—Todoroki chan….
Fuyumi Todoroki giró la cara para mirar al chico de ojos alegres y cabello tan rojo como el de su padre.
—¿Qué pasa Masamune? —Se ajustó las gafas y se metió un mechón de cabello tras la oreja.
—Tan solo quería saber… ¿cómo esta tu hermano? —Se talló la nuca con nerviosismo— Le echamos de menos en clase —Sus ojos de un tono azul profundo parecían sinceros.
—Está mejor, la próxima semana estará de vuelta —Le sonrió al chico frente a ella.
Fuyumi llevaba una pila de libros, apuntes y cuadernillos en los brazos, tareas para su hermano. Era hora de regresar ya a casa, el profesor encargado de la clase de su hermano le mandó llamar para entregarle algunas cosas para Touya.
—Neesan —La voz enérgica de Natsuo llenó el pasillo sorprendiendo a Fuyumi.
El pequeño corrió apurado hacia ella y rodeó a su hermana con sus brazos desde la espalda, luego le dedico una mirada recelosa al chico que la acompañaba, frunciendo el ceño sin reparos.
—Natsu, ¿Qué haces aquí? —Su hermana le palmeó la cabeza sonriendo.
—¡Papá y yo vinimos a recogerte! ¿No es genial?
—¿No quieres conocer al amigo de Touya nii? —Dijo señalando a Masamune que sonreía con calidez.
—No, ¡Vámonos ya! —La tomó de la mano jalándola con él.
—Espera Natsu…
El pie de Fuyumi tropezó y los libros salieron volando de sus brazos uno de ellos golpe la cabeza de su hermano menor.
—Déjame ayudarte —Dijo Masamune tomándola de la mano para ayudarla a ponerse de pie— ¿Te hiciste daño Todoroki chan?
—No, no, estoy bien, gracias.
Natsuo se sobó la cabeza y luego cruzó los brazos contra su pecho mirando a su hermana. El chico de cabellos rojos comenzó a levantar los libros del suelo.
—Llevaré esto por ti ¿puedes caminar? —Una sonrisa tierna e infantil se dibujó en su rostro.
—Gracias, eres muy amable Masamune kun.
Los tres caminaron a la salida, Natsuo caminaba delante de los chicos mirándolos de ves en ves sobre su hombro con una cara seria. Observaba con molestia a su preciada hermana mayor sonriéndole al compañero de Touya con tanta amabilidad y refunfuñaba internamente.
Enji esperaba afuera en la puerta principal del colegio de sus hijos, Rei le había pedido que fuera por Fuyumi que seguramente se pondría muy feliz de verlo ahí. Lo cual le pareció buena idea, otro bloque en su muro de mejor padre y esposo. Colocó una mano contra su frente cubriéndose del sol. Miró salir a Natsuo con cara de enfado seguido de su hermana y un estudiante mayor. Un chico de cabellos como los suyos y más alto que su hija. Entrecerró los ojos pensando en que en algunos años su hija seria tan hermosa. Comenzó a caminar hacia sus hijos.
Masamune miró acercarse al Pro Hero #2 y pensó que se miraba aterrador. Solo lo había visto en televisión y era la primera vez que se aparecía por la escuela. Touya no solía hablar mucho de él y pensaba que era por su aura pesada.
—Papá —Gritó Natsuo yendo a pararse detrás de su padre.
—Papá —Saludo Fuyumi— Me alegró que vinieras. Este chico es Masamune kun, es compañero de Touya.
—Hola señor —Dijo con voz tranquila el chico y estiró la mano hacía el héroe en llamas— es un placer conocerlo.
—Hola —Saludo de manera cortes y con la voz más neutral que pudo dar.
—Masamune me ha ayudado con las tareas de Touya y también cuando Natsuo me ha hecho caer en el pasillo —dijo mirando a su hermanito con reclamó.
—Fue su culpa por hacerte perder el tiempo.
—No seas grosero Natsuo —Regañó la hermana mayor, el niño se aferró del pantalón de su padre y giró la cara con molestia evitando ver a su hermana— Lo siento Masamune kun —Dijo Fuyumi apenada mirando al chico a su lado.
