Hola chicos. Lamento no haber actualizado, la pandemia no me dejaba owo


Han pasado algunos días desde que al parecer regresó a otra época en su vida. Aún se siente extraño y teme despertar estando de nuevo en la vida que desperdicio, ese futuro lleno de soledad y arrepentimiento que creó con sus propios actos aberrantes.

Se ha sentido un poco más tranquilo, quiere aprovechar la oportunidad. Ha comenzado con pasos pequeños, pero pronto empezará con pasos largos y provechosos.

—Papá.

Fuyumi apareció con un vaso grande con té verde detrás de él. Extendió la charola hacía su padre esperando que tomara el vaso.

—Gracias Fuyumi.

Enji dio un trago largo y se quitó el sudor de la cara con la mano. Tenía toda la tarde trabajando en el jardín de Rei. Ella estaba en cama descansando después de ir al hospital por un dolor de espalda tres noches antes. Su esposa era una mujer sencilla, le gustaba cocinar, leer y sobre todo cuidar de su jardín, ese lugar era como su pequeño santuario. La recordaba limpiando la maleza, poniendo abono en la tierra, cortando las flores viejas y regando el suelo. Siempre tan concentrada y con una sonrisa en la cara. Aun cuando las cosas comenzaron a ir cada vez peor en su relación y con su familia ella seguía yendo al jardín y cuidando las plantas.

Rei no se sentía bien y quería reconfortarla cuidando su jardín al que no le había puesto atención por sentirse enferma. Enji quería que ella mirara el jardín y que sonriera. Quería proteger la sonrisa de esposa, su cordura, el amor que aun sentía por él.

—Natsu y yo podemos ayudar si quieres papá -La niña dijo preocupada por el brazo de su padre.

—No te preocupes, estoy bien, ya solo voy a quitar las flores secas. Además, hace mucho calor, -sonrió con gentileza, gesto que sonrojó a su hija que no recordaba haber visto una sonrisa sincera como esa en la cara de su padre antes, Enji le devolvió el vaso vacío.

—Bien, entonces estaré adentro con Natsu.

Enji asintió y regresó a su trabajo. Fuyumi se alejó no sin antes echar un vistazo sobre su hombro y mirar a su padre cortar las flores con tranquilidad. Llevaba puesta una gorra negra con una flama al frente. Además de jeans y una camisa blanca de mangas cortas. Tenía horas bajo el sol, pero parecía irle bien. Sabía que su padre soportaba mucho mejor el calor, mejor que ella y Natsuo. También sabía que por eso había rechazado la ayuda de ambos todas las veces que los dos niños la ofrecieron.

—¿Sigue afuera? -Pregunto Touya a su hermana cuando la miro entrar a la cocina.

—Sí, está por terminar -Dejo la charola y el vaso vacío en el fregadero.

—No confió en su nueva faceta de padre y esposo abnegado -dijo con recelo el chico.

Touya se reclinó en la silla mientras se aferraba a la mesa con las manos. Su hermana lo miró e hizo una mueca de molestia, odiaba que Touya hiciera eso. Un día se caería de espaldas con la silla y se partiría la cabeza. Se acercó a su hermano y empujo suavemente la silla dejándola con las cuatro patas sobre el suelo.

—A mí me gusta, debes darle una oportunidad… -Fuyumi batió los cabellos de su hermano- Es nuestro padre, debemos apoyarlo.

—En cualquier momento volverá a mostrarnos ese lado malo de él, ya lo verás….

Touya se puso de pie y salió de la cocina dejando a su hermana sola. El pequeño de cabellos blanquecinos se negaba a creer que su padre quería cambiar. Sus actos recientes solo lo pusieron a la defensiva y prefería mantenerse al margen. No quería creer y tenía sus razones. Tenía años sufriendo por culpa de Enji Todoroki y su enfermizo anhelo de poder. Su objetivo de superar a All Might lo habían cegado por tanto tiempo que no se dio cuenta del dolor que causaba en su familia. Siendo el mayor quería que sus hermanos fueran felices y estuvieran bien, ciertamente, le gustaría creer en su padre y que pudieran tener una familia normal y feliz. Pero los golpes, los regaños, los duros entrenamientos que lo agotaron física y mentalmente no le permitían confiar en su padre. Miraba a Natsuo y Fuyumi más cercanos a su progenitor y eso lo hacía sentir extraño. Touya se preguntaba si su subconsciente también quería eso. Si él también querría hablar y compartir tranquilamente con él. Pero de pronto venían las imágenes de sus duros regaños, del miedo de fallar y los golpes, porque ya había recibido varios. Su cabeza llena de pensamientos y sentimientos encontrados lo estaban volviendo loco. Solo le quedaba resistirlos y tratar de parecer normal.

