—¿Te encuentras bien Enji? -preguntó la mujer con una cálida voz mientras apretaba su mano enlazada a la de él.
Su esposo a su lado giró un poco la cara y la miró apaciblemente. Una leve y rápida sonrisa se instaló en su rostro.
—Ha sido una buena idea venir -le dijo mientras le pasaba la mano alrededor de la cintura y la pegaba a la suya.
—Me ha sorprendido que quisieras hacerlo, pero estoy feliz por ello.
Rei lo miró con una gran sonrisa en el rostro. Su mirada cálida, sus mejillas sonrojadas como una chiquilla emocionada, y su aura alegre provocaron que Enji quisiera besarla en medio de esa acera, pero solo le devolvió la sonrisa y le recogió un poco de cabellos blanquecinos tras la oreja derecha. El chofer apareció un instante después ambos subieron al auto que se perdió por las concurridas calles de la ciudad.
La cita con el doctor de Rei había ido de maravilla. Anteriormente él nunca se había incluido mucho en los embarazos de su esposa, le bastaba con ser informado por ella de los avances. Siempre alegando estar muy ocupado en el trabajo como para acompañarla a sus citas y controles. Ahora miraba aquello muy diferente y quería compartir con su esposa estos momentos que antes dejó pasar.
Al volver a casa los niños estaban mirando una película con la joven niñera. Habían armado un fuerte con almohadas y tenían un banquete de golosinas para disfrutar de su película.
Natsu corrió al encuentro con su madre, agitando los brazos y gritando por ella. Sus brazos la rodearon lo mejor que pudieron y su cara se pegó contra su hinchado vientre.
—Se cuidadoso Natsuo -advirtió Enji a su hijo.
—Está bien, está bien -le dijo Rei mientras se inclinaba para besar la cara de su pequeño y travieso hijo menor- ¿cómo te has portado con Yukino-chan?
—Bien -respondió y asintió con vigor.
—Natsu-kun es un niño adorable -dijo la chica.
—Espero que no hayas tenido problemas con estos pequeños traviesos -dijo con una discreta risa la mujer.
—Para nada Todoroki-sama ha sido muy divertido, ahora ayudaré a los niños a quitar el fuerte de almohadas e iré a casa a hacer tarea -respondió amablemente.
—No te preocupes, nosotros nos encargamos, ¿cierto Natsu?
Él menor de los Todoroki asintió y dirigió un pulgar arriba a la chica que le revolvió los cabellos.
—Eres adorable Natsu-kun.
Las mejillas del niño se pintaron del color de las fresas y sonrió nervioso.
Rei le dio su paga a la chica y ella se despidió de manera educada.
—Nuestro chofer está esperando afuera para llevarte -dijo Enji.
—No es necesario -les dijo apenada.
—Claro que sí -Rei respondió- anda, gracias por la ayuda.
La jovencita asintió y salió de la casa.
Los chicos terminaron de ver la película y después ayudaron a sus padres a levantar todo. Touya se encerró en su habitación con la excusa de tener tareas que hacer y Fuyumi se quedó leyendo en la sala de estar. Mientras que su madre que se sentía cansada se fue a recostar a su recamara.
Enji pasó buen rato sentado en el patio trasero, perdido en sus pensamientos, mientras miraba los árboles agitarse con el viento, las aves revoloteaban entre las hojas y el sol comenzaba a bajar.
Pronto sería hora de cenar así que decidió que sería bueno ayudar con eso, ya que su esposa seguía durmiendo. Cuando iba a la cocina escuchó ruidos que venían de su sala de entrenamiento, se acercó cauteloso y se asomó por una pequeña abertura de la puerta. Miró a Natsu usando su quirk de hielo, estaba sudando y agitado al parecer ya tenía tiempo ahí. Mientras saltaba y lanzaba ráfagas de hielo, se movía rápido y con precisión. Usaba su quirk para congelar el aire por un instante y saltar sobre él. Parecía muy concentrado en lo que hacía y eso hizo sonreír a Enji con aprobación. De pronto su pie resbaló al saltar de un pedazo de hielo a otro y cayó de golpe contra el suelo, golpeando su costado izquierdo. Su padre lo escuchó chillar y sin más se adentró a la sala.
