje de héroe y se fue. Mientras caminaba por la ciudad el dolor de cabeza continuaba y lo empezaba a molestar. Las calles estaban llenas de gente que iba y venía algo común en un viernes. Era un día normal pensó, mientras miraba a unos chicos cruzar una avenida. De pronto el estruendo de lo que le pareció una explosión y el gritó de algunos transeúntes le hizo girar a toda prisa. Un edificio de oficinas se derrumbaba. Y una nube de polvo y escombros caía a toda prisa. La gente corría despavorida para protegerse. Endeavor se apresuró entre las personas que querían alejarse, mientras miraba alrededor en búsqueda de lo que había provocado la explosión. Al parecer no había sido la fechoría de un villano. Así que se dispuso a sacar a las personas de la zona de riesgo. Usó su fuerza para mover escombros y abrir un camino limpio para los transeúntes. Las sirenas de los servicios de emergencias se escuchaban acercándose y oía la voz de otros héroes que venían a apoyar. El grito de alguien pidiendo ayuda llamó su atención, venía de la acera del edificio donde se había producido la explosión. Había un chico con una pierna atorada bajo una enorme viga de concreto, llevaba uniforme escolar y tenía la cabeza de un gato marrón.

—Tranquilo te sacaré de aquí -dijo quitando enormes pedazos de concreto.

—Tengo miedo, quiero ir a casa -respondió entre llantos el chico.

Endeavor quitó el escombro que estorbaba a la viga de concreto y comenzó a levantarla con cuidado de no lastimar al asustado estudiante. Una segunda explosión sacudió el edificio e hizo mover el suelo. El chico gritó asustado y Endeavor lanzó la viga a un costado y saltó con él en brazos. Un pedazo de concreto se desprendió del edificio y Endeavor no pudo solo lanzar lejos al asustado y malherido muchacho por lo que decidió cubrirlo con su cuerpo, su brazo derecho crujió al ser golpeado por el pesado concreto.

—¿Estas bien? -le preguntó una voz quebrada y chillona, los ojos azules que lo miraban atentamente estaban agolpados en lágrimas.

—Claro -se levantó haciendo caer todo el escombro y siguió andando.

Una lluvia de polvo cubría todo detrás de ellos. Mientras se alejaban de la zona afectada. Algunos héroes con quirk de agua ayudaban a apagar el incendio provocado por la explosión.

—Endeavor una fuga de gas provocó la explosión.

El héroe de rescate High Rock se apuró a ayudar con el chico con cara de gato. Unos paramédicos venían detrás de él corriendo para ayudar.

—Necesita atención médica.

—Gracias, muchas gracias -dijo antes de ser llevado por los paramédicos el muchacho y el héroe en llamas sonrió de medio lado.

—Endeavor estas sangrando -le dijo preocupado el héroe de rescate.

—Creo que mi brazo se fracturó -respondió sujetando su dolorido brazo.

—Y lo dices tan tranquilamente -contestó exaltado- vamos para que te atiendan también.

En otras circunstancias seguramente hubiese actuado diferente. Hubiese sido más rápido, no hubiera hablado con el chico, no hubiese dejado que otro héroe lo viese en un estado de debilidad. Pero eso ya no le importa.

Regreso a casa con un brazo enyesado y usando un cabestrillo. Rei se alarmó al verlo y Enji le explicó lo que había pasado para tranquilizarla. Ahora tendría algunos días para descansar en casa, luego regresaría a la agencia pero solo haría trabajo administrativo. Confiaba plenamente en sus colegas y sabia que podía dejarlos trabajando solos por algún tiempo.

—¿Quieres comer algo? -le pregunto su esposa con una sonrisa.

—No…. -hizo una pequeña pausa- bueno tal vez sí…

Rei lo miró sonriendo y comenzó a caminar hacia la cocina. Él la siguió calmadamente. Recordaba muchas otras veces cuando ella le había hecho esa pregunta, y también recordaba con pesadez sus respuestas negativas. Ella siempre quiso un matrimonio feliz y normal, una casa con niños felices y él se lo había negado. Esta vez quería cambiar todo eso.