Touya se encerró en su habitación. Natsuo lo miró cerrar la puerta con molestia, el menor de los Todoroki entendía a su hermano, y no quería forzarlo a aceptar algo que lo incomodaba. Sin embargo, para Natsuo la nueva dinámica de su familia lo fascinaba. Le gustaba comer con todos en la mesa, charlar tranquilos mientras miraban una película, ver a su madre sonreír a su padre con delicadeza y ternura, lo que le llenaba el pecho de una calidez indescriptible. Pero lo que más le gustaba de su padre ahora era su cercanía. Antes le temía y mantenía su distancia, pero ahora era distinto podía estar a su lado sin miedo a sentir su mirada o con la incertidumbre de un llamado de atención inesperado. Incluso comenzaba a hacérsele costumbre acorrucarse a su lado mientras veían televisión. La primera vez fue sin querer, se había quedado dormido a su lado en el sillón, y su cuerpo pequeño y frío se había recargado contra su padre. Cuando despertó se dio cuenta de que él lo había dejado dormir en su regazo y acariciaba sus cabellos. Mientras que su madre al otro lado de su padre miraba televisión. Enji tenía un brazo sobre los hombros de Rei y ella se recargaba igualmente contra su pecho. Era una sensación tibia, no lo molestaba el calor que emanaba de él. En cambio, lo hacía sentir seguro.

Natsuo echa una mirada compasiva hacia la puerta de su hermano y siguió su camino a la cocina, donde se encontró con su hermana mayor picando algo de fruta.

—Natsu. ¿quieres naranja? -pregunto sonriendo.

—Claro -el pequeño se sentó y comenzó a comer rodajas de naranja con unas pizcas de sal.

—Le llevaré a mamá un poco de té helado y fruta.

Natsuo asintió con la boca llena de naranja y su hermana se rio.

Rei estaba recostada en cama, su cara tenía un semblante cansado. Miro por la ventana de su habitación como el viento movía levemente las ramas de los árboles afuera. El doctor le había dado algunos medicamentos y el dolor en su espalda había cedido. Le había dicho también que debía descansar y estar tranquila, pero se sentía inútil estando en cama.

Fuyumi apareció trayendo una charola con fruta y té helado. Su cara se miraba resplandeciente, su sonrisa era perfecta pensó la madre.

—Mamá, ¿te sientes mejor?

—Si, gracias mi amor.

—Te he traído un poco de fruta y té helado.

—¿Lo has cortado tu sola? -pregunto probando las fresas.

—Sí -respondió la menor tallándose la nuca- puedo hacerlo sola. No te preocupes.

—Eres una niña maravillosa Fuyumi -le tomó de la mano y la apretó contra su pecho, su hija sonrió.

La pequeña puso una silla a lado de la cama y se sentó mientras miraba a su madre comer.

—¿Dónde están tus hermanos?

—Natsuo se quedó comiendo naranjas en la cocina y Touya está en su cuarto.

Rei sabía que su hijo mayor se sentía contrariado y quería estar con él, deseaba poder abrazarlo y confortarlo.

—¿Y tu padre?

—Ha estado afuera -dijo mientras se ponía de pie no quería decirle lo que hacía- pero está bien, vendrá a verte pronto -sonrió.

—Bien, la señora Ishida vendrá pronto, procura que tus hermanos no causen problemas mi amor.

—Claro mamá.

La señora Ishida era la cocinera de los Todoroki, la mujer había comenzado a trabajar a tiempo completo ahora que Rei estaba en cama. Preparaba los almuerzos para la escuela de los chicos y también el desayuno, la comida y la cena. Como era sábado Enji le había pedido que solo viniera a la hora de la cena. Pidieron el desayuno de un restaurante y a la hora de la comida ordenaron una pizza, lo que encantó a Natsuo, que nunca había probado una.

Fuyumi dejó a su madre comiendo y salió de la habitación para buscar a Natsuo, lo encontró con su padre en el patio, sentados sobre el pasto. Enji había terminado con el jardín y el pequeño Todoroki le había llevado unas rodajas de naranja como premio.

—Mamá ya despertó, esta comiendo un poco de fruta -dijo Fuyumi mientras palmeaba la cabeza de su hermano.

