El sol comenzaba a esconderse en el horizonte provocando una luz naranja. El frío helado de las tardes de otoño despeinó los cabellos de Enji al salir del auto. Había apareció a tiempo en el hospital para la salida de Touya. Luego de visitar su agencia, y de hacer algunas llamadas pudo contactarse con una persona que podría ayudarlo con lo que pensaba era la solución a los problemas de su hijo mayor.
En recepción llenó algunos documentos para la salida del chico y se encontró con el doctor Nageda. Quien le informó sobre los resultados de Touya.
—Es un niño sano aparentemente, solo tiene una construcción frágil. Por lo que pude hablar con su esposa sus demás hijos tienen un quirk de hielo como ella y no presentan problemas como Touya.
—Sí ellos están bien —Enji se sintió culpable. Se casó con Rei para mezclar sus ADN y crear niños fuertes y en cambio había logrado condenar a su hijo a un infierno. Literalmente.
—¿El fuego de Touya es más fuerte que el suyo? —Preguntó el hombre tras los cristales de sus gafas.
—Sí, al principio pensé que eso sería bueno, pero….
—Entiendo a qué se refiere. Si él hubiera heredado su fortaleza física tal vez las cosas fueran diferentes, ha sido mala suerte.
Enji caminó lentamente el tramo del ascensor a la habitación del chico. Luego de hablar con el doctor se había sentido más culpable de lo que ya se sentía antes. Tocó levemente la puerta y escuchó la voz de su esposa diciéndole que entrará. Asomó la cabeza y miró a su mujer e hijo casi listos para irse.
—¿Están listos? —Preguntó entrando.
—Ya casi —Respondió su esposa.
El chico estaba sentado al borde de la cama. Llevaba unos jeans azules y una playera blanca, ropa que su madre había llevado para él esa mañana. Su esposa se encontraba frente a la cama, y estaba levantando un poco la rodilla para así tomar el pie de su hijo contra ella y ayudarlo a colocarse los zapatos.
—Yo lo hago —Se apuró Enji a decirle. Él ya no llevaba el cabestrillo puesto, y aunque le dolía a veces el brazo no le ponía atención. El yeso cubría todo su antebrazo hasta el inicio del dorso de su mano, podía mover mejor los dedos y con eso le bastaba.
Le indicó con un gesto de su mano libre que se sentará en la silla a su lado. Ella sonrió y miró a su esposo colocarle los zapatos a su hijo y atar rápidamente las agujetas. Rei agradeció la ayuda mentalmente. El dolor en su espalda había vuelto luego de que su esposo se fuera esa mañana y no se sentía cómoda. Quería llevarse a Touya a casa y descansar.
Su hijo dio un salto de la cama y suspiró cansado.
—Quiero ir a casa.
Su madre le sonrió y se puso de pie con dificultad, lo que no pasó desapercibido para el pelirrojo frente a ella.
—Vamos a casa mi amor —Rei dio unas palmaditas sobre el hombro de su hijo invitándolo a salir.
Enji tomó la mochila que estaba a un lado de la silla incomoda en que había dormido la noche anterior.
—¿Todo está aquí? —Preguntó levantando la mochila amarilla de Touya.
—Sí querido, he puesto todo en orden antes de que volvieras.
—¡Vámonos ya! —Interrumpió a sus padres, exigiendo con urgencia y molestia el chico desde la puerta. Sus brazos estaban vendados desde las manos hasta los hombros y parecía una pequeña momia enfurecida.
—Tómalo con calma —Advirtió su padre yendo a la puerta mientras seguía a Rei.
Touya bufó con enfado al salir al pasillo. Se sentía cansado, dolorido y molesto, no quería ser un malcriado, pero se le daba bien en ese momento.
—¡Estoy harto de este hospital! —Dijo entre dientes. Cruzó los brazos con molestia y dio un respingo de dolor por el movimiento brusco.
—Ten cuidado cielo —Su madre le dijo tomando su mano.
La cara del niño se suavizo y comenzó a caminar a lado de su madre. Enji los siguió en silencio mientras pensaba en lo que había estado hablando esa tarde en su agencia con Sato Ookido, un importante fabricante de equipo para héroes. Quería estar en casa pronto y comentarlo con su esposa.
En casa de los Todoroki, los chicos menores esperaban ya a sus padres ansiosos y también preocupados por el estado de su hermano. Habían pasado el día con el personal de confianza de la casa y aunque no sabían muy bien lo que pasó, tenían una idea de lo que debió haber sacado a sus padres y a Touya, tan temprano de casa y por todo el día.
Cuando llegaron a casa Fuyumi y Natsuo corrieron a recibirlos. El ama de llaves, la señora Yoshida los alcanzó para abrir la puerta.
—Bienvenidos señor y señora —Dijo la mujer tomando la mochila de las manos de Enji que asintió en respuesta.
Fuyumi y Natsuo miraron a su hermano y a ambos los embargó un conocido sentimiento de pena y sobresalto. La última vez que habían visto a su hermano de esa manera una racha de malos días habían comenzado.
—¿Cómo estuvo todo en casa? —Rei preguntó con una sonrisa.
