Endeavor miraba de reojo a su esposa que se movía con gracia y gran soltura por la cocina. Aún con su crecido vientre cada movimiento iba con confianza, se preguntó qué pensaría ella de él en ese momento de su vida. Por un instante se quedó perdido en la figura de su mujer, en su cabello suelto meciéndose de un lado a otro mientras se movía preparando la comida.

Ella lo sacó de sus pensamientos.

—Espero que te guste -dijo Rei poniendo frente a Enji un gran plato de soba fría- últimamente me gusta mucho.

Él la miró sonreír alegremente y se preguntó si era por eso que en el futuro a su hijo de cabellos bicolores le gustaría tanto ese platillo. La mujer sirvió en dos vasos de cristal té verde y colocó algunas platos con tsukemono.

—Se ve bien, gracias -respondió tomando sus palillos.

Rei lo miró maniobrar torpemente con su brazo bueno para tomar la soba y a la vez la salsa a su lado.

—Si necesitas ayuda puedo ayu...

—No es necesario - interrumpió- grac…

Estaba por terminar la oración cuando derramó el vaso té verde en la mesa y ambos se levantaron inmediatamente.

—Demonios, lo lamento.

—Yo lo limpio -gritó Rei yendo por un trapo- no te preocupes, debe ser difícil poder solo usar un brazo.

Después de limpiar el té derramado se sentaron de nuevo y comieron, ella ayudó a Enji aunque él se había negado. Con la cara un tanto sonrojada aceptó abrir la boca para que ella le diera de comer. Ésta esposa frente a él le hacía sentirse culpable y desgraciado, pues era algo que él mismo se dedicó a destruir. Ella había sido muy amable y atenta siempre, además de alegre y decidida. Había sido fuerte, lo más que pudo.

Al final él le ayudó también con los platos aunque ella le había dicho que no era necesario y que mejor descansará un rato.

—¿Qué harás ahora? -Preguntó Enji casi como un susurró, mirándola poner el último plato en un estante.

Su esposa sonrió y pensó que este día él estaba muy diferente tal vez el concreto le había movido las ideas.

—Es extraño tenerte en casa tan temprano -dijo riendo- me gusta cuidar del jardín, pero hoy quiero descansar la espalda -se llevó las manos a la cintura y suspiró.

—¿Te sientes mal?

—No para nada, solo estoy cansada. Veamos televisión en la sala.

Enji asintió y la siguió sin rechistar. Ambos se sentaron frente al televisor y Rei recargó su cabeza contra él que la miró de reojo, ni siquiera estaba poniendo atención a la película, estaba perdido en la sensación del cuerpo de la mujer contra el de él. Hacía mucho que no sentía aquella sensación de calidez. Las viejas memorias de matrimonio llegaron a su mente como fuegos artificiales y sin pensarlo. Más como un acto reflejo se inclinó un poco y beso la cabeza de Rei. Ella levantó un poco su mirada confundida. Los ojos azules de Enji se encontraron con los suyos, había en ellos melancolía y dolor. La mujer alargó una mano y la posó en su cara tiernamente. Colocó la otra mano en el pecho de Enji y le besó fugazmente en los labios. Aquello hizo que él sintiera que las cadenas que apretaban su corazón se soltaran un poco. Nadie dijo nada más, siguieron mirando televisión hasta que escucharon a su ruidoso hijo menor corriendo hacía ahí.

Natsuo solía ser un niño risueño y platicador. Siempre tenía mucha energía, y estaba saltando y corriendo de un lado a otro. Era su primer año en el jardín de niños y ya estaba más que adaptado. Adoraba jugar y hablar con otros niños. Aprovechaba bien el tiempo que pasaba ahí aprendiendo y haciendo amigos. Todos los días volvía a casa dos horas antes que sus hermanos mayores, era recogido por el chófer de la familia que lo traía de regreso a casa sano y salvo, donde pasaba tiempo con su madre jugando o ayudando en el jardín. Hasta que sus hermanos volvían y podían jugar más tiempo, sin embargo odiaba cuando su padre estaba en casa y hacía entrenar a su hermano mayor Touya hasta el cansancio. Pensaba que su hermano ya era el mejor sin necesidad de lastimarse entrenando.

