Propósito de año nuevo: terminar esta historia! Se quedo en pausa desde a mediados del 2020 debido a demasiadas cosas que pasaron en mi vida, entre ellas la pandemia. Pero ya tengo más tiempo y quiero terminar este trabajo. Se que han pasado muchas cosas en el manga y tenemos secretos revelados, pero nada de eso cambiara el rumbo de este fanfic, seguiré por el mismo camino y se finalizará. Suerte a todos en este 2021!


Los ojos de Touya se abrieron lentamente adecuándose a la tenue luz que había en la habitación. Se sintió por un momento confundido al no reconocer el lugar en que estaba. Las paredes blancas y el inconfundible aroma a desinfectante que conocía bien se lo recordaron. Sentía los brazos doloridos, los levanto un poco sobre su cara para mirar los vendajes que llevaba. Se preguntó si quedarían horribles marcas, esperaba que no. Un leve dolor de cabeza lo hizo llevarse una mano a la cara, las imágenes de la noche anterior llegaron a su mente. Recordaba el dolor, el miedo y la desesperación. Las luces de la ciudad como destellos borrosos y distantes a través de la ventanilla del auto de su padre. Podía recordar la sensación cálida de los brazos de Enji, su voz llamándolo pidiéndole que aguantara un poco más. Su cara de preocupación al dejarlo con el personal médico y la extraña sensación que lo embargo al verlo de esa manera.

Al girar la cara observó a su padre durmiendo de mala forma en una silla de hospital. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho y su cabeza descansaba cansadamente sobre su hombro derecho. El yeso en su brazo tenía una mancha de lo que pensó parecía café. Llevaba puesta una camiseta blanca sin mangas con las que solía dormir, y unos jeans malgastados, para engalanar el outfit sus sandalias negras de andar por casa. La cara de Touya se iluminó con una pequeña sonrisa burlona. El Pro Hero #2 nunca se dejaría ver así por la calle y sin embargo, estaba ahí mal acomodado en esa pequeña e incómoda silla de hospital intentando descansar. Observó atento a su padre por un rato, lo miró removerse y despertar. Enji tenía un aspecto cansado, se talló la cara con la mano mientras bostezaba. Sus ojos fueron rápidamente hacia Touya que frunció el ceño. Qué manera de saludar por la mañana pensó Endeavor.

—Touya ¿Cómo te sientes? —Preguntó poniéndose de pie para acercarse a la cama.

—Creo que estoy bien —Bufó sacudiendo un par de cabellos en su frente y se recostó de nuevo— Solo estoy cansado y dolorido, ¿te has quedado toda la noche aquí? —Preguntó con recelo y achicando los ojos.

Enji le miró con calma, su hijo parecía sentirse bien y eso calmó los miedos en su pecho.

—Sí he pasado la noche aquí, me alegro que estés bien. Tu madre estaba muy preocupada.

En la cara de Touya se dibujó una nota de frustración. No le gustaba preocupar a su madre. Le dolía ser débil y que ella se sintiera mal por él.

—El doctor dijo que hará algunas pruebas —Enji se acercó a la ventana para mover las cortinas y dejar entrar los rayos del sol— Si te parece bien quedarte un rato solo puedo ir a traer a tu madre.

Enji miró sobre su hombro para ver a su hijo asentir. Rodeo la cama de hospital para tomar su teléfono y llaves de la mesita que estaba a lado de la silla incómoda en que había pasado la noche. Touya le dio la espalda haciéndose ovillo en la cama. Su padre lo miró una última vez antes de dirigirse a la puerta.

—Volveremos pronto hijo… —Se rascó la parte trasera de la cabeza resignado a no tener una respuesta del niño y giró sobre sus pies.

Cuando abrió la puerta y el metálico sonido del pestillo inundó la habitación escuchó la fina voz de Touya llamándolo.

—Papá… —El héroe en llamas giró para ver a su hijo dedicarle una mirada contrariada, lo miró apretar los labios y sostener con fuerza las sabanas de la cama, si duda alguna estaba tratando con todas sus fuerzas lograr expresarse— Gracias por quedarte conmigo… —Dijo finalmente apretando los dientes.

