Touya despertó sobresaltado, con la cara sudorosa y la respiración agitada. Se llevó una mano al pecho y apretó la tela de su playera gris.
Había tenido ese sueño de nuevo, ese donde su quirk se descontrolaba y su cuerpo se quemaba como un pedazo de madera bañado en gasolina. Podía incluso escuchar su piel chillar al contacto con el fuego. Un escalofrío recorrió su espalda. El pequeño se llevó las manos a la cara y trato de respirar con normalidad. Tenía miedo de que pasará de nuevo, y que su quirk lo quemará vivo.
Giró para mirar por la ventana a lado de su cama, la luz de la luna era muy brillante, eso lo relajaba, todo estaba bien pensó, todo estaba tranquilo. Se recostó de nuevo abrazando su almohada e intento dormir.
El pequeño había logrado quedarse dormido después de aquel mal sueño. Pudo dormir bien el resto de la noche y se despertó a la mañana siguiente al escuchar los pájaros cantar afuera de su ventana. Tenía ya algunos días teniendo continuamente ese sueño que lo hacía despertar agitado y asustado, con el cuerpo sudoroso y las manos apretadas en sus puños tan fuerte que en ocasiones estaban adoloridas. No había querido decirle nada a su madre o hermanos pues no quería preocuparlos, sin embargo, estaba inquieto por aquel sueño tan horroroso.
Touya se talló la cara adormilado. Sus cabellos estaban alborotados y le daban un aspecto por demás tierno. Se levantó de la cama y caminó por el pasillo hacia la sala de estar. En el camino se encontró con Fuyumi que salía de su habitación.
—Buen día hermano -Fuyumi saludo sonriendo, ella siempre estaba de buen humor y era muy reconfortante pasar tiempo a su lado, era una niña con mucho carisma.
—Buenos días Fuyu -sonrió Touya mientras se llevaba una mano a la nuca.
—Debes estar hambriento, anoche no cenaste -dijo señalando con un tono de regaño.
—Sí -respondió el chico de cabellos blanquecinos apenado.
Caminaron juntos a la cocina donde prepararon dos platos con cereal y se sentaron a comer juntos. Touya y Fuyumi solían ser muy unidos, se cuidaban entre sí y eran cómplices de las travesuras del otro. Aunque Touya era el mayor su hermana era quien parecía la mayor pues era un poco más alta y siempre se estaba preocupando y ayudándolos a Natsu y a él.
—Hemos despertado muy temprano -dijo Touya jugando con sus cereales.
—Creo que sí, todos duermen aún.
El chico se quedó en silencio un momento, divagando en su mente. De pronto dijo con cara seria:
—¿No te parece que papá está diferente?
La niña de cabellos blancos y mechones pelirrojos lo miró con calma a través de sus anteojos.
—Si, es diferente, parece menos distante. Creo que eso es bueno.
—A mi me preocupa -dijo sonriendo de medio lado.
—Creo que si él se relaja todos la pasaremos mejor.
—Al menos no entrenaré por un tiempo -dijo mientras comía cereal.
Fuyumi lo miró compasiva. Había visto a Touya esforzarse y ser llevado a sus límites, terminando cansado y muchas veces lastimado. Le dolía mucho ver a su hermano sufrir con el entrenamiento de su padre. Y se sentía culpable por no poder hacer algo por ayudarlo. Su padre no encontró en ella talento alguno por eso decidió dedicarse a Touya. Sin embargo, él era frágil, y no podía seguirle el ritmo a su extenuante entrenamiento. Por eso ella continuamente estaba alentando a Touya y ayudándolo con lo que podía, incluso Natsuo entendía el dolor de su hermano mayor y se aferraba a él como un pequeño mono para que no fuese llevado a la sala de entrenamiento. Terminaba siempre siendo regañado por Enji y mirando como Touya era forzado a hacer algo que no quería.
Cuando terminaron su cereal Fuyumi y Touya salieron al patio y se recostaron en el pasto, a la pequeña le gustaba ver las nubes en el cielo. La mañana era fresca, el cielo estaba de un azul precioso y las nubes se movian lentamente a traves de el.
—Esa parece un conejo -señaló Fuyumi hacia el cielo y sus cabellos se revolvieron con el viento.
—Aquella se parece a papá con sus llamas encendidas -se rió Touya.
—Es cierto, aunque también se parece a Natsu con la espuma del jabón en la cara -dijo mientras golpeaba el suelo efusivamente con sus pies.
Mientras sus hijos se divertían encontrando formas en las blancas nubes del cielo el despertador en la habitación de sus padres sonaba con desesperó. Enji lo apago con desgano. La mujer a su lado se removió despertando.
—Buenos días -sonrío Rei mirando a su esposo.
—Buen día -dijo sentándose al borde de la cama.
Enji la miró sobre su hombro. No recordaba lo bien que se sentía despertar con ella a su lado. La mujer se levantó y se dirigió apresurada al cuarto de baño.
—Mi vejiga parece una bomba a punto de explotar -exclamó.
Él solo la vio cerrar la puerta. Se pasó una mano por el cabello y espero a que su esposa saliera para poder darse una ducha. Un momento después ella salió y le dedicó una cálida sonrisa.
—Me gusta verte así.
Enji la miró curioso. Ella hizo un ademán señalando su propia cara.
—No has usado tus llamas en casa, me gusta tu cara sin ellas.
Rei se puso delante de él y le pasó una mano por la mejilla. Enji se perdió en su mirada y tomó la mano de su esposa. Se miraron por unos segundos que parecieron congelarse a su alrededor. Enji podía sentir los latidos de su corazón ir más rápido y el aroma de Rei se perdía en sus poros. Ella se inclinó y lo besó, fue un beso rápido pero lleno de ternura.
—Rei, yo… -dijo casi en un susurro, su voz parecía entrecortarse.
—No necesitas decir nada ahora -ella le dijo tranquilamente.
Sin embargo había tantas cosas que Enji quería decirle. Pero sabía que no valdría la pena tal vez lo tildaria de loco. Quién podría creerle lo que estaba pasando pensó. La miró ponerse un vestido corto y hacerse una cola en el cabello.
—Iré a ver si los niños ya despertaron, te esperaremos para desayunar.
Él asintió mientras ella salía de la habitación.
—Touya, Fuyumi -gritó Rei desde la casa a sus hijos- vengan adentro.
Ambos hermanos se levantaron, se sacudieron el pasto y corrieron entre risas hacia la casa.
—Buenos días niños -saludo la madre, siendo abrazada por sus hijos.
—Buenos días mamá -dijeron al unísono sonriendo Touya y Fuyumi.
Fueron a la cocina donde Natsuo estaba sentado a la mesa con cara de sueño. Sus cabellos estaban alborotados y llevaba su pijama de dinosaurios.
—Tiene cara de gudetama -dijo Touya riendo.
Fuyumi se acercó a su hermano pequeño y le limpio la cara con una servilleta de papel.
—Termina de despertar Natsu -dijo en tono animado Fuyumi.
—Estoy despierto -gritó Natsuo.
—Dejen a su hermano en paz -Rei estaba preparando el desayuno- ha comido muchos bocadillos anoche y no se podía dormir.
Se acercó a su hijo menor y lo abrazo mientras le besaba la cara. El pequeño soltó una risita y terminó por despertar.
Enji entró a la cocina y los miró a todos quedarse callados. Se sentó junto a sus hijos.
—Buenos días -dijo calmadamente.
—Buenos días papá -respondió Fuyumi.
Touya no respondió y Natsuo solo sonrió en respuesta al saludo de su padre. Rei puso los platos con el desayuno en la mesa y se sentó a lado de su esposo.
El desayuno transcurrió con tranquilidad, no hubo gritos ni recriminaciones, Rei procuró hacer que sus hijos charlaran y los animó a mostrarse más abiertos a la presencia de su padre, quién no solía acompañarlos a desayunar.
Al terminar la madre mandó a los chicos mayores a darse una ducha y ella se fue con Natsu para ayudarlo. Enji se pasó un rato metido en su oficina leyendo sobre quirks de tiempo y no encontró nada que lo ayudará a entender cómo es que había llegado a esa época.
Rei golpeó suavemente a la puerta de la oficina de su esposo.
—Enji...
—Pasa -dijo él desde el otro lado.