—Natsu ¿estás bien? -le preguntó mientras lo revisaba.
—Me duele un poco -sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas.
Enji levantó la playera de su hijo y miró el enorme moretón que comenzaba a formarse. Colocó su mano sobre la piel dolorida de su hijo y comenzó a irradiar un poco de calor que relajo sus músculos y calmo un poco su dolor.
—No me quema -le dijo Natsu sorprendido.
—Lo sé -sonrió su padre- ¿que estabas haciendo?
Su hijo desvió la mirada.
—Solo quería… -hizo una pausa, Touya solía decirle que estaba harto de tener que entrenar y lastimarse, que desearía haber tenido un quirk de hielo que a su padre no le agradará- ¿odias los quirk de hielo?
Enji terminó de aplicar calor sobre el golpe de su hijo, y se sentó a su lado en la duela.
—No, no los odio.
Natsu se puso de pie de un salto y con sus puños apretados frente él, dijo:
—Entonces deja que tome el lugar de mi hermano Touya… yo… yo… yo también soy fuerte papá.
Enji se incorporó y colocó una mano sobre el hombro de su hijo. Mientras lo miraba contener el llanto. Natsuo había estado haciéndose fuerte a espaldas de todos para poder ayudar a su hermano y evitar que sufriera. El empeño que demostraba y su fuerte deseo de proteger a su hermano del dolor lo empujaban cada día a demostrar que podía ser lo que su padre quería, a pesar de tener un quirk de hielo.
—No es necesario Natsu.
La cara del pequeño Todoroki se tornó en una mueca de frustración. Agachó la cara pensando que todo su esfuerzo no estaba siendo tomado en cuenta. Su padre no lo elegía a él, eso lo hizo querer llorar. Sentía las lágrimas agolparse en sus ojos y un nudo en la garganta. Levantó la cara apretando la tela de su playera como un intento desesperado de evitar soltar el llanto que se guardaba en su pecho. No podía ser un niño llorón, debía ser fuerte.
—Soy fuerte -dijo con toda la determinación que su pequeño cuerpo podía contener.
Su padre lo miraba con sus penetrantes ojos azules y Natsuo no pudo evitar sentirse cohibido. Nunca antes se había atrevido a hablar con su padre de esta manera. Era un niño pequeño, pero tuvo que aprender rápido cómo serían las cosas en casa si los anhelos de su padre no se cumplían. Aun recordaba las palabras que le había dedicado un año antes cuando su quirk se presentó. Recordaba la mirada fría y el poco tacto.
—No sirve…
Esas habían sido sus palabras luego de que Natsuo le mostrará una pequeña bola de hielo hecha por él mismo. El pequeño emocionado había corrido a mostrarle a sus padres. La cara decepcionada de Enji lo hizo sentir que no era útil. Luego sus padres comenzaron a discutir y se sintió culpable de provocar los gritos que retumbaban por toda la casa. Natsuo fue tomando por la mano de su hermana mayor que apareció para llevarlo al cuarto de Touya donde sus brazos lo reconfortaron mientras aún podía escuchar a sus padres gritarse uno al otro.
—Todo esto es una mierda -Exclamó Touya mientras se sentaba a lado de sus hermanos en la cama.
—No hables así -le reprendió Fuyumi, que estaba acariciando los cabellos blanquecinos de su hermano que reposaba la cabeza en su regazo.
—Lo siento -musitó Natsuo- no tengo un buen quirk, es mi culpa que peleen.
Touya le palmeó la espalda y le sonrió gentilmente.
—La culpa es de él… no tuya Natsu, tú eres perfecto ¿cierto Fuyu?
La niña asintió con los cristales de sus gafas comenzando a empañarse por sus lágrimas. Ella entendía bien lo que su hermanito sentía pues se había sentido igual cuando su padre se decepcionó de su quirk.
—Eres perfecto Natsu -le susurro juntando su cabeza con la de él.
Los gritos habían cesado, y entonces la puerta de la habitación se abrió. Su madre apareció con los ojos enrojecidos y forzando una sonrisa para sus hijos que la miraban con un semblante entristecido.
Rei tomó a Natsuo entre sus brazos y se sentó al borde de la cama. Sus hijos mayores se quedaron cada uno a su lado recargando sus mejillas en ella.
