Touya sacudió las piernas en la cama lanzando lejos las mantas que lo cubrían. Los vendajes de sus brazos estaban incomodándolo. Resopló con enfado y se sentó al borde de la cama. Llevaba ya un par de días siendo tratado por sus quemaduras, no había ido a la escuela y ya no entrenaba con su padre. Pasaba los días en casa descansando. Escuchó un golpeteo leve en su puerta.
—Touya ¿estas despierto?, ¿Puedo pasar? —La tranquila voz de su madre a otro lado de la puerta lo llamó.
—Sí, pasa.
Touya miró a su madre entrar a su habitación con una sonrisa cálida en el rostro. Aunque su hijo fue capaz de notar el cansancio que su cuerpo estaba guardando los últimos días.
—Buenos días cariño.
—Buenos días —Respondió Touya, mientras se ponía de pie para arrastrar una silla para su madre antes de que ella lo hiciera.
—Touya ten cuidado, puedes lastimarte —Rei dijo con un tono de preocupación.
El peliblanco no respondió y solo dejó la silla frente a la cama para que su madre se sentará. Luego fue y se sentó frente a ella en su cama. Rei llevaba un frasco de color marrón con un ungüento que el doctor había enviado para tratar las heridas del chico en casa. Todos los días cumplían la misma rutina por las mañanas. Su madre iba a verlo, le ponía con cuidado el ungüento y le cambiaba los vendajes. Luego ayudaba a Touya a cambiarse de ropa y lavarse los dientes.
—¿Cómo te sientes hoy? —Preguntó Rei a su hijo mientras él extendía los brazos hacia ella.
—Estoy bien, solo un poco dolorido.
—Después de desayunar te daré un analgésico para que te sientas mejor.
Touya asintió y su madre comenzó a quitar los vendajes de sus brazos, las quemaduras del chico quedaron expuestas, aun mantenían un color enrojecido, pero se miraban mejor que al inicio del tratamiento. Él se estremeció cuando su madre comenzó a colocar el ungüento con cuidado sobre su piel quemada. Ella lo miró fruncir el ceño y apretar los labios con fuerza, luego giró la cara hacia un lado. Rei se sintió mal porque su hijo tuviese que pasar por aquello. Debía ser muy doloroso para su pequeño y aun así él no lloraba o se quejaba solo aguantaba en silencio.
—Listo —Dijo su madre cuando termino de colocar vendajes nuevos en los brazos de Touya.
El chico saltó de la cama y miró a su madre sacar algunas prendas de vestir limpias de su armario. Luego de ayudar a su hijo a quitarse el pijama y lavarse los dientes, Rei lo acompaño a la cocina. Enji los esperaba ahí mientras leía el diario y bebía café.
Sus hermanos Natsuo y Fuyumi ya se habían ido a la escuela desde hacía un rato. Estos días Touya se levantaba más tarde y los miraba hasta que volvían de la escuela. Desayunaba con su madre y luego se encerraba en su habitación para leer o escuchar música. Estaba interesándose en lo segundo y deseaba aprender a tocar la guitarra, se lo hizo saber a su madre que prometió comprarle una guitarra cuando se recuperara y así pudiera asistir a clases de música. A veces se quedaba viendo por la ventana de su habitación que daba hacia el patio trasero de la casa, mientras en sus audífonos sonaba la música que le gustaba. Se perdía en sus pensamientos mirando el jardín de su madre, las nubes que se paseaban tranquilas por los cielos azules y los árboles de cerezo y arce japones que bardeaban todo el margen de la propiedad.
Cuando sus hermanos volvían Natsuo solía ir derecho a verlo y eso le gustaba ya que le contaba animado sobre su día en el jardín de niños y su aura siempre animada lo hacían sentirse alegre. Su madre les preparaba bocadillos y pasaban la tarde mirando películas o jugando juegos de mesa con Fuyumi. El doctor le había dicho que no se esforzará mucho y que se mantuviera tranquilo por lo que ahora el scrabble y monopoly se estaban volviendo los favoritos de los hermanos Todoroki.