—No te preocupes —Un auto aparcó en la acera frente a la escuela y el chico hizo un gesto con su mano— Han venido por mí, ha sido un gusto señor —Se inclinó frente a Enji con respeto— Saluden a su hermano por mí.
—Sí, gracias Masamune kun —Dijo Fuyumi agitando su mano mientras el chico se alejaba.
De camino a casa Natsuo estuvo hablando animado sobre Touya y su visita de esa tarde al hospital. Donde tendría su ultimo chequeo. Ya no usaría los vendajes y podrían jugar de nuevo como antes. Su padre condujo en silencio mirando de vez en cuando por el retrovisor hacia el asiento trasero donde sus hijos estaban. Touya estaba recuperado y podría ahora trabajar con él, pero primero debía estar seguro de que se encontraba completamente bien y principalmente asegurarse de que su hijo quisiera entrenar de nuevo con él.
En casa Natsuo entró apresurado llamando a su madre que estaba en la cocina horneando galletas de jengibre que eran las favoritas del pequeño Todoroki. El niño abrazo a su madre intentando lo mejor que podía rodearla con sus brazos infantiles.
—¡Mami! ¿Ya están las galletas? —Preguntó el niño muy animado.
—Ya falta poco —Le dijo mientras le tomaba de las mejillas para pellizcarlas con cariño.
—Hola mamá —Saludó su hija entrando a la cocina seguida de su padre.
Fuyumi se acercó a su madre que besó su cabeza y palmeo su espalda cariñosamente mientras se giraba para revisar el horno. Enji pasó a su lado y lleno un vaso de agua. Los chicos se sentaron en la mesa de desayunos jugando con unas tarjetas que el hermano menor sacó de sus bolsillos.
—Querido, han llamado del hospital, dicen que puedes ir hoy para que quiten el yeso de tu brazo.
Enji asintió mientras bebía agua. Miró a su esposa que estaba más tranquila esos días. No se había quejado de la espalda y eso lo tranquilizaba. Ahora que sería liberado del molesto yeso tendría que volver al trabajo lo que sería un obstáculo en su meta de mejorar como padre y esposo, pero estaba bien aun así lo intentaría.
—¿Dónde esta Touya? —Preguntó mirando a su hijos.
—Esta dormido —Respondió su esposa sacando una charola del horno con galletas que humeaban y que llenaron de un agradable aroma toda la cocina.
—¿Se encuentra bien?
—Sí, solo que ha tomado su medicina y lo adormece un poco, lo despertaré a tiempo para ir al hospital, no te preocupes.
Enji estaba recargado contra el fregadero mirando a su esposa poner las galletas en un plato largo y plano, este tenía dibujos de gatos amarillos. Se perdió por un momento en el vaivén de sus movimientos yendo y viniendo por la cocina. La observó mientras ponía el plato sobre la mesa, sus hijos parecían tan felices ahora. Su caras despreocupadas eran algo que ahora apreciaba con fuerza. Se preguntó si en algún momento aquello cambiaria de repente y se encontraría de nuevo en la vida que se dedico a desperdiciar. Cerró los ojos intentando no pensar en ello. El toque ligero de su esposa lo sacó de su mente. Las manos de Rei descansaban sobre la cintura de su marido, él abrió los ojos para toparse con ella mirándolo con una sonrisa alegre en la cara.
—¿En que piensas Enji? —Su cara se inclinó levemente a la izquierda y su cabello cayó como una cortina.
—No es nada importante —Su mano fue a la cara de Rei y apartó un poco de sus cabellos tras su oreja.
—Me siento tan tranquila contigo aquí estos días —Dijo de repente lo que sorprendió a Enji que internamente agradeció aquella confesión— Será una pena cuando tengas que volver a la agencia —recargó su cara contra el pecho de su marido y él la rodeo con sus brazos. Su vientre hinchado golpeaba contra su cuerpo, la frescura de su presencia y el inigualable y dulce aroma femenino que solo ella posea inundaron sus sentidos. Enji podía sentir como la sangre comenzaba a hervirle en las venas.