Enji asintió sin decir nada más, no quería volver aquello un momento bochornoso para su hijo y hacer aquel logro algo más difícil de lo que ya era para el chico.


Rei escuchó el inconfundible ruido de la gravilla fuera de casa y se apresuró a ir a la puerta. La abrió antes que su esposo pudiera siquiera sacarse la llave de los bolsillos. Enji la miró con sorpresa y su esposa saltó a sus brazos con desespero. Él la sujetó lo mejor que pudo con su brazo enyesado. Rei estaba llorando contra su pecho y sintió su aliento frío golpearlo.

—Rei, tranquila… Él está bien. Debes calmarte… —Susurro contra su mata de cabello blanco.

La mujer levantó la cara y sus ojos grises lo miraron con temor. Enji limpio las lágrimas de su esposa con su pulgar, arrastrándolo suavemente por su piel, Rei se estremeció al sentir el calor de su tacto y se apartó para dejarlo entrar en casa.

Lo siguió en silencio a su habitación, ella se sentó al borde de la cama acunando su vientre hinchado. Su esposo se detuvo frente a ella cruzando los brazos sobre su pecho, suspiro y tomo aire como preparándose mentalmente para contarle todo lo sucedido la noche anterior de una manera simple y rápida. Rei notó la cara cansada de su esposo, tenía unas ojeras bien marcadas y sus ojos estaban enrojecidos. Su cabello estaba revuelto y noto que llevaba puestos los mismos jeans malgastados que había estado usando el día anterior para trabajar en el jardín.

—Anoche Touya tuvo otra crisis con su quirk que se activó mientras dormía y sus brazos se quemaron.

Ella se llevó una mano al pecho como intentando calmar a su corazón que estaba intranquilo. Guardó silencio y asintió esperando que Enji continuará.

—Lo encontré en la cocina malherido y lo llevé al hospital no quise asustarte por eso no te desperté. Fue atendido y está estable. Espera en el hospital por ti.

Rei sintió que el alma se le devolvía al cuerpo, pero no estaría completamente tranquila hasta que estuviera a lado de su preciado niño.

—Me daré una ducha y te llevaré al hospital —Enji se acercó a ella y le palmeo el hombro en forma de apoyo— mantente tranquila.

Rei asintió y lo miro ir hacia el cuarto de baño. Decidió que sería buena idea preparar café y un desayuno rápido para su esposo, mientras él se duchaba y cambiaba de ropa. Era temprano por la mañana aún, afuera los estudiantes comenzaban a salir a las calles para llegar a clases y el tráfico comenzaba su rutina diaria.

Se aseguro de que sus hijos menores aun dormían antes de ir a la cocina. Natsuo como era costumbre yacía atravesado en su cama con las mantas a su costado. Su madre acomodó una almohada bajo su cabeza con cuidado y lo cubrió con las mantas. Deposito un suave beso en su frente y fue a ver a Fuyumi que descansaba tranquila, acaricio sus cabellos blancos y rojizos e igualmente beso sus tiernas y delicadas mejillas.

No se había atrevido a ir a la habitación de Touya antes de que su esposo llegara pero ahora que sabía que se encontraba estable se adentro en la habitación. Al abrir la puerta el olor a piel quemada inundó sus fosas nasales, se llevó una mano a su nariz para intentar cubrir el terrible olor. Miro la cama de su hijo deshecha, sus mantas estaban ennegrecidas y agradeció a Dios que lo que tenía a su alrededor no hubiera iniciado un incendio. Se acercó a las ventanas y las abrió de par en par para ventilar el lugar. Quito todas las sabanas de la cama de su hijo y las echo a la basura. Con calma puso nuevas mantas y almohadas. Tomó algo de ropa de Touya y cosas importantes para él como su consola de videojuegos portátil y sus audífonos y los metió en una mochila. La dejó en una silla a lado de la mesa de desayunos y comenzó a preparar algo rápido para su esposo, un rato después Enji apareció con un semblante menos cansado y más fresco. Se sentó a la mesa y sorbió un poco de café caliente que su esposa había preparado.