Su padre salía después de verlo por las mañanas y desayunar con él y Rei. Touya no sabía qué hacía volviendo a la agencia si le habían dado un mes de descanso por lo de su brazo fracturado. Pero pensaba que era algo muy común en su padre el trabajar como maniático y obsesionarse con ello. Mientras lo dejara en paz con los entrenamientos le bastaba.
A Touya le gustaba mirar a su madre en el jardín, a veces la observaba desde la veranda de la casa. Ella giraba para verlo y lo saludaba con una sonrisa. Sus cabellos blancos brillaban cuando el sol los golpeaba y el chico se preguntaba si su cabello se miraba igual cuando corría bajo el sol.
—¿Cómo te sientes Touya? —Preguntó el pelirrojo cuando su hijo se sentó frente a él en la mesa.
—Mejor —Su madre le puso un vaso de leche frente a él y la miró ir hacia la alacena.
—Enji ¿Hoy saldrás también a la agencia? —Preguntó la mujer moviéndose con soltura por la cocina mientras preparaba el desayuno.
Su esposo dejó la taza sobre la mesa y levantó la cara hacia ella.
—Si espero volver antes de la cena —Se puso de pie para ir ayudar a su esposa a alcanzar una lata en la alacena. Ella le sonrió cuando lo miró alzarse a su lado sin mucho esfuerzo para alcanzarle la lata.
—Entonces seremos solo tu y yo Touya —La madre dijo mientras besaba la mejilla de su hijo.
Estas mañanas tranquilas le empezaban a gustar mucho al chico. Recordaba vagamente momentos así en el pasado cuando su hermana aun no nacía y él no se sentía como un saco de boxeo todos los días. A su mente llegaban recuerdos de su madre cantando alegre mientras cocinaba y a su padre comiendo frente a él sin prisas, solo preocupado de que su hijo no se atragantará con la comida o se cayera de su silla alta. Aquellos días eran buenos recuerdos para Touya.
Luego del desayuno Enji se despidió de su esposa e hijo y se salió de casa. Touya se quedó con su madre.
—Anoche tu padre trajo algo para ti —Touya tenía la mejilla izquierda pegada contra la mesa y miraba a su madre poner los platos en el lavavajillas.
—¿Qué trajo? —Preguntó levantando la cara un poco, con pereza.
—Porque no vas a verlo está en su estudio —Le dijo Rei sonriendo.
—Está bien —Dijo Touya levantándose.
De camino al estudio de su padre el chico se detuvo frente a un espejo en el pasillo que daba a la habitación de sus padres. Se miró un momento parecía una momia tonta pensó mientras fruncía el ceño. Una sonrisa burlona se dibujó en su cara y estiró los brazos hacia delante y caminó imitando a una momia como las de las películas viejas que había visto con su hermana. Su risa infantil rompió el silencio de la casa Todoroki y cuando abrió la puerta del estudio esta se fue. Pudo notar una luz ligera colándose por una rendija en las cortinas de la ventana. El lugar estaba un poco desordenado lo que le pareció curioso pues su padre era muy ordenado. También pudo notar un olor a café y tinta china que le hicieron cosquillas en la nariz. Se pasó el dedo índice contra la nariz. Touya apartó las cortinas y giró para ver a lado del escritorio de su padre un estuche que reconoció como el de una guitarra. Sus ojos se iluminaron con emoción y casi corrió para tomarlo entre sus manos. Con cuidado lo puso sobre el escritorio y lo abrió lentamente con una sonrisa de oreja a oreja. Adentro se encontró con una guitarra acústica de color negro con una línea roja a su costado. Sacó la guitarra con cuidado y la sostuvo delicadamente mientras la examinaba. Las puntas de sus dedos se deslizaron sobre la madera fina y leyó su nombre en la parte trasera del mástil. No podía sostenerla contra su cuerpo y tocar sin lastimarse por lo que la dejó de nuevo en el estuche y rozó las cuerdas con suavidad lo que provocó un sonido vibrante que agrado al chico.