—Volví mamá...

Gritó Natsuo parándose en seco, al mirar a su padre. El menor de los Todoroki se preguntó porqué estaba ahí tan temprano.

—Hola mi amor -Saludo la madre. Mientras Enji se ponía de pie para sentarse en el otro sillón.

—¿Cómo estuvo tu día? -la madre preguntó.

—Jugamos en el patio e hicimos pinturas con las manos, y comimos curry en el almuerzo -respondió Natsuo de manera efusiva.

—Que bien. Parece que estuvo muy divertido.

—Si, si lo fue -dijo el menor sonriendo.

Enji miraba a su pequeño hijo que se mostraba alegre y hablaba con mucha energía y confianza con su madre. Si recordaba al Natsuo que había visto la última vez, enojado y distante, se le erizaba la piel. Su hijo entonces lo miró con curiosidad en el rostro.

—¿Que paso con tu brazo? -preguntó Natsuo.

—Tuve un pequeño accidente en el trabajo.

—¿Salvaste a alguien? -preguntó de nuevo Natsuo saltando de los brazos de su madre.

—Sí, a un chico -miró a su hijo acercarse con cautela.

Los ojos de Natsuo brillaban con aprobación. Enji no recordaba que su hijo lo hubiese mirado de esa manera antes.

—Genial.

—Tú también puedes ser un héroe hijo.

—Enji -dijo Rei mirándolo con desapruebo.

Sabía lo que ella pensaba de eso. Muchas veces le había gritado que era una locura ir tras de ese objetivo usando a sus hijos. Natsuo giró su cara para ver a su madre, y pudo notar su molestia. No le gustaba que pelearán y se gritarán.

—No, no quiero… -musitó sentándose a lado de su madre.

—Vayamos a cambiarte de ropa Natsu

Rei lo tomó de la mano y se llevó al pequeño consigo. Enji exhaló molesto con sí mismo. Y decidió ir a su estudio, ahí se quedó un buen rato leyendo. Hasta que se quedó dormido sobre su escritorio. Lo despertaron las voces de sus hijos que pasaron corriendo por el pasillo. Se levantó adormilado y miró el reloj en la pared, ya era tarde. Asomó la cabeza al pasillo y escuchó las voces de los niños y decidió ir a ver que estaban haciendo. Los encontró jugando pelota en el patio y se quedó mirándolos desde la distancia. Se miraban felices pensó.

Su esposa apareció detrás de él con un vaso de agua y una píldora.

—Toma, ya es hora de tu medicina, si no tu brazo comenzará a doler.

—Gracias -le dijo echándose la píldora a la boca, dio un trago de agua y le devolvió el vaso.

—Niños vengan por un poco de limonada a la cocina.

Rei le gritó a sus hijos. Los niños miraron a sus padres y comenzaron a andar hacia la casa.

—Hola papá -saludó Fuyumi- siento lo de tu brazo.

Él asintió sonriendo, mientras caminaban a la cocina. Todos se sentaron en la mesa de desayunos para beber limonada y comer bocadillos. Los chicos charlaban animadamente con su madre. Enji los miraba como si fuera el espectador de una película, sin poder mezclarse en la situación. Sin embargo podía notar la incomodidad de Touya que no se metía mucho en la conversación y se mostraba ausente. De vez en vez dedicaba miradas de recelo hacia su padre mientras bebía limonada o comía alguno de los ricos bocadillos de su madre.

—En verdad quiero que vayamos -dijo Fuyumi.

—Su padre estará en casa unos días descansando, tal vez podríamos ir -Rei tomó la mano de Enji sacándolo de sus pensamientos- ¿verdad? -le preguntó mirándolo.

—Ah, sí, sí -respondió sin saber que había aceptado.

—Es genial, estoy muy feliz -gritó Fuyumi.

—Yo también estoy emocionado -dijo Natsuo agitando sus brazos.

Enji miró a Touya que estaba muy callado.

—¿Tu que piensas? -preguntó dirigiéndose a su hijo mayor.

El pequeño se sobresaltó y levantó la cara para mirar a su padre. Natsuo lo miró con curiosidad. Rei palmeo la espalda de su hijo y lo animó a hablar.