La miró sentarse frente a él y notó en sus ojos cansancio y pesadez. Tomo su mano por sobre la mesa y acarició con gentileza su piel suave.

—¿Te sientes bien? —Preguntó sin mirarla a los ojos.

—Sí, solo que esto es muy difícil… Yo no soportaría perderlo… —Su voz se quebró y echó la cabeza hacia abajo intentando no llorar.

Su esposo se puso de pie y rodeó la mesa para abrazarla. Ya había sufrido una vez la pérdida de Touya y había visto a Rei caer en un espiral de depresión y miedo que no quería que repitiera. Su mano buena se movía de arriba abajo en la espalda de su la mujer intentando calmar sus miedos y reconfortarla.

Cuando se tranquilizó compartieron en silencio un rápido desayuno. Ella le dijo que había llamado a la ama de llaves y a la cocinera para que se hicieran cargo de la casa y los niños en su ausencia. No quería despertarlos y llevarlos con ellos, ya que quería evitar una situación estresante para Fuyumi y Natsuo; Enji asintió con comprensión. Antes de salir de casa las dos empleadas de confianza de los Todoroki ya estaban listas para apoyar en las labores de ese día. Rei les dio indicaciones y salió con su esposo de la casa.

La noche anterior no le importó mucho esperar por su chofer para llevar a Touya al hospital y había conducido el mismo aun con el brazo metido en ese estorboso yeso que cubría todo su antebrazo. Esta vez, en cambio, sabía que era mejor que el chofer los llevara. Su mujer se sentó a su lado en el asiento trasero y recargo su cabeza contra su hombro. A Rei el viaje al hospital le parecía una eternidad, sus manos se movían con ansiedad una sobre la otra en su regazo. Enji la miró y colocó su mano sobre las de ellas calmando el movimiento, el contacto cálido de su esposo la sacó de sus pensamientos nublados y le dedicó una sonrisa. Cerró los ojos descansando su mente, estaba pensando en Touya esperando en el hospital cuando un movimiento enérgico en su vientre la hizo sobresaltarse. Se separó un momento de Enji y enderezó la espalda en el asiento de piel. Dejó salir el aire de sus pulmones por su boca en un intento de calmar el inminente dolor que comenzaba a florecer en su espalda. Había estado en cama unos días y por fin el doctor le permitió levantarse, pero también había dicho que evitara esforzarse mucho y el estrés.

—¿Te sientes mal? —Pregunto Enji preocupado por la salud de su mujer.

—Me ha pateado muy duro —dijo casi en un susurro lastimero.

Enji parpadeó un tanto confundido. Luego ella acarició su vientre y entendió que se refería al bebé.

—¿Puedo hacer algo para ayudar?

Ella lo miró un momento y le dio la espalda. Enji pensó que la había molestado, pero en cambio ella dijo:

—El dolor de espalda quiere volver, podrías…presionar… tu puño en mi espalda —su voz tenía un tono apenado— eso me ayuda….

Enji asintió y llevó su mano hecha puño contra la espalda baja de su mujer que aspiró aire por la nariz y lo soltó por la boca tratando de hacer las respiraciones que el doctor dijo que ayudarían. Él comenzó a mover su puño suave y cuidadosamente, ejerciendo una leve presión contra los músculos de su mujer. Ella se concentró en el toque de su marido contra su cuerpo, en la sensación agradable de la presión contra su espalda y los músculos relajándose. La temperatura de sus cuerpos era totalmente opuesta, y él podía sentir el frío de ella a través de la ropa. Un momento después ella relajó los hombros y se giró para mirarlo.

—¿Estas bien Rei?

—Sí, ya ha pasado.

—Deberías ver a tu doctor ya que vamos al hospital —cruzó los brazos y su ceño se frunció con preocupación.

—No es necesario, pero si insistes lo haré —le acarició el brazo con un roce gentil de sus dedos.


Cuando el ascensor se abrió en el piso indicado la mujer caminó con apuro seguida de su esposo. Al llegar a la puerta de la habitación de Touya, Enji la sujetó por la muñeca y la miró un momento, ella comprendió que debía relajarse y asintió. Pero al abrir la puerta y mirar a Touya recostado viendo televisión su corazón se achicó y casi corrió a abrazarlo. El chico se vio rodeado por los brazos de su madre.

—Mi amor, mi niño —Rei dijo besando su cara.

—Mamá, estoy bien —dijo Touya tratando de calmar a su madre.

Enji los miraba de pie a lado de la cama, sabía que su esposa había estado muy asustada y preocupada por Touya y su reacción era comprensible. Tocaron a la puerta y se acercó para abrir. El doctor Nageda apareció con unas enfermeras detrás de él.

—Buenos días —saludo con cortesía.

—Buen día —respondió Enji estrechando su mano— ella es mi esposa Rei.

La mujer se puso de pie y limpio sus lagrimas pasando la palma de su mano por la cara. Estrecho la mano del doctor y se colocó a lado de su esposo.

—¿Cómo te sientes Touya? —Preguntó el doctor sacando su estetoscopio.

—Solo estoy cansado.

—¿Has sentido malestar? —El doctor escuchó las respiraciones de Touya, mientras hablaban.

—Solo me duelen los brazos —respondió el chico levantando los brazos para hacer notar al doctor la razón de sus malestares, el hombre le sonrió, revisó sus pupilas y su garganta.

—Te daremos algo para eso, también haremos algunas pruebas, mantente tranquilo.

Touya asintió, el doctor dio un par de palmadas en su hombro y fue a ver a los padres, que lo siguieron fuera de la habitación.

—Su hijo parece estar muy bien luego del episodio de anoche, no parece haber mayores complicaciones.

—¿Pero qué pasará con él?, ¿Tenemos que esperar a que vuelva a pasar?, ¿no hay nada que nos ayude a anticiparnos? —Pregunto Rei con una mano en el pecho.

—Los factores externos a Touya puede que sean un detonante, el estrés, por ejemplo, no estoy muy seguro, pero podremos saberlo pronto.

—¿Cree que Touya pueda controlarlo? —La voz de Enji contenía esperanza, la esperanza de que su hijo pudiera vivir tranquilo sin miedo a incendiarse a sí mismo.

—Puede que sí, creo que si enfocará en algo su energía su cuerpo no tendría que concentrarla toda y no se quebraría.

Enji asintió.

—Bueno vendré más tarde para ver a Touya, si todo sigue igual podrá ir a casa esta tarde.

—Gracias doctor —Rei dijo con ánimo.

Cuando el doctor se fue, Enji se sentó en una banca fuera de la habitación de su hijo. Estaba pensando en lo que el doctor había dicho. Anteriormente no recordaba haber escuchado aquello, que podría ser capaz de controlarse si usaba un implemento para su quirk.

—Enji ¿en qué piensas?

—Creo que se que hacer —Su cara estaba iluminada y parecía liberado.

Se puso de pie y colocó sus manos sobre los hombros de Rei y la hizo sentarse donde él estaba antes. La miraba con los ojos brillando en energía.

—Quédate con Touya volveré en cuanto pueda.

—¿Qué harás? —Preguntó un tanto confundida.

Enji pasó una mano sobre el vientre de su mujer, no se había atrevido a hacerlo antes pero ahora estaba embargado en confianza. Ella miró la mano de su esposo acariciando su barriga con gentileza y pudo sentir a Shouto moverse levemente, al igual que Enji que sonrió complacido.

—No te preocupes, todo estará bien —Se inclinó sobre ella y le besó los labios con ternura.

Tomó el mentón de la mujer entre su índice y pulgar y la miró sonreír para él. Rei confiaba en él en ese momento y eso lo hacía sentir libre.

—Ten cuidado Enji y vuelve pronto.

—Lo haré —Le dijo y giró para ir hacia el ascensor.

Ella se quedó un momento mirando a su esposo alejarse, él agitó su mano en modo de despedida desde el ascensor antes de que las puertas se cerraran. Rei esperaba que lo que fuera que su esposo estuviera pensando funcionará. Regreso a la habitación de Touya que ya la esperaba.