—¿Qué te parece? —Preguntó su madre desde la puerta.
—Esta genial —Respondió Touya cerrando el estuche— Muchas gracias mamá.
—Debes agradecer a tu padre cuando vuelva.
Su madre se acercó para revolver sus cabellos y el chico asintió en respuesta. Rei estaba feliz de mirar a Touya sonriendo emocionado, hacía mucho tiempo que no lo veía así y eso reconfortaba su corazón. Siempre se preocupaba por todos sus hijos, pero más por el peliblanco mayor que cargaba sobre sus hombros el peso de las ambiciones de su padre. Su chico dulce nunca exigía nada y siempre era atento con ella y sus hermanos. Aun en los peores días cuando lloraba de frustración, cansado y abrumado por los deseos de su padre de superarlo a él y al héroe número uno del país. Ver a su hijo con una cara sincera de felicidad y emoción, le daba calor a su corazón. Enji aceptó que su hijo abandonará los entrenamientos y también estaba consciente del daño que había causado. Por lo que los cambios en la vida de Touya estaban cambiando todo a su alrededor al pasar de cada día. Rei le había dicho a Enji que Touya tenía deseos de aprender a tocar la guitarra por lo que ella lo apoyaría. Su esposo la sorprendió al traer a casa una guitarra para su hijo, con la promesa de permitirle ser feliz con lo que quisiera hacer.
Enji esperaba en la sala de reuniones de su agencia por Sato Ookido que traería ese día un prototipo del equipo de héroe para Touya. Miró los papeles que tenía delante, sonrió orgulloso al observar un boceto del traje de héroe que había diseñado fantasiosamente para su hijo mayor. Sabía que eso tal vez nunca lo usaría, no ahora que lo único que quería era mantenerlo sano y salvo, vivo. El boceto no se alejaba mucho del traje de héroe que uso hace mucho. Pero tenía algunos aditamentos para controlar las llamas de su hijo como una extensión de su cuerpo.
Escuchó un golpe en la puerta y después miró a su secretaria entrar junto a Sato.
—Señor, Ookido san está aquí —Sato paso delante de la mujer. Y Enji se puso en pie para saludar.
—Está bien, Azami, gracias —La joven asintió y salió de la sala de juntas.
—¡Enji san! ¿Qué tal estas? —Saludó animado el hombre de cabellos grises y ojos rojizos.
Sato Ookido había sido un viejo amigo de infancia de Enji Todoroki, con un quirk de agua no muy fuerte, por lo que decidió dedicarse a la fabricación de equipo de héroes. Aunque eran polos opuestos en sus personalidades y a Enji lo solía exasperar su manera de hablar sin parar Sato era alguien a quien apreciaba. En quien confiaba mucho y se encargaba del equipo de héroes para su agencia. Su empresa había alcanzado fama rápidamente por sus buenos investigadores y productos.
—Estoy bien —Dijo señalando la silla a su lado en la mesa larga de reuniones.
—Estupendo —Respondió Sato poniendo un maletín de equipo sobre la superficie. Luego se sentó reclinándose en la silla como si hubiese estado corriendo toda la mañana y estuviese muy cansado.
—¿Has traído el equipo? —Enji se sentó mirando la caja frente a él.
—Claro que sí. No ha sido nada fácil, pero creo que lo logré. Espero cumplir tus expectativas Enji san —Le guiñó un ojo con picardía y Enji puso los ojos en blanco— Bueno, bueno, veamos lo que hay en la caja, ábrela.
Enji puso los dedos en los seguros de la caja y los quitó para abrirla. Sus ojos azules fueron a dar a un par de barras de color mate que se parecían a las palancas que usaban los ladrones de las caricaturas. Estas tenían un mango como los de las espadas y eran de un color negro templado. Tomo una y la examinó con detenimiento.
—¿Qué es esto? —Preguntó preocupado de que Sato pensara que su hijo era algún tipo de ladrón de autos o algo así.
—Eso mi querido amigo es vidrio templado.