—También quiero ir… me gustan los juegos… -contestó la fina voz de Touya.

Enji asintió con una sonrisa en su rostro. Fuyumi quería que fueran a un parque temático de diversiones. Sus amigas de la escuela habían ido y ella estaba entusiasmada con poder compartir esa experiencia con su familia. Tenía algunos días queriendo compartir su inquietud con su familia pero pocas veces podían hablar todos juntos, lamentaba que su padre se hubiese lastimado en el trabajo pero le gustaba tenerlo cerca, a pesar de que era muy estricto, poco expresivo y en ocasiones inquietante. Ella quería mucho a sus padres y hermanos.

—¿No será una molestia con tu brazo así papá? -preguntó preocupada la niña.

—Es un héroe puede hacerlo -respondió por él Natsuo sonriendo, lo que provocó que Fuyumi y Rei se rieran.

Touya los miraba silenciosamente, hizo un sonido siseante y rápido con los dientes, que se desvaneció en el aire, y se puso de pie.

—Al menos así no tendremos que entrenar -dijo con fastidio el chico.

—Touya… -Rei miró con comprensión a su hijo.

—Iré a hacer mi tarea -dijo sin miramientos empezando a caminar. Enji miró con pesar a su hijo alejarse.

—Hablaré con él.

La mujer estaba por ponerse de pie cuando su esposo se lo impidió levantándose primero.

—Yo lo haré, no te preocupes.

Ella dudó un instante sabiendo que Enji solía ser muy duro con Touya y que su hijo podía ser casi tan testarudo como su padre. Aún así se quedó en la silla, mientras sus otros dos hijos los miraban en silencio.


Enji tocó la puerta de la habitación de Touya. Pero no recibió una respuesta. Así que volvió a golpear con mayor insistencia.

—Touya, quiero que hablemos…

—No quiero, vete de aquí -gritó el chico desde dentro.

En otro tiempo hubiera tumbado la puerta de una patada y habría confrontado al pequeño de ojos aqua como los suyos. Pero el héroe #2 sabía que no valía la pena empezar una discusión con su hijo. Bien sabía que no ganaría nada bueno, el tiempo ya le había enseñado que la mejor manera de resolver estas situaciones era con tiempo y espacio. Así que pego la frente contra la tibia madera de la puerta y dejó escapar el aire de sus pulmones por la boca intentando calmar sus impulsos esos que eran tan ardientes como sus llamas.

—Dejaremos los entrenamientos por un tiempo -dijo esperando una respuesta que no llegó.

Touya al otro lado se sorprendió de aquella declaración. Aunque no quiso responder, se colocó sus audífonos y se acostó en su cama mirando el techo. Su padre dio media vuelta y comenzó a caminar por el largo pasillo. Al final de este se encontró con Natsuo que lo miraba con desconfianza.

—¿Peleaste con mi hermano Touya? -preguntó preocupado.

—No, él no abrió la puerta -le contestó acercándose, pero Natsuo retrocedió un paso.

—Es por que a veces das miedo… -le gritó con los puños apretados a sus lados.

Enji sonrió, admiraba el coraje que su pequeño mostraba al defender a su hermano, muchas veces peleo con él en su versión adolescente, muchas veces también intentó acercarse y no pudo. Pero ahora podía, era más fácil.

Se inclinó hacía su hijo y le colocó una mano en la cabeza suavemente. Los ojos de Natsuo lo miraron con una mezcla de confusión y ternura.

—Eres un niño muy bueno Natsu, sigue cuidando de tus hermanos en el futuro...

El pequeño tenía los ojos agolpados de lágrimas, no sabía cómo responder a tal circunstancia. No solía recibir muestras de afecto o aprobación por parte de su padre y una parte de él creía que no lo quería por ser débil. Pero ahora pensaba que podría no ser así.

Enji lo levantó del suelo y lo cargo con ayuda de su brazo bueno. Natsuo nunca había estado tan alto y le pareció que así se debía ver desde el techo de su casa. Sonriendo limpio algunas de las lágrimas que amenazaban con saltar de sus ojos.

—Vayamos a ver que hacen tu madre y hermana.

Natsuo solo asintió.