—Lo siento chicos, su padre y yo no debimos gritar así.
—Mami ¿mi quirk no sirve? -preguntó en un tono débil el Todoroki menor.
—No digas eso bebé, tienes un quirk hermoso del cual debes sentirte orgulloso, podrás lograr lo que quieras con él mi amor.
—Entonces ¿por qué papá se molestó?
—Por qué es un idiota -se apuró a decir Touya.
—No te expreses así de tu padre -lo reprendió Rei.
—Es la verdad -el hijo mayor salto de la cama con los puños apretados a su costado.
Su madre le tomó de la mano y lo miró con tranquilidad.
—Él sólo necesita darse cuenta de que comete un error hijo, tu padre no es un mal hombre, créeme.
Touya se sentó de nuevo a su lado y ya no dijo nada. Fuyumi miró a su hermano mayor y le sonrió. Él tenía derecho de estar enojado era quien más cargaba con el peso de tener un quirk más o menos adecuado a los fines de su padre. Rei se había pasado un rato más hablando con sus hijos y reconfortando a Natsuo.
Luego de aquello Enji se alejó un poco más de sus hijos, sin embargo, Touya fue forzado a entrenar diariamente y se había hecho daño en incontables ocasiones, su cuerpo era débil por lo que Enji convenció a Rei de tener otro hijo. Esta vez ella no había estado tan emocionada como las veces pasadas, pero se esforzaba todos los días por mantener a su familia feliz y unida. Aunque aquello conllevaba un gasto emocional fuerte, mediar entre su esposo y los niños era difícil muchas veces.
Natsuo había estado sintiendo el dolor de Touya y la presión de su madre todo ese tiempo y ahora qué podía hacer frente a su padre teniendo un mejor control de su quirk después de aquel primer desprecio, sentía que otra vez estaba siendo menospreciado. Estaba por gritar algo cuando su padre lo interrumpió.
—Eres un niño muy fuerte Natsuo.
El pequeño lo miró con una mezcla de perplejidad y curiosidad.
—Te has hecho fuerte sin ayuda de nadie -continuó su padre- bien hecho.
—Pero Touya… -replicó aún confundido.
—Dejaré que deje sus entrenamientos ¿qué te parece?
La cara de Natsuo se iluminó con una enorme sonrisa y no pudo evitar saltar a abrazar a su padre, o al menos sus piernas. La liberación de Touya de los entrenamientos era un logro aún mejor que ser su reemplazo.
—Gracias, gracias.
Enji le acarició los cabellos y pensó que este sería su primer paso oficial para arreglar el futuro de su familia. Tener una buena relación con Natsuo.
—Vamos, hoy serás mi asistente en la cocina.
—¿Tú cocinarás? ¿Y si quemas la cocina? -dijo riendo.
—Por eso te necesito ahí para que uses tu hielo.
Comenzó a caminar hacia la puerta y su hijo lo siguió dando pequeños saltos.
—La cena está lista -gritó Natsuo jalando la mano de su madre y apurando a sus hermanos.
—Calma Natsu -dijo Fuyumi- vas a hacer que mamá se caiga.
—Solo un poco más despacio cariño -dijo la madre.
Al llegar al comedor Rei y los niños se quedaron sorprendidos. La mesa estaba puesta y los platos servidos. El menú era sopa de miso, arroz, ensalada y pescado frito, todo preparado por Enji con ayuda de Natsuo.
Enji Todoroki apareció trayendo una jarra con té helado que puso en el centro de la mesa.
—¿Has cocinado? -dijo Rei aun sorprendida.
—Antes solía hacerlo ¿recuerdas? -le dijo ofreciéndole una silla- Natsuo me ha ayudado.
El pequeño abrazo a su madre, feliz de haber ayudado con la cena para ella y sus hermanos.
—Bien hecho mi amor -Rei beso la cara de su hijo.
Todos tomaron su lugar en la mesa y cenaron juntos mientras charlaban tranquilamente. Rei sintió una calidez en su pecho que hacía mucho no sentía. Se sintió aliviada. Estaba segura de que su marido había entendido por fin que cometía un error. Sabía además que estaba dispuesto a hacer cambios y ella creía en él.