Enji meneó la cabeza en negativa y miró al hombre a su lado.
—Pero no será capaz de contener sus llamas.
—Mi amigo este vidrio templado es la nueva maravilla en Ookido Enterprise, capaz de soportar temperaturas de hasta 1500°C, años de trabajo duro han traído a este bebé a tus manos hoy —Se puso de pie con un salto enérgico y tomó una de las barras. La agitó de un lado a otro como una espada y luego señaló con ella a Enji— Si tu muchacho quema este bebé te devolveré tu dinero.
—No se trata de eso —Se talló la nuca— Debe ser seguro para Touya —Dijo con un tono preocupado que sorprendió a su amigo.
—Créeme Enji esto ayudará a tu hijo a dominar mejor su quirk, no te daría nada que fuese potencialmente peligroso para él. ¡Inténtalo tú mismo! —Lo animo dándole la otra barra.
Enji hizo una mueca, no muy seguro, pero aceptó la barra y salió al balcón de la sala de reuniones para usar sus llamas. Sato se mantenía a una distancia segura para no ser alcanzado por el fuego de su compañero. Enji se quitó la chaqueta y camisa y se las lanzó a Sato.
—¡Déjalo salir nene! —Le gritó con un tono divertido.
Una pequeña vena saltona apareció en la frente del Por Hero y luego volvió su atención a las barras en sus manos. Sus manos se apretaron con fuerza en los mangos de las barras y poco a poco fue liberando sus llamas, enfundando el vidrio templado con ellas. Pronto tenía dos barras que ardían violentamente. Se dio cuenta que su yeso se mantenía intacto al no entrar el contacto con el fuego y pensó en la delicada piel de Touya.
—Hazlo más fuerte, eso no es nada para mis bebés —Gritó animado Sato.
Enji suspiró irritado. Luego expandió a través de las barras el fuego más potente que podía generar en ese momento. Se sorprendió de la resistencia del material y sonrió. Hizo desaparecer las llamas poco a poco y luego Sato se acercó a él.
—¿Qué te parecen?
—Está bien las usaremos, pero debes seguir trabajando en lo demás.
—Claro jefe —Respondió el hombre haciendo un saludo militar llevando su mano contra la cien mientras sonreía— Toma tu ropa o ahora lo que incendiarás será la mente de la gente.
Enji le dio una palmada en la espalda que lo sacudió provocando que su amigo se riera al notar su cara sonrojada. Endeavor tomó su ropa y se la colocó rápidamente.
Cuando volvió a casa esa tarde no espero encontrarse con Touya aguardando por él. Enji lo miró sentado jugando con su teléfono en la sala de estar.
—Papá… —Dijo Touya con duda en la voz.
Su padre lo miró de pie con la caja que contenía las barras a su lado.
—¿Estas bien?, ¿Dónde está tu madre?
—Está durmiendo con Natsuo y Fuyumi —Se puso de pie sujetando nervioso la tela de su camiseta.
—¿Te pasa algo Touya?
—Solo quería… —Hizo una pausa y levantó la cara mirando directo a los ojos de su padre— Gracias, me gusto la guitarra.
El corazón de Enji se llenó de un sentimiento agradablemente cálido, era amor paternal pensó.
—No debes darme las gracias, tu madre quiere que te enfoques en cosas que te gusten. Cuando estés mejor podrás asistir a clases. Solo promete tocar para mamá cuando aprendas.
El chico asintió con una sonrisa en el rostro y luego su mirada se centró en la caja negra que su padre llevaba consigo.
—¿Qué es eso?
—Es otro regalo para ti, pero este lo abrirás hasta que mejores.
La cara del niño se llenó de curiosidad. Su padre batió sus cabellos lo que provocó en Touya un sobresalto.
—¿Qué tal si pedimos pizza para cenar?
—Suena bien.
Comenzó a caminar hacia la cocina con su hijo siguiéndolo. Enji sentía aquello como un sueño, por fin su Touya daba pasos hacia él, sin embargo, le preocupaba que aquellos pasos retrocedieran alejándolos después.