Rei levantó un poco la cara buscando el contacto visual. Enji tomó su mentón y se inclinó levemente sobre ella. Sus ojos azules quedaron prendados de los grises de su esposa. La besó con suavidad, ella abrió un poco la boca invitándolo a entrar. El besó suave ahora era más firme y ella sintió las piernas temblar. Sus manos contra el pecho de su marido podían sentir su temperatura aumentar, eso era común en él cuando se ponían cariñosos y un sonrojó cruzo por sus mejillas. El ruido de las voces mezcladas de sus hijos menores la hizo soltar una pequeña risa juguetona contra los labios de su marido. Él sonrió mientras miraba hacia la mesa de desayunos donde los niños seguían inmersos en su charla sin siquiera notar a sus padres detrás de ellos.
—Siéntate con los niños, voy a prepararles algo de comer —Se puso de puntillas y beso ligeramente los labios de su marido y le dio unas palmadas en el pecho. Él asintió como un niño pequeño que acaba de recibir órdenes de su madre y fue a sentarse con sus hijos.
Desde la mesa de desayunos y con una mano bajo el mentón se quedo mirando a su mujer. Siempre había sido una mujer encantadora, amable, cariñosa, dedicada y sobre todo hermosa. Su relación y matrimonio no habían iniciado como normalmente era. Él quería cumplir un propósito y ella quería formar una familia. Ambos estaban registrados en un sistema de emparejamientos. Era popular en aquellos días si no querías complicarte la vida para buscar una pareja y una gran herramienta para aquellos que querían mejorar sus quirks. El buscaba una peculiaridad de hielo fuerte y ella un hombre alto y con metas. Su primera cita no fue mala pero tampoco la mejor Enji recordaba difusamente el momento, sin embargo, no podía olvidar la cara tranquila de Rei y luego su sonrisa alegre mientras tomaba una flor de tonalidades azules de entre muchas más coloridas y agraciadas. Frente al puesto de la floristería ella le había dedicado una sonrisa tierna, le dio la flor mientras le decía que le gustaban esas flores. Luego de aquello todo avanzo rápido, pronto tenían un matrimonio arreglado y llegaron los niños. Si echaba un vistazo a aquellos días se sentía molesto consigo mismo por no saber apreciar lo que tenía, lo que se dedicó a destruir.
—Se ve bien Todoroki San, no veo secuelas —Dijo el doctor mientras observaba una radiografía del brazo de pelirrojo frente a él.
Enji doblo el brazo un par de veces agradecido de la libertad de estar sin el yeso por fin. Luego de que asistieran a la cita de Touya donde el doctor del menor reviso sus quemadas y también su estado de salud en general, les había dicho que esta vez las quemaduras en el cuerpo del chico no habían sido tan graves por lo que sanaron de acuerdo a lo esperado. Además de que su salud estaba bien tomando en cuenta los factores genéticos de Touya. Solo debía mantenerse calmado, evitar el estrés que provocaba el uso de su quirk y mantener una buena dieta y ejercicio ligero que fueran de apoyó a su salud en general. Enji y Rei estaban más tranquilos ahora y Touya estaba emocionado por iniciar clases de música al fin, estaba ansioso por usar la guitarra que su padre le había comprado.
—Mamá ¿Cuándo iré a las clases de música? —Los pies de Touya se balanceaban colgados mientras estaba sentado a lado de su madre en una silla del hospital.
—Me encargaré de buscar un maestro para ti ¿Te parece bien?
—Si suena bien, ya quiero aprender a tocar la guitarra —Dijo saltando de la silla y simulando que tocaba una guitarra imaginaria con mucha euforia.
Rei se rio, estaba agradecida de ver a su hijo de nuevo sano y con emoción en la cara.
—Se que aprenderás rápido, cuándo te vuelvas un guitarrista famoso recuerda saludar a mamá desde el escenario.
—¡Seguro! —Respondió Touya riéndose con energía.
Su padre apareció caminando desde el final de pasillo donde había visto a su doctor.
—¿Cómo te fue? —Preguntó Rei mientras se ponía de pie con ayuda de su esposo.
—Todo esta bien, mi brazo ha sanado correctamente.
—Me alegro mucho —Ella entrelazó su brazo con el de su marido y comenzaron a caminar.
—Vamos Touya —Dijo Enji llamando a su hijo que seguía brincando y jugando con su guitarra imaginaria. El chico los alcanzó y los rebasó saltando de un lado a otro. Su padre lo miró atentamente pensando que tendrían un reto grande que superar entre los dos muy pronto.
En casa Rei había pedido a la señora Ishida que preparara una gran cena para celebrar la recuperación de su hijo mayor y también la de su marido. Los cinco cenaron en un ambiente familiar que Enji no recordaba haber vivido antes. Con sus hijos cenando a su lado tan tranquilos, compartiendo con emoción. Sus caras infantiles y felices le hicieron sentirse extraño, como si fuera ajeno a todo ello. No sabia si en verdad merecía esta oportunidad si podía expiar sus pecados tan fácilmente. Sintió que se tensaba mientras miraba a su esposa con esa cara tan familiar y a la vez tan extraña. Ella estaba a su lado, la miraba reír, charlar con ánimo y ayudar a su hijo menor con los palillos. Era una mujer simple y en eso radicaba su valor. Su perfección ante los ojos de Enji Todoroki. Su esposa le tomó de la mano bajo la mesa y la apretó haciéndole saber que todo estaba bien. Enji ahora podía mirar con más claridad la escena familiar en que estaba metido.
Cuando los niños fueron enviados a darse un baño y luego a la cama Enji se quedó ayudando con los platos en la cocina. Limpió la mesa con diligencia y puso todo en la lavavajillas. Mientras iba de camino a su habitación se encontró con su esposa que venía de la habitación de Natsuo.
—¿Todo bien?
—Sí, ya todos están en cama.
Rei apoyó su cara contra el costado de su marido, estos días estaba más cercana a él y lo sorprendía abrazándolo, besándolo sin aviso, buscando el contacto físico, primero era con timidez ahora se envalentonaba cada que miraba la oportunidad. Enji le pasó un brazo por los hombros y caminaron con calma a su habitación.
—¿Cuándo volverás a la agencia? —Preguntó Rei sentándose al borde de la cama.
—Creo que regresaré la siguiente semana —Enji se quito el reloj y lo puso sobre la mesa de noche— Quiero comenzar a trabajar con Touya antes de volver a la agencia.
—¿Crees que tendrás problemas? —Su voz sonó preocupada.
—Espero que no, trataré de que todo sea con calma, no te preocupes —Se detuvo frente a ella y le acaricio la mejilla con la palma de la mano.
Los ojos de Rei lo miraban fijamente. Ella sonrió y lo jaló de la camisa hacia abajo para besarlo. En ese beso había una combinación de urgencia y anhelo que Enji pudo reconocer bien. La tomo de los hombros y se separó un momento para mirarla. Su esposa se quejó con un ruido ligero de sus labios.
—Bésame Enji —Le pidió mientras lo jalaba del brazo con ella a la cama.
—¿Estas segura? —Preguntó con duda. Mientras sentía el calor de su propio cuerpo subir.
Ella asintió y le rodeó el cuello con sus brazos. Lo besó cálidamente y echó la cabeza hacia atrás cuando los labios de su esposo besaron su cuello y sus manos que tenían un toque cálido se perdían en su cuerpo.
Enji no podía pensar en mucho solo en la sensación de la piel de Rei contra la suya, el ruido armonioso de su boca cuando la tocaba y la locura de perderse en su cuerpo. Sintiendo que lo que vivía era un sueño total. Algo que juró antes que no necesitaba y que ahora estaba totalmente seguro de que lo que no quería era tenerlo con alguien más. Su corazón latía presuroso y su pulso cardiaco parecía elevarse a cada caricia a cada beso que le daba. Una brisa caliente inundó su mente y apretó con fuerza la mano de Rei mientras gritaba su nombre en la oscuridad de su habitación.