Rei entró y lo miro sentado tras su escritorio, había muchos libros regados y él parecía cansado.
—Voy a salir -dijo poniendo una mano sobre su vientre- ¿Cuidas a los niños?
—¿A dónde vas? -preguntó extrañado.
—Tengo una cita médica.
Enji parpadeo entendiendo.
—¿Quieres que te acompañe?
Ella lo miró sorprendida.
—Me encantaría -dijo sonriéndole animada.
—Solo dejame cambiarme la ropa.
—Claro, avisaré Yukino-chan para que cuide a los niños mientras estamos fuera.
Miyazawa Yukino era una joven que solía ayudar a Rei a cuidar a los niños. Era la niñera de los Todoroki. Era una joven alegre que gustaba de jugar con los niños y que siempre estaba pensando en actividades divertidas para entretenerlos.
La chica llegó a la casa Todoroki solo 15 minutos después de que Rei la llamará. Tenía el cabello negro, y le llegaba a los hombros. Su cara era la de una joven gentil y divertida. Sus ojos claros brillaban en confianza.
—Yukino-chan gracias por venir tan rápido -Rei la recibió en la entrada de la casa.
—No es nada Todoroki-sama, me alegra ver a los niños.
—A ellos también les alegrará verte, ahora mismo están viendo televisión, pueden tomar lo que quieran de la cocina o pedir comida hay dinero en el cajón de siempre -le sonrió a la chica.
—Esta bien, no se preocupe todo estará bien.
Enji apareció acomodándose el cabestrillo sobre su chaqueta. Había visto pocas veces a la niñera, y de hecho no la recordaba mucho; por eso sabía muy poco de ella, pero esperaba que fuera una buena persona con sus hijos.
—¿Listo querido? -preguntó Rei.
—Sí -respondió mientras le ponía la mano en el hombro a Rei, y miró a la chica frente a ellos- puedes llamar a mi esposa si es necesario.
—Sí llama si pasa algo, nos vemos más tarde Yukino-chan.
—Sí gracias -dijo la chica amablemente- que les vaya bien.
Ambos salieron de la casa y el chofer los estaba esperando. Ella entró primero y luego él se acomodó a su lado.
—¿Crees que todo esté bien con el bebé? -pregunto dudando.
—Claro que sí. La ultima vez me dijeron que todo iba muy bien. Shouto es un bebé tranquilo, no me da problemas.
—¿Shouto? -dijo con curiosidad- ¿como caligrafía?
Ella soltó una risa contagiosa y lo miró.
—No, con los kanjis de quemar y congelar.
—Ya entiendo -le dijo mientras le tomaba la mano- ¿Porque has elegido ese?
—He pensado diferente esta vez, con los otros fueron nombres que pensé mucho con él ha sido distinto, solo pensé en ti quemando y en mi congelando, puede sonar tonto pero así fue como escogí el nombre.
—Rei, quiero cambiar… -dijo seriamente.
Ella notó el tono de su voz, creía que había algo diferente en su esposo, lo notó desde la noche que Fuyumi lo encontró gritando en su oficina. Pero ahora sabía que no eran solo suposiciones. Su esposo estaba diferente pero de buena manera. Estaba más atento y abierto a su familia, y eso a ella la reconfortaba, pues había empezado a pensar mal de él.
—Lo sé… -apretó su mano- y me alegra estar a tu lado.
Enji se sintió de pronto liberado de alguna manera. Podía contar con ella, podía ser feliz con su familia si lo intentaba, si tenía buenas intenciones y si en verdad quería cambiar el futuro para todos.
—Me convertiré en un héroe del que tú y los niños puedan estar orgullosos, pero sobre todo seré un padre que puedan amar -le beso la mano y ella sintió que las lágrimas se agolpaban en sus ojos.
—Se que puedes hacerlo Enji. Hasta ahora te has esforzado demasiado para llegar a donde estas…
—¿Pero a qué costo querida? -su voz tenía arrepentimiento.
—Eso ya no importa ahora, porque has decidido hacer cambios, y nosotros estaremos aquí contigo.
Él asintió. Rei recargo su cabeza contra su hombro.
—Gracias -le dijo suavemente.