—¿Cómo se siente? -Pregunto el pelirrojo con unas gotas de sudor rodando por su cara.

—Está bien, quiere que no le demos problemas a la señora Ishida.

El padre asintió y se puso de pie. Los chicos siguieron a Enji a la casa. Natsuo y Fuyumi se quedaron mirando una película, antes de que pudiera ir a ver a su esposa llamaron a la puerta, era la señora Ishida que lo saludó cortésmente. La mujer llevaba una bolsa con algunas compras para la cena.

—La cena estará lista pronto señor, -le dijo mientras caminaba hacia la cocina.

Enji asintió y dio media vuelta para ir a ver a su esposa. Tocó suavemente la puerta y escuchó la tranquila voz de su mujer, se quitó la gorra y entró a la habitación.

—¿Cómo te sientes? -preguntó sentándose en la silla que antes su hija había usado.

—Estoy bien, solo un poco aburrida, ¿Cómo se han portado los niños?

—Tranquilos, Fuyumi es de gran ayuda.

Rei asintió sonriendo.

—Es una niña muy buena.

—Es como tu -respondió tomándole de la mano.

El cálido tacto de su esposo le recorrió el cuerpo con una onda electrizante. Su corazón palpito más rápido y se sintió como una colegiala enamorada. Pensó que su embarazo le estaba volviendo locas las hormonas.

Enji miró los ojos de su mujer, eran grises, profundos y templados. Eran como ver el cielo de noche. Un cielo que realmente llamaba su atención. Le preocupaba su situación. Ella se había estado esforzando mucho últimamente. Siempre había sido así, él lo recordaba bien. Esta vez quería procurar que Rei descansará y se tomará las cosas con calma. No quería ver estrés en su rostro ni que las preocupaciones por la familia y en especial por él y Touya mermaran su salud. No quería cometer los mismos errores que en el pasado con ella.

Enji se inclinó sobre ella y depositó un beso cálido en su frente. Ella colocó una mano contra el pecho de su esposo y apretó en su mano la tela de la camisa, jalándolo hacia abajo. Lo besó en los labios y sonrió al notar que él correspondía con ansias. Su mano libre la sujetaba del hombro. Ambos se miraron a los ojos y ella soltó una pequeña risa contagiosa. Enji se apartó un poco sonrojado, mientras se acomodaba la camisa.

—Me daré una ducha, la señora Ishida ya está preparando la cena -dijo y se fue apresurado al baño.

Rei palmeó la sabana sobre sus piernas y suspiró divertida. Su esposo no era exactamente un don Juan, o un hombre desinhibido con las mujeres. Aunque solía atraer las miradas de mujeres y hombres, él simplemente era un tanto reservado en esos temas. Pero ella había podido descubrir cómo era Enji Todoroki debajo de su mirada fría e imperturbable. Le gustaba tentar su lado pasional y atrevido. Y de vez en vez le gustaba hacerlo tambalear.

Luego de un rato su esposo apareció con una toalla sobre sus hombros y vestido con un jinbei negro con delgadas líneas grises verticales.

—Le pediré a la señora Ishida que traiga tu cena, ¿está bien?

—Claro, procura que los niños duerman temprano.

—Seguro -dijo mientras salía de la habitación.

La cena pasó sin mayores problemas. Fuyumi y Natsuo charlaron animados con su padre mientras Touya comió en silencio. Luego de cenar los chicos ayudaron a levantar los platos sucios. Enji ayudó a Fuyumi a ponerlos en el lavaplatos y Natsuo ayudó a secarlos con una toalla limpia.

—Deberían darse un baño chicos -dijo Enji colocando el último plato en un estante.

—Natsuo y Touya pueden bañarse primero, yo iré a ver a mamá.

—Genial -dijo el menor Todoroki tomando la mano de su hermano, lo jalo con él y se perdieron en el pasillo.

Enji tomo un vaso y lo llenó con agua.

—Es hora de las medicinas de mamá -dijo y su hija lo siguió.

Los días comenzaban a agradarle, eran tranquilos. Los niños se portaban bien, estaban más receptivos con él y podía acercarse sin provocar miedo o ansiedad en ellos. Touya seguía renuente, pero lo entendía. Quería aprovechar al máximo el tiempo, no había permitido que sanaron su brazo con algún quirk de sanación por eso mismo. Pero sabía que había muchas cosas más que remediar todavía. Iba un paso a la vez.