—Los niños desayunaron y almorzaron a la hora indicada y las tareas de la casa fueron hechas. La cena estará lista en una hora.
Rei asintió agradecida. Sus hijos esperaban en silencio de pie cerca del ama de llaves esperando a que su madre fuera enterada de su día y pudieran entonces hablar con ella.
—Me alegró, gracias Yoshida San.
La mujer hizo una reverencia y dio media vuelta para perderse por el pasillo hacia la cocina.
—¿Qué te ha pasado hermano? —Preguntó preocupado Natsuo al ver más de cerca a su hermano con todos esos vendajes.
Touya no respondió y miró hacia otro lado cabizbajo. Odiaba ser tan débil y preocuparlos a todos.
—Tu hermano está cansado, luego podrán hablar —Intervino su padre. Comenzando a caminar con su esposa e hijos a la sala de estar.
—¿Cómo te sientes hoy mamá?
—Estoy bien querida —Rei acaricio la mejilla de su hija y se sentó a su lado en el sillón de la sala de estar.
Natsuo fue y se sentó al otro lado de su madre y se recargó contra ella. Su padre los miraba desde unos metros con Touya a su lado.
—Iré a mi habitación —Dijo el chico mayor.
—¿Te sientes bien? —Le preguntó su madre intranquila.
—Sí, solo quiero dormir un poco.
Rei asintió.
—Te llevaré tu cena más tarde cariño.
—Gracias —Respondió Touya y comenzó a caminar alejándose.
Enji miró a su hijo perderse por el pasillo y luego se sentó en un sillón frente a su esposa e hijos menores.
—Rei ¿no quieres ir a descansar tú también? —Tenía en mente la imagen de la mujer descansando su mano en su espalda mientras no lo miraba, y su cara de molestia al levantarse de la silla en la habitación de Touya.
—Creo que sí debería recostarme un rato —Sonrió mientras acariciaba su vientre.
Fuyumi pudo notar el cansancio en la cara de sus padres desde que entraron a la casa. Reconocía la sonrisa fingida de su madre, esa con la que quería esconder muchas veces su desazón. Y como su padre la niña tampoco había pasado por alto la manera en que ponía de vez en vez las manos contra la espalda. La había visto hacer eso antes de que cayera en cama.
—Natsuo vayamos a mi cuarto para dibujar.
Su hermano le dedicó una mueca de enfado. Escondió la cara en el costado de su madre, sintiendo su respiración y el latido de su corazón.
—No tengo ganas.
—Vamos Natsu —Fuyumi lo tomo de la mano para llevarlo con ella.
—Acompaña a tu hermana bebé —Rei le dijo acariciando sus cabellos.
El menor de los Todoroki levantó la mirada y se topó con los ojos grises y cansados de su madre, sin embargo, ella le sonreía cálidamente.
—Está bien —Dijo arrastrando las palabras.
Los niños se fueron dejando solos a Enji y su esposa. Él fue y se sentó con ella cuando ya no escucho las voces de sus hijos. Rei se recargó contra él y subió los pies al sillón. Su esposo acaricio ligeramente la piel de su brazo y luego le quito algunos cabellos de la cara.
—¿La espalda te duele, verdad?
Ella se removió contra su cuerpo.
—Solo un poco.
—No deberías de exigirte demasiado. No te hace bien.
—Tenía que estar con Touya —Respondió en un tono de reproche.
—Pero también debes de pensar en ti.
Ella giró la cara para no mirarlo. Parecía que él no entendía su preocupación por su hijo.
—Escúchame… —Le dijo Enji haciéndole girar un poco la cara para mirarlo directamente a los ojos— Quiero que solamente pienses en ti, no te preocupes por los niños o por mí… estaremos bien. Yo me encargaré de eso.
Rei lo miró por un momento. Su esposo era tan diferente al de unos meses atrás. Era atento, cercano, y se preocupaba por ella y los niños. Le gustaba este Enji, era como el de antes, cuando no estaba invadido por el insano deseo de superar a All Might. En algún momento se preguntó si aquello acabaría con su familia y con su propia cordura. Si estaban destinados a un futuro cruel y desolado. Pensó que se podía relajar ahora.
—Voy a estar bien Enji.
Él asintió y pasó con suavidad la palma de su mano sobre el vientre de Rei. Ella sonrió y se puso de pie con ayuda de Enji.
Habían tenido un día largo y cansado. Después de cenar con su padre Fuyumi y Natsuo fueron enviados a darse un baño y luego a la cama sin rechistar. Rei cenó en su habitación luego de tomarse el medicamento que el doctor le había dado antes para el dolor en la espalda y se quedó descansando. Siguió las ordenes de su marido que le dijo que él se encargaría de toda esa noche.
Enji llevó al cuarto de Touya su cena y espero a que terminará para ayudarlo a prepararse para dormir. El chico no quiso hablar mucho. La repentina cercanía que había entre él y su padre ahora, le ponían los pelos de punta. Debía acostumbrarse pensó luego de que él apagará las luces y le deseará buenas noches. Esa noche durmió como hacía mucho antes no podía. Su cuerpo cansado se relajó contra el colchón y solo un rato después de que su padre se fuera sus ojos se habían cerrado con pesadez y se encontró soñando. Estaba seguro de que la pesadilla de su cuerpo quemándose vendría esa noche de nuevo, pero en cambio soñó con sus hermanos riendo a su lado, con su madre acariciando sus cabellos mientras miraban las flores de los cerezos caer en el patio de su casa. También soñó con su padre, pero esta vez no tuvo resentimiento hacía él ni tampoco miedo. En su sueño su padre los miraba desde lejos, y se acercó a ellos de a poco hasta estar todos juntos en un momento familiar agradable. En la cara dormida de Touya se dibujó una sonrisa.
Luego de salir de la habitación de su hijo mayor Enji visitó las habitaciones de Fuyumi y Natsuo para asegurarse de que dormían. Su hija se había quedado dormida mientras leía. Su padre tomó el libro de sus manos y lo dejó en su mesita de noche. Luego tomó las gafas de Fuyumi de su cara y las dejo a un lado. La miró por un momento recordando todo lo que esa niña había hecho por él sin saberlo. Ella siempre estuvo con él, Shouto y Natsuo. Nunca se cansó de intentar que su familia fuera normal y feliz. Siempre intento con todas sus fuerzas, aun cuando él había sido un completo imbécil. Recordó su sonrisa cuando lo recibía en casa y como cuidaba y se preocupaba con tanto amor de sus hermanos menores. Le acomodó las mantas y salió para ir a ver al pequeño revoltoso que se había convertido en su pequeño asistente esos días. Le gustaba que Natsuo estuviera más animado en su compañía y que se acercará sin miedo. Intentaba hacerlo lo mejor que podía, no quería que su hijo creciera de nuevo odiándolo. El pequeño de los Todoroki dormía de la misma manera en que su madre lo había encontrado esa mañana, atravesando la cama como un árbol caído en medio del camino. Su padre sonrió de medio lado e igual que su esposa acomodó el cuerpo de su hijo en la cama y lo arropó.
—Duerme bien Natsu —Dijo mientras salía de la habitación.
Enji sintió vibrar su teléfono en el bolsillo del pantalón seguido de un pequeño sonido de chasquido lo que indicaba que recibió un mensaje. Miró la pantalla que brillaba en la oscuridad del pasillo, leyó lo que decía y guardo de nuevo el teléfono en su bolsillo. Se dirigió a su oficina e imprimió algunos documentos que Sato envió con información sobre equipos que podían servir para Touya. Sin darse cuenta habían pasado dos horas mientras leía, revisaba y hacia anotaciones de todos los documentos. Tomó como referencia su propio quirk para hacer algunos bocetos que reenvió a Sato. Estaba decidido a mejorar la condición de su hijo.
Cuando se dio cuenta de la hora salió de la oficina y fue a su habitación, todo estaba en penumbra. Su esposa descansaba. No había podido contarle sobre lo que había hecho en su agencia y hablado con Sato Ookido. Se sentó al borde la cama.
—Enji —Escuchó la suave voz de la mujer a sus espaldas.
—Lo siento no quise despertarte —Le dijo mirando sobre su hombro.
—Está bien, te estaba esperando, ¿Touya está bien? —Preguntó recargando la espalda contra el respaldo de la cama.
—Sí, todos duermen ya.
Ella encendió la lampara de su mesa de noche para mirar mejor a su esposo.
—¿Aún te duele la espalda?
—No, ya ha pasado, solo necesitaba descansar.
—Mañana llamaré a tu doctor para que venga a verte.
—No es necesario Enji… estoy bien —Sonrió— Mejor porque no me cuentas que hiciste luego de dejar el hospital esta mañana.
Él inclinó la cara un poco. Estaba apoyándose en su brazo bueno mientras la miraba desde su lado de la cama.
—Hable con alguien que puede hacer alguna herramienta que Touya pueda usar para concentrar su quirk.
—¿Cómo los trajes para los héroes? —Ella entrelazó las manos sobre su barriga.
—Sí pero solo será para que su cuerpo no tenga que soportar todo solo. No lo hago pensando en otra cosa.
—Espero que Touya lo acepte —Dijo con la voz cansada.
—Hablaré con él no te preocupes —Enji se puso de pie— Duerme ya, yo me daré una ducha.
La mujer asintió y se acomodó en la cama para dormir. Su esposo la miró acomodarse una almohada entre las piernas y giró para ir al cuarto de baño. Ahí se colocó un protector plástico en el brazo mientras maldecía por lo bajo tener que usarlo.
Mientras el agua caliente caía por su cuerpo pensó en lo que había ocurrido esos días. Lo de Touya no lo vivió antes y se preguntó si esto sería bueno o malo, esperaba con todas sus fuerzas que fuera para bien. Unos mechones de cabellos rojos se pegaron a su frente y una nube de vapor se hizo presente a su alrededor. Tampoco había vivido los dolores de Rei en el embarazo de Shouto, eso sería algo que recordará muy bien. Deseaba que no estuviera arreglando una cosa a costa de